Léo Malet: Calle de la Estación, 120

   


   Entretenida y bien escrita novela negra de un maestro francés poco leído en nuestro país y que trae del olvido la editorial Libros del Asteroide con tres recuperaciones interesantes, esta novela y dos más que no son un puro pasatiempos ni una pesarosa vuelta a lo mismo, ya que Malet era un escritor con ingenio y con las ideas claras: un anarquista que juntaba a su detective privado Nestor Burma con la policía pero solo para llegar al fondo de la investigación y valiéndose más de los funcionarios del orden que dejándose llevar por ellos, sana y alegre visión que hace de esta novelita breve y muy bien urdida un soplo de aire fresco en esta época de inspectores y detectives de homicidios tan poco creíbles, tan poco realistas. 
   Publicada en 1942, Calle de la Estación, 120 aún tiene demasiado apego a la resolución del caso mediante la capacidad deductiva casi sobrehumana de su protagonista, abusa de las casualidades y apunta a un final no muy sorprendente, pero tiene en su haber una prosa muy bien adjetivada que ya quisieran muchos autores de la actualidad, un ritmo rápido y nunca impostado, una acción y una ambientación -dos ciudades, una estación de tren, un villorrio, casas abandonadas- verosímiles e intrigantes y un personaje que nace en este libro con una fuerza tal que no es de extrañar que le durase al autor durante otros treinta  y dos títulos más. No sé por qué, me imagino a Malet como a un Baroja cautivado por la novela negra y dispuesto a dar su opinión sobre unas cuantas cosas de las que estaba muy bien enterado. Con ánimo festivo he leído quizá por eso esta estimable novela. 

Manuel Delgado: El espacio público como ideología





   Si urbanistas, arquitectos y diseñadores pueden concebir el espacio público como un vacío entre construcciones que hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, es decir, como un complemento para operaciones urbanísticas, existe otro discurso en el que este concepto se entiende como la realización de un valor ideológico. El espacio público es entonces el lugar en el que se materializan diversas categorías abstractas como democracia, ciudadanía,convivencia, civismo, consenso, etc, y por el que se desearía ver transitar a una ordenada masa de seres libres e iguales que emplean ese espacio para ir y venir de trabajar o de consumir y que, en sus ratos libres, pasean despreocupados por un paraíso de cortesía. Sin embargo, como afirma Manuel Delgado al analizar ese sueño de un espacio público hecho de diálogo y concordia, éste se derrumba en cuanto aparecen los signos externos de una sociedad cuya materia prima es la desigualdad y el fracaso. 


Andreu Martín: Cómo escribo novela policíaca




   Cómo escribo novela policíaca de Andreu Martín empieza como unas memorias, como si el autor, después de escribir tantas novelas policíacas, hubiese decidido pararse a reflexionar sobre su trabajo. Pero a las pocas páginas lo que leemos es un ensayo muy completo sobre los secretos del género. Un repaso a su historia, a sus protagonistas, a sus trampas y al modo en que se debe escribir una novela negra. Una excelente guía de escritura para cualquier autor que quiera aprender de este experto novelista, para los lectores que quieran acercarse a su obra, o para los críticos que busquen profundizar en las claves del género desde una fuente muy directa.
   El concepto de juego es esencial para entender mi obra. Andreu Martín
   La obra de Andreu Martín crea adicción. Juan Miguel López Merino


    Edita: Alba

Iris Murdoch: El unicornio



   Una historia que combina con magistral eficacia la intensidad de la novela gótica y la fascinación del cuento de hadas. Una novela impresionante en la que Iris Murdoch explora las fantasías e indecisiones que gobiernan a todos aquellos que han sido condenados a una entrega apasionada, aunque sin esperanza.
   Cuando Marian Taylor acepta un empleo de institutriz en el castillo de Gaze y llega a ese remoto lugar situado en medio de un paisaje terriblemente hermoso y desolado, no imagina que allí encontrará un mundo en que el misterio y lo sobrenatural parecen precipitar una atmósfera de catástrofe que envuelve la extraña mansión, y nimba con una luz de irrealidad las figuras del drama que en ella se está representando. Hannah, una criatura pura y fascinante, es el personaje principal de ese pequeño círculo de familiares y sirvientes que se mueven en torno a ella como guiados hacia un desenlace imprevisible. Pero Marian no puede saber si ese divino ser es en realidad una víctima inocente o si estará expiando algún antiguo crimen.
   Traducción de Jon Bilbao
   Prólogo de Ignacio Echevarría

   Edita: Impedimenta

Eugenio Fuentes: Mistralia

   


   Crea Eugenio Fuentes las novelas del detective Ricardo Cupido mediante instantáneas que definen a los personajes y nos cuentan, desde muy adentro, cómo son, qué los motiva y qué los impulsa a querer, odiar, apartarse, celebrar sus triunfos o esconder sus miedos. Son instantáneas psicológicas, efectivas y con un equilibradísimo sentido de la narrativa que nunca agobia con un exceso de datos y jamás paraliza el devenir de la historia, aunque en ocasiones la enlentece, la demora, evidenciando el esfuerzo de Fuentes por no hacer una novela negra al uso, a lo estadounidense, con acción loca o virulencias incontroladas. Pero acaso se le olvida que estamos ante un tipo de novela que acaso precise de algo más de movimiento, que quizá sería mejor no hacer con piezas separadas de un puzzle ingenioso y bien balanceado, que la materia oscura del crimen no es una pieza aislada, sólo un hallazgo casual y execrable. Mistralia es una novela que está muy bien escrita, pero que adolece de mayor sentido de la realidad, ya que el lector ha de creer primero en un detective casi imposible -que investiga abiertamente crímenes, algo que no se permite a ningún detective privado español, personaje tipo muy bien presentado por Andreu Martín en sus mejores relatos; que es demasiado inteligente y fiable, humano y nada mezquino, un manos blancas inefable; que se impone como un policía cuando debería encontrar miedo y repulsa en muchos, casi todos los sospechosos; que es bien parecido y atractivo: rémoras de personaje/héroe que nuestro querido autor no ha sabido orillar-, después en la existencia del crimen como algo aislado en la materia narrativa, una excrecencia repelente que apenas casa con el mundo que se nos presenta, muy bien ordenado y casi limpio en apariencia por mor de la buena literatura de que hace gala el narrador, algo que ocurre también en la serie dedicada al inspector Adam Dalgliesh, creado por P. D. James. Les falta suciedad a las novelas de Cupido, contagiarse del mundo de Carvalho, Archer y Méndez, alejarse de la resolución de los casos por el detalle que encaja en los pensamientos certeros del detective para que no se nos exija más de la cuenta en lo referente a verosimilitud, dejar de seguir observando el crimen como los autores victorianos, que lo tenían como algo excepcional y remediable, como una mancha en un hermoso traje de vestir, así como apostar por el buceo en el otro lado y poner distancia con las historias en que los investigadores corren a restituir con su sapiencia el orden alterado para calmar el ánimo de los bienpensantes defensores de lo correcto y jerarquizado. El crimen siempre tiene unas raíces sociales, encierra mala baba y desesperación, y la sangre hace agujeros en el alma: eso lo han contado muy bien Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Juan Madrid y Francisco González Ledesma. 
   Aprecio a Eugenio Fuentes, a quien conozco personalmente, pero no puedo mentir: esta novela es blanda, cuando habla del amor lo hace en términos demasiado sentimentales, el final está dibujado en letra gorda, subrayado, hecho una papilla de fácil digestión y absorción en su fácil aunque inane crítica, y al igual que ocurre con el Lorenzo Silva menos consistente, encuentro despeños muy salvables excepto si se piensa demasiado en el lector o en las lectoras, permítaseme la imprudencia: sabemos que las mujeres de mediana edad y sin muchos problemas económicos son quienes más leen, quienes más compran libros, pero ellas ya tienen a las autoras y autores que les escriben y de estos pesos pesados de la novela negra española yo espero más, mucho más: atrevimiento, renovación, rompimiento de sus propias reglas. Me ha costado acabar la lectura de este libro, como el de muchos otros escritores actuales, porque veo demasiadas costuras, demasiada horizontalidad, demasiado respeto a unas reglas editoriales que, por supuesto, favorecen un oficio y recompensan con un número seguro de lectores pero restan libertad al creador y lo convierten en muchas ocasiones en alguien semejante a un funcionario gris.
Mistralia no es una mala novela. Eugenio Fuentes ha llegado a lo más alto con la prosa, la claridad expositiva y la precisión psicológica, pero se ha detenido delante de sus propios límites, se ha impuesto a sí mismo un alto que empeñece logros, que lo domestica ante el lector que ya no se conforma con la fórmula. Mistralia está muy bien escrita: la adjetivación -tan escasa en la novela negra, rebosante de superfluos imitadores de Dashiell Hammett-, el sentido y el ritmo de la frase, la magnitud del párrafo y del capítulo han sido mirados y mimados por alguien que no menosprecia al género y lo practica sin complejos. Pero eso no ha de bastarle a Eugenio Fuentes. Porque si no nos olvidamos jamás del Carvalho de Los mares del Sur ni del Méndez de Peores maneras de morir ni del Archer de El hombre enterrado es porque entre los fallos hay algo muy auténtico, muy real, que comunica de una manera muy profunda con el lector más allá de las palabras y de la fructificación únicamente literaria y asienta en su memoria un poso de verdad que nada puede borrar.

Francisco González Ledesma: Peores maneras de morir

  


   Esta es una novela llena de recuerdos, de memoria, de pasado y de un tiempo que se ha ido; por lo tanto, una novela melancólica. Las calles, las gentes y la manera de recordarlas parecen de otro tiempo, parecen surgir de una manera de contar de otro tiempo, ya ido y que no volverá nunca. A pesar de que se nos cuenta una historia muy actual, también es una historia muy antigua. Francisco González Ledesma, escritor veterano y ciudadano mayor, cuenta como quien se despide. Espero que no sea así, porque su habilidad para atrapar al lector y su sinceridad las íbamos a echar mucho de menos, así como su acertado sentido crítico de la realidad. Peores maneras de morir es una novela negra, y eso en el mundo de Ledesma quiere decir una novela crítica. Una de las pocas que hoy en día pueden encontrarse en el panorama literario español, empachado de productos editoriales. 
   No es una gran novela, porque no tiene un gran argumento sobre el que sustentarse, pero sí es un buen libro, porque dice mucho y muy bien sobre unos seres que son reconocibles. Ledesma no escribe gran novela porque recurre a muchos tópicos del género negro y de la literatura popular, con sopresas al final de un capítulo, apariciones inesperadas de personajes en sitios insospechados, con escenas de violencia más efectistas que plausibles. Se vale de lo que otros han llamado material de derribo para hablarnos de un país y una época mediante la crónica de lo violento y lo criminal, lo pasional y lo que vive en las calles, el gran mundo de este y de todos los libros de la serie dedicada al inspector Méndez. Ahí busca Ledesma y de ahí extrae lo que más vale de esta narración: las descripciones de la ciudad de Barcelona, la puesta en escena de sentimientos aún vivos que han sorteado la quema del tiempo, los diálogos sacados de las calles y la poesía de lo que está cerca de morir pero aún no ha muerto y tiene mucho valor, las conversaciones sin disimulos, los honestos desos de saber quién mueve algunos hilos, lo sensible y todavía emocionante que son una luz y una sombra que viven en una escalera o en una ventana casi remota. En este terreno no hay nadie como Ledesma, el escritor al que casi se cargó la censura franquista y que sobrevivió gracias a un alias forzado -Silver Kane-, el escritor que fue abogado rico y prefirió ser pobre para decir sus verdades. En Peores maneras de morir vale más el texto que la historia -aunque nunca está de más que se nos cuente quién está detrás de los que explotan y esclavizan sexualmente a menores-, y eso es porque Ledesma sabe de qué tiene que hablar, emite mediante su narrador de tercera persona opiniones bien fundamentadas y clarificadoras y se atreve con diálogos en los que se plasman inaplazables verdades que están en algunos periódicos y en las mentes de quienes sufren por culpa de tanta injusticia de despacho y de hombre trajeado.
   Como lector de Baroja, como lector de  Vázquez Montalbán, a veces pienso que cuando hablamos del futuro hay que saber mirar mejor hacia delante, y que a la postre quedarán los que hablaron de su tiempo yendo a la médula de las cosas, contando sin miedos y sin reservas (equivocándose en parte pero siendo muy valientes, nunca elusivos), valiéndose sin vana ostentación de un mundo personal y sincero; que quedarán los que no buscaron la novela maestra por encima de todo, confiados en su ego y en los triunfos celebrados por sus vitoreadores, sino los que fueron más humildes y trabajaron con una idea definida y centrada: quién sabe si uno de esos no será Francisco González Ledesma.
  

Carlos Taibo y Enrique Flores: Diccionario de neolengua




   Sobre el uso políticamente manipulador del lenguaje. 


    Si alguien aduce que neolenguas hay muchas, habrá que aceptarlo de buen grado. Saltará pronto a la vista, con todo, que la que en estas páginas nos interesa es la más vulgar de las neolenguas, aquella que, de carácter políticamente manipulador, y no sórdidamente tecnocrático, obedece a un objetio preciso: el de evitar que comprendamos lo que ocurre por detrás de las palabras ocultadoras que emplea o, al menos, el de conseguir que percibamos los hechos con lentes llamativamente distorsionadoras. En la trastienda se ha impuesto la certeza de que las grandes mentiras son mucho más fáciles de imponer que las mentirijillas. 



   Edita: Los libros de la Catarata







Honoré de Balzac: La comedia humana, vol.1



La presente edición de La comedia humana recoge todos los textos escritos por Honoré de Balzac en esta inmensa saga sin precedentes en la historia de la literatura traducidos para la ocasión por un traductor sin parangón.

«Esta idea nació de una comparación entre la Humanidad y la Animalidad. Según el medio en que su actividad se desarrolla, ¿acaso la Sociedad no hace del hombre tantos otros hombres diferentes como variedades animales existen en zoología?

Redactando el inventario de los vicios y las virtudes, reuniendo los principales hechos que llevan el sello de las pasiones, dibujando los caracteres, seleccionando los acontecimientos principales de la Sociedad, componiendo tipos a partir del reagrupamiento de los rasgos de varios caracteres homogéneos, quizá podía yo llegar a escribir la historia olvidada por tantos historiadores, que no es otra que la de las costumbres.

Si se capta bien el sentido de esta composición, se comprobará que concedo a los hechos constantes, cotidianos, tanto secretos como patentes, a los actos de la vida individual, a sus causas y a sus principios, la misma importancia que hasta ahora los historiadores han acordado a los acontecimientos de la vida pública de las naciones.

La inmensidad de un plan que abraza a un tiempo la historia y la crítica de la Sociedad, el análisis de sus males y la discusión de sus principios, me autoriza, según creo, a dar a mi obra el título con el que aparece hoy: La comedia humana. ¿Es ambicioso? ¿No es simplemente justo? Eso es lo que, una vez terminada la obra, el público decidirá.»

Honoré de Balzac, en su prefacio.

Peter Swanson: Un reloj por corazón




   Un viernes cualquiera, la tranquila y predecible vida de George Foss da un giro inesperado cuando una preciosa joven entra y se sienta en el bar que él frecuenta habitualmente. No es otra que Liana, una mujer que desapareció de su vida veinte años atrás. Pero Liana Dector no es sólo una exnovia, o el gran amor de su vida, sino que esconde un peligroso enigma que la vincula a un asesinato a sangre fría. Ha vuelto, y necesita desesperadamente la ayuda de George. Debe una gran cantidad de dinero, y George es el único que puede devolverlo. Es sólo un favor, unas horas de su tiempo, y se volverá a marchar. George sabe que lo que debería hacer es no abrir esa puerta, pero no puede evitar tomar una decisión que le sumergirá en un torbellino de mentiras, secretos, traición y asesinatos del que no hay escapatoria. Aunque creamos que no nos pasará, el pasado está ahí, y siempre vuelve.



Edita: Destino 
                               «Imprescindible.». Harper's Bazaar
«Un mix de noir, pulp y diversión.». The Boston Globe
«Imposible no leerlo de una sola vez.» . The Guardian
«Inteligente e ingenioso.». Sunday Mirror
«Impresionante.». Image magazine
«Un debut Larssonesco.». The Guardian



Iris Murdoch: Henry y Cato




De la mano de una de las autoras más brillantes del pasado siglo, asistimos a un estimulante recorrido por los paisajes más sórdidos y también más generosos del alma humana.
Cuando Henry Marshalson y Cato Forbes se encuentran en Inglaterra después de varios años sin verse, su existencia no se halla en un momento precisamente fácil. Tras la muerte de su hermano mayor, Henry regresa de los Estados Unidos convertido en el heredero de una fortuna que no desea, de modo que decide deshacerse de todos sus bienes para disgusto de su madre. Cato, por su parte, se ve inmerso en una profunda crisis de valores que le lleva a replantearse cada una de sus creencias tras haberse enamorado de un seductor muchacho del barrio marginal de Londres en el que ejerce el sacerdocio. De manera inesperada, las vidas de estos dos hijos pródigos vuelven a mezclarse en una espiral de despropósitos y venganzas que van a desembocar en una sorprendente verdad: ninguno de los dos puede huir de sí mismo.


   Edita: Impedimenta

Dror Mishani: Expediente de desaparición





   



   Un muchacho de dieciséis años, Ofer, desaparece sin dejar rastro tras partir de su casa, en el barrio residencial de Holon, de camino al instituto. Lo que parecía un caso rutinario se convierte para el inspector Abraham Abraham en una investigación frustrante que va acaparando toda su vida. A medida que profundiza en el conocimiento de la vida del chico, más escondida parece la verdad de lo que le ocurrió. Sólo un hombre, un vecino y profesor del muchacho, Zeev Avni, tiene algo que decir, algo muy extraño que puede salvar la investigación, si no es demasiado tarde.



   La llegada de una nueva voz de la novela negra. «D. A. Mishani escribe con gran profundidad. Una novela impresionante», Henning Mankell.


   Edita: Destino
   

Santiago Álvarez: La ciudad de la memoria

   


   Berta Valero, una universitaria ingenua y con apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación que regenta un extravagante personaje. Mejías es un detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa. Juntos indagarán un extraño caso que involucra al muy poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen -o aparentan- desconocer. Mejías desoye las voces que tratan de apartarle del asunto y encadenará situaciones geniales, descabelladas y peligrosas hasta que, finalmente, la caja del tiempo se remueva con el estruendo de una losa mortuoria.

   La Ciudad de la Memoria es una historia bañada de nostalgia que trasciende el género y sumerge al lector en una feroz lucha de ambiciones y poder, en un relato de amores insatisfechos que pugnan por salir a la luz. Una palpitante novela negra que nos recuerda que el pasado, para bien o para mal, camina siempre junto a nosotros.


   Edita: Almuzara

Sophie Hannah: Los crímenes del monograma

   


   Londres, 1929. Hércules Poirot está cenando en el café Pleasant cuando una mujer irrumpe en el local y le confía que alguien está a punto de matarla. Le ruega que no investigue, pues con su muerte, dice, se habrá hecho justicia. Unas horas más tarde, tres personas son asesinadas en un elegante hotel londinense. Poirot no puede evitar involucrarse en el caso, pero, mientras él se esfuerza en ordenar todas las piezas, el asesino se prepara para volver a matar.
   Desde la publicación de su primera obra en 1920, Agatha Christie escribió treinta y tres novelas, dos obras de teatro y más de cincuenta historias breves con el personaje de Hércules Poirot. Ahora, por primera vez, los albaceas de su legado han aprobado la creación una nueva novela protagonizada por el personaje más querido de la Dama del Crimen.
   En manos de Sophie Hannah, autora de varios bestsellers internacionales, Poirot se sumerge en un misterio ambientado en el Londres de los años 20, un puzle diabólicamente inteligente que solo puede ser resuelto por el talento sin par del gran detective belga y su «materia gris».
   «La idea de Sophie para la trama era tan adictiva y su pasión por el trabajo de mi abuela tan fuerte que tuvimos la certeza de que había llegado el momento de escribir una nueva Christie.» Mathew Prichard, director de Agatha Christie Limited y nieto de Agatha Christie.

   Edita: Planeta 
   

Alan Sillitoe: Sábado por la noche y domingo por la mañana




   Auténtico monumento de la literatura obrera inglesa y piedra de toque del movimiento de los Jóvenes Airados británicos,Sábado por la noche y domingo por la mañana fue la novela que lanzó a la fama a Alan Sillitoe.
   Arthur Seaton, su protagonista, es un muchacho de veintidós años, poco amante de los compromisos y que trabaja a destajo de lunes a viernes en una fábrica de bicicletas, en el sombrío Nottingham de los primeros años de la posguerra. Pero Arthur vive con los ojos puestos en el fin de semana. Cada sábado por la noche bebe hasta caerse redondo en el pub, se mete en todas las peleas que encuentra y trata de llevarse a la cama a las esposas de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, pronto descubrirá que lo que cree que le hace libre constituye en realidad una cárcel, y que su existencia de rebelde tiene un lado oscuro cuyo rigor le es difícil imaginar.
   Traducción de Mercedes Cebrián.
  
    Edita: Impedimenta

  

James Oswald: Causas naturales

   


   El cuerpo mutilado de una joven es descubierto en una habitación oculta y cerrada. Sus restos, cuidadosamente colocados a modo de macabro ritual, se remontan setenta años atrás. Mientras, la policía escocesa investiga una serie de asesinatos ocurridos en la actualidad. En un mundo

donde se supone que los demonios no existen, el detective Anthony McLean es uno de los pocos que pueden sentir su presencia. McLean, convencido de que sus premoniciones oníricas tienen mucho de verdad, se basará en ellas para resolver el caso.

   «La voz más poderosa de la novela negra actual.» The Sunday Telegraph


   Edita: Planeta 

Edward Abbey: El vaquero indomable


   


   Nuevo México, alrededor de 1955. Jack Burns es un tipo solitario que rechaza la civilización moderna. Rebelde, fuera de su tiempo, indocumentado, hace vida de vaquero, ya al raso ya a lomos de una tozuda yegua por el nuevo Oeste, una hermosa tierra asfixiada por grandes urbes, promociones inmobiliarias, pistas de aterrizaje, autopistas y suburbios. 


    Aunque no siempre fue así, desde hace tiempo Burns ha decidido vivir según sus propias normas, tan arcaicas como subversivas para este nuevo orden regido por la polución y la burocracia. Y ahora galopa hacia la ciudad para sacar de un apuro a su viejo amigo Paul Bondi, un profesor de filosofía y escritor, antiguo camarada de correrías libertarias, que se encuentra encarcelado por desobediencia civil e insumisión. Sabe que puede pasarse de la raya, pero también que él es un tipo escurridizo para los supuestos guardianes de la ley y el orden.

     The Brave Cowboy, publicada en 1956, y con esta edición por primera vez en español, es la segunda novela de Edward Abbey, el autor de La Banda de la Tenaza. Subtitulada "Un vieja historia para un tiempo nuevo", esta narración, llena de acción y reflexión, funciona como una alegoría de nuestros tiempos, mediante un héroe atípico, un quijotesco "cowboy anarquista" cuya apuesta por la vitalidad y la autosuficiencia pone en evidencia muchas de las convenciones y contradicciones de la sociedad moderna. En 1962 esta novela fue adaptada al cine con el largometraje Lonely are the brave, producido y protagonizado por Kirk Douglas, que lo considera su mejor trabajo, y con guión de Dalton Trumbo.


   Edita: Berenice