Entrevista en El heraldo del Henares

La escritora Carolina Molina me planteó unas preguntas muy interesantes en una charla en la que tuve la ocasión de hablar de asuntos que me interesan y que quizá puedan interesaros.

Aquí tenéis la entrevista.

Alicia Giménez Bartlett: Nido vacío

Consolida Alicia Giménez Bartlett a sus personajes Petra Delicado y Fermín Garzón en esta novela que es quizá la mejor de la serie. La adecuación, el equilibrio de las historias profesionales y las personales halla aquí un punto que no he visto en anteriores obras y que deja como resultado no un producto mejor, sino una historia creíble, guiada mediante unos adecuados tintes humanistas y con una mirada sobre un caso con delitos sexuales y menores de por medio que no se puede contar con más acierto emocional. En las novelas de esta autora suelo encontrar casi siempre un exceso de páginas y de peso de las cuitas extraprofesionales de Petra Delicado, pero no ocurre así en "Nido vacío" porque Giménez Bartlett ha encontrado una sabia medida con la que descansamos del caso policial sabiendo más de la vida privada de la inspectora pero sin que en esta ocasión sea sólo un escape, sino un complemento. Es más floja siempre en las tramas de la escritora la parte dedicada a la vida íntima de los personajes, quizá por un humor que lo envuelve todo en una liviandad que a veces es excesiva y emborrona un poco la caracterización firme de los personajes. Siempre prefiero la parte policial porque en ella no hay excesos, encontramos una meditada crítica a nuestra sociedad actual y son muy convincentes los pasos de los investigadores: es un realismo nunca crudo, siempre exigente -nacido al pie de la calle- al que poco puede discutírsele. Respeto que Giménez Bartlett tenga una visión feminista del mundo -siempre he considerado a una mujer un ser más completo y mejor que un hombre-, y los diálogos que se derivan de la dureza y el afán de soledad de Petra Delicado no me cansan, pero sí le reprocho a la autora que quizá no tamice, no recorte algunos pasajes que desembocan en el costumbrismo. Asimismo, el epílogo me parece absolutamente prescindible e incluso chocante con la estética y los valores que defienden Petra y Giménez Bartlett.
"Nido vacío" empieza con un robo: a la inspectora Petra Delicado le quitan su pistola. Quien se la lleva es una niña que no ha cumplido aún diez años. A partir de ahí, hay algún que otro asesinato y una historia de mafias de pornografía infantil, de niñas desvalidas y madres que no lo son tanto, con el paisaje de la explotación sexual y la inmigración de fondo, que, como en buena parte de las novelas negras actuales, atisbamos según se desarrolla la investigación de los policías. Esto, que es a priori una rémora de este tipo de novela, pues no hay profundización en los temas ni personajes vistos desde dentro sino desde la mirada de los investigadores, queda aquí compensado porque vemos cómo todo eso les afecta a Garzón y a Petra, como influye en sus vidas, y la empatía con el lector fluye con naturalidad. Quizá haberse metido dentro de las mafias, haber contado los horrores desde más cerca y con mayor detalle sólo nos habría llevado al tremendismo, a la exhibición impúdica del dolor y el sufrimiento de los seres humillados y ofendidos. Ya digo: creo que Giménez Bartlett ha acertado esta vez de lleno. No faltan en la novela meditaciones muy interesantes, diálogos que tratan los problemas abordados con inteligencia, y esa manera de ir deslizando en el transcurso de la trama algo más, mucho más que la simple narración desnuda de los hechos es un acierto sin duda de esta escritora que escribe novela negra pero no renuncia a su talento y a su buen hacer, demostrado en otras novelas que no son de género. "Nido vacío" es una buena novela, de esas que aprecian y acogen con alegría los aficionados al género.

Raúl Ariza: Elefantiasis


No se dejen engañar: quizá no les resulte conocida esta editorial, tampoco el nombre del autor, pero se encuentran ante unos de los mejores libros del año. Raúl Ariza ha ido dejando buenas muestras de su talento en un blog al que ha ido subiendo sus relatos con una asiduidad perfectamente establecida para que sus lectores siempre esperemos más y nunca nos sintamos del todo satisfechos. Tampoco nunca decepcionados. El talento de Ariza es grande, su estilo es versátil y su atención por los detalles y por la caracterización afortunada y eficaz de los personajes y los lugares que aparecen en sus historias demuestran a las claras que este autor empieza a publicar tarde -con algo más de cuarenta años- pero tiene un bagaje detrás que le sostiene y le hace a uno preguntarse cómo no ha aparecido antes en el mundo del libro. La mayor parte de los relatos de este volumen son notables, algunos realmente sobresalientes, y si la desidia y la ceguera de algunos degustadores de cuentos no se repite una vez más, veremos cómo se celebra esta aparición, este sensacional debut literario. "Sus días y sus noches", "La habitación desnuda", "Fuego", "Al sol de marzo": son ejemplos de lo que el relato corto debe ser, no un caminito de agudeza y sonrisas, sino pura literatura, gran literatura.
En pocas líneas, Ariza cuenta historias, crea personajes, apunta detalles que extrae en caliente de la vida real y en caliente nos los hace llegar, como si trasplantara emociones. Con su capacidad sintética, elusiva, con su vocabulario ajustado -mediante el que que consigue que sus historias vibren como las notas en un piano, despaciosamente, hasta que se pierden en una cercanía envolvente-, con su sinceridad -esa cualidad tan necesaria para mí en una época plagada de autores mentirosos, enfermos de posmodernismo, citas y recitas, homenajes y autohomenajes-, con su sencillez -el relato corto que cuenta, que no divaga, que condensa de verdad en pocas líneas algo que interesa saber-, con su bonhomía -Ariza ama escribir, se desnuda escribiendo y no se viste de ropajes de feria ni con trajes encopetados para buscar méritos ni reconocimientos- se presenta en el ruedo literario y gana, se impone, deja un libro que no se olvidará, que cuenta además con un prólogo que, como los relatos de Ariza, puede leerse varias veces, porque está muy bien escrito y cargado de razonamientos que suelen escasear en los que ponen con sus letras un prefacio a un libro.

Pilar Quirosa-Cheyrouze: Reseña de Última noche en Granada


En el número de este mes de la revista Foco Sur, la escritora y crítica Pilar Quirosa - Cheyrouze reseña mi novela.


Henning Mankell y una frase

Es una frase sencilla, muy del gusto de los narradores que han leído a Kafka, pues a primera vista no se aprecia gran cosa, pero cuando nos paramos a verla con más detenimiento encontramos ecos interesantes.

La ventana estaba abierta, la cortina que Mona había colgado se mecía al suave vaivén de la brisa y él se tumbó en la cama, relajado.

Es poca cosa, como digo. Pero ambienta al lector a la perfección con pocos detalles: esa ventana abierta, esa cortina, la mujer a la que ama, el cansancio y la relajación, una fatiga que intuimos que es algo más que física. Quizá faltan las frases que van antes o después para percibir cuanto digo. Wallander ( en el primer relato de "La pirámide") es joven, anda reñido consigo mismo porque no quiere volver a participar en ninguna manifestación contra las personas que protestan. ¿Por qué estaba abierta la ventana?, nos preguntamos. Sola no se ha abierto, claro está. Si Wallander la halla de repente así es porque él la ha abierto o la ha dejado antes abierta y no le ha prestado atención hasta que la brisa ha empezado a mecer la cortina. Pero si no llega a estar abierta, no habría visto cómo se mecía y quizá no habría sentido ganas de tumbarse y de relajarse. Algo se mueve sin que Wallander lo perciba por completo y él también se deja llevar por esa brisa y reposa y sus pensamientos se asientan.
A la par que este libro estoy leyendo uno de Almudena Grandes: "Atlas de geografía humana". Es una novela de gran categoría, escrita sabiamente, con aciertos psicológicos de primera magnitud. La prosa de Grandes es radicalmente contraria a la de Mankell y superior en casi todo, excepto en la concisión. Grandes suma y suma, Mankell cuenta sustrayendo. Con Grandes a veces uno siente la fatiga que producen las montañas de palabras, los largos parlamentos o las extendidas indagaciones que los personajes hacen dentro de sí mismos. La vida, nos dice Grandes, es un chorro de palabras, un cúmulo de detalles, está llena de escenas a las que podemos extraerles el sentido analizándolas detalle tras detalle: es preciso un esfuerzo. La vida, según Mankell, está llena de ideas que van y vuelven y se muestran fugaces aunque percusivas, en forma de breves imágenes que se mezclan con las imágenes que planta delante de nosotros el presente y no nos hacen ir siempre hacia delante, pues nos pellizcan y nos paran un rato y nos recuerdan que algo está sin resolver: es preciso recordar y juntar. Y hay una fuerza subterránea, precisa, que en la frase de Mankell además despierta la empatía del lector, le trasplanta al cuerpo de Wallander y logra que olvidemos que ha sido mediante letras y palabras como ha se ha producido ese milagro. No es poca cosa: se trata del milagro de los libros, del milagro que ayuda a que siga escribiéndose y sigan leyéndose libros en el siglo XXI, el de las pantallas y las conexiones a la red y el deslumbramiento de la ficción en tres dimensiones.
Por supuesto, lo ideal sería tener ambos estilos en un solo libro. Pero es difícil que un autor que escribe con frases largas y disfruta contando una escena en 20 páginas resuelva mostrarla en 4 ó 6. Y es muy difícil que un autor que basa la fuerza de sus estilo en la narración, en la sucesión de imágenes y de escenas apueste por detenerse de repente 20 páginas para acercar la lupa a un momento de la historia que quedaría en suspenso y detendría el avance de lo que se está contando. Quizá sólo unos pocos autores geniales o particularmente osados se lanzan a arriesgar, a combinar, a dar textos mestizos. Quizá si los hallamos encontremos a los escritores que mejor están contando en qué se ha convertido la vida aquí y ahora, cómo es nuestro tiempo.


Imagen: Adolphe Bouguerau

.38, nº 8


Ricardo Bosque, escritor y editor de .38, una revista imprescindible, me invitó a colaborar y acepté de inmediato. Es para mí una alegría ir dentro de ese barco que navega tan firme y con tanta elegancia. La revista puede leerse y descargarse. Encontraréis firmas tan interesantes como las de José Ramón Gómez Cabezas, Javier Abasolo, Raúl Argemí, Rosa Ribas y Domingo Villar. Yo me he subido con dos relatos bajo el brazo.
Que lo disfrutéis.

Miguel Sanfeliu: Reseña de Última noche en Granada



“Última noche en Granada” es una historia narrada con una prosa depurada y cargada, por otra parte, de dureza y cierto desencanto. Lo primero que uno advierte al adentrarse en las páginas de esta novela es que apenas unas pinceladas le bastan a su autor, Francisco Ortiz, para definir a un personaje. Se cruzan voces cuyos ecos nos dan pistas sobre la historia que se va formando ante nuestros ojos, primero de un modo casi imperceptible, luego con una fuerza que nos agarra del cuello y no nos suelta.

Luis Castillo es un policía retirado, trabaja como vigilante de obra y arrastra un drama. Es un personaje que encontramos solo e indefenso ante una amenaza que se va delimitando paulatinamente. Su vida se encuentra, tras haber pasado sus dificultades, en un momento en que parece haberse estabilizado, los días transcurren monótonos y tranquilos hasta que un acontecimiento del pasado irrumpe resquebrajando el conjunto. Hay elementos de novela negra, pero sobre todo se trata del dibujo de un personaje que toma las riendas de su vida y opta por seguir adelante, fiel a sí mismo. La relación con su pareja, Beatriz, ocupa buena parte de la narración, describiendo una historia de amor que abre una segunda línea argumental, quizá de mayor peso que la intriga inicial.

Luis Castillo es un personaje complejo, de una pieza, que teme que el pasado le arrebate lo poco que le ha dado la vida. Toda la historia está contada desde su punto de vista, con un estilo sobrio, que fluye con precisión. Estilísticamente, todo está medido, perfectamente ensamblado. La estructura incluye algunos saltos al pasado, episodios contados por medio de un diálogo o de un monólogo, episodios descriptivos en los que se insertan las voces de los personajes de un modo muy eficaz, también los pensamientos del protagonista se cruzan con la acción, manifestando sus dudas, lamentando sus errores, definiendo en definitiva las aristas de todo ser humano.
El tono desencantado de Luis Castillo, aferrado a sus principios, a su amor inquebrantable por Beatriz, enfrentado a sus dudas y a sus remordimientos, nos sumerge en la historia de un hombre dispuesto a defenderse de las consecuencias de sus errores, sin victimismo, con entereza y determinación. Encontramos también escenas de tensión, como esa en la que se enfrenta a un asesino a sueldo agazapado en las sombras, moviéndose ambos sigilosamente entre los edificios en construcción, y que bastaría, por sí sola, para recomendar este libro.

“Última noche en Granada” es una obra madura, pese a ser la primera que publica Francisco Ortiz. Una de esas novelas que uno demora intencionadamente para evitar que termine. Una obra que todos los que seguimos la trayectoria de Ortiz, los que leemos su recomendable blog “Novela negra y cine negro”, estábamos deseosos de leer. Y la espera ha valido la pena.

Un breve fragmento:

Yo había matado a un hombre utilizando mis razonamientos de policía y mis armas de delincuente. Para Pedro, de ideas directas y frases cortas, fue tomarnos la justicia por nuestra mano, porque nos salió de los cojones. Un policía no está obligado a aguantar ciertas amenazas. Un policía vive agobiado por la inmediatez del peligro y su respuesta es obligatoria. Un policía es vulnerable y humano, una caja de resonancia y un cubo de basura al que se arroja la mierda que nos sacudimos de encima. Pero maté a un hombre para defenderme, para defendernos. No me liberé de nada, no hallé satisfacción ni piedad, porque se trataba de una ejecución.


Última noche en Granada
Francisco Ortiz
Mira Editores

Lorenzo Silva: La estrategia del agua

Cuando algunos le dan vueltas a la idea de que la novela está herida, se halla moribunda o en paradero desconocido, vuelvo a pensar en Camus, en Sartre, en Faulkner, en Sábato, en Vázquez Montalbán. Y rearmo mis ideas. Porque en esta sociedad en que todo va tan deprisa, en que todo ha de caducar rápido, parece que no hay temas a los que hincarles el diente con razón y argumentos, pero es una impresión falsa. Lorenzo Silva viene a demostrarlo con una novela que no es política, que no es social, que no es hija del realismo crítico, pero que a la vez tiene dentro todo el deseo y todo el poder que esas intenciones novelescas nos dejaron como legado para que las usen y las reutilicen los autores que tienen la mirada puesta en el mundo, se implican ante lo que ven y no pierden el tiempo levantando teorías exculpatorias y vanas con que justificar su absoluto amor por los libros y su total indiferencia por los problemas de quienes están a su alrededor, que son visibles y perceptibles para cualquiera que no viaje dentro de una urna las veinticuatro horas del día. "La estrategia del agua" es la respuesta a algunos asuntos que a todos nos incumben (todos somos hijos, muchos son padres) y es una visión políticamente incorrecta de un autor que piensa, expone y arriesga, que sabe plantear y resolver mediante una clara técnica literaria un tema que levantará encontradas opiniones entre quienes lean esta valiosa novela.
Decir que Lorenzo Silva es el mejor escritor de novela negra español de la actualidad me parece algo casi superfluo. Ningún otro ha encarado nuestra realidad con tal independencia, con tanta literatura de por medio y tanta buena fortuna, de lo que dan muestra libros sobresalientes como "El alquimista impaciente" y "Nadie vale más que otro". En esta novela se reafirma en su apuesta por dar libros serios, rigurosamente documentados, notablemente escritos, expurgados de excesos de mixtificación y de chanza (no en vano, mucho de lo que se publica hoy en día dentro del género no es más que guiones novelados y cómics aderezados con palabras), que apelan al lector adulto y no se dejan lastrar por violencias gratuitas ni tramposas escenas de acción suscitadas forzando la trama. Bevilacqua es el personaje más creíble de nuestra novela negra, aquí y ahora y antes y ahora, y las narraciones de los casos que le tocan en suerte van construyendo una perfecta radiografía de la sociedad de nuestro tiempo desde la óptica de alguien que no es maniqueo, conformista, no se siente héroe ni antihéroe (qué cansancio de antihéroes que se vanaglorian de serlo porque suena bien y luego incurren en gestas que ni los más clásicos héroes podrían emprender) y que no miente, no enreda, sólo da testimonio. En "La estrategia del agua" nos cuenta el caso de un hombre al que matan por la espalda y que deja un hijo cuya custodia tiene su ex mujer. El asesinado tiene la suerte de que el caso se lo asignen a Bevilacqua, que no cree en los apriorismos y no se contenta con ver el historial del muerto y no lo encasilla de inmediato y va a buscar la verdad sin dejarse cegar por las lágrimas ajenas ni los mapas de las emociones de los que saben cómo fingir. Y las capas de mentiras caen una a una y vemos la verdad final que se ha construido ante nuestros ojos sin sorprendernos demasiado, porque Lorenzo Silva no quiere emponzoñar nuestra mirada con golpes de efecto vanos y va abriendo ventanas, apartando cortinas con delicadeza hasta que llegamos a las estancias y ante los personajes que saben y dicen la verdad de lo ocurrido.
No es, sin embargo, "La estrategia del agua" la mejor novela de Lorenzo Silva, que en "El alquimista impaciente" sigue teniendo su obra maestra, pues adolece de un exceso de humor algo ligero y repetitivo que sirve para que adelantemos en la lectura del libro pero a la vez llega a ser fuente de digresión excesiva en algunos momentos poco afortunados y porque en la nítida exposición de los temas tratados y del punto del vista del narrador/autor priva al lector de la libertad para llegar a algunas conclusiones, a sus propias conclusiones, podríamos decir, y se le conduce en exceso en una sola dirección. Se percibe aquí una influencia sana del Marlowe de Chandler, al que le profesa gran afecto Lorenzo Silva, pero falta algo de sus descreimiento cínico, de su distanciamiento moral, el de quien sabe la verdad y la dice pero al final acaba por pensar que nada es del todo acertado si quien lo cuenta es él mismo. Es una matización que estimo necesaria y que no le resta mucho valor a una digna y necesaria novela dentro del mejor ciclo de novelas negras escritas por un autor español vivo.

Entrevista en La Voz de Almería (Evaristo Martínez)

El pasado 2 de marzo apareció en el diario La Voz de Almería una entrevista firmada por Evaristo Martínez, Jefe de Sección de Vivir (Cultura y Sociedad), que os traigo aquí:







Francisco Ortiz propone pasar una ‘Última noche en Granada’

Autor del blog de referencia ‘Novela negra y cine negro’, la primera novela del escritor granadino, gestada en parte en Almería, ha recibido una generosa acogida

Texto: Evaristo Martínez

“Es una novela en la que hay un parte de novela negra pero también una historia de amor. Y, ante todo, una apuesta por la literatura a secas, e incluso con intentos de hacer algo medianamente grande”. Así define ‘Última noche en Granada’ (Mira Ediciones) su autor, el granadino Francisco Ortiz (Ugíjar, 1967), escritor y fotógrafo muy vinculado a Almería, donde se gestó hace seis años la que ha acabado convirtiéndose en su primera novela publicada.

‘Última noche en Granada’ es, por tanto, una novela negra, pero con matices. “Yo no provengo de ahí, sino de Ernesto Sábato, Juan Benet, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Heinrich Böll. La novela negra es como la hermana pequeña, no se practica el género con la altura de miras necesaria para no hacer siempre lo mismo”, explica. De ahí que tome riesgos, que camine por otros pasillos. “Hay un par de capítulos planteados de forma radicalmente contraria a la novela negra porque la acción se demora, se alarga, y se apuesta más por la psicología de los personajes y por los diálogos. Quizás sea más una novela psicológica que una novela negra”.

Así que el lector que siga quedándose helado con la novela negra que vino del frío -léase Stieg Larsson, Camilla Läckberg, Asa Larsson y derivados- puede encontrar en ‘Última noche en Granada’ un abrigo en el que refugiarse durante los últimos coletazos del invierno. “Ese tipo de literatura negra de los países nórdicos es políticamente correcta, no inquieta, no promueve a la reflexión, no tiene nada que ver con la que me interesa, que tiene en Raymond Chandler y Dashiell Hammett sus grandes valedores. Ellos eran inconformistas y no buscaban lo políticamente correcto”.

A Ortiz le interesa más “la novela negra existencialista”, la que es capaz de “profundizar en temas sociales y denunciar situaciones que atentan contra el ser humano”, y pone como ejemplo a Ross Macdonald, creador del detective privado Lew Archer. “Con él, la novela negra llegó a la universidad porque es, ante todo, un estilista”.

La otra Granada

En la novela, Granada se convierte en un personaje más y en una razón de ser de la propia obra. “Sin ella no existiría esta novela. No sólo por la ambientación sino porque la historia me la da la ciudad, la gente que conozco”. Sin embargo, Ortiz huye de los paisajes tópicos. “Aparecen calles, barrios, pero se desarrolla más en la noche, y no en escenarios abiertos. No hay movimientos por la Granada turística pero el que conoce la ciudad se va a situar”.

¿Y Almería, no sería también un buen escenario novelesco? “Cuando se presentó la novela [en la librería Picasso de la capital, el pasado mes de enero], mi amigo Diego García Campos, de la revista ‘Foco Sur’, destacó un momento en que el personaje principal está viviendo una época oscura de su vida y le plantea a su compañera si no sería mejor irse a un sitio más tranquilo, con gente agradable, donde estuvieran más a gusto. Ese sitio es Almería”, detalla. “Almería, para un novelista con intenciones sociales y críticas, ofrece uno de los mejores escenarios que se le pueden plantear a un escritor. Entre otras cosas, está pendiente el tema de la inmigración, de El Ejido. El único que lo ha tocado un poco ha sido Miguel Naveros, alguien a quien se ve de forma tan cercana que no se valora la obra tan interesante que tiene”.

Cinco años en la blogosfera

Lector de novela negra “desde los dieciséis o dieciocho años”, Francisco Ortiz mantiene desde hace cinco años el blog ‘Novela negra y cine negro’, un referente en su campo y punto de encuentro de los aficionados al género. Ahí también recoge las reseñas y críticas de ‘Última noche en Granada’. “Ha tenido muy buena aceptación, mejor de la esperada. Han destacado esos capítulos en los que uno ha echado el resto. Incluso un escritor, gran amante de la novela negra, como Ricardo Bosque la ha propuesto en su reseña para el memorial Silverio Cañada, que premia la mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón”.

Ramiro Pinilla: Las ciegas hormigas

Hay en Ramiro Pinilla un aliento de verdad que conmueve, que vence y convence sin esfuerzo. Leer "Las ciegas hormigas" es volver a transitar caminos que antes recorrieron autores como John Steinbeck en "Las uvas de la ira" y William Faulkner en "Mientras agonizo". Y nuestro autor no se queda atrás en el intento, no desentona al lado de esos dos monstruos sagrados de la literatura. Sé que puede parecer un exceso por mi parte, una afirmación exagerada, pero creo que los que lean este libro van a a hallar en él argumentos suficientes para sostener tal juicio. La elección de un punto de vista múltiple, sustentado en las voces interiores y rememorativas de la madre, los hermanos, la niña, el niño, el tío, la abuela de una familia que vive días inolvidables, tan firmemente llevada hasta el punto final con que concluye la novela solo puede ser obra de un gigante de la narrativa. La perfecta mezcla de narraciones en un estilo omnisciente y otras que son el resultado de un flujo de conciencia no es un logro al alcance de cualquiera tampoco. El equilibrio fundamental que alcanza uniendo la prosa más alta y más bella con la más sencilla y fácilmente comprensible sólo la he visto yo en muy contados autores.
Un barco, por culpa de un temporal, arroja su carga de carbón y todos los habitantes de un pueblo luchan contra la noche, la inclemencia del tiempo hostil, el frío, la posibilidad de la muerte para conseguir una parte rescatándola de la playa y de las rocas. La familia de Sabas Jáuregui participa en la recogida alucinada y ciega, desesperada, antes de que amanezca y los carabineros vengan a detenerlos y a requisar todo lo que hayan conseguido arrancarle al mar. La narración de Ramiro Pinilla es épica pero nunca cede a la fácil entronización de lo extraordinario para separarlo de lo más común y realista, de lo más palpable y real: es el primer y mayor acierto con que nos topamos leyendo esta magnífica novela. Los personajes cuentan lo que van viendo y haciendo pero siempre desde su yo más íntimo, desde el lugar más descarnado en que habita su más honda verdad. Hay pasajes en que uno parece que está palpando a esos desdichados, a esos sufridores que siguen adelante porque el padre sigue adelante, que resisten todo y contra todo porque el padre ha entregado su alma al trabajo y a la misión del pobre de aquella época y de todas las épocas: la continua lucha hacia delante, sin pararse a pensar en nada que estorbe el avance. Las penalidades crecen, se enredan a los cuerpos de los personajes y a sus pensamientos, tratan de ahogarlos, pero, como en toda tragedia perfecta, sabemos que hasta el final no habrá tormenta, dolor ni ser mítico o real que pueda pararlos. Y Ramiro Pinilla nos conduce a la conclusión de este libro imperecedero con un brío y mediante un intachable procedimiento de pequeños giros en la trama y sanísimo suspense al que nadie podrá sustraerse.
"Las ciegas hormigas" se publicó por primera vez en 1961. Nadie lo diría. No ha envejecido ni un ápice. Al contrario: su vigencia es absoluta, tanto en el lenguaje como en la manera de contar y de presentar a unos personajes y una historia novelada que acaso está sacada de la más pura realidad y que a ratos nos deja el mejor sabor que un libro no autobiográfico puede suscitarnos, pues pensaremos siempre que todo cuanto hemos leído y descubierto es posible y no ha podido llegarnos de mejor forma. Asimismo, en la literatura española siempre quedará ya la figura de Sabas Jáuregui, un personaje inmarchitable, de calado tan profundo como el de Pascual Duarte o la Celestina. Con mucha felicidad y mucha satisfacción lo escribo.


Texto recomendado: Un excelente relato corto en el blog de Raúl Ariza: "Sangre de mi sangre"

Giorgio Scerbanenco: Matar por amor

Ya antes he escrito en este blog sobre Giorgio Scerbanenco, autor al que considero fundamental dentro del género. Las cuatro novelas protagonizadas por Duca Lamberti son de las mejores que la novela negra nos ha dado. "Los milaneses matan en sábado" es una elegía, un relato que se lee con el ánimo encogido. Pero Scerbanenco escribió más libros interesantes. Y este, recién aparecido, hay que incluirlo en el apartado de los más recomendables. "Matar por amor" reúne un ramillete de historias para todos los gustos, y en ellas no falta nada del talento de los más acertados momentos de nuestro autor, esos en los que están la dureza y la melancolía, el desgarro y la crudeza llevadas con mano firme, en el estilo personal y cercano a la confesión del maestro italiano nacido en Kiev y muerto cuando estaba viviendo sus años de más alta creatividad literaria. Libro póstumo y magnífico rescate de relatos nunca antes vertidos a nuestra lengua, cuenta además con la impecable traducción del escritor granadino José Abad, que nos premia asimismo con una nota final, breve y bien documentada, que aconsejo leer antes de adentrarse en este libro necesario de un maestro del género negro.

"Última noche en Granada" en el blog de Francisco Machuca


En el blog de Francisco Machuca, este texto sobre "Última noche en Granada":

"El relato policíaco no trata de asesinatos sino de restablecer el orden."
P.D. James

Todos los que conocemos a Francisco Ortiz, posiblemente uno de los mejores conocedores del género negro de este país, estábamos esperando una novela surgida de su pluma y la espera ha valido la pena.

Lo primero que encuentro en Última noche en Granada son unos principios básicos y determinantes: honestidad por parte del autor y rechazo a los arquetipos tan manidos que sustenta hoy la nueva narrativa de género. También he querido ver ciertas procedencias lejanas de lo mejor que ha dado el género. Desde Lawrence Block y las ocho millones de maneras que tiene el ser humano de morir a Geoffrey Homes de Eleven mi horca; ese retorno al pasado, ese pasado que retorna siempre para avisarnos en qué situación nos encontramos con nuestro presente.

La acción de la novela transcurre en la ciudad de Granada; una ciudad totalmente irreconocible para los turistas apresurados y también para la mayoría de los que viven en ella sumidos en su autocomplacencia. La ciudad que describe Francisco Ortiz no va más allá de unas cuantas calles, un par de bares comunes, el subterráneo de un parquin, urbanizaciones, autovías, pueblos de paso y conversaciones en el interior de un piso de dos habitaciones y la noche desnuda. No obstante, nuestro autor, universaliza la historia. Los contextos nacionales, regionales, no sirven para nada cuando se trata de alcanzar el sentido y el valor de una obra. "Pececitos humanos. Habitantes de Granada, una pequeña arruga en el gran cuerpo del universo...".

La historia está narrada en primera persona por Luis Castillo, un ex policía que trabaja de vigilante nocturno en el interior de una barraca de un extrarradio de edificios en construcción; todo un fracturado horizonte de la ciudad; encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta. Luis no vacila en propinarle una tremenda paliza a un vagabundo que pasa la noche a la falda de esos nichos modernos. Vive en un piso pagado con el dinero de su padre, ex guardia civil que hizo sus negocios gracias a los chanchullos de la dictadura. Toda herencia histórica y familiar vendrá a rendirle cuentas. Por una parte; el asesinato cometido cuando ejercía de policía, y, el hermano de la víctima que parece haber resucitado de la nada, como un fantasma, para vengarle. El asesinato, viene a decir el autor, en el mundo de la novela negra, son transgresiones en materia de modales más que de moral. Y, por otra parte, Beatriz, una mujer mal casada y amante de Luis, que le asevera duramente, en uno de los mejores capítulos de la novela, la pasividad de Luis respecto a su vida presente. Otra de las cualidades de Francisco Ortiz es el manejo habilísimo en los diálogos.

Los azares de la vida en su singularidad y variedad son irreductibles a normas y clasificaciones, aunque cada uno responda a su lógica, la explosión del papel que lo irracional desempeña en las decisiones, en la vida, está perfectamente retratado en este diálogo e intuimos que Luis no podrá jamás acceder a las cimas de la otra miseria que le propone de muy buen grado Beatriz.

¿Recuperará esa libertad que no soporta ya? ¿O discierne en todo ello la incertidumbre de su futuro? "¿Puede haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho?", reza en la contraportada de la novela. Esta pregunta se puede aplicar a todas las demás acciones de la vida.

Última noche en Granada se me antoja un clásico de nuestro tiempo. Espero que reciba todos los elogios y la posición que merece.

Rosa Ribas: Con anuncio

Esta novela es un paso adelante. Rosa Ribas mejora su anterior salida editorial y nos entrega una novela mejor escrita, más sólida. Muestra un perfecto dominio del personaje principal y de la historia que nos cuenta, se maneja a la perfección con el tema elegido y se ajusta adecuadamente a lo que quiere contar: la muerte de un publicista en el transcurso de unas semanas decisivas para que a la empresa en la que trabaja le adjudiquen un contrato muy importante. No le cuesta al lector creer en la comisaria Weber-Tejedor ni en sus andanzas policiales. No le cuesta meterse dentro de la agencia de publicidad, conocer a sus integrantes, seguir la investigación. Tampoco le cuesta seguir la historia de creciente desamor entre la comisaria y su marido. Y, sin embargo, tras la corrección del conjunto pueden surgir algunas dudas, porque "Con anuncio" es una novela bien planteada, bien llevada y bien resuelta que se crea unos límites muy marcados y permanece a la fuerza dentro del espacio previsto y no saca un solo pie del territorio establecido, algo a lo que se ha sujetado quizá demasiado firmemente su autora. Y es que Rosa Ribas es mejor escritora que antes, no se deja llevar por lo fácil ni por lo manido, cuida más el lenguaje y la estructura de su novela es impecable. Pero no debe conformarse. El deseo de hacer una novela bien hecha ha cuajado plenamente en este intento. Y el oficio lo tiene, los materiales sabe elegirlos, el respeto como escritora se lo ha ganado (algo que algunos que trabajan en las tierras del género nunca obtienen). Por eso espero que en las próximas salidas de la comisaria Weber-Tejedor, Rosa Ribas sea cada vez más atrevida y libre y apueste por la novela negra plena, deje de lado un cierto conformismo tan común en esta época en que mandan tanto los que quieren un producto bien acabado y apueste decididamente por mostrar a la buena escritora que lleva dentro y que destaca a notable altura en algunos de los mejores momentos de "Con anuncio", que es un paso adelante pero aún lejano de la cumbre como creadora de esta escritora a la que le queda mucho que decir y a la debemos exigirle más, pues sin duda podrá con todos los retos.

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella

Película de misterio y de amor, con pinceladas políticas y un final absolutamente inolvidable, "El secreto de sus ojos" no es una obra maestra pero tiene momentos de gran brillantez y otros emotivos que conquistan el ánimo de cualquier espectador y que lo llevan al mundo ficticio sin esfuerzo y a ratos hechizándolo. Campanella quería una película clásica en todos los aspectos, que no homenajeara a los inolvidables filmes estadounidenses de los cuarenta y los cincuenta sino que bebiera de ellos, gran diferencia pues no es lo mismo copiar y aliñar que seguir una corriente, y lo consigue, pues el guión está cortado milimétricamente, las interpretaciones sabiamente medidas y los movimientos de la cámara dosificados con la justeza que nos hace ver que hay detrás un buen director que no interfiere en la historia, que cabalga sobre su ego y lo muestra sólo cuando es imprescindible. Si no llega a obra maestra esta buena película argentina es por la utilización de elementos ya repetidos en exceso en el género, que la vuelven previsible en algunos momentos, y por el exceso de idealismo resultante de la relación amorosa, que si bien es perfectamente contrastable con historias reales no deja de ser algo pacato a estas alturas, con todo lo que ha llovido desde que los maestros del cine estadounidense nos hicieran llegar sus historias de amor y suspense. A Campanella le ha faltado juntar y amalgamar lo bello con lo frío o lo inquietante. De haberlo hecho, "El secreto de sus ojos", que encierra una soberbia meditación sobre la justicia y un conflicto moral y tiene, como "Adiós, pequeña, adiós", un final ante el que el espectador no puede permanecer impasible, ante el que tiene que tomar partido, sería esa obra que solo los cineastas elegidos consiguen alumbrar para el medio una vez cada década.


Texto recomendado: "Un poco de optimismo", en el blog de Francisco Machuca

José Ramón Gómez Cabezas, en el blog de Novelpol, sobre "Última noche en Granada"


José Ramón Gómez Cabezas, presidente de Novelpol, en el blog de esta asociación de amigos de la literatura policial, escribe sobre "Última noche en Granada":

Intensa, profunda, inteligente así es la narrativa que despliega Francisco Ortiz en su primera novela Última noche en Granada, quién diría que es su primer libro viendo, o mas bien leyendo con agrado el oficio que despliega este autor andaluz, inexplicablemente inédito hasta la fecha.

Luis Castillo, un ex policía que se gana la vida como vigilante nocturno de obras, nos narra en primera persona su lucha diaria con los fantasmas del pasado, aquellos que le llevaron a matar a un hombre y que ahora vuelven para forzarle a cerrar el círculo que empezó a trazar hace algún tiempo junto a Pedro, su compañero de vigilancias y patrulla.

Las circunstancias le empujaron a buscar una solución lógica a la acumulación de frustraciones y fracasos que conlleva el asumir el rol de mediocre policía, ahora con el paso del tiempo y la visita del gordo Julián se siente marioneta y lo que es casi peor acorralado, alguien lo busca para saldar cuentas y no cejará en su empeño hasta cobrarse el tributo de la venganza. Luis Castillo se plantea volver a matar y en el camino revivirá cada una de las emociones sentidas.

Como en las buenas novelas de género, las preguntas no importan, tampoco las respuestas, tan sólo el instinto de supervivencia que hará de Luis Castillo un depredador. Tan solo las breves caricias de Beatriz que huye de un marido celoso y maltratador, se convertirán en su consuelo, a pesar de los zarpazos de gata vieja que desnudan al ex policía con sus reproches en forma de monólogos.

Una atmósfera agobiante, una paisaje único y un estilo narrativo duro y detallado que invita a la reflexión, son otros de los muchos puntos fuertes de esta Ultima noche en Granada que bien merece la pena.