.38, nº 8


Ricardo Bosque, escritor y editor de .38, una revista imprescindible, me invitó a colaborar y acepté de inmediato. Es para mí una alegría ir dentro de ese barco que navega tan firme y con tanta elegancia. La revista puede leerse y descargarse. Encontraréis firmas tan interesantes como las de José Ramón Gómez Cabezas, Javier Abasolo, Raúl Argemí, Rosa Ribas y Domingo Villar. Yo me he subido con dos relatos bajo el brazo.
Que lo disfrutéis.

Miguel Sanfeliu: Reseña de Última noche en Granada



“Última noche en Granada” es una historia narrada con una prosa depurada y cargada, por otra parte, de dureza y cierto desencanto. Lo primero que uno advierte al adentrarse en las páginas de esta novela es que apenas unas pinceladas le bastan a su autor, Francisco Ortiz, para definir a un personaje. Se cruzan voces cuyos ecos nos dan pistas sobre la historia que se va formando ante nuestros ojos, primero de un modo casi imperceptible, luego con una fuerza que nos agarra del cuello y no nos suelta.

Luis Castillo es un policía retirado, trabaja como vigilante de obra y arrastra un drama. Es un personaje que encontramos solo e indefenso ante una amenaza que se va delimitando paulatinamente. Su vida se encuentra, tras haber pasado sus dificultades, en un momento en que parece haberse estabilizado, los días transcurren monótonos y tranquilos hasta que un acontecimiento del pasado irrumpe resquebrajando el conjunto. Hay elementos de novela negra, pero sobre todo se trata del dibujo de un personaje que toma las riendas de su vida y opta por seguir adelante, fiel a sí mismo. La relación con su pareja, Beatriz, ocupa buena parte de la narración, describiendo una historia de amor que abre una segunda línea argumental, quizá de mayor peso que la intriga inicial.

Luis Castillo es un personaje complejo, de una pieza, que teme que el pasado le arrebate lo poco que le ha dado la vida. Toda la historia está contada desde su punto de vista, con un estilo sobrio, que fluye con precisión. Estilísticamente, todo está medido, perfectamente ensamblado. La estructura incluye algunos saltos al pasado, episodios contados por medio de un diálogo o de un monólogo, episodios descriptivos en los que se insertan las voces de los personajes de un modo muy eficaz, también los pensamientos del protagonista se cruzan con la acción, manifestando sus dudas, lamentando sus errores, definiendo en definitiva las aristas de todo ser humano.
El tono desencantado de Luis Castillo, aferrado a sus principios, a su amor inquebrantable por Beatriz, enfrentado a sus dudas y a sus remordimientos, nos sumerge en la historia de un hombre dispuesto a defenderse de las consecuencias de sus errores, sin victimismo, con entereza y determinación. Encontramos también escenas de tensión, como esa en la que se enfrenta a un asesino a sueldo agazapado en las sombras, moviéndose ambos sigilosamente entre los edificios en construcción, y que bastaría, por sí sola, para recomendar este libro.

“Última noche en Granada” es una obra madura, pese a ser la primera que publica Francisco Ortiz. Una de esas novelas que uno demora intencionadamente para evitar que termine. Una obra que todos los que seguimos la trayectoria de Ortiz, los que leemos su recomendable blog “Novela negra y cine negro”, estábamos deseosos de leer. Y la espera ha valido la pena.

Un breve fragmento:

Yo había matado a un hombre utilizando mis razonamientos de policía y mis armas de delincuente. Para Pedro, de ideas directas y frases cortas, fue tomarnos la justicia por nuestra mano, porque nos salió de los cojones. Un policía no está obligado a aguantar ciertas amenazas. Un policía vive agobiado por la inmediatez del peligro y su respuesta es obligatoria. Un policía es vulnerable y humano, una caja de resonancia y un cubo de basura al que se arroja la mierda que nos sacudimos de encima. Pero maté a un hombre para defenderme, para defendernos. No me liberé de nada, no hallé satisfacción ni piedad, porque se trataba de una ejecución.


Última noche en Granada
Francisco Ortiz
Mira Editores

Lorenzo Silva: La estrategia del agua

Cuando algunos le dan vueltas a la idea de que la novela está herida, se halla moribunda o en paradero desconocido, vuelvo a pensar en Camus, en Sartre, en Faulkner, en Sábato, en Vázquez Montalbán. Y rearmo mis ideas. Porque en esta sociedad en que todo va tan deprisa, en que todo ha de caducar rápido, parece que no hay temas a los que hincarles el diente con razón y argumentos, pero es una impresión falsa. Lorenzo Silva viene a demostrarlo con una novela que no es política, que no es social, que no es hija del realismo crítico, pero que a la vez tiene dentro todo el deseo y todo el poder que esas intenciones novelescas nos dejaron como legado para que las usen y las reutilicen los autores que tienen la mirada puesta en el mundo, se implican ante lo que ven y no pierden el tiempo levantando teorías exculpatorias y vanas con que justificar su absoluto amor por los libros y su total indiferencia por los problemas de quienes están a su alrededor, que son visibles y perceptibles para cualquiera que no viaje dentro de una urna las veinticuatro horas del día. "La estrategia del agua" es la respuesta a algunos asuntos que a todos nos incumben (todos somos hijos, muchos son padres) y es una visión políticamente incorrecta de un autor que piensa, expone y arriesga, que sabe plantear y resolver mediante una clara técnica literaria un tema que levantará encontradas opiniones entre quienes lean esta valiosa novela.
Decir que Lorenzo Silva es el mejor escritor de novela negra español de la actualidad me parece algo casi superfluo. Ningún otro ha encarado nuestra realidad con tal independencia, con tanta literatura de por medio y tanta buena fortuna, de lo que dan muestra libros sobresalientes como "El alquimista impaciente" y "Nadie vale más que otro". En esta novela se reafirma en su apuesta por dar libros serios, rigurosamente documentados, notablemente escritos, expurgados de excesos de mixtificación y de chanza (no en vano, mucho de lo que se publica hoy en día dentro del género no es más que guiones novelados y cómics aderezados con palabras), que apelan al lector adulto y no se dejan lastrar por violencias gratuitas ni tramposas escenas de acción suscitadas forzando la trama. Bevilacqua es el personaje más creíble de nuestra novela negra, aquí y ahora y antes y ahora, y las narraciones de los casos que le tocan en suerte van construyendo una perfecta radiografía de la sociedad de nuestro tiempo desde la óptica de alguien que no es maniqueo, conformista, no se siente héroe ni antihéroe (qué cansancio de antihéroes que se vanaglorian de serlo porque suena bien y luego incurren en gestas que ni los más clásicos héroes podrían emprender) y que no miente, no enreda, sólo da testimonio. En "La estrategia del agua" nos cuenta el caso de un hombre al que matan por la espalda y que deja un hijo cuya custodia tiene su ex mujer. El asesinado tiene la suerte de que el caso se lo asignen a Bevilacqua, que no cree en los apriorismos y no se contenta con ver el historial del muerto y no lo encasilla de inmediato y va a buscar la verdad sin dejarse cegar por las lágrimas ajenas ni los mapas de las emociones de los que saben cómo fingir. Y las capas de mentiras caen una a una y vemos la verdad final que se ha construido ante nuestros ojos sin sorprendernos demasiado, porque Lorenzo Silva no quiere emponzoñar nuestra mirada con golpes de efecto vanos y va abriendo ventanas, apartando cortinas con delicadeza hasta que llegamos a las estancias y ante los personajes que saben y dicen la verdad de lo ocurrido.
No es, sin embargo, "La estrategia del agua" la mejor novela de Lorenzo Silva, que en "El alquimista impaciente" sigue teniendo su obra maestra, pues adolece de un exceso de humor algo ligero y repetitivo que sirve para que adelantemos en la lectura del libro pero a la vez llega a ser fuente de digresión excesiva en algunos momentos poco afortunados y porque en la nítida exposición de los temas tratados y del punto del vista del narrador/autor priva al lector de la libertad para llegar a algunas conclusiones, a sus propias conclusiones, podríamos decir, y se le conduce en exceso en una sola dirección. Se percibe aquí una influencia sana del Marlowe de Chandler, al que le profesa gran afecto Lorenzo Silva, pero falta algo de sus descreimiento cínico, de su distanciamiento moral, el de quien sabe la verdad y la dice pero al final acaba por pensar que nada es del todo acertado si quien lo cuenta es él mismo. Es una matización que estimo necesaria y que no le resta mucho valor a una digna y necesaria novela dentro del mejor ciclo de novelas negras escritas por un autor español vivo.

Entrevista en La Voz de Almería (Evaristo Martínez)

El pasado 2 de marzo apareció en el diario La Voz de Almería una entrevista firmada por Evaristo Martínez, Jefe de Sección de Vivir (Cultura y Sociedad), que os traigo aquí:







Francisco Ortiz propone pasar una ‘Última noche en Granada’

Autor del blog de referencia ‘Novela negra y cine negro’, la primera novela del escritor granadino, gestada en parte en Almería, ha recibido una generosa acogida

Texto: Evaristo Martínez

“Es una novela en la que hay un parte de novela negra pero también una historia de amor. Y, ante todo, una apuesta por la literatura a secas, e incluso con intentos de hacer algo medianamente grande”. Así define ‘Última noche en Granada’ (Mira Ediciones) su autor, el granadino Francisco Ortiz (Ugíjar, 1967), escritor y fotógrafo muy vinculado a Almería, donde se gestó hace seis años la que ha acabado convirtiéndose en su primera novela publicada.

‘Última noche en Granada’ es, por tanto, una novela negra, pero con matices. “Yo no provengo de ahí, sino de Ernesto Sábato, Juan Benet, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Heinrich Böll. La novela negra es como la hermana pequeña, no se practica el género con la altura de miras necesaria para no hacer siempre lo mismo”, explica. De ahí que tome riesgos, que camine por otros pasillos. “Hay un par de capítulos planteados de forma radicalmente contraria a la novela negra porque la acción se demora, se alarga, y se apuesta más por la psicología de los personajes y por los diálogos. Quizás sea más una novela psicológica que una novela negra”.

Así que el lector que siga quedándose helado con la novela negra que vino del frío -léase Stieg Larsson, Camilla Läckberg, Asa Larsson y derivados- puede encontrar en ‘Última noche en Granada’ un abrigo en el que refugiarse durante los últimos coletazos del invierno. “Ese tipo de literatura negra de los países nórdicos es políticamente correcta, no inquieta, no promueve a la reflexión, no tiene nada que ver con la que me interesa, que tiene en Raymond Chandler y Dashiell Hammett sus grandes valedores. Ellos eran inconformistas y no buscaban lo políticamente correcto”.

A Ortiz le interesa más “la novela negra existencialista”, la que es capaz de “profundizar en temas sociales y denunciar situaciones que atentan contra el ser humano”, y pone como ejemplo a Ross Macdonald, creador del detective privado Lew Archer. “Con él, la novela negra llegó a la universidad porque es, ante todo, un estilista”.

La otra Granada

En la novela, Granada se convierte en un personaje más y en una razón de ser de la propia obra. “Sin ella no existiría esta novela. No sólo por la ambientación sino porque la historia me la da la ciudad, la gente que conozco”. Sin embargo, Ortiz huye de los paisajes tópicos. “Aparecen calles, barrios, pero se desarrolla más en la noche, y no en escenarios abiertos. No hay movimientos por la Granada turística pero el que conoce la ciudad se va a situar”.

¿Y Almería, no sería también un buen escenario novelesco? “Cuando se presentó la novela [en la librería Picasso de la capital, el pasado mes de enero], mi amigo Diego García Campos, de la revista ‘Foco Sur’, destacó un momento en que el personaje principal está viviendo una época oscura de su vida y le plantea a su compañera si no sería mejor irse a un sitio más tranquilo, con gente agradable, donde estuvieran más a gusto. Ese sitio es Almería”, detalla. “Almería, para un novelista con intenciones sociales y críticas, ofrece uno de los mejores escenarios que se le pueden plantear a un escritor. Entre otras cosas, está pendiente el tema de la inmigración, de El Ejido. El único que lo ha tocado un poco ha sido Miguel Naveros, alguien a quien se ve de forma tan cercana que no se valora la obra tan interesante que tiene”.

Cinco años en la blogosfera

Lector de novela negra “desde los dieciséis o dieciocho años”, Francisco Ortiz mantiene desde hace cinco años el blog ‘Novela negra y cine negro’, un referente en su campo y punto de encuentro de los aficionados al género. Ahí también recoge las reseñas y críticas de ‘Última noche en Granada’. “Ha tenido muy buena aceptación, mejor de la esperada. Han destacado esos capítulos en los que uno ha echado el resto. Incluso un escritor, gran amante de la novela negra, como Ricardo Bosque la ha propuesto en su reseña para el memorial Silverio Cañada, que premia la mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón”.

Ramiro Pinilla: Las ciegas hormigas

Hay en Ramiro Pinilla un aliento de verdad que conmueve, que vence y convence sin esfuerzo. Leer "Las ciegas hormigas" es volver a transitar caminos que antes recorrieron autores como John Steinbeck en "Las uvas de la ira" y William Faulkner en "Mientras agonizo". Y nuestro autor no se queda atrás en el intento, no desentona al lado de esos dos monstruos sagrados de la literatura. Sé que puede parecer un exceso por mi parte, una afirmación exagerada, pero creo que los que lean este libro van a a hallar en él argumentos suficientes para sostener tal juicio. La elección de un punto de vista múltiple, sustentado en las voces interiores y rememorativas de la madre, los hermanos, la niña, el niño, el tío, la abuela de una familia que vive días inolvidables, tan firmemente llevada hasta el punto final con que concluye la novela solo puede ser obra de un gigante de la narrativa. La perfecta mezcla de narraciones en un estilo omnisciente y otras que son el resultado de un flujo de conciencia no es un logro al alcance de cualquiera tampoco. El equilibrio fundamental que alcanza uniendo la prosa más alta y más bella con la más sencilla y fácilmente comprensible sólo la he visto yo en muy contados autores.
Un barco, por culpa de un temporal, arroja su carga de carbón y todos los habitantes de un pueblo luchan contra la noche, la inclemencia del tiempo hostil, el frío, la posibilidad de la muerte para conseguir una parte rescatándola de la playa y de las rocas. La familia de Sabas Jáuregui participa en la recogida alucinada y ciega, desesperada, antes de que amanezca y los carabineros vengan a detenerlos y a requisar todo lo que hayan conseguido arrancarle al mar. La narración de Ramiro Pinilla es épica pero nunca cede a la fácil entronización de lo extraordinario para separarlo de lo más común y realista, de lo más palpable y real: es el primer y mayor acierto con que nos topamos leyendo esta magnífica novela. Los personajes cuentan lo que van viendo y haciendo pero siempre desde su yo más íntimo, desde el lugar más descarnado en que habita su más honda verdad. Hay pasajes en que uno parece que está palpando a esos desdichados, a esos sufridores que siguen adelante porque el padre sigue adelante, que resisten todo y contra todo porque el padre ha entregado su alma al trabajo y a la misión del pobre de aquella época y de todas las épocas: la continua lucha hacia delante, sin pararse a pensar en nada que estorbe el avance. Las penalidades crecen, se enredan a los cuerpos de los personajes y a sus pensamientos, tratan de ahogarlos, pero, como en toda tragedia perfecta, sabemos que hasta el final no habrá tormenta, dolor ni ser mítico o real que pueda pararlos. Y Ramiro Pinilla nos conduce a la conclusión de este libro imperecedero con un brío y mediante un intachable procedimiento de pequeños giros en la trama y sanísimo suspense al que nadie podrá sustraerse.
"Las ciegas hormigas" se publicó por primera vez en 1961. Nadie lo diría. No ha envejecido ni un ápice. Al contrario: su vigencia es absoluta, tanto en el lenguaje como en la manera de contar y de presentar a unos personajes y una historia novelada que acaso está sacada de la más pura realidad y que a ratos nos deja el mejor sabor que un libro no autobiográfico puede suscitarnos, pues pensaremos siempre que todo cuanto hemos leído y descubierto es posible y no ha podido llegarnos de mejor forma. Asimismo, en la literatura española siempre quedará ya la figura de Sabas Jáuregui, un personaje inmarchitable, de calado tan profundo como el de Pascual Duarte o la Celestina. Con mucha felicidad y mucha satisfacción lo escribo.


Texto recomendado: Un excelente relato corto en el blog de Raúl Ariza: "Sangre de mi sangre"

Giorgio Scerbanenco: Matar por amor

Ya antes he escrito en este blog sobre Giorgio Scerbanenco, autor al que considero fundamental dentro del género. Las cuatro novelas protagonizadas por Duca Lamberti son de las mejores que la novela negra nos ha dado. "Los milaneses matan en sábado" es una elegía, un relato que se lee con el ánimo encogido. Pero Scerbanenco escribió más libros interesantes. Y este, recién aparecido, hay que incluirlo en el apartado de los más recomendables. "Matar por amor" reúne un ramillete de historias para todos los gustos, y en ellas no falta nada del talento de los más acertados momentos de nuestro autor, esos en los que están la dureza y la melancolía, el desgarro y la crudeza llevadas con mano firme, en el estilo personal y cercano a la confesión del maestro italiano nacido en Kiev y muerto cuando estaba viviendo sus años de más alta creatividad literaria. Libro póstumo y magnífico rescate de relatos nunca antes vertidos a nuestra lengua, cuenta además con la impecable traducción del escritor granadino José Abad, que nos premia asimismo con una nota final, breve y bien documentada, que aconsejo leer antes de adentrarse en este libro necesario de un maestro del género negro.

"Última noche en Granada" en el blog de Francisco Machuca


En el blog de Francisco Machuca, este texto sobre "Última noche en Granada":

"El relato policíaco no trata de asesinatos sino de restablecer el orden."
P.D. James

Todos los que conocemos a Francisco Ortiz, posiblemente uno de los mejores conocedores del género negro de este país, estábamos esperando una novela surgida de su pluma y la espera ha valido la pena.

Lo primero que encuentro en Última noche en Granada son unos principios básicos y determinantes: honestidad por parte del autor y rechazo a los arquetipos tan manidos que sustenta hoy la nueva narrativa de género. También he querido ver ciertas procedencias lejanas de lo mejor que ha dado el género. Desde Lawrence Block y las ocho millones de maneras que tiene el ser humano de morir a Geoffrey Homes de Eleven mi horca; ese retorno al pasado, ese pasado que retorna siempre para avisarnos en qué situación nos encontramos con nuestro presente.

La acción de la novela transcurre en la ciudad de Granada; una ciudad totalmente irreconocible para los turistas apresurados y también para la mayoría de los que viven en ella sumidos en su autocomplacencia. La ciudad que describe Francisco Ortiz no va más allá de unas cuantas calles, un par de bares comunes, el subterráneo de un parquin, urbanizaciones, autovías, pueblos de paso y conversaciones en el interior de un piso de dos habitaciones y la noche desnuda. No obstante, nuestro autor, universaliza la historia. Los contextos nacionales, regionales, no sirven para nada cuando se trata de alcanzar el sentido y el valor de una obra. "Pececitos humanos. Habitantes de Granada, una pequeña arruga en el gran cuerpo del universo...".

La historia está narrada en primera persona por Luis Castillo, un ex policía que trabaja de vigilante nocturno en el interior de una barraca de un extrarradio de edificios en construcción; todo un fracturado horizonte de la ciudad; encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta. Luis no vacila en propinarle una tremenda paliza a un vagabundo que pasa la noche a la falda de esos nichos modernos. Vive en un piso pagado con el dinero de su padre, ex guardia civil que hizo sus negocios gracias a los chanchullos de la dictadura. Toda herencia histórica y familiar vendrá a rendirle cuentas. Por una parte; el asesinato cometido cuando ejercía de policía, y, el hermano de la víctima que parece haber resucitado de la nada, como un fantasma, para vengarle. El asesinato, viene a decir el autor, en el mundo de la novela negra, son transgresiones en materia de modales más que de moral. Y, por otra parte, Beatriz, una mujer mal casada y amante de Luis, que le asevera duramente, en uno de los mejores capítulos de la novela, la pasividad de Luis respecto a su vida presente. Otra de las cualidades de Francisco Ortiz es el manejo habilísimo en los diálogos.

Los azares de la vida en su singularidad y variedad son irreductibles a normas y clasificaciones, aunque cada uno responda a su lógica, la explosión del papel que lo irracional desempeña en las decisiones, en la vida, está perfectamente retratado en este diálogo e intuimos que Luis no podrá jamás acceder a las cimas de la otra miseria que le propone de muy buen grado Beatriz.

¿Recuperará esa libertad que no soporta ya? ¿O discierne en todo ello la incertidumbre de su futuro? "¿Puede haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho?", reza en la contraportada de la novela. Esta pregunta se puede aplicar a todas las demás acciones de la vida.

Última noche en Granada se me antoja un clásico de nuestro tiempo. Espero que reciba todos los elogios y la posición que merece.

Rosa Ribas: Con anuncio

Esta novela es un paso adelante. Rosa Ribas mejora su anterior salida editorial y nos entrega una novela mejor escrita, más sólida. Muestra un perfecto dominio del personaje principal y de la historia que nos cuenta, se maneja a la perfección con el tema elegido y se ajusta adecuadamente a lo que quiere contar: la muerte de un publicista en el transcurso de unas semanas decisivas para que a la empresa en la que trabaja le adjudiquen un contrato muy importante. No le cuesta al lector creer en la comisaria Weber-Tejedor ni en sus andanzas policiales. No le cuesta meterse dentro de la agencia de publicidad, conocer a sus integrantes, seguir la investigación. Tampoco le cuesta seguir la historia de creciente desamor entre la comisaria y su marido. Y, sin embargo, tras la corrección del conjunto pueden surgir algunas dudas, porque "Con anuncio" es una novela bien planteada, bien llevada y bien resuelta que se crea unos límites muy marcados y permanece a la fuerza dentro del espacio previsto y no saca un solo pie del territorio establecido, algo a lo que se ha sujetado quizá demasiado firmemente su autora. Y es que Rosa Ribas es mejor escritora que antes, no se deja llevar por lo fácil ni por lo manido, cuida más el lenguaje y la estructura de su novela es impecable. Pero no debe conformarse. El deseo de hacer una novela bien hecha ha cuajado plenamente en este intento. Y el oficio lo tiene, los materiales sabe elegirlos, el respeto como escritora se lo ha ganado (algo que algunos que trabajan en las tierras del género nunca obtienen). Por eso espero que en las próximas salidas de la comisaria Weber-Tejedor, Rosa Ribas sea cada vez más atrevida y libre y apueste por la novela negra plena, deje de lado un cierto conformismo tan común en esta época en que mandan tanto los que quieren un producto bien acabado y apueste decididamente por mostrar a la buena escritora que lleva dentro y que destaca a notable altura en algunos de los mejores momentos de "Con anuncio", que es un paso adelante pero aún lejano de la cumbre como creadora de esta escritora a la que le queda mucho que decir y a la debemos exigirle más, pues sin duda podrá con todos los retos.

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella

Película de misterio y de amor, con pinceladas políticas y un final absolutamente inolvidable, "El secreto de sus ojos" no es una obra maestra pero tiene momentos de gran brillantez y otros emotivos que conquistan el ánimo de cualquier espectador y que lo llevan al mundo ficticio sin esfuerzo y a ratos hechizándolo. Campanella quería una película clásica en todos los aspectos, que no homenajeara a los inolvidables filmes estadounidenses de los cuarenta y los cincuenta sino que bebiera de ellos, gran diferencia pues no es lo mismo copiar y aliñar que seguir una corriente, y lo consigue, pues el guión está cortado milimétricamente, las interpretaciones sabiamente medidas y los movimientos de la cámara dosificados con la justeza que nos hace ver que hay detrás un buen director que no interfiere en la historia, que cabalga sobre su ego y lo muestra sólo cuando es imprescindible. Si no llega a obra maestra esta buena película argentina es por la utilización de elementos ya repetidos en exceso en el género, que la vuelven previsible en algunos momentos, y por el exceso de idealismo resultante de la relación amorosa, que si bien es perfectamente contrastable con historias reales no deja de ser algo pacato a estas alturas, con todo lo que ha llovido desde que los maestros del cine estadounidense nos hicieran llegar sus historias de amor y suspense. A Campanella le ha faltado juntar y amalgamar lo bello con lo frío o lo inquietante. De haberlo hecho, "El secreto de sus ojos", que encierra una soberbia meditación sobre la justicia y un conflicto moral y tiene, como "Adiós, pequeña, adiós", un final ante el que el espectador no puede permanecer impasible, ante el que tiene que tomar partido, sería esa obra que solo los cineastas elegidos consiguen alumbrar para el medio una vez cada década.


Texto recomendado: "Un poco de optimismo", en el blog de Francisco Machuca

José Ramón Gómez Cabezas, en el blog de Novelpol, sobre "Última noche en Granada"


José Ramón Gómez Cabezas, presidente de Novelpol, en el blog de esta asociación de amigos de la literatura policial, escribe sobre "Última noche en Granada":

Intensa, profunda, inteligente así es la narrativa que despliega Francisco Ortiz en su primera novela Última noche en Granada, quién diría que es su primer libro viendo, o mas bien leyendo con agrado el oficio que despliega este autor andaluz, inexplicablemente inédito hasta la fecha.

Luis Castillo, un ex policía que se gana la vida como vigilante nocturno de obras, nos narra en primera persona su lucha diaria con los fantasmas del pasado, aquellos que le llevaron a matar a un hombre y que ahora vuelven para forzarle a cerrar el círculo que empezó a trazar hace algún tiempo junto a Pedro, su compañero de vigilancias y patrulla.

Las circunstancias le empujaron a buscar una solución lógica a la acumulación de frustraciones y fracasos que conlleva el asumir el rol de mediocre policía, ahora con el paso del tiempo y la visita del gordo Julián se siente marioneta y lo que es casi peor acorralado, alguien lo busca para saldar cuentas y no cejará en su empeño hasta cobrarse el tributo de la venganza. Luis Castillo se plantea volver a matar y en el camino revivirá cada una de las emociones sentidas.

Como en las buenas novelas de género, las preguntas no importan, tampoco las respuestas, tan sólo el instinto de supervivencia que hará de Luis Castillo un depredador. Tan solo las breves caricias de Beatriz que huye de un marido celoso y maltratador, se convertirán en su consuelo, a pesar de los zarpazos de gata vieja que desnudan al ex policía con sus reproches en forma de monólogos.

Una atmósfera agobiante, una paisaje único y un estilo narrativo duro y detallado que invita a la reflexión, son otros de los muchos puntos fuertes de esta Ultima noche en Granada que bien merece la pena.

Ross Macdonald: El expediente Archer


Veinte años. Son los que llevaba esperando que se editara este libro en nuestro país. Son los años que llevo leyendo a Ross Macdonald -bueno, quizá más: veintidós o veinticuatro; el tiempo vuela, pájaro invisible e indiferente que nos mira desde cerca y no se inquieta-, disfrutando de sus novelas. Hace poco empecé la relectura de "Los maléficos". Y aún hay una que no he leído, que guardo para un momento -espero que lejano- en que ya no pueda resistir más y tras el cual ya no me quedará nada por leer de este gran maestro. Entonces todo será tiempo de relecturas. Ese del que sólo he leído las primeras líneas lo tengo desde hace muchos años, lo conservo junto a los demás con un afecto que nunca ha disminuido, aunque entre medias he tenido la oportunidad de leer a Joyce, a Benet, a Böll, a Moravia, a Chandler, a Benedetti, a Onetti, a Cortázar, a Fitzgerald, a Faulkner. He probado la gran literatura, he bebido de ella, pero jamás he arrinconado los libros de Macdonald, jamás he tenido la sensación al volver a acercarme a ellos de que se me caían de las manos, de que se habían empequeñecido, que eran producto de una pasión juvenil. Acaba de salir mi primera novela y, como muy bien señalaba José Abad, en ella está algo de lo que he aprendido de Macdonald y de Archer, de su mirada lírica y compasiva, de su deseo de saber más del ser humano, de no conformarse con las apariencias. Nunca le he dado la espalda a este escritor de novela negra y defiendo donde se presenta la ocasión que es el mejor autor que ha dado el género, que su ciclo Archer es el mejor dedicado a un detective privado de cuantos conozco, que recomendar su lectura no es hacerle un favor, sino una manera de ganar amigos.
Aunque había una edición sudamericana de los relatos de Archer, absolutamente agotada e inencontrabable, este Expediente suma además auténticas perlas que antes no han estado disponibles en nuestra lengua: un perfil biográfico del personaje y unas notas y fragmentos de Ross Macdonald que son un auténtico tesoro: de hecho, tengo el libro encima de la mesa, muy cerca, y lo miro y casi no me atrevo aún a tocarlo, a adentrarme en lo que ofrece, pues, al igual que con la novela que aún no he leído, me ocurre que temo que empiece a fraguarse algún final, que me quede huérfano si ya no puedo decirme que dispongo de un texto aún sin explorar, por descubrir, al que entregarme como de niño lo hacía a aquellas Joyas Literarias Ilustradas de Bruguera con que descubrí el mundo fabuloso de la imaginación y de las otras y posibles vidas. Archer ha vuelto -como decían en la publicidad de la película que protagonizó Paul Newman- y ya estará aquí siempre acompañándonos.

(Después de haber subido esta entrada ayer: No pude resistirlo y he leído el magnífico relato que Tom Nolan, biógrafo de Ross Macdonald, dedica a la vida de Lew Archer, en el que cuenta cómo fue su infancia, cómo amó a varias mujeres, cómo siempre se negó a venderse por dinero, cómo se convirtió en un investigador humanitario y empeñado en buscar la justicia y en ponerse del lado del más débil. Es una pequeña novela que no puede soltarse desde el momento en que inicias la lectura).

José Abad: Crítica de "Última noche en Granada" : "Por qué de noche, por qué en Granada"


Apareció el pasado jueves, 21 de enero, en el diario Granada Hoy. La firma el escritor y crítico José Abad.

Por qué de noche, por qué en Granada

Francisco Ortiz refleja en su novela las influencias de grandes autores de la narrativa criminal como Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Ross Macdonald


Los relatos de crímenes existen desde que los hombres guardan memoria de sus actos, baste recordar que en los primeros compases de la Biblia ya se nos describía el asesinato de Abel a manos de Caín. La narrativa criminal, sin embargo, tiene poco más de siglo y medio de existencia. Es imposible hallarla como tal más allá del horizonte histórico de mediados del siglo XIX. Los tres relatos que Edgar Allan Poe dedicara al investigador diletante Auguste Dupin suelen señalarse como los títulos fundacionales del género y lo cierto es que, a pesar de algún que otro precedente, dichas ficciones son las primeras muestras acabadas de un planteamiento narrativo en el cual el crimen y la investigación ulterior son los principales motores de la acción (Pero no los únicos, por supuesto). ¿Qué circunstancias propiciaron su aparición?

A principios del siglo XIX, la Revolución Industrial había alcanzado de manera no homogénea la casi totalidad de Occidente, el crecimiento de las ciudades se había acelerado de manera vertiginosa, también el flujo migratorio del campo a la ciudad, y ni siquiera las urbes más prósperas fueron capaces de emplear el capital humano disponible; el excedente (esa gran masa de gente desocupada) se buscó la vida donde buenamente pudo, como buenamente pudo, a veces al otro lado de la ley. En las ciudades más importantes (París, Londres) se creó una policía específicamente metropolitana para combatir la ilegalidad intramuros. De este modo entran en escena los dos actores de una situación arquetípica, el crimen y la justicia, que participan de un paradigma filosófico, el positivismo, según el cual, el raciocinio o el recurso a los últimos avances de la ciencia llevan indefectiblemente al descubrimiento de la verdad. De estas ubres mamará el detective más famoso de entonces, el infalible Sherlock Holmes.

La primera narrativa criminal estuvo muy influida por el Romanticismo, por los ambientes obscuros, cerrados, opresivos del Romanticismo, y en unos pocos casos por ese fatalismo suyo, el que hizo que el joven Werther se levantara la tapa de los sesos por amor a Charlotte, la hija del Corregidor. El género se mostrará asimismo permeable a la influencia de la novela social decimonónica, hasta el punto de ser la depositaria ideal de numerosos presupuestos suyos, y de esta manera irá caracterizándose poco a poco y convirtiéndose en lo que será: una narrativa preferentemente urbana, nocturna y violenta, una receta a menudo atemperada con el azúcar de la moraleja (tan burguesa) de que ningún delincuente escapa al largo brazo de la justicia. Las cosas cambiaron drásticamente en las primeras décadas del siglo XX con la irrupción de un autor decidido a sepultar el género con paletadas de realismo.

Me refiero a Dashiell Hammett, por supuesto. Hammett, que había trabajado como detective para la famosa Agencia Pinkerton, sabía perfectamente de lo que hablaba. El autor de El halcón maltés mantuvo intacta esas coordenadas urbanas, nocturnas y violentas que hemos señalado, pero rechazó de lleno la esperanza en que el raciocinio y el recurso a los últimos avances de la ciencia llevarían indefectiblemente al descubrimiento de la verdad. Las fronteras se diluyen. Los agentes de la justicia y los delincuentes ya no están en bandos opuestos o enfrentados, se entremezclan, se confunden. Hay un antes y después de Dashiell Hammett. Cuando aparezca algún tipo honesto, pensemos en Philip Marlowe o en nuestro paisano Pepe Carvalho, sus creadores, esos dos grandísimos escritores que fueron Raymond Chandler y Manuel Vázquez Montalbán, tendrán que insistir en la soledad de sus criaturas, en su quijotismo, en su aura romántica. Si el joven Werther se levantó la tapa de los sesos por amor, ellos arriesgarán el pellejo por amistad, por decencia, por mantener la palabra dada, etc.

Son autores (Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán) que han introducido un hondo desencanto en el género, una mirada dolida, una mirada que duele, una absoluta falta de fe en los finales felices, esos finales con perdices que o bien devuelven las cosas a donde estaban o bien las dejan mejor que estaban. De éstos, o de su admirado Ross Macdonald, Francisco Ortiz ha aprendido parte del oficio. Esto explica por qué Última noche en Granada es como es. Una novela (lo dice ya el título), urbana y nocturna, también violenta, pues toda ciudad tiene sus miserias y Granada no es una excepción. Hay mucho bueno en esta narración, empezando por la contundente primera persona que nos habla desde sus páginas; la voz de un ex-policía, Luis Castillo, que intenta rehacer su vida trabajando de noche como vigilante y amando de día a su novia de siempre, Beatriz, una mujer capaz de abandonar al marido por estar junto a él.

Al protagonista le gustaría hacer borrón y cuenta nueva, sentar cabeza, empezar de nuevo, todo eso. Pero no podrá ser. Se lo impedirá el pasado, ese enorme perro de presa que ventea nuestro rastro, tenaz, y no ceja hasta darnos alcance. Siendo policía, Luis Castillo participó en la eliminación de dos delincuentes, según parece, a los que no había otro modo de echarle el guante. Uno de ellos era de origen marroquí y hermano de un prohombre que, años después, busca la venganza… No se fíen. La novela negra actual no arraiga en el terreno de las certezas, sino en otro más fértil, el de la sospecha, y la explicación más sencilla no acostumbra a ser la más afortunada. Luis Castillo sólo podrá redimirse si ajusta cuentas con el pasado, pero nada le asegura, ni a él ni al lector, que salga intacto del empeño.

Francisco Ortiz ha trasladado con acierto el imaginario noir a una ciudad con escasa presencia en este género, Granada, tan buena como cualquiera, en tanto que hostil como la que más. Ortiz demuestra tener un oído muy fino para el habla de la calle (las charlas entre Luis y Beatriz son de lo mejorcito del libro), buena mano en la caracterización de personajes y buen pulso con la acción. Se revela como un narrador lúcido, honesto además, que no pretende engañar a nadie alimentando falsas ilusiones. Habrá que seguirle la pista.

Presentación en Almería de "Última noche en Granada"






Será el próximo jueves, 21 de enero, a las 19.30 horas.
Contaremos con la presencia de Diego García Campos, director de la revista Foco Sur; José Ortiz, orientador del E.O.E.; Inma Lucena, coordinadora del acto; Aurora Ortiz, directora técnica de la Hermandad Farmacéutica Almeriense; y el escritor Juan Herrezuelo.
En la Librería Picasso de la Calle Reyes Católicos.
Os esperamos.

Presentación en Granada

Presentamos la novela en Granada. El Museo Casa de los Tiros es, de verdad, un marco incomparable.





En esta foto aparecen Joaquín Casanova, el editor; el escritor y crítico José Abad, que presentó la novela; el que suscribe; y José Ortiz, que habló del autor y de sus primeros pasos en el mundo de la literatura.










Inma Lucena, coordinadora del acto.















Isabel, que leyó un fragmento de la novela.


















Paqui, que leyó otro fragmento.






Agradezco a todos los que tuvieron a bien asistir a la presentación su presencia, a los empleados del Museo su amabilidad. Quedo en deuda con los que me arroparon en la mesa y con las lecturas del libro y me hicieron sentir su calor humano: es la mejor manera de estar en actos culturales y de andar por la vida. Gracias a todos.

Presentación de "Última noche en Granada"






Llega la hora de presentar el libro. Hemos elegido Granada para el primer acto. Acompañado de José Abad, autor de una gran novela -"El abrazo de las sombras", de la que pronto os hablaré-; de Joaquín Casanova, el editor; de José Ortiz, orientador del EOE; y de Inma Lucena, que oficiará de presentadora, estaré ante los lectores -y con ellos- en la sala Cuadra Dorada del Museo Casa de los Tiros, a las 19 horas. Os esperamos.

Tercera crítica

Ricardo Bosque, escritor y editor del blog La Balacera, donde mejor podemos informarnos acerca de las novedades de novela negra, ha escrito en el blog que lleva su nombre la tercera valoración de "Última noche en Granada":

Empieza bien el año, desde luego.

Porque además de comenzarlo sin resaca -y que esto no sirva de precedente- lo hago leyendo esta estupenda novela con la que Francisco Ortiz debuta en el difícil mundo literario. Y lo hace con un trabajo que auna lo íntimo y lo criminal, algo muy complicado de lograr pues el género negro parece que exige un lenguaje descarnado y exento de cualquier concesión a la lírica y, sin embargo, Última noche en Granada consigue hacer visibles, en primera persona y en un tono ciertamente intimista, las sensaciones de un asesino -¿qué es si no un policía que mata excediéndose en sus funciones y lo hace, además, sin asomo alguno de arrepentimiento?- tras cometer un crimen, por muy inevitable que éste sea.

Una novela corta e intensa, para disfrutar en cada una de sus líneas siguiendo las vivencias de un ex policía, Luis Castillo, y su pareja, Beatriz, tan o más protagonista que el personaje que desnuda sus miedos en poco más de 100 páginas que transcurren como un suspiro.

Una magnífica candidata al Silverio Cañada a la mejor primera novela de 2009 si quienes eligen las aspirantes al premio tienen ojos para títulos que no procedan de las editoriales que siempre ocupan los espacios privilegiados en los escaparates de cualquier librería.

Última noche en Granada

Francisco Ortiz

Mira Editores

Postdata: acompáñese la lectura de la novela con la audición de un disco como Kind of Blue (Miles Davis), un gin tonic bien cargado -ideal para desengrasar las cenas y comidas de final y principio de año- y un cigarro puro de la envergadura que cada uno tenga por costumbre (si es el caso) y el placer se acercará a lo sublime.