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Juan Madrid: Crónicas del Madrid oscuro




   Releo un relato de este libro de cuando en cuando y me digo: Qué bien resiste el paso del tiempo, qué verdades contó el maestro en este gran libro. Y pienso que es uno de los más me han influido como narrador y de los que sigo considerando mejores, con y sin género de por medio. Y lo recuerdo por escrito, aquí y ahora, para quien quiera saberlo y pueda interesarle: Crónicas del Madrid oscuro es uno de los mejores libros de relatos publicados en nuestro país, un libro inmortal que dentro de algún tiempo será revisado y canonizado y obtendrá la justicia crítica que se merece. Palpitante de vida como pocos, le habría gustado mucho leerlo al gran Baroja. 

Juan Madrid: Un trabajo fácil

 


   Relato duro, muy bien urdido, con sorpresa final que es marca de la casa: Juan Madrid es de verdad un escritor de novela negra, que entiende que las historias que llevan ese nombre son contundentes y tienen siempre un pie dentro del barro, un claro tinte social y de denuncia: eso que antes se llamaba compromiso y que fue arteramente desprestigiado por gente interesada para hacernos creer que la literatura solo es goce de la palabra y entretenimiento momentáneo. Este es el primer relato del primer libro de Juan Madrid y hay en él ya un mundo definido, una actitud valiente y una mirada directa a la realidad de un tiempo que es breve ayer y aún presente vivo. Un grupo armado piensa matar a la mujer del presidente, cometer un atentado impactante que no parece difícil de realizar desde el lugar en que permanecen a la espera. Han retenido a dos mujeres, que habitan la casa elegida por su distancia estratégica, y consumen los minutos que faltan seguros y confiados. Falta un disparo, o los disparos. 

Juan Madrid: Un beso de amigo

   


   Lo que diferencia las novelas de Juan Madrid de muchas otras de género negro es que saben a verdad. Y se debe a que el autor fue periodista, es un hombre comprometido y atento a las injusticias sociales y no ha perdido un ápice de fuerza en su lucha por decir lo que otros callan. Son novelas en las que, como ocurría con las del ciclo Carvalho de Vázquez Montalbán, se hace crónica de un tiempo y de un país, y de una manera tan efectiva e imborrable como Baroja lo hiciera en su tiempo. Cuando pasen muchos años, se volverán a leer las novelas de Juan Madrid para saber qué pasaba entonces en nuestro país, quiénes tenían el poder y cómo lo utilizaban, quiénes eran los perdedores, los humillados y los vencidos. 
   Releo esta primera novela protagonizada y narrada por Toni Romano y tengo la certeza de que ha vencido al desafío del tiempo. Escrita en 1980, sigue siendo un perfecto ejemplo de qué es una novela negra: dura, indagadora, atenta a la realidad más inmediata, concisa, de fácil lectura y sin mentiras disfrazas con aire de best seller noble. La mejor novela negra es para cómplices, para lectores con el corazón aún vivo y consciente de que solo se sobrevive con los latidos cercanos de otros que respiran el mismo aire viciado. La mejor novela negra produce manchas que permanecen, es una mano manchada que se te acerca y te pide un apretón de amigo. La mejor novela negra no es una excursión campestre ni un paseo con bata antimanchas por el lado oscuro, por los callejones oscuros, por las caras oscuras de los perdedores y los asesinos. Sin análisis social no existe buena novela negra. Algunas de estas cosas las he aprendido leyendo a Juan Madrid. 
   Un beso de amigo se acerca a los manejos de algunos poderosos que mueven a las bandas fascistas en su beneficio, que ponen entre ellos y la verdad, entre ellos y el delito una distancia y a algunos subalternos muy fieles y muy útiles que oscurecen los caminos que llevan a saber, a palpar lo que es consistente e innegable, lo que podría servir para denunciarlos y juzgarlos públicamente. Toni Romano, un perdedor que se mantiene firme y aún erguido, se ve reclamado a participar en una historia en la que poco es transparente y de la que no sale porque no se lo permiten. Como todo peón, como todo utilizado, solo se bambolea, va a rebufo de la verdad, corre pero nunca logrará alcanzarla, o no conseguirá que sirva de nada quizá porque tampoco es su mayor propósito. Toni Romano es un personaje creíble, extraído de la experiencia directa del autor y no de otros libros, algo de lo que adolecen casi todos los personajes de novela negra. Ex boxeador, ex policía, frecuentador de muchos locales y conocedor de mucha gente de la calle, Toni no investiga crímenes, no aclara asesinatos, no cobra minutas para engrosar una cuenta bancaria, no se vanagloria de su intachable profesionalidad porque es un superviviente, un tipo que sale adelante con poco dinero y muchas razones propias, muchas ideas propias que lo alejan del prototipo de personaje de una pieza y sin tacha que es creado por una mente apaciguadora para unos relatos evasivos o contentadores, de buenos y políticamente correctos propósitos. Por eso, las novelas que le dedica Juan Madrid no son domesticables y superan las barreras del tiempo, encuentran nuevos lectores y son de nuevo leídas, lo que supone el mejor gozo para un escritor y el mejor logro, pues más allá de los reconocimientos, las críticas -positivas o negativas-, los estudios y las tesis está lo más valioso de la literatura, el reconocimiento más puro y justo, más duradero e inmarchitable.  El que, sin duda, obtiene -y se merece- con los lectores Juan Madrid, maestro de la novela negra y de la novela sin más adjetivación. 

Juan Madrid: Los hombres mojados no temen la lluvia

   


   Excelente novela esta de Juan Madrid, uno de los mejores escritores españoles de la actualidad. Ya Crónicas del Madrid oscuro me pareció un libro de relatos sobresaliente, de auténtico maestro, pero hacía mucho tiempo que no leía nada de este magnífico contador de historias al que se considera uno de los padres de la novela negra española. Son muchas obras publicadas, entre las que destacan las dedicadas a Toni Romano, personaje esencial en la trayectoria literaria de Juan Madrid. Hay por ahí un premio de literatura juvenil e incursiones en la narrativa para jóvenes nada desdeñable. Y muchos años de oficio, que le han servido para pulir defectos, eliminar mímesis y aventurarse donde otros no han llegado o no pueden llegar. Es el caso de Los hombres mojados no temen la lluvia, una novela de fácil lectura y amplio mundo interior, que muestra casi tanto como oculta, muy satisfactoriamente, muy equilibradamente, muy enigmáticamente. 
   Juan Madrid es uno de los mejores escritores de aquí y ahora gracias a una poderosa prosa sin adiposidades, muy inteligente y sabia, muy efectiva y muy bien dotada para la novela, heredera de las mejores virtudes barojianas, también de las mejores enseñanzas de Isaac Babel: opera por sustracción, eliminando cuanto sobra y buscando la síntesis que no es debida a la escasez ni a la falta de recursos, sino a la convicción sólida en que con menos se puede decir más y mejor. Para que cuaje, se necesita a un escritor con una mirada limpia y que precise en dos frases una emoción y fije un escenario. A un escritor que identifique claridad con verdad. Y Juan Madrid posee las capacidades necesarias para afrontar el reto y salir del empeño con la más alta valoración: la que solo poseen los maestros. 
   Y magistral es también cómo ha movido los hilos de la trama, cómo ha utilizado el pasado de los personajes y sus recuerdos, cómo le ha asignado al narrador fragmentos que van dándole peso a la historia y la apartan momentáneamente de la trama criminal enriqueciéndola con pasajes en los que la madre, ante todo, y los cuidados de la aya conforman una segunda trama plena de sentimiento y de una pureza enaltecedora muy poco habitual en la novela negra. Sin dudar se mueve en ámbitos poco usuales para el autor de noirs nuestro admirado autor y hace que cuaje una obra grande, apta para varias lecturas y para la recapitulación final que viene con tres apéndices en los que queda constancia de que en la literatura de ahora hay pocos escritores tan comprometidos, tan valientes, tan capaces como Juan Madrid, nuestro Baroja del siglo XXI, una referencia ya y sin ninguna duda.

Tánger, de Juan Madrid: la película

La película no tiene el mismo argumento que la novela. La ha adaptado el propio autor y ha hecho cambios, ha actualizado la trama. Tiene las destacables interpretaciones de Ana Fernández y Jorge Perugorría. José Manuel Cervino vuelve a ser el malo. Fele Martínez tiene una aparición corta. Los cambios le sientan bien a la trama, ofrecen nuevas aristas, nuevas profundizaciones en los personajes. Son como variaciones, en lenguaje musical. Es una pelicula a contracorriente. Se atreve a hablar del neofascismo español y le pone caras. Se atreve a hablar de las redes de tráfico e inmigrantes y les pone cara. Se atreve a hablar de políticos, infidelidades, buenos aparentemente buenos y malos aparentemente malos y les pone caras. Yo creo que es una película adulta, a diferencia de la mayor parte del cine actual, con todo hecho, bien compartimentado, para que veamos lo blanco, blanco y lo negro, negro, sin contrastes, sin inquietudes, tan manipulado que da miedo y vergüenza a partes iguales. Esto sí es cine negro, cine en el que se denuncian cosas y se habla de la vida real, donde todos los delincuentes no van a la cárcel -si tienen poder, aún menos-, donde los inocentes son las primeras víctimas -a veces las únicas-, donde las mujeres siguen siendo débiles y utilizadas. Pocos directores y novelistas tratan al espectador y al lector sin insultarle, sin tomarle por un niño, y Juan Madrid es una excepción a tener en cuenta.

Juan Madrid. Tánger ( y 2)

La novela presenta una estructura interesante: se mueve pegada a varios personajes -está narrada en tercera persona-, que se encuentran pocas veces a lo largo de la historia, y nos da las emociones de un solo personaje en cada fragmento. El tema, los nuevos y viejos fascismos, arroja un saldo que estremece: antes había y ahora los hay, pegados siempre al poder y a los poderosos, que tienen acceso a las armas, a los que dictan las leyes y a los que pueden engañarlas. La primera función de la novela negra es la crítica al poder, la denuncia de las lacras que lo visten y lo arropan. Hay riesgo al practicar este tipo de literatura, pero tiene una recompensa: si Shakespeare nos hablaba de reyes y príncipes y nos contaba sus excesos, si su obra ha pasado a la posteridad es porque miraba y tenía el valor de mostrar las corrupciones y los asesinatos y los excesos de todo tipo radiografiando unas sociedades que ahora miramos con desdén y pálida rabia. Shakespeare pasó a la posteridad porque su obra es esencial y útil -además de tener a la más alta literatura de su lado, claro está-, porque habla de personas y personajes y situaciones que sirven para definir. Igual hace, salvando todas las distancias, Juan Madrid: contar la esencia de lo que ocurre, de lo que ve, con un lenguaje sencillo y muy efectivo, con calidad literaria. No hay escapismo aquí y sí mucha valentía, literatura comprometida, útil, hay una historia que se queda en nuestra memoria. Juan Madrid es uno de los mejores escritores españoles de novela negra. Un personaje como Leo el Cubano lo atestigua. U otro como el Rai. Son personajes muy bien definidos, sin simplicidades, sin psicología barata. Tienen las contradicciones propias de los que existen, ya sea en papel o en la realidad más palpable. Y que nadie se engañe: no hay aquí violencia gratuita, disparos a lo Tarantino, denuncia de escritor de salón. Juan Madrid ha investigado, ha olido los ambientes de la corrupción. De esa corrupción que es una sombra que habita en el pecho de muchos que creen estar al sol.

Juan Madrid: Tánger

Esta es una de las dos citas que anteceden a la novela: " Todos los fascismos están alimentados por el miedo a los pobres y a la revolución. Y, sobre todo, por la irracionalidad, los nacionalismos, el fanatismo y la miseria sexual y moral." Se las escuchó decir Juan Madrid a su propio padre. Este escritor crea personajes y situaciones creíbles, algo que escasea, dentro y fuera de la novela negra. Hay una influencia clara en su escritura: Pío Baroja. Algunos dicen que también está detrás Ignacio Aldecoa. Juan Madrid sabe de lo que habla, a diferencia de otros autores que sólo imaginan. No se documenta para una novela: lo documenta su propia vida, sus inquietudes, sus motivaciones personales: de ahí salen sus novelas. Es uno de los últimos escritores comunistas -admira a Dashiell Hammett, también comunista, que es su tercera y también muy clara influencia- y por eso Tánger empieza con una manifestación de neonazis por los alrededores de la Casa de Campo, en Madrid. Admiro a su personaje Toni Romano, que hasta ahora ha protagonizado seis de sus novelas, porque es un personaje de novela negra española, creíble y próximo. Lo mismo ocurre con el protagonista de Tánger, un joven marroquí, y con su socio, un ex boxeador, metidos a cobrar deudas pendientes. Madrid no malgasta una sola palabra: descripciones concretas y definitorias, narración ágil y con pocos adjetivos, y un estilo muy personal -muy Barojiano-, con un tono cercano a lo coloquial que parece hablarle a media voz al lector, un voz amiga, sin estridencias, que cuenta y dice lo que sabe y conoce y no falsea, no añade hipérboles ni suspenses innecesarios porque cuando se domina lo que se narra, cuando se está seguro de que lo que se está narrando vale la pena no hay que irse por las ramas. ¿Sirve decir que hay novelistas de la experiencia? Juan Madrid es uno de ellos. Sincero y con unas historias que nos cuentan la verdad de nuestro mundo, el cercano, el de la esquina y dos esquinas más allá. Un novelista forjado en las lecturas de los clásicos estadounidenses pero que habla profundamente de cuanto ven sus ojos despiertos, y no sólo de lo que ve su mente.