26 septiembre 2007

Raymond Chandler: El largo adiós


No es fácil que una novela negra te emocione, te emocione hondamente. Y no con disparos, con persecuciones, con escenas de tremendismo y osadía, sino hablando de la amistad. La cima de la novela negra es, para muchos lectores y críticos, "El largo adiós". También para mí. Chandler cuenta la historia de un hombre que ayuda a otro un par de veces, cuando se encuentra en mal estado, borracho y en sus horas más bajas. No le importa saber quién es ese borracho, no le interesa su historia: le ayuda porque quiere hacerlo y quizá porque es un sentimental. Ese hombre es Philip Marlowe, detective privado que puede ser duro pero que es muy humano, muy sensible al sufrimiento de los demás, alguien que sabe ponerse en el lugar del otro y que cuando cree en ese otro lo defiende sin importarle lo que cueste: la cárcel, en su caso. Porque el borracho tiene una esposa rica que aparece muerta y para salir del país recurre a su amigo Marlowe, que nada quiere saber y le lleva en su coche y se convierte en encubridor. Chandler dedica unas valientes, documentadas y reveladoras páginas a hablarnos de la cárcel y sus celadores, de los policías que golpean y son bravucones, de la las leyes y su cumplimiento que le arrebatan a uno por su valor literario y también por su valor de compromiso: qué envidia siente uno de que algunos escritores estadounidenses puedan y sepan hablar con tanto acierto de algunas lacras de nuestras sociedades capitalistas y deshumanizadas.
Por supuesto, hay algo de romántico y de hombre de otro tiempo en la actitud de Marlowe cuando acepta ir a la cárcel y se calla para no perjudicar a un tipo al que nada le debe, con el que ha compartido unos cuantos tragos y algunas conversaciones en las que no han faltado las descalificaciones personales. Un tipo que no le cae del todo bien, porque ha vuelto a casarse con una rica, hija de multimillonario, que lo utiliza como pantalla ante su padre y no se priva de recibir a cuantos amantes le apetece llevarse a la cama. Un tipo que, intuye desde el primer día, sólo puede traerle problemas. Pero en la actitud de Marlowe late una confianza en el género humano, pese a todo, y una afirmación que no podemos pasar por alto: todo hombre se merece una segunda oportunidad. Y que Marlowe sea capaz de ver los errores del otro, sepa tolerarlos es otra lección. El existencialismo también es esto. Marlowe es amigo de un tipo con las dudas y las contradicciones y los errores a flor de piel. Pero esos fallos no le hacen menos amigo de Marlowe, no hacen que Marlowe le valore menos, ni que rehúse ayudarle en un momento muy decisivo. Cuando se entera, aún detenido y ante un agente de la fiscalía del distrito, de que el tipo que era su amigo, Terry Lennox, ha muerto, tras pegarse un tiro en una habitación de hotel, dice Marlowe: "Salí...y cerré la puerta. La cerré tan silenciosamente como si dentro acabara de morirse alguien". Y el lector se emociona, sigue los pasos y los pensamientos no narrados de Marlowe y lamenta con él la pérdida.

(El largo adiós. Raymond Chandler. Cátedra, colección Letras Universales. Edición de Alfredo Arias)


Lectura recomendada: Un gran texto, dedicado a la novela "La búsqueda del absoluto" , de Honoré de Balzac, en la web Solodelibros

7 comentarios:

Papelucho dijo...

mi novela favorita junto al relato "peces de colores". quiero ser un duro de la pija

Blanca Vázquez dijo...

Tengo un montón de novelas de Chandler, pero no esta. Me queda pendiente. Su escritura es profunda en unos diálogos que parecen frívolos, pero que no lo son para nada. Siempre será mi escritor del género negro.

El canibalibro dijo...

Qué casualidad. Terminé de leerme la novela ayer por la noche y me pareció una maravilla absoluta. Los personajes, la atmósfera, el clima moral... Todo. Enhorabuena por el post y por tu blog. Un saludo del Canibalibro.

Natasha dijo...

Hola Fran!!

Me gusta lo que escribes, querido amigo, siempre haces que me interese por cosas que ni tenia idea, sobre todo me encantan tus buenos consejos sobre esta temática. Muchas gracias

Saludos con besos cariñosos

Nati

MiNe dijo...

Esa ultima Frase me gusto mucho:
La cerré tan silenciosamente como si dentro acabara de morirse alguien...
El libro con ese toque humano, se me antoja..
Saludos y un beso..
lgh

Noemí Pastor dijo...

Bien hecho. Siempre es buen momento para volver a los clásicos.

Francisco Machuca dijo...

Marlowe es un hombre con memoria y las personas que se cruzan en su camino dejan huella en él.Es el perfecto narrador,situado,él también,en el filo de la navaja,entrando transitoriamente en el mundo de los otros,construyendo,para sí y para quien quiera escucharle,otra realidad:su interpretación de los hechos.Y la novela se convierte entonces en una larga despedida de la realidad que se conoció o intuyó,un largo,inacabable e imperfecto encuentro con uno mismo.
Francisco,me gustaría que me dieras tu opinión sobre la novela inacabada de Raymond Chandler,y,la que iba a ser la última aventura de Philip Marlowe; La historia de Poodle Springs y acabada por Robert Parker y,publicada en España en 1989 por la editorial Debate.
Un abrazo.