Doris Lessing: La buena terrorista

Alice va a una casa abandonada en compañía de Jasper, a quien ama y nunca toca, para unirse a un grupo de personas que la ocupan en tanto el ayuntamiento decide si la derribarán para levantar un nuevo edificio en el solar. Todos los que habitan la casa pertenecen a un pequeño partido revolucionario que es, además, conscientemente minoritario. Alice se dedica en cuerpo y alma a la casa, que está llena de podredumbre y de mierda. La lava, la cuida, la recupera como a un enfermo, la pone al día, la vuelve digna y acogedora. Entre tanto, el grupo con el que comparte ideología se dedica a acudir a manifestaciones en las que se abuchea a la presidenta del gobierno, a enfrentarse con la policía, a protestar y a provocar incluso para que a sus miembros los metan los cárcel. Está contra el sistema, al que tachan de fascista.
Doris Lessing narra desde un realismo atento al pequeño detalle, inteligentemente trufado de agudas reflexiones que se hacen los personajes o que quedan entre líneas para que las recojan los ojos avezados. Nos va contando la vida de Alice en medio de mentes entregadas a la revolución, dispuestas a matar y morir. Conocemos bien a Jasper, homosexual que duerme en el mismo cuarto que Alice, que es su pareja y su hermano a la vez, unido a ella por un vínculo poderosísimo de particular amor y relajada posesión. Conocemos a Bert, que es un cabecilla del grupo. A Roberta y a Faye, lesbianas que se aman con una fuerza absoluta, dependiente siempre la segunda de la primera, debido a los trastornos mentales que padece. Conocemos a Jim, un negro al que admiten a medias en la casa, aunque él fue el primero en entrar en ella, ya que no pertenece al movimiento revolucionario.
El gran problema al que se enfrenta Alice es el dinero. Para limpiar la casa, para sanarla, lo necesita. Doris Lessing introduce a dos personajes fundamentales para saber más de la buena terrorista: sus padres, a los que Alice ama y detesta, a los que roba y a los que desprecia pero a los que siempre acude. En algunas de las mejores escenas de la novela se enfrenta Alice con el pasado de sus padres, con el presente distanciador que la aturde y la obligará a sufrir. Lessing nos lleva a las raíces de Alice, nos habla de los años sesenta y setenta, de la gente de izquierdas de entonces, de los que pudieron y no quisieron quizá cambiar el estado de las cosas.
La novela avanza inexorablemente hacia un acto terrorista. Sabemos que Alice, sensible, llorona, es una revolucionaria convencida. Sabemos que el pequeño grupo de idealistas, de deseosos de cambiar la situación social y política del país, va a dar un paso adelante. Cuando lo dan conocemos ya muy bien a todos los que forman ese grupo. Doris Lessing nos ha llevado dentro de sus cabezas y nos ha mostrado sus actos sin maniqueísmo, con una humanidad plena y juiciosa, dando una lección de cómo ha de entrarse en la vida y las mentes de quienes no son como nosotros, los que detestamos el terrorismo y a quienes lo ponen en práctica. Lessing expone y dirime, repasa los ideales y los conceptos, los miedos y los abusos, la capacidad de matar de algunos que no entienden de más maneras para hacerse oír.
"La buena terrorista" es una novela de gran categoría, necesaria y redonda, obra de una mente privilegiada que no se para ante sus limitaciones, sus filias y sus fobias y llega mediante la palabra a ese lugar en que todo está desnudo, puro, como acabado de nacer, en ese estado en que todo puede volver a verse con ojos limpios, con ojos despejados y despojados del sucio individualismo y el renqueante egoísmo paralizador que anulan toda verdad. Es una novela en la que hay un personaje memorable, un personaje imborrable, un personaje que refleja cabalmente muchas de las contradicciones, las pasiones y los desasosiegos del siglo XX.


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