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Jaione Jaurrieta: Personajes y espacio en "Última noche en Granada "



Caracterización de los personajes

Los personajes en el libro, son diversos, muchos de ellos poco a poco se han ido formando según los acontecimientos que han ido transcurriendo en sus vidas.

Nuestro protagonista se llama Luis Castillo, tiene 35 años, es ex policía y actualmente se encarga de la vigilancia de obras, es un vigilante; dejó los estudios para trabajar en el taxi de su hermano y así poder tener algún dinerillo, es un hombre sano, no bebe, no se droga, no tienen ningún tipo de vicio, es un hombre bueno, pero guarda un gran secreto que no contará a nadie. Es un hombre al que le gusta la lectura de ensayos y le apasiona la Filosofía. Enamorado de Beatriz, amiga suya desde la infancia por la que siempre ha sentido algo, al igual que ella por él, será la que más adelante conseguirá dar un giro a la vida de Luis, logrando así que tenga una vida menos castigada. Castillo es un hombre valiente, que sabe tratar con delincuentes, drogadictos... Le apasiona su trabajo, le gusta y disfruta haciéndolo. La vida que tiene es monótona, vive solo en un piso pagado por sus padres, es una persona invisible para todo aquel que no lo conoce bien.

Un personaje muy importante que podemos hallar en la obra es Beatriz, una mujer casada con un hombre al que no quiere, casada por despecho tras la desaparición de Luis durante un tiempo. Una mujer que se siente sola y únicamente está a gusto cuando de encuentra en compañía de su amado. Termina odiando a su marido, Pablo, lo desprecia, le da asco... Ella sólo quiere estar con Luis; si fuera por ella, desde hacía mucho tiempo hubiera dejado a Pablo, pero Castillo no termina de decidirse, solo debe decir unas palabras para que ella lo deje todo por él. En una ocasión, tras un encuentro sexual con su amante, le dice a éste: “El engañado no eres tú, sino él”. En muchas ocasiones le ha propuesto vivir juntos, pero es el protagonista el que se niega, tiene miedo a que le pueda ocurrir algo, la quiere demasiado como para perderla para siempre por su culpa.
Beatriz en una ocasión es maltratada por su marido y es lo que le hace abrir los ojos a Castillo, se van a vivir juntos y al fin, ella deja a su cónyuge y todo lo a que él respecta, se va de casa sin nada, sin ropa, sin dinero... con lo puesto; comienza a vivir con Luis, y es entonces cuando empiezan a conocerse más, y se originan las largas charlas, ya no sólo son encuentros que duran ocho o nueve horas, sino que ahora pasan las veinticuatro horas del día juntos. En esas conversaciones es donde aparece la visión de ella, la que tiene de él: lo ve como un hombre impulsivo, cerrado, muy parecido a su padre, orgulloso, con una suerte increíble, irresponsable, y que eternamente va a tener el respaldo de su familia, siempre que lo necesite, cabezón, e inconsciente, y a la vez cree que es una persona noble, leal y bueno: es eso lo que hace que esté enamorada de él.
Beatriz es una mujer charlatana, segura de sí misma, que sólo se encuentra en equilibrio cuando se encuentra al lado del protagonista. Es gracias a ella que Luis da ese gran cambio, se enfrenta a todo, a su ex jefe de policía, a sus recuerdos, pensamientos y sobre todo al temido hermano del marroquí muerto.

Pedro es un compañero de la policía de Luis, eran compañeros de trabajo, patrullaban juntos, en un mismo coche. Él también mató a una persona poco minutos después de Castillo. En un principio, tras haber echado mano al gatillo y haber llevado a cabo su cometido, aseguró: “Sueño cumplido”; se podría decir que también se encuentra deprimido por lo ocurrido, pero a su vez está feliz de haber dejado a la policía, se retira y se va a vivir a su pueblo. Es allí cuando comienza a tener sueños con una niña, una novia que tuvo en su infancia, Mª Carmen Bravo Islas, está obsesionado, todas las noches sueña que está con ella, con diferente edad a la que tenían cuando eran novios, un noviazgo en el que el único acercamiento que hubo, fue durante unos pocos minutos, se agarraron de la mano. Estos sueños se podrían decir que son un escape para no pensar en lo que ocurrido. Él sabe que todo fue una encerrona, que estaba preparado el ir a matar a aquellos drogadictos y es en una visita que Luis le hace después de que este recibiera otra de un compañero del cuerpo policial, Julián, y le dijera que volviese a meterse en la policía porque si no estaba desprotegido, cuando Pedro le cuenta todo lo ocurrido, y le aconseja que no vuelva, puesto que lo que quieren Eladio ( ex jefe ) y Julián es poder manejarle a su gusto. Es una persona que de alguna forma le abre los ojos.

El moro rico es el hermano del marroquí que Luis mató aquella noche, quiere vengar la muerte de su hermano. Empezó trabajando en un concesionario de coches, y poco a poco fue subiendo de categoría, terminó siendo rico no se sabe muy bien cómo, y ahora con su gran fortuna ayuda a sus compatriotas a venir a España, les ayuda con las viviendas y les da trabajo... trabajo que seguramente sea ilegal. Es un hombre muy respetado por los partidos políticos, periodistas... pero no por la policía.

El tío Eduardo, un buen hombre, rojo, de 60 años, trabaja en el parquin del Palacio de Congresos de lunes a viernes, quiere tener una pensión decente y para conseguirla le faltan aún algunos años. Es un manitas, los fines de semana los pasa arreglando cosas en casa. Vive con su mujer en un cuarto piso sin ascensor. Es un hombre de cara ancha, manos grandes, con larga charla y tranquila, es una buena persona, que no insiste en temas, le resulta indiferente el tema de conversación, si se cambia lo acepta y se adapta al nuevo. En las visitas nocturnas a su sobrino, sin darse cuenta le ayuda a salir de su tristeza, y a la vez lo tranquiliza. Sale sin que su mujer se entere la mayoría de los día porque se encuentra dormida en el sofá.

Pablo es el marido de Beatriz, un hombre sumiso, que aguanta los desprecios de su esposa; un manitas en las tareas del hogar, siempre dispuesto a todo, persona tranquila, pasiva; es feliz con su mujer, aunque ella no lo quiera, con sólo tenerla a su lado lo es, y le basta. Suele ser muy respetuoso con todo el mundo, pero en un momento todo eso se pierde y se convierte en un hombre amargado, que no aguanta más esos desprecios, pierde los nervios y maltrata a su mujer, la golpea con los puños cerrados mientras llora. Tras pegarle, se va de casa llorando; se siente muy culpable e intenta arreglarlo, pero Beatriz no le perdona. Él se siente avergonzado por lo ocurrido, pero ella nunca se lo va a perdonar, aunque esté completamente arrepentido.

Laura, la madre de Luis, es una mujer sumisa, que nunca ha disfrutado de la vida. Ama de casa y llena de obligaciones, empieza a disfrutar de la vida cuando, tras pasar un cáncer de mama y la extirpación de un pecho, sus hijos se dan cuenta de todo lo que le ocurre y la sacan a la calle para que empiece a divertirse y a airearse.
El padre de Luis es un ex guardia civil que tras dejar su profesión se dedicó a ganar dinero para poder tenerlo y gastarlo. Con ideales franquistas, chulo, le encantaba dar ordenes, es orgulloso, pero siempre está cuando sus hijos lo necesitan.
Alfredo es el hermano del protagonista, taxista de profesión, siempre que ha podido le ha echado una mano.



Espacio en la obra

La obra se sitúa en Granada y sus alrededores, en diferentes barrios y pueblos del lugar.

En Cenes, en un lugar situado frente a la urbanización de Los Faroles, es donde transcurre el hecho más importante y sobre el que gira toda la historia. En un piso ocurrió todo, ahí Luis y su compañero, Pedro, entraron tras llamar a la puerta, les ofrecieron asiento y sin más dilación y sin temblarles el pulso apretaron el gatillo. Primero uno para matar al marroquí y luego el otro para hacer lo mismo con el español. En el piso de a lado se escondieron después tras haber ejecutado la acción, hasta que todo se calmara. Un piso vacío, sin muebles y con un frigorífico también vacío.

También en un piso está Luis la mayor parte del tiempo fuera del trabajo. En él Beatriz y el protagonista tienen sus encuentros más íntimos, y más tarde, pasará de ser un refugio, a un hogar, loque ocurrirá cuando ella se mude a vivir con Luis.

La mayoría del tiempo Luis lo pasa en espacios cerrados, como si eso de alguna forma le protegiera: está en cafeterías; bares como el de Pedro Antonio de Alarcón, donde dos hermanos sirven las mesas de manera rápida y atenta; pisos. Incluso se refugia para poder ponerse a salvo en un piso cuando, durante una guardia, lo intentan matar. Se esconde primero y unos instantes más tarde entra en un piso que está bajo su vigilancia, y eso termina salvándole la vida. Cuando sale a la calle rápidamente como ya he dicho antes, entra en los bares cercanos o se queda en su coche.

También hay espacios abiertos, aunque en mi opinión son de menor importancia. Uno de ellos es Cenes, un pequeño pueblo donde viven sus padres y Alfredo, su hermano.
Otro lugar que se menciona en el libro es el Parque Federico García Lorca, donde Luis va con su madre. En él se cobijan, pasean y se sientan en un banco. Durante esta excursión Luis pasa miedo, duda de si si por salir a la calle y exponerse de tal forma al público, les podría pasar algo a su madre y a él.

El barrio del Zadín también está presente en la obra, así como el Albaicín.

En una ocasión, Luis va a visitar a su amigo y ex compañero Pedro a su pueblo, que se encuentra cerca de Granada. Allí se siente más libre y aparte de pasar mucho tiempo dentro de la casa de Pedro y en los bares, pasean por la carretera y por las calles del pueblo; cree que en esas calles está más seguro, y lo mismo le ocurre una vez cuando piensa en irse a vivir a Cenes.

Jaione Jaurrieta es alumna de 1º de Filología Hispánica de la Universidad de Zaragoza. Trabajo realizado para la asignatura de Teoría de la Literatura, impartida por el profesor Alfredo Saldaña.

Pilar Quirosa-Cheyrouze: Reseña de Última noche en Granada


En el número de este mes de la revista Foco Sur, la escritora y crítica Pilar Quirosa - Cheyrouze reseña mi novela.


Miguel Sanfeliu: Reseña de Última noche en Granada



“Última noche en Granada” es una historia narrada con una prosa depurada y cargada, por otra parte, de dureza y cierto desencanto. Lo primero que uno advierte al adentrarse en las páginas de esta novela es que apenas unas pinceladas le bastan a su autor, Francisco Ortiz, para definir a un personaje. Se cruzan voces cuyos ecos nos dan pistas sobre la historia que se va formando ante nuestros ojos, primero de un modo casi imperceptible, luego con una fuerza que nos agarra del cuello y no nos suelta.

Luis Castillo es un policía retirado, trabaja como vigilante de obra y arrastra un drama. Es un personaje que encontramos solo e indefenso ante una amenaza que se va delimitando paulatinamente. Su vida se encuentra, tras haber pasado sus dificultades, en un momento en que parece haberse estabilizado, los días transcurren monótonos y tranquilos hasta que un acontecimiento del pasado irrumpe resquebrajando el conjunto. Hay elementos de novela negra, pero sobre todo se trata del dibujo de un personaje que toma las riendas de su vida y opta por seguir adelante, fiel a sí mismo. La relación con su pareja, Beatriz, ocupa buena parte de la narración, describiendo una historia de amor que abre una segunda línea argumental, quizá de mayor peso que la intriga inicial.

Luis Castillo es un personaje complejo, de una pieza, que teme que el pasado le arrebate lo poco que le ha dado la vida. Toda la historia está contada desde su punto de vista, con un estilo sobrio, que fluye con precisión. Estilísticamente, todo está medido, perfectamente ensamblado. La estructura incluye algunos saltos al pasado, episodios contados por medio de un diálogo o de un monólogo, episodios descriptivos en los que se insertan las voces de los personajes de un modo muy eficaz, también los pensamientos del protagonista se cruzan con la acción, manifestando sus dudas, lamentando sus errores, definiendo en definitiva las aristas de todo ser humano.
El tono desencantado de Luis Castillo, aferrado a sus principios, a su amor inquebrantable por Beatriz, enfrentado a sus dudas y a sus remordimientos, nos sumerge en la historia de un hombre dispuesto a defenderse de las consecuencias de sus errores, sin victimismo, con entereza y determinación. Encontramos también escenas de tensión, como esa en la que se enfrenta a un asesino a sueldo agazapado en las sombras, moviéndose ambos sigilosamente entre los edificios en construcción, y que bastaría, por sí sola, para recomendar este libro.

“Última noche en Granada” es una obra madura, pese a ser la primera que publica Francisco Ortiz. Una de esas novelas que uno demora intencionadamente para evitar que termine. Una obra que todos los que seguimos la trayectoria de Ortiz, los que leemos su recomendable blog “Novela negra y cine negro”, estábamos deseosos de leer. Y la espera ha valido la pena.

Un breve fragmento:

Yo había matado a un hombre utilizando mis razonamientos de policía y mis armas de delincuente. Para Pedro, de ideas directas y frases cortas, fue tomarnos la justicia por nuestra mano, porque nos salió de los cojones. Un policía no está obligado a aguantar ciertas amenazas. Un policía vive agobiado por la inmediatez del peligro y su respuesta es obligatoria. Un policía es vulnerable y humano, una caja de resonancia y un cubo de basura al que se arroja la mierda que nos sacudimos de encima. Pero maté a un hombre para defenderme, para defendernos. No me liberé de nada, no hallé satisfacción ni piedad, porque se trataba de una ejecución.


Última noche en Granada
Francisco Ortiz
Mira Editores

Entrevista en La Voz de Almería (Evaristo Martínez)

El pasado 2 de marzo apareció en el diario La Voz de Almería una entrevista firmada por Evaristo Martínez, Jefe de Sección de Vivir (Cultura y Sociedad), que os traigo aquí:







Francisco Ortiz propone pasar una ‘Última noche en Granada’

Autor del blog de referencia ‘Novela negra y cine negro’, la primera novela del escritor granadino, gestada en parte en Almería, ha recibido una generosa acogida

Texto: Evaristo Martínez

“Es una novela en la que hay un parte de novela negra pero también una historia de amor. Y, ante todo, una apuesta por la literatura a secas, e incluso con intentos de hacer algo medianamente grande”. Así define ‘Última noche en Granada’ (Mira Ediciones) su autor, el granadino Francisco Ortiz (Ugíjar, 1967), escritor y fotógrafo muy vinculado a Almería, donde se gestó hace seis años la que ha acabado convirtiéndose en su primera novela publicada.

‘Última noche en Granada’ es, por tanto, una novela negra, pero con matices. “Yo no provengo de ahí, sino de Ernesto Sábato, Juan Benet, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Heinrich Böll. La novela negra es como la hermana pequeña, no se practica el género con la altura de miras necesaria para no hacer siempre lo mismo”, explica. De ahí que tome riesgos, que camine por otros pasillos. “Hay un par de capítulos planteados de forma radicalmente contraria a la novela negra porque la acción se demora, se alarga, y se apuesta más por la psicología de los personajes y por los diálogos. Quizás sea más una novela psicológica que una novela negra”.

Así que el lector que siga quedándose helado con la novela negra que vino del frío -léase Stieg Larsson, Camilla Läckberg, Asa Larsson y derivados- puede encontrar en ‘Última noche en Granada’ un abrigo en el que refugiarse durante los últimos coletazos del invierno. “Ese tipo de literatura negra de los países nórdicos es políticamente correcta, no inquieta, no promueve a la reflexión, no tiene nada que ver con la que me interesa, que tiene en Raymond Chandler y Dashiell Hammett sus grandes valedores. Ellos eran inconformistas y no buscaban lo políticamente correcto”.

A Ortiz le interesa más “la novela negra existencialista”, la que es capaz de “profundizar en temas sociales y denunciar situaciones que atentan contra el ser humano”, y pone como ejemplo a Ross Macdonald, creador del detective privado Lew Archer. “Con él, la novela negra llegó a la universidad porque es, ante todo, un estilista”.

La otra Granada

En la novela, Granada se convierte en un personaje más y en una razón de ser de la propia obra. “Sin ella no existiría esta novela. No sólo por la ambientación sino porque la historia me la da la ciudad, la gente que conozco”. Sin embargo, Ortiz huye de los paisajes tópicos. “Aparecen calles, barrios, pero se desarrolla más en la noche, y no en escenarios abiertos. No hay movimientos por la Granada turística pero el que conoce la ciudad se va a situar”.

¿Y Almería, no sería también un buen escenario novelesco? “Cuando se presentó la novela [en la librería Picasso de la capital, el pasado mes de enero], mi amigo Diego García Campos, de la revista ‘Foco Sur’, destacó un momento en que el personaje principal está viviendo una época oscura de su vida y le plantea a su compañera si no sería mejor irse a un sitio más tranquilo, con gente agradable, donde estuvieran más a gusto. Ese sitio es Almería”, detalla. “Almería, para un novelista con intenciones sociales y críticas, ofrece uno de los mejores escenarios que se le pueden plantear a un escritor. Entre otras cosas, está pendiente el tema de la inmigración, de El Ejido. El único que lo ha tocado un poco ha sido Miguel Naveros, alguien a quien se ve de forma tan cercana que no se valora la obra tan interesante que tiene”.

Cinco años en la blogosfera

Lector de novela negra “desde los dieciséis o dieciocho años”, Francisco Ortiz mantiene desde hace cinco años el blog ‘Novela negra y cine negro’, un referente en su campo y punto de encuentro de los aficionados al género. Ahí también recoge las reseñas y críticas de ‘Última noche en Granada’. “Ha tenido muy buena aceptación, mejor de la esperada. Han destacado esos capítulos en los que uno ha echado el resto. Incluso un escritor, gran amante de la novela negra, como Ricardo Bosque la ha propuesto en su reseña para el memorial Silverio Cañada, que premia la mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón”.

"Última noche en Granada" en el blog de Francisco Machuca


En el blog de Francisco Machuca, este texto sobre "Última noche en Granada":

"El relato policíaco no trata de asesinatos sino de restablecer el orden."
P.D. James

Todos los que conocemos a Francisco Ortiz, posiblemente uno de los mejores conocedores del género negro de este país, estábamos esperando una novela surgida de su pluma y la espera ha valido la pena.

Lo primero que encuentro en Última noche en Granada son unos principios básicos y determinantes: honestidad por parte del autor y rechazo a los arquetipos tan manidos que sustenta hoy la nueva narrativa de género. También he querido ver ciertas procedencias lejanas de lo mejor que ha dado el género. Desde Lawrence Block y las ocho millones de maneras que tiene el ser humano de morir a Geoffrey Homes de Eleven mi horca; ese retorno al pasado, ese pasado que retorna siempre para avisarnos en qué situación nos encontramos con nuestro presente.

La acción de la novela transcurre en la ciudad de Granada; una ciudad totalmente irreconocible para los turistas apresurados y también para la mayoría de los que viven en ella sumidos en su autocomplacencia. La ciudad que describe Francisco Ortiz no va más allá de unas cuantas calles, un par de bares comunes, el subterráneo de un parquin, urbanizaciones, autovías, pueblos de paso y conversaciones en el interior de un piso de dos habitaciones y la noche desnuda. No obstante, nuestro autor, universaliza la historia. Los contextos nacionales, regionales, no sirven para nada cuando se trata de alcanzar el sentido y el valor de una obra. "Pececitos humanos. Habitantes de Granada, una pequeña arruga en el gran cuerpo del universo...".

La historia está narrada en primera persona por Luis Castillo, un ex policía que trabaja de vigilante nocturno en el interior de una barraca de un extrarradio de edificios en construcción; todo un fracturado horizonte de la ciudad; encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta. Luis no vacila en propinarle una tremenda paliza a un vagabundo que pasa la noche a la falda de esos nichos modernos. Vive en un piso pagado con el dinero de su padre, ex guardia civil que hizo sus negocios gracias a los chanchullos de la dictadura. Toda herencia histórica y familiar vendrá a rendirle cuentas. Por una parte; el asesinato cometido cuando ejercía de policía, y, el hermano de la víctima que parece haber resucitado de la nada, como un fantasma, para vengarle. El asesinato, viene a decir el autor, en el mundo de la novela negra, son transgresiones en materia de modales más que de moral. Y, por otra parte, Beatriz, una mujer mal casada y amante de Luis, que le asevera duramente, en uno de los mejores capítulos de la novela, la pasividad de Luis respecto a su vida presente. Otra de las cualidades de Francisco Ortiz es el manejo habilísimo en los diálogos.

Los azares de la vida en su singularidad y variedad son irreductibles a normas y clasificaciones, aunque cada uno responda a su lógica, la explosión del papel que lo irracional desempeña en las decisiones, en la vida, está perfectamente retratado en este diálogo e intuimos que Luis no podrá jamás acceder a las cimas de la otra miseria que le propone de muy buen grado Beatriz.

¿Recuperará esa libertad que no soporta ya? ¿O discierne en todo ello la incertidumbre de su futuro? "¿Puede haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho?", reza en la contraportada de la novela. Esta pregunta se puede aplicar a todas las demás acciones de la vida.

Última noche en Granada se me antoja un clásico de nuestro tiempo. Espero que reciba todos los elogios y la posición que merece.

José Ramón Gómez Cabezas, en el blog de Novelpol, sobre "Última noche en Granada"


José Ramón Gómez Cabezas, presidente de Novelpol, en el blog de esta asociación de amigos de la literatura policial, escribe sobre "Última noche en Granada":

Intensa, profunda, inteligente así es la narrativa que despliega Francisco Ortiz en su primera novela Última noche en Granada, quién diría que es su primer libro viendo, o mas bien leyendo con agrado el oficio que despliega este autor andaluz, inexplicablemente inédito hasta la fecha.

Luis Castillo, un ex policía que se gana la vida como vigilante nocturno de obras, nos narra en primera persona su lucha diaria con los fantasmas del pasado, aquellos que le llevaron a matar a un hombre y que ahora vuelven para forzarle a cerrar el círculo que empezó a trazar hace algún tiempo junto a Pedro, su compañero de vigilancias y patrulla.

Las circunstancias le empujaron a buscar una solución lógica a la acumulación de frustraciones y fracasos que conlleva el asumir el rol de mediocre policía, ahora con el paso del tiempo y la visita del gordo Julián se siente marioneta y lo que es casi peor acorralado, alguien lo busca para saldar cuentas y no cejará en su empeño hasta cobrarse el tributo de la venganza. Luis Castillo se plantea volver a matar y en el camino revivirá cada una de las emociones sentidas.

Como en las buenas novelas de género, las preguntas no importan, tampoco las respuestas, tan sólo el instinto de supervivencia que hará de Luis Castillo un depredador. Tan solo las breves caricias de Beatriz que huye de un marido celoso y maltratador, se convertirán en su consuelo, a pesar de los zarpazos de gata vieja que desnudan al ex policía con sus reproches en forma de monólogos.

Una atmósfera agobiante, una paisaje único y un estilo narrativo duro y detallado que invita a la reflexión, son otros de los muchos puntos fuertes de esta Ultima noche en Granada que bien merece la pena.

José Abad: Crítica de "Última noche en Granada" : "Por qué de noche, por qué en Granada"


Apareció el pasado jueves, 21 de enero, en el diario Granada Hoy. La firma el escritor y crítico José Abad.

Por qué de noche, por qué en Granada

Francisco Ortiz refleja en su novela las influencias de grandes autores de la narrativa criminal como Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Ross Macdonald


Los relatos de crímenes existen desde que los hombres guardan memoria de sus actos, baste recordar que en los primeros compases de la Biblia ya se nos describía el asesinato de Abel a manos de Caín. La narrativa criminal, sin embargo, tiene poco más de siglo y medio de existencia. Es imposible hallarla como tal más allá del horizonte histórico de mediados del siglo XIX. Los tres relatos que Edgar Allan Poe dedicara al investigador diletante Auguste Dupin suelen señalarse como los títulos fundacionales del género y lo cierto es que, a pesar de algún que otro precedente, dichas ficciones son las primeras muestras acabadas de un planteamiento narrativo en el cual el crimen y la investigación ulterior son los principales motores de la acción (Pero no los únicos, por supuesto). ¿Qué circunstancias propiciaron su aparición?

A principios del siglo XIX, la Revolución Industrial había alcanzado de manera no homogénea la casi totalidad de Occidente, el crecimiento de las ciudades se había acelerado de manera vertiginosa, también el flujo migratorio del campo a la ciudad, y ni siquiera las urbes más prósperas fueron capaces de emplear el capital humano disponible; el excedente (esa gran masa de gente desocupada) se buscó la vida donde buenamente pudo, como buenamente pudo, a veces al otro lado de la ley. En las ciudades más importantes (París, Londres) se creó una policía específicamente metropolitana para combatir la ilegalidad intramuros. De este modo entran en escena los dos actores de una situación arquetípica, el crimen y la justicia, que participan de un paradigma filosófico, el positivismo, según el cual, el raciocinio o el recurso a los últimos avances de la ciencia llevan indefectiblemente al descubrimiento de la verdad. De estas ubres mamará el detective más famoso de entonces, el infalible Sherlock Holmes.

La primera narrativa criminal estuvo muy influida por el Romanticismo, por los ambientes obscuros, cerrados, opresivos del Romanticismo, y en unos pocos casos por ese fatalismo suyo, el que hizo que el joven Werther se levantara la tapa de los sesos por amor a Charlotte, la hija del Corregidor. El género se mostrará asimismo permeable a la influencia de la novela social decimonónica, hasta el punto de ser la depositaria ideal de numerosos presupuestos suyos, y de esta manera irá caracterizándose poco a poco y convirtiéndose en lo que será: una narrativa preferentemente urbana, nocturna y violenta, una receta a menudo atemperada con el azúcar de la moraleja (tan burguesa) de que ningún delincuente escapa al largo brazo de la justicia. Las cosas cambiaron drásticamente en las primeras décadas del siglo XX con la irrupción de un autor decidido a sepultar el género con paletadas de realismo.

Me refiero a Dashiell Hammett, por supuesto. Hammett, que había trabajado como detective para la famosa Agencia Pinkerton, sabía perfectamente de lo que hablaba. El autor de El halcón maltés mantuvo intacta esas coordenadas urbanas, nocturnas y violentas que hemos señalado, pero rechazó de lleno la esperanza en que el raciocinio y el recurso a los últimos avances de la ciencia llevarían indefectiblemente al descubrimiento de la verdad. Las fronteras se diluyen. Los agentes de la justicia y los delincuentes ya no están en bandos opuestos o enfrentados, se entremezclan, se confunden. Hay un antes y después de Dashiell Hammett. Cuando aparezca algún tipo honesto, pensemos en Philip Marlowe o en nuestro paisano Pepe Carvalho, sus creadores, esos dos grandísimos escritores que fueron Raymond Chandler y Manuel Vázquez Montalbán, tendrán que insistir en la soledad de sus criaturas, en su quijotismo, en su aura romántica. Si el joven Werther se levantó la tapa de los sesos por amor, ellos arriesgarán el pellejo por amistad, por decencia, por mantener la palabra dada, etc.

Son autores (Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán) que han introducido un hondo desencanto en el género, una mirada dolida, una mirada que duele, una absoluta falta de fe en los finales felices, esos finales con perdices que o bien devuelven las cosas a donde estaban o bien las dejan mejor que estaban. De éstos, o de su admirado Ross Macdonald, Francisco Ortiz ha aprendido parte del oficio. Esto explica por qué Última noche en Granada es como es. Una novela (lo dice ya el título), urbana y nocturna, también violenta, pues toda ciudad tiene sus miserias y Granada no es una excepción. Hay mucho bueno en esta narración, empezando por la contundente primera persona que nos habla desde sus páginas; la voz de un ex-policía, Luis Castillo, que intenta rehacer su vida trabajando de noche como vigilante y amando de día a su novia de siempre, Beatriz, una mujer capaz de abandonar al marido por estar junto a él.

Al protagonista le gustaría hacer borrón y cuenta nueva, sentar cabeza, empezar de nuevo, todo eso. Pero no podrá ser. Se lo impedirá el pasado, ese enorme perro de presa que ventea nuestro rastro, tenaz, y no ceja hasta darnos alcance. Siendo policía, Luis Castillo participó en la eliminación de dos delincuentes, según parece, a los que no había otro modo de echarle el guante. Uno de ellos era de origen marroquí y hermano de un prohombre que, años después, busca la venganza… No se fíen. La novela negra actual no arraiga en el terreno de las certezas, sino en otro más fértil, el de la sospecha, y la explicación más sencilla no acostumbra a ser la más afortunada. Luis Castillo sólo podrá redimirse si ajusta cuentas con el pasado, pero nada le asegura, ni a él ni al lector, que salga intacto del empeño.

Francisco Ortiz ha trasladado con acierto el imaginario noir a una ciudad con escasa presencia en este género, Granada, tan buena como cualquiera, en tanto que hostil como la que más. Ortiz demuestra tener un oído muy fino para el habla de la calle (las charlas entre Luis y Beatriz son de lo mejorcito del libro), buena mano en la caracterización de personajes y buen pulso con la acción. Se revela como un narrador lúcido, honesto además, que no pretende engañar a nadie alimentando falsas ilusiones. Habrá que seguirle la pista.

Presentación en Almería de "Última noche en Granada"






Será el próximo jueves, 21 de enero, a las 19.30 horas.
Contaremos con la presencia de Diego García Campos, director de la revista Foco Sur; José Ortiz, orientador del E.O.E.; Inma Lucena, coordinadora del acto; Aurora Ortiz, directora técnica de la Hermandad Farmacéutica Almeriense; y el escritor Juan Herrezuelo.
En la Librería Picasso de la Calle Reyes Católicos.
Os esperamos.

Presentación en Granada

Presentamos la novela en Granada. El Museo Casa de los Tiros es, de verdad, un marco incomparable.





En esta foto aparecen Joaquín Casanova, el editor; el escritor y crítico José Abad, que presentó la novela; el que suscribe; y José Ortiz, que habló del autor y de sus primeros pasos en el mundo de la literatura.










Inma Lucena, coordinadora del acto.















Isabel, que leyó un fragmento de la novela.


















Paqui, que leyó otro fragmento.






Agradezco a todos los que tuvieron a bien asistir a la presentación su presencia, a los empleados del Museo su amabilidad. Quedo en deuda con los que me arroparon en la mesa y con las lecturas del libro y me hicieron sentir su calor humano: es la mejor manera de estar en actos culturales y de andar por la vida. Gracias a todos.

Presentación de "Última noche en Granada"






Llega la hora de presentar el libro. Hemos elegido Granada para el primer acto. Acompañado de José Abad, autor de una gran novela -"El abrazo de las sombras", de la que pronto os hablaré-; de Joaquín Casanova, el editor; de José Ortiz, orientador del EOE; y de Inma Lucena, que oficiará de presentadora, estaré ante los lectores -y con ellos- en la sala Cuadra Dorada del Museo Casa de los Tiros, a las 19 horas. Os esperamos.

Tercera crítica

Ricardo Bosque, escritor y editor del blog La Balacera, donde mejor podemos informarnos acerca de las novedades de novela negra, ha escrito en el blog que lleva su nombre la tercera valoración de "Última noche en Granada":

Empieza bien el año, desde luego.

Porque además de comenzarlo sin resaca -y que esto no sirva de precedente- lo hago leyendo esta estupenda novela con la que Francisco Ortiz debuta en el difícil mundo literario. Y lo hace con un trabajo que auna lo íntimo y lo criminal, algo muy complicado de lograr pues el género negro parece que exige un lenguaje descarnado y exento de cualquier concesión a la lírica y, sin embargo, Última noche en Granada consigue hacer visibles, en primera persona y en un tono ciertamente intimista, las sensaciones de un asesino -¿qué es si no un policía que mata excediéndose en sus funciones y lo hace, además, sin asomo alguno de arrepentimiento?- tras cometer un crimen, por muy inevitable que éste sea.

Una novela corta e intensa, para disfrutar en cada una de sus líneas siguiendo las vivencias de un ex policía, Luis Castillo, y su pareja, Beatriz, tan o más protagonista que el personaje que desnuda sus miedos en poco más de 100 páginas que transcurren como un suspiro.

Una magnífica candidata al Silverio Cañada a la mejor primera novela de 2009 si quienes eligen las aspirantes al premio tienen ojos para títulos que no procedan de las editoriales que siempre ocupan los espacios privilegiados en los escaparates de cualquier librería.

Última noche en Granada

Francisco Ortiz

Mira Editores

Postdata: acompáñese la lectura de la novela con la audición de un disco como Kind of Blue (Miles Davis), un gin tonic bien cargado -ideal para desengrasar las cenas y comidas de final y principio de año- y un cigarro puro de la envergadura que cada uno tenga por costumbre (si es el caso) y el placer se acercará a lo sublime.

Segunda crítica

En el blog de Elèna Casero, escritora, autora de "Tribulaciones de un sicario", el segundo comentario que recibe "Última noche en Granada":

Luis Castillo es un ex policía. Tras dejar el cuerpo se dedica a vigilante de obras.
Su vida transcurre entre la vigilancia nocturna, el descanso tras el trabajo y su vida con Beatriz. Una vida a salto de mata ya que ella está casada con Pablo. Su relación se basa en mensajes de móvil y las visitas que ella le hace a su piso. Una relación amorosa difícil pero que a Luis parece redimirle de todos los malos momentos de su presente y de su pasado.
Todo parece discurrir con la normalidad habitual hasta que un día los fantasmas dormidos vuelven a aparecer.
Y recuerda lo sucedido aquellos días, Pedro y él, las pistolas, los cargadores, la mirada acuosa de Pedro, su mano fría, que Eladio lo tenía todo planeado y que él sólo tenía que hacer su parte: un tiro de frente y a la cabeza. Los días posteriores a aquel suceso no hubo arrepentimiento, ni intranquilidad. Como Pedro repetía: Lo hemos hecho, a la mierda esos hijosputas. Hecho está.”


Sólo su madre, con su inteligencia natural, con una ternura que se transmite en unas pocas líneas, parece darse cuenta de que algo le ocurre a Luis, algo grave que transita por su cerebro sin darle salida. “Ese es el vacío, Luis, me decía con su silenciosa presencia, el vacío es algo que se ha cerrado dentro de ti, se ha quedado seco, escúpelo, escúpelo, escúpelo.”

La vida da una vuelta de tuerca cuando Beatriz, víctima de los celos y los malos tratos de Pablo, huye de su casa y se refugia en la suya, en él. Donde solo el amor es capaz de mitigar los hematomas del cuerpo y del alma, páginas descritas por Francisco con gran ternura, con el lenguaje adecuado para que cada uno se coloque en el lugar de Beatriz y en el de Luis.
Francisco consigue en esas páginas que sintamos el mismo asco y la misma rabia que puede sentir Beatriz ante el hombre que la ha maltratado, ante los recuerdos que Pablo le provoca y que debe contar en voz alta para que vayan desapareciendo.
Los acontecimientos se van sucediendo con rapidez y se siente el vértigo y la tensión de la emboscada que le han preparado a Luis. Las horas que transcurren casi frente a frente agresor y agredido. Hueles el humo del tabaco del matón que va por él, escuchas sus pisadas en el suelo descarnado y la muerte acechando entre las paredes del edificio vacío, como si jugaran al escondite, como Luis hacía con su hermano cuando eran pequeños.
Es el momento, a pesar de la tensión, de las consideraciones, de las reflexiones.

“¿A quién le he hecho yo bien? ¿A mi familia? ¿A Beatriz? ¿A mis semejantes?

Y todas las preguntas que subyacen en su interior, mezcladas con los recuerdos. ¿Es posible, a pesar de haber matado a un hombre, sin saber por qué, seguir siendo una buena persona? ¿Es posible la inocencia?
El desenlace de la novela nos dará la respuesta a tantas preguntas.
Una novela que se lee con rapidez porque necesitas seguir adelante, porque te mantiene en vilo, incluso deteniéndote en los pasajes más narrativos referidos a las relaciones entre Beatriz y Luis. Quieres saber más de él, de Luis, que vive acorralado por sus recuerdos desde el momento en que Julián Casamayor aparece de nuevo en su vida. ¿Por qué? ¿Qué sucedió? Y te vas dejando llevar por la escritura de Francisco hasta el momento del desenlace.
Como se dice en la contraportada, una novela no sólo entretenida, también tiene un trasfondo muy humano, alejado de la vacuidad.
Esperemos la siguiente novela de Francisco Ortiz.

Primera reseña, primera ficha


En el blog de Herminia Luque, de creciente importancia, la primera valoración de "Última noche en Granada":


Una atmósfera densa e irrespirable: ése es el tapiz de palabras que ha creado el autor para bordar a su personaje, para sumergirlo en algo más denso que el agua, más viscoso que el odio. Luis, un ex-policía, ha matado a un hombre. Pero no hay culpa, no hay dolor; sólo un asco metafísico al modo de Camus.
El personaje de la madre enternece: a los setenta, después de un cáncer de pecho comprende ella (o sus hijos) que no ha disfrutado, que no sabe lo que es un paseo, un tiempo exento de obligaciones familiares, unas tapas generosas, unas horas porque sí, unas horas para sí.
Una novela que excede las convenciones del género negro para crear un relato creíble, con un paisaje cotidiano (Zaidín, Cenes, La Chana: nombres familiares para los del terruño) pero vertido en el molde de lo universal, fundido con la peripecia del no-héroe, evitando así el marchamo costumbrista o la anécdota facilona.
Una novela excelente de verdad. La novela que todos deberían leer estos días de vacaciones.


En Negra y Criminal, librería de referencia, la ficha de la novela .

"Última noche en Granada": Texto de contraportada



¿Puedes haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho? ¿Puedes seguir pensando después que no eres una mala persona? Luis Castillo, el protagonista y narrador de esta novela, tiene que hallar la respuesta a esas dos preguntas. Afortunadamente, no está solo: cuenta con Beatriz, una mujer que le quiere y le ayudará a dar los pasos más adecuados. Con ecos de novela negra y una escritura medida, lírica y muy narrativa, Última noche en Granada les gustará por igual a los que buscan una historia entretenida y a los que se acercan a un libro para ir más allá de lo contado, de lo aparente.





Texto recomendado: en el blog de Raúl Ariza, uno de los mejores dedicados a la creación literaria, un relato estupendo: "Extracto de unas diligencias"

"Última noche en Granada": para los lectores


Una novela no existe, de alguna manera, hasta que uno no la ve en una librería, fuera de casa, libre e independiente, viviendo su propia vida. Hoy he visto mi novela "Última noche en Granada" en el escaparate de la "Librería Atlántida", en Granada, y he pensado que ha empezado a vivir, que ya no me pertenece sino parcialmente, que es mía pero también de todo lector que se acerque a ella y la lea.