Me muero yo también con Updike


Uno no puede llorar porque muera un escritor, alguien a quien no ha visto nunca. Pero creedme si os digo que tengo un nudo en la garganta y ganas de llorar. Se muere con John Updike también algo de mí, porque en un tiempo yo quise ser John Updike, como él o él, qué más da. Quise escribir como él escribía, ser incisivo, corrosivo, tener un ojo en lo real y otro en lo imaginado, quise sentir una enorme libertad trabajando, aunque sin perder de vista jamás la estructura de mi labor, de la novela.
Siento que se muere una parte de nuestras vidas también. Se van yendo los escritores verdaderamente importantes y decisivos, los que daban ganas de escribir mientras estábamos metidos en sus páginas, los que creaban vocaciones y formas de mirar el mundo, el arte, todo. Nos quedamos sin referentes.
En fin. Es así. Todo tiene su plazo, su vigencia, su actualidad y su finalidad. Tomadme por pesimista, pero creo que con Updike el género se muere también un poco, nos quedamos sin uno de sus pilares. Y me temo que apenas hay continuadores. La novela anda algo enferma, algo desasistida, de alguna manera eso que llaman su crisis es un estado y un síntoma irrebatible. Queda la obra de Updike, pero se va con él una parte del futuro, que ya nunca será, nunca existirá. La novela vale cada vez menos fuera del interés por el entretenimiento, por ganar dinero, por ser alguien como artista. Los auténticos creadores no tienen apenas voz, los escritores originales desertan o no encuentran la posibilidad de llegar al público general y la novela se enroca, se repite, se ahoga en aguas estancadas. Qué mala noticia que nos deje Updike. La novela, ese género amado, nunca se recuperará.


Foto: Getty/Hulton archive

12 comentarios:

Rosa Silverio dijo...

Entiendo lo que sientes, Francisco.

Yo acabo de leer la noticia ahora mismo en un diario local.

Nos causa verdadera tristeza cuando se muere alguien a quien admiramos, alguien que sin saberlo nos ha dado mucho.

Yo no he leído nada de él, pero cuando vuelva a la librería compraré uno de sus libros.

Un abrazo.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Cómo te entiendo! También me ha pasado alguna vez con escritores y con personas que he admirado. Las personas que nos dejan su huella, aunque no las conozcamos personalmente, en el fondo forman parte de nosotros mismos y de nuestra vida y por lo tanto, el día que se van, nos duele como si se tratara de alguién de nuestra sangre.
Lo siento de veras.
Besicos muchos.

Marcela dijo...

Uno es la suma de muchas cosas, y uno es, sin dudas, lo que ha leído. Los libros amados son parte de nosotros.
Cuando un escritor que amamos, porque amamos su forma de escribir, los pensamientos que ha dejado impresos, muere, es imposible sentirse indiferente. Duele que un artista que amamos se vaya, aunque su obra quede.
Un beso grande.

Noemí Pastor dijo...

Yo también lo lamento. La única buena noticia es que ya podemos tener sus obras completas. Saludos.

Noemí Pastor dijo...

Yo también lo lamento. La única buena noticia es que ya podemos tener sus obras completas. Saludos.

Raúl dijo...

Aunque su arte perdure, la ausencia del artista deja siempre una incertidumbre latente, un miedo razonable, y quizá hasta inevitable, que nos invita a temer en la imposible continuidad. Quién volverá a ser capaz de emocionarnos. Esta pregunta nos desborda.

En cuanto a tus palabras en mi blog, gracias por los elogios, Francisco.

Miguel Sanfeliu dijo...

Buen y merecido homenaje. Su obra ha llegado al punto final, por desgracia.
Su muerte deja una herida en el género.
Un abrazo, Francisco.

Francisco Machuca dijo...

El último de una gran generación literaria.El año pasado nos dejó también Vonnegut.
Gran homenaje.

Un fuerte abrazo Francisco.

RosaMaría dijo...

Comprendo tu tristeza y esa cierta soledad que deja sentir que alguien a quien admiramos y en cierta forma quisimos ya no estará. Un escritor y hombre completo y sincero, a tal punto que algunas de sus palabras servirían para su propio epitafio.
Un saludo.

Clarice Baricco dijo...

Lo leerè. Y será gracias a ti.



Abrazo.

Blanca dijo...

Una triste pérdida, sin duda. Yo disfruté de su última novela, y esperaba más. Otro genio que se nos va, y además norteamericano, donde no abundan los críticos con su propia sociedad. Buen momento para volver a sus obras pasadas.

Jake Gittes dijo...

John, más desencantado que nunca aquella noche, se sentó en la barra del Korova para demostrarle al viejo Mailer que la misma historia puede ser diferente dependiendo del color que utilicemos.

Como con tantos otros, quizá la muerte sirva de pretexto para reeditar algunas de sus novelas. Aún guardo en la memoria el pasaje de El Centauro, con Quirón y Venus (George Caldwell y Vera Hummel) en el vestuario femenino del instituto Olinger. Metáfora mitológica y erotismo deslizándose por el cuello de una mujer.

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