Graham Greene: "Una pistola en venta". (3). Su hermano se suicidó


La maestría literaria de Graham Greene es muy grande, y en la caracterización de los personajes brilla especialmente, ya que se trata de un autor humanista, preocupado ante todo por lo que mueve a las personas y motiva sus acciones. Mostrar a un asesino como lo vemos en tantas novelas negras estadounidenses, de una pieza y tan lleno de mal que sólo puede movernos hacia él un claro sentimiento de odio, es algo fácil, como cortar con unas tijeras. La dificultad estriba en mostrar desde dentro, de manera creíble y sin que en todo momento el lector sienta asco por ese ser. Con los personajes buenos, como el policía que persigue al asesino, la dificultad es igual de grande si no se quiere caer en el estereotipo también. Fijémonos en cómo Graham Greene ahonda en los sentimientos humanos: "El hermano de Mather [el policía] se había suicidado. Había tenido necesidad, más que Mather, de formar parte de una organización, de ser entrenado, sometido a disciplina y órdenes superiores. Cuando las cosas le fueron mal, se dio muerte, y Mather fue llamado al depósito para identificar el cadáver. Había confiado en que fuera un desconocido, hasta que vio el pálido rostro del ahogado. Todo el día había estado intentando encontrar a su hermano, recorriendo todas las direcciones que de él tenía, y el primer sentimiento que experimentó al hallarlo no fue de horror: se dijo a sí mismo que ya podía sentarse y descansar. Salió en busca de un restaurante y pidió una taza de té. La sensación desagradable y dolorosa no lo embargó hasta la segunda taza de té."


Foto de Graham Greene: Sunday Times


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