Juan Herrezuelo: Pasadizos



Juan Herrezuelo es un excelente escritor. Por supuesto, a ustedes esta afirmación no les conmoverá. Se dice con tanta facilidad de un artista, en estos tiempos forzosamente posmodernos en que vivimos, que es grande, fantástico, excelente, que ya ni sorprende ni conmueve. Esta posmodernidad que nos viste estrechamente ha decretado que la genialidad es algo tan común como el buen oficio, el acierto parcial, el logro relativo, la labor simplemente bien hecha. Abres un periódico y hay, cada semana, críticas de libros de autores excelentes, fundamentales sin falta, de dos en dos y en surtido inacabable. Créanme cuando les digo que no. No hay un genio en cada esquina. No hay un excelente artista en cada esquina. Y, sin embargo, afirmo sin miedo a la hipérbole, al error del amiguismo, a la alabanza idiota que Juan Herrezuelo es un excelente escritor. Y lo es, para que ustedes vayan teniendo ya argumentos sólidos entre manos, porque es un excelente narrador. Y con esta afirmación, no les quepa duda, ya hemos dejado a un lado a muchos escritores, a muchos supuestos genios. Excelentes narradores, aquí y ahora, en esta España posmoderna nuestra, hay muy pocos.
Juan Herrezuelo es un excelente narrador. Sabía decir muy bien las respuestas exigidas por nuestro profesor de literatura Pedro Vázquez Cabrera en los exámenes de B.U.P. Eso le valió ser aprobado en un examen difícil, que contó sólo con dos alumnos aprobados. El otro fui yo. Pero no se imaginen que Juan y yo éramos dos alumnos modelos. Su mujer, Aida, podría testificar en nuestra contra. No le quitábamos tiempo a la vida ni a las lecturas de nuestros escritores favoritos para entregarlas a la devoción de los libros de texto. Estudiábamos para cumplir, pero amábamos la literatura y acertábamos a engalanar bien las respuestas de los exámenes. Menos mal. Si Juan no hubiera aprobado aquel examen no nos habríamos conocido. Les parecerá exagerado, pero cuando el profesor dijo que sólo dos habían aprobado, cuando reveló en clase los nombres, los amigos me miraron con afecto y algo de fastidio -nunca se olviden de que el éxito ajeno nunca lo creemos del todo merecido- y buscaron con la mirada la cara del otro tipo, que había dejado su silla y su espacio vacíos. ¿Quién es ese tipo? Nos preguntamos. Ah, sí, atinó a decir alguien: Es uno muy alto, que no habla mucho, que aparece y desaparece. Temimos que se tratara de alguien extraño, un ser de un relato de Poe, pensé yo.
Con el tiempo supe que no era nadie extraño. Coincidimos a la vuelta del instituto y muchas veces anduvimos y conversamos y le escuché hablar y me embobé siguiendo el curso de sus palabras. Aún recuerdo el día que pensé que se trataba de un excelente narrador: Juan leía con gran pasión los relatos de un tal Cortázar, un argentino con mucha imaginación, muy alto y parece que también un poco huidizo, y en la puerta de su casa, en el camino de regreso de las aulas no grises pero sí con poco color de aquel tiempo de nuestra juventud primera, empezó Juan a contarme los cuentos de Cortázar. Contar los relatos de Cortázar en voz alta no es nada fácil. No es como contar un chiste, ni una anécdota, ni un recuerdo: los relatos de Julio Cortázar tienen historia, claro, pero están hechos de imágenes muy difíciles de traducir en pocas palabras, tienen un ritmo literario muy difícil de trasladar a la narración oral, basan su mayor fuerza en la manera tan particular, tan personal de narrar de Cortázar. Sin embargo, cuando yo empecé a leer a Cortázar – y he aquí lo que tiene de gran valor lo que les refiero- no tuve la sensación de que los relatos que me había contado Juan Herrezuelo de vuelta del instituto fueran algo de un formato inferior, una adaptación rápida y seguramente demasiado resumida ni efectista. No, señores: el gran narrador, el excelente narrador que es Juan Herrezuelo había conseguido ser fiel al espíritu Cortázar, había sido de alguna forma un alter ego de Cortázar mientras me contaba los relatos del bueno de Julio Cortázar. El talento para narrar de este otro buen hombre, este autor del libro "Pasadizos" no era una casualidad, no era algo menor, sino una parte importante de su valía tan destacada y tan celebrable: el talento de un narrador excelente.

Vino a confirmarlo Juan Herrezuelo en los textos que escribía y sigue escribiendo, como este reciente "Pasadizos" confirma de nuevo. Abunda en los personajes que no ganan nuestro buen amigo y excelente narrador y escritor en "Pasadizos", vuelve a mostrarnos las vidas de los que no están arriba y proclamando sus públicas virtudes y públicas ganancias sociales y sentimentales. Insiste en su mundo de perdedores y es una buena señal de sinceridad el mostrar la cara verdadera del tiempo que nos ha tocado vivir, posmoderno y vencido y de seres desengañados. Se abre el libro "Pasadizos" y hallamos un relato titulado "Los invisibles". Es una buena declaración de intenciones. Escribe Juan Herrezuelo: "Quise forzar mi invisibilidad cuando tomé conciencia de que empezaba a ser tratado como si ya fuera invisible". "Y es eso lo que acabó importando, una especie de ir desapareciendo hacia atrás, hacia el que fui y ya no volvería a ser". Y ahí estamos en la clave:con este personaje y con otros anteriores, aparecidos en libros como "Desde el lugar donde me oculto" y "El veneno de la fatiga", nuestro escritor nos remite a un espacio perdido, nunca vivido enteramente con satisfacción pero añorado de manera rotunda, que es la infancia y la adolescencia, la "adolesinfancia", el territorio de una edad indefinida pero esencial en la formación de todas las personas. Con mucha habilidad, sin mencionarlo apenas, Herrezuelo nos remite a ese lugar perdido desde el que se mira el resto de la vida aunque ya se tengan cuarenta o cincuenta o sesenta años y se evalúa lo que uno es y no ha sido, sobre todo lo que no ha sido. Es la gran lección, es la gran obsesión del autor de "Pasadizos": me quedé en esa época, mi cuerpo envejece, mis deseos envejecen, mis sueños se deshilachan, nadie lo ve, pero yo sigo allí. El personaje de "Los invisibles", un inadaptado, un ser sensible, muy sensible que nunca se reconoce en los espejos, decide desaparecer porque él no es quien debiera, quien debió ser. Mírense ustedes ahora, aunque sea sin espejo, durante un segundo, o dos o tres, o los que necesiten. Si es preciso, callo yo tres segundos. O los cuento muy despacio. Uno dos tres. ¿A que casi ninguno puede decirse a sí mismo: Soy el que quería ser, soy el que soñaba ser? Pero eso no sabemos articularlo en palabras que nos calen, que nos sacudan, que nos saquen de la lástima paralizadora que nos embarga al vernos a nosotros mismos y ver nuestra tristezas. No, amigos: para eso está la literatura, para eso están los buenos escritores como Juan Herrezuelo. Imprescindibles, sí, estos escritores que nos hacen ver qué somos, qué perdimos en el intento, qué queda de lo que algún día soñamos ser. 



"Tempus fugit" es el quinto relato de este libro. La vida y el tiempo huyen, escapan, se dan a la fuga ante nuestros ojos como dos pájaros a los que amamos, a los que cuidamos cuando abrimos la jaula junto a una ventana. ¿Cómo huye el tiempo de quien amó y no supo amar o ser amado? ¿Sabemos decirles a los que están a nuestro lado cómo deben amarnos? Difícilmente, ¿verdad? Habría que empezar por amarlos correctamente, como ellos quieren que los amemos, no como nosotros creemos que quieren que los amemos. ¿Quién conoce de verdad a quien tiene a su lado, aunque lo ame intensa, desesperadamente? Este es otro de los temas capitales en la obra de Juan Herrezuelo. Quien haya leído "El veneno de la fatiga" sabrá que no basta con amar, con darlo todo, con darse en todo. Quizá nos amábamos mal, decían unos personajes de una película de José Luis Garci, director de cine y guionista y escritor con planteamientos y obsesiones temáticas cercanas a la del autor de "Desde el lugar donde me oculto". Las relaciones íntimas sufren colapsos inesperados cuando uno de los dos abre de repente los ojos, en mitad de la noche o preparando unas tostadas, y se dice: "No me siento amado. Me lo dan todo, pero no me lo dan bien, no como yo quiero. Nunca acabaremos de entendernos. " Esa sensación agria aparece en algunos personajes creados por Herrezuelo. Los personajes, algunos importantes personajes de los escritos de Juan Herrezuelo no temen sino quedarse solos, temen no merecer que los quieran porque son conscientes de que no quieren como sería necesario que quisieran, y en su debilidad hay un ejercicio de crítica que de nuevo vuelve fundamental esos escritos, de nuevo hace valiosísima su aportación al mundo de la literatura, pero, cómo no, también valiosísima su aportación al mundo de los que aún respiran y piensan y sienten y creen que quedan cosas por mejorar y que merece la pena intentarlo, porque quienes nos aman se lo merecen. ¿Cómo nos va a extrañar que en el relato "Los sueños deshabitados", el personaje tiemble sólo con pensar en estar al lado de su amada en el espacio impersonal pero pequeño e íntimo de un ascensor? Claro: los personajes de nuestro escritor temen a la realidad, temen que la realidad se corrompa si la miran a la cara, si ingresan en esa realidad, si son parte de esa realidad. El protagonista de "Los sueños deshabitados" no renuncia a amar, pero sí renuncia a manchar con sus dedos y con sus miedos y con sus deseos a la amada, y se lanza a soñar. Pero como el sueño es algo tan volátil, tan inasible, perfecciona un método de su invención, convierte los sueños en algo más, los dota de una verdad que nadie como el que no se sabe por completo puede dibujar, planear, llevar a cabo tan bien y tan concienzudamente. 



Pero no quiero dar una imagen de ser hipersensible y tendente a la evasión de la realidad , una imagen de tiquismiquis de este escritor que está aquí sentado cerca de quien esto lee. Porque, además, si Juan Herrezuelo sólo fuera el dueño de cuatro obsesiones, el pergeñador de cuatro historias que bucean en los mismos temas, la verdad es que sería un autor aburrido, limitado, insistente pero monótono. No sería, lo digo sin miedo, un excelente escritor. Y, como debo ser coherente con la afirmación de la primera frase de este texto, daré otros datos. En "Pasadizos", este libro que el Instituto de Estudios Almerienses ha tenido a bien publicar con un sabio criterio, hay otros relatos que ofrecen otras perspectivas y enriquecen el mundo narrativo de nuestro autor. "Silencio purísima y oro" es uno de los mejores relatos que he leído yo en los últimos tiempos. Releído, para ser más concreto y sincero, pues lo había leído hace algunos años. La prosa alta, magnífica, de largo aliento de Herrezuelo aparece aquí en plena libertad y absolutamente madura, poderosa, y señala claramente a uno de los mejores autores con los que cuenta nuestra literatura española no posmoderna de ahora. No posmoderna porque Herrezuelo tien que ver con William Faulkner, con Juan Carlos Onetti, con Julio Cortázar, con Marcel Proust, grandes que hicieron literatura pura y dura, desde dentro del alma de lo literario, sin juegos vanos ni metaficciones socorridas: con un texto de generoso léxico, con personajes creíbles, con descripciones que ponen un espejo con palabras, con páginas que son otra vida que añadir a la vida y la memoria. Sabréis -os tuteo desde este momento- que Juan es un apasionado de los toros. Pues bien: "Silencio purísima y oro" es un relato excelente incluso para alguien que no es un seguidor de la fiesta nacional como yo, que es más bien antitaurino, aunque eso no importa: la estructura de la historia, la inmersión en un duelo a vida o muerte conmueve a cualquiera que tenga sangre en las venas. Y no esperen un relato a lo Hemingway: el de Herrezuelo es mejor porque no hay pose, no hay una mirada exterior y festiva, sino una mirada cargada de genuina fatalidad, un escorzo imaginativo de un calibre mayúsculo, que al lector lo deja con ganas de volver al inicio del relato, a la plaza y la mirada nunca del todo animal del toro. Es uno de los mejores relatos que he leído, es una pieza de antología. 
Y dejo para el final "Volver a ser", el relato que cierra el libro "Pasadizos". Por dos motivos: es un relato que abre una nueva vía en la narrativa de Juan Herrezuelo y es mi preferido del libro, y nada mejor que acabar con lo que más gusta para dejar buen sabor en los futuros lectores de un libro. Quienes conozcáis a Juan sabréis que nunca ha sido, aparentemente, un hombre mundano. Lo habéis visto herido en batallas de celebraciones y de encuentros sociales, adaptado pero ausente, ensoñando mientras levanta una copa o mira a su mujer con ojos arrobados. En su literatura, Herrezuelo -este mismo Juan- es en buena parte el mismo hombre que vive bastante melancólicamente en los intersticios de la vida. O caso todo para él sea un largo intersticio. Bueno, si quiere que nos lo aclare ahora, cuando intervenga en su inexcusable turno. El caso es que esto induce a pensar que vive encerrado en su mundo de ensoñaciones y de regiones más transparentes, como diría nuestro camarada el poeta, José Luis Campos, a quien hoy no tenemos aquí y a quien mando un fuerte abrazo. Pero, señores, eso sería tanto como decir que Herrezuelo y Juan no ven más allá de sus narices y no oyen sino lo que late en sus mentes y en su pecho únicamente. Sería muy decepcionante. Un hombre muy limitado, un escritor muy limitado. No, no. Juan Herrezuelo es un hombre capaz de sentir y de escribir un relato como "Volver a ser", ajeno por completo a sus obsesiones principales: es la historia de un anciano que ha muerto, la indagación de un policía que se entrevista con los que le conocieron, gracias a quienes vamos sabiendo más de ese muerto, gracias a quienes vamos contemplando cómo ha sido una vida, cómo ha sido una muerte. Con un estilo distinto, que recoge el habla de la calle -de las calles de Almería – con tanta gracia y tanto acierto que cualquier alabanza mía se quedaría corta, mediante unos breves incisos de tres puntos para separar el monólogo de los entrevistados -enorme acierto narrativo, que democratiza lo que dice cada uno, que no separa en verdad sino que une, advirtiendo de que cuanto se dice de alguien es una parte y es el todo también-, unos incisos que nos permiten respirar y asimilar, nos vamos acercando al corazón de los ancianos de nuestros tiempos, estos en que sobran compras pero nunca abrazos, en que sobran vanidades pero nunca humildes besos, en que sobran gritos pero nunca amorosas palabras, con gran sensibilidad nuestro buen escritor nos sitúa poco a poco dentro de una historia que nos conmueve sin efectismos, sin trucos, sin a prioris, sin responder a un guión previo elaborado para vender mejor y colocar bien el producto. Porque el escritor Juan Herrezuelo cuenta algo que llega de verdad, con una voz que tiene mucho que ver con aquélla apasionada y generosa que me contaba los relatos de Cortázar viviéndolos como si fueran suyos. Juan Herrezuelo ha sabido mantener la humildad y el entusiasmo noble del escritor que empieza y por eso le auguro muchos lectores nuevos, muchos caminos nuevos, muchas historias nuevas que le saldrán al paso y que seguro que contará con voz bien modulada y atenta al que le escucha, al que le espera, al que oyéndole y leyéndole entenderá que la literatura es una extensión de lo vivido que, en manos expertas y limpias, siempre será una iluminación y un regalo. 


(Texto para la presentación del libro) 

Presentación en Almería del libro de relatos "Almería 66"

Con la presencia a mi lado de los escritores Miguel Naveros y Juan Herrezuelo, el próximo jueves presentaremos en Almería el libro de relatos que hace un mes fue editado por el Instituto de Estudios Almerienses. Os esperamos.

El abrazo de las sombras, de José Abad


Tercera novela publicada por el escritor granadino José Abad, "El abrazo de las sombras" es una obra importante, un libro de narrador sólido y de raza, maduro y dueño de un estilo poderoso que bebe de fuentes clásicas y es versátil, sereno y subyugante. La historia de Jorge Eneco, que viaja como estudiante a Siena y se topa con el otro, con aquel que sale de las sombras y busca el abrazo terminante y definitivo, en manos de un escritor menos exigente habría derivado hacia la gracia facilona y la domesticación creativa del best seller, pero en manos del cuidadoso y estimulante creador que es José Abad se convierte en una indagación válida y tendente a llevarnos hacia la luz del logro sincero que responde a la verdad del que indaga y comunica, del que indaga y no quiere guardarse para sí lo descubierto. "El abrazo de las sombras" es una novela psicológica, de fantasmas y de amor. Contada en primera persona, asistimos al proceso de integración de un muchacho tímido en el mundo con que se encuentra en una universidad extranjera, entre chicos y chicas desconocidos, sabemos de los primeros pasos de acercamiento a una muchacha por la que se siente atraído, conocemos sus miedos y sus carencias. A ayudarle viene una extraña sombra que le allana el camino, que le roba los recelos y le da a cambio una inesperada seguridad y le brinda un serie de casualidades favorables, casi irrechazables, que le abren a ese otro mundo, que le hacen triunfar en el amor. Pero ya se sabe que de ciertos favores se espera espera más tarde un pago, o al menos una devolución de lo adelantado, de lo regalado con condiciones. Y Jorge Eneco tendrá que enfrentarse a sí mismo para saber qué ha de pagar, con qué puede pagar.
No se piense por lo anterior que estamos ante una novela fantástica. Abad no abandona el tono realista, lleno de puntualizaciones y matizaciones necesarias para que sepamos que estamos ante seres plenamente de carne y hueso. Esta novela puede leerse también como si las sombras solo fueran sombras. Sin ellas, no pierde un ápice de interés la historia de Jorge en Siena, la historia de un Jorge enamorado. Pero para quien crea en las sombras, para quien las haya sentido alguna vez, Abad guarda también una dosis maravillosa de explicación y de apuesta, de develamiento y de misterio. Lo más importante es que esta notable novela no abandona nunca la vía de la pura literatura, de la más alta literatura, la que alza mundos que solo los grandes creadores saben meter en unas páginas que seguirán vivas cuando concluyamos su lectura. Siena es aquí real y mítica, los lugares de expansión nocturna de los jóvenes son espacios lúdicos en los que da gusto entrar y espacios míticos en los que ocurre lo que no puede ocurrir a plena luz en ningún otro lugar, la progresión hacia el amor es trayecto conocido y compartible y también trayecto mítico que saca a a luz la verdad humana de los enamorados. Todo eso está en esta novela que se lee con facilidad y se degusta temiendo la interrupción, que no decae en ningún momento y que no promete vanamente para luego no cumplir con las expectativas, como en tantas recientes ocurre.

EntreRíos




Carolina Molina, Mariluz Escribano y Remedios Sánchez nos hablan del monográfico de la revista EntreRíos dedicado al cuento en España.

Jaione Jaurrieta: Personajes y espacio en "Última noche en Granada "



Caracterización de los personajes

Los personajes en el libro, son diversos, muchos de ellos poco a poco se han ido formando según los acontecimientos que han ido transcurriendo en sus vidas.

Nuestro protagonista se llama Luis Castillo, tiene 35 años, es ex policía y actualmente se encarga de la vigilancia de obras, es un vigilante; dejó los estudios para trabajar en el taxi de su hermano y así poder tener algún dinerillo, es un hombre sano, no bebe, no se droga, no tienen ningún tipo de vicio, es un hombre bueno, pero guarda un gran secreto que no contará a nadie. Es un hombre al que le gusta la lectura de ensayos y le apasiona la Filosofía. Enamorado de Beatriz, amiga suya desde la infancia por la que siempre ha sentido algo, al igual que ella por él, será la que más adelante conseguirá dar un giro a la vida de Luis, logrando así que tenga una vida menos castigada. Castillo es un hombre valiente, que sabe tratar con delincuentes, drogadictos... Le apasiona su trabajo, le gusta y disfruta haciéndolo. La vida que tiene es monótona, vive solo en un piso pagado por sus padres, es una persona invisible para todo aquel que no lo conoce bien.

Un personaje muy importante que podemos hallar en la obra es Beatriz, una mujer casada con un hombre al que no quiere, casada por despecho tras la desaparición de Luis durante un tiempo. Una mujer que se siente sola y únicamente está a gusto cuando de encuentra en compañía de su amado. Termina odiando a su marido, Pablo, lo desprecia, le da asco... Ella sólo quiere estar con Luis; si fuera por ella, desde hacía mucho tiempo hubiera dejado a Pablo, pero Castillo no termina de decidirse, solo debe decir unas palabras para que ella lo deje todo por él. En una ocasión, tras un encuentro sexual con su amante, le dice a éste: “El engañado no eres tú, sino él”. En muchas ocasiones le ha propuesto vivir juntos, pero es el protagonista el que se niega, tiene miedo a que le pueda ocurrir algo, la quiere demasiado como para perderla para siempre por su culpa.
Beatriz en una ocasión es maltratada por su marido y es lo que le hace abrir los ojos a Castillo, se van a vivir juntos y al fin, ella deja a su cónyuge y todo lo a que él respecta, se va de casa sin nada, sin ropa, sin dinero... con lo puesto; comienza a vivir con Luis, y es entonces cuando empiezan a conocerse más, y se originan las largas charlas, ya no sólo son encuentros que duran ocho o nueve horas, sino que ahora pasan las veinticuatro horas del día juntos. En esas conversaciones es donde aparece la visión de ella, la que tiene de él: lo ve como un hombre impulsivo, cerrado, muy parecido a su padre, orgulloso, con una suerte increíble, irresponsable, y que eternamente va a tener el respaldo de su familia, siempre que lo necesite, cabezón, e inconsciente, y a la vez cree que es una persona noble, leal y bueno: es eso lo que hace que esté enamorada de él.
Beatriz es una mujer charlatana, segura de sí misma, que sólo se encuentra en equilibrio cuando se encuentra al lado del protagonista. Es gracias a ella que Luis da ese gran cambio, se enfrenta a todo, a su ex jefe de policía, a sus recuerdos, pensamientos y sobre todo al temido hermano del marroquí muerto.

Pedro es un compañero de la policía de Luis, eran compañeros de trabajo, patrullaban juntos, en un mismo coche. Él también mató a una persona poco minutos después de Castillo. En un principio, tras haber echado mano al gatillo y haber llevado a cabo su cometido, aseguró: “Sueño cumplido”; se podría decir que también se encuentra deprimido por lo ocurrido, pero a su vez está feliz de haber dejado a la policía, se retira y se va a vivir a su pueblo. Es allí cuando comienza a tener sueños con una niña, una novia que tuvo en su infancia, Mª Carmen Bravo Islas, está obsesionado, todas las noches sueña que está con ella, con diferente edad a la que tenían cuando eran novios, un noviazgo en el que el único acercamiento que hubo, fue durante unos pocos minutos, se agarraron de la mano. Estos sueños se podrían decir que son un escape para no pensar en lo que ocurrido. Él sabe que todo fue una encerrona, que estaba preparado el ir a matar a aquellos drogadictos y es en una visita que Luis le hace después de que este recibiera otra de un compañero del cuerpo policial, Julián, y le dijera que volviese a meterse en la policía porque si no estaba desprotegido, cuando Pedro le cuenta todo lo ocurrido, y le aconseja que no vuelva, puesto que lo que quieren Eladio ( ex jefe ) y Julián es poder manejarle a su gusto. Es una persona que de alguna forma le abre los ojos.

El moro rico es el hermano del marroquí que Luis mató aquella noche, quiere vengar la muerte de su hermano. Empezó trabajando en un concesionario de coches, y poco a poco fue subiendo de categoría, terminó siendo rico no se sabe muy bien cómo, y ahora con su gran fortuna ayuda a sus compatriotas a venir a España, les ayuda con las viviendas y les da trabajo... trabajo que seguramente sea ilegal. Es un hombre muy respetado por los partidos políticos, periodistas... pero no por la policía.

El tío Eduardo, un buen hombre, rojo, de 60 años, trabaja en el parquin del Palacio de Congresos de lunes a viernes, quiere tener una pensión decente y para conseguirla le faltan aún algunos años. Es un manitas, los fines de semana los pasa arreglando cosas en casa. Vive con su mujer en un cuarto piso sin ascensor. Es un hombre de cara ancha, manos grandes, con larga charla y tranquila, es una buena persona, que no insiste en temas, le resulta indiferente el tema de conversación, si se cambia lo acepta y se adapta al nuevo. En las visitas nocturnas a su sobrino, sin darse cuenta le ayuda a salir de su tristeza, y a la vez lo tranquiliza. Sale sin que su mujer se entere la mayoría de los día porque se encuentra dormida en el sofá.

Pablo es el marido de Beatriz, un hombre sumiso, que aguanta los desprecios de su esposa; un manitas en las tareas del hogar, siempre dispuesto a todo, persona tranquila, pasiva; es feliz con su mujer, aunque ella no lo quiera, con sólo tenerla a su lado lo es, y le basta. Suele ser muy respetuoso con todo el mundo, pero en un momento todo eso se pierde y se convierte en un hombre amargado, que no aguanta más esos desprecios, pierde los nervios y maltrata a su mujer, la golpea con los puños cerrados mientras llora. Tras pegarle, se va de casa llorando; se siente muy culpable e intenta arreglarlo, pero Beatriz no le perdona. Él se siente avergonzado por lo ocurrido, pero ella nunca se lo va a perdonar, aunque esté completamente arrepentido.

Laura, la madre de Luis, es una mujer sumisa, que nunca ha disfrutado de la vida. Ama de casa y llena de obligaciones, empieza a disfrutar de la vida cuando, tras pasar un cáncer de mama y la extirpación de un pecho, sus hijos se dan cuenta de todo lo que le ocurre y la sacan a la calle para que empiece a divertirse y a airearse.
El padre de Luis es un ex guardia civil que tras dejar su profesión se dedicó a ganar dinero para poder tenerlo y gastarlo. Con ideales franquistas, chulo, le encantaba dar ordenes, es orgulloso, pero siempre está cuando sus hijos lo necesitan.
Alfredo es el hermano del protagonista, taxista de profesión, siempre que ha podido le ha echado una mano.



Espacio en la obra

La obra se sitúa en Granada y sus alrededores, en diferentes barrios y pueblos del lugar.

En Cenes, en un lugar situado frente a la urbanización de Los Faroles, es donde transcurre el hecho más importante y sobre el que gira toda la historia. En un piso ocurrió todo, ahí Luis y su compañero, Pedro, entraron tras llamar a la puerta, les ofrecieron asiento y sin más dilación y sin temblarles el pulso apretaron el gatillo. Primero uno para matar al marroquí y luego el otro para hacer lo mismo con el español. En el piso de a lado se escondieron después tras haber ejecutado la acción, hasta que todo se calmara. Un piso vacío, sin muebles y con un frigorífico también vacío.

También en un piso está Luis la mayor parte del tiempo fuera del trabajo. En él Beatriz y el protagonista tienen sus encuentros más íntimos, y más tarde, pasará de ser un refugio, a un hogar, loque ocurrirá cuando ella se mude a vivir con Luis.

La mayoría del tiempo Luis lo pasa en espacios cerrados, como si eso de alguna forma le protegiera: está en cafeterías; bares como el de Pedro Antonio de Alarcón, donde dos hermanos sirven las mesas de manera rápida y atenta; pisos. Incluso se refugia para poder ponerse a salvo en un piso cuando, durante una guardia, lo intentan matar. Se esconde primero y unos instantes más tarde entra en un piso que está bajo su vigilancia, y eso termina salvándole la vida. Cuando sale a la calle rápidamente como ya he dicho antes, entra en los bares cercanos o se queda en su coche.

También hay espacios abiertos, aunque en mi opinión son de menor importancia. Uno de ellos es Cenes, un pequeño pueblo donde viven sus padres y Alfredo, su hermano.
Otro lugar que se menciona en el libro es el Parque Federico García Lorca, donde Luis va con su madre. En él se cobijan, pasean y se sientan en un banco. Durante esta excursión Luis pasa miedo, duda de si si por salir a la calle y exponerse de tal forma al público, les podría pasar algo a su madre y a él.

El barrio del Zadín también está presente en la obra, así como el Albaicín.

En una ocasión, Luis va a visitar a su amigo y ex compañero Pedro a su pueblo, que se encuentra cerca de Granada. Allí se siente más libre y aparte de pasar mucho tiempo dentro de la casa de Pedro y en los bares, pasean por la carretera y por las calles del pueblo; cree que en esas calles está más seguro, y lo mismo le ocurre una vez cuando piensa en irse a vivir a Cenes.

Jaione Jaurrieta es alumna de 1º de Filología Hispánica de la Universidad de Zaragoza. Trabajo realizado para la asignatura de Teoría de la Literatura, impartida por el profesor Alfredo Saldaña.

John Katzenbach: La sombra


No acostumbro a leer libros considerados best sellers. Desde muy joven, he huido de lo que ya antes se ha sancionado como del gusto general. Aunque escribo en este blog de novela negra, quienes me conocen saben que mi labor no es la del divulgador de lo conocido y celebrado, sino otra muy diferente, cercana a la del rastreador, a la del reivindicador. Me he formado leyendo a autores que nada tienen que ver con la novela negra y el best seller y que en algunos casos han tenido muchos lectores incluso contra sus propios propósitos iniciales. Valga este preámbulo -algo disculpatorio, perdonadme- para decir que compré hace poco este libro y empecé a leerlo sabiendo que era un best seller. Me atrajo saber que el punto de partida era este: un anciano ex policía va a suicidarse cuando una vecina toca a la puerta de su apartamento y empieza a involucrarle en su vida y sus miedos.
Estos miedos los origina una sombra venida del pasado: un judío colaborador de los nazis que se dedicaba a delatar a otros judíos para que los nazis los encontraran y los mataran. Ha sobrevivido a los cambios y vaivenes de la historia y vive escondido en Miami. La vecina de Simon Winter, el viejo policía retirado, le dice que lo ha visto y teme que venga a matarla. Y así ocurre: la anciana pronto aparece muerta. Winter aparca la idea del suicidio y se empeña en buscar al asesino. A partir de aquí, la novela alterna lo esperable con algunas brillantes ideas y un desarrollo en el que lo importante no es tanto lo que ocurre como por qué ocurre, qué piensan los personajes, qué los motiva para mirar al pasado y al futuro. Katzenbach es un autor al que le interesa la indagación psicológica, que narra siempre desde el interior de los personajes, que los crea ricos de detalles y de vida mostrada certeramente mediante sus pensamientos en marcha, en acción, dentro de la acción. La historia no tiene paradas, no se atreve a aburrirnos nunca, y avanza implacable hacia las escenas que todos esperamos y también deseamos: el develamiento, el enfrentamiento cara a cara con el mal. Son emociones primarias, sencillas, y Katzenbach nunca miente, nunca manipula, nunca muestra y oculta después, nunca crea falsas expectativas ni maneja los materiales alterando la verosimilitud. Si el hilo argumental defrauda en algún momento no será porque haya más ruido que nueces, puedo asegurarlo.
"La sombra" vuelve a hablarnos de los nazis, insiste en que no olvidemos el holocausto, nos muestra a ancianos supervivientes y a policías quizá demasiado íntegros, se mueve a ratos en los escenarios propios de las grandes superproducciones hollywoodienses -con historia de amor incluida entre policía fuerte y abnegado y fiscal joven y eficiente-, pero es honesta en todo momento y nos deja una destacable caracterización de los personajes y un atinado trabajo psicológico que se echa de menos en gran parte de las novelas negras actuales, demasiado tarantinizadas y agarradas al estribillo y a la melodía, como clones de viejos éxitos que por mucho que se esfuercen nunca parecerán nuevos a los ojos veteranos e informados.

Entrevista con Herminia Luque Ortiz








1.- ¿Qué es lo más importante de Bitácora de Poseidón?

Lo más importante es que es, que existe como novela. No es un mecanoscrito en un cajón ni un documento en el ordenador…Existe para los lectores, bien en formato en libro tradicional, bien como e-book. Como decía Umberto Eco, lo único que escribe uno para así mismo es la lista de la compra….Hasta el poema más íntimo del adolescente pide a gritos ser leído por el profesor de literatura.

2.- ¿Es una novela de iniciación?


Sí, es lo que se llama un bildungsroman, una novela en la que un hombre joven (bueno, lo que se entiende por joven hoy: treinta y cinco años) tiene su primera experiencia amorosa real con una mujer real y busca su lugar en el mundo. Yo estoy fascinada con una novela de Flaubert, Noviembre, que narra ese desarrollo social e interior (no siempre positivo) de un joven tempestuosamente melancólico.

3.- ¿Cómo es el humor que hay en tu novela?


Es un humor irónico, distanciador…. La ironía es un arma literaria de doble filo pero, en general, suele ser menos dañina que en la vida real. Dirigida contra personas reales y en contextos determinados puede ser devastadora; en un texto literario suele ser fértil y creativa.

4.- Eres profesora. Conoces bien el mundo del que hablas. ¿Cómo te distanciaste de tus propias experiencias para escribir la novela?


Pues creando personajes ex nihilo, nuevos, sin identificaciones posibles con un personaje real que yo haya conocido. Son personajes que acumulan rasgos, características reales y posibles en una sociedad concreta, pero a los que no siquiera yo misma puedo poner rostro porque no sé quiénes son en realidad.

5.- ¿Te resultó muy difícil escribir sobre un personaje masculino en primera persona?


Bueno, era a la vez un reto y una necesidad. Yo detesto las novelas de sentimientos escritas para mujeres con sentimientos (generalmente por hombres sin sentimientos, si acaso el cinismo); novelas blandurronas, con personajes femeninos maravillosos, ya sea en la Córdoba califal o en la Estambul contemporánea, muchas veces sencillamente misóginas y manipuladoras.

6- Maldonado es memorable. ¿Cómo construiste este personaje tan logrado?


Fíjate, la novela se llamó Maldonado durante mucho tiempo, antes de su publicación. Es el elemento central y el resto de los personajes existen en función de sus necesidades y peripecias. En el fondo todos vemos la vida así, como perfectos ególatras, las cosas son importantes porque nos ocurren a nosotros

7.- El uso del idioma que haces en la novela es muy destacable, muy elogiable. ¿Es muy importante o sólo algo secundario?


El lenguaje es la razón de ser de “Bitácora de Poseidón”. Eso es lo que yo quería hacer, un artefacto literario, una obra sostenida por una búsqueda de la belleza formal, si bien el tema y las necesidades narrativas van imponiendo sus pautas y los materiales grotescos afloran aquí y acullá….No es una novela esteticista, al estilo de las Sonatas valleinclanescas, pero me hubiera gustado escribir algo así.

8.- ¿Cuáles son tus próximos proyectos de publicación?


La publicación…eso no depende de mí: los editores son seres caprichosos, arbitrarios, incognoscibles. Y con los proyectos de escritura, me estoy volviendo supersticiosa: cuanto más habla uno de un proyecto literario, más dificultades se encuentra en la ejecución…Me gustaría publicar mis libros de ensayo pero no hay editor que le eche un par de narices.

9- ¿Qué estás escribiendo ahora?


Es curioso cómo los proyectos literarios te llaman…Estaba escribiendo una novela y se me ha cruzado otra. No he tenido más remedio que seguir a ésta…Otras veces estás en una encrucijada y no sabes para dónde tirar…El trabajo creativo es así: tienes media docena de proyectos en la cabeza pero no sabes por qué en un momento determinado uno se vuelve más atractivo, más seductor; no puedes negarte a él.

10.-Eres también bloguera. ¿Qué tal tu experiencia en el mundo de los blogs?

Los blogs tiene una cualidad estupenda: la de poner en contacto a gente que tiene los mismos intereses. Por muy bicho raro que te sientas con tu biblioteca de tres mil volúmenes, siempre hay alguien que tiene otra de siete mil y cosas así. Es gratificante comprobar que hay gente que lee, que le gusta un libro que a ti también te ha gustado o le ve algo que a ti te ha pasado desapercibido.






Francisco Ortiz: Almería 66

Después de Última noche en Granada, Francisco Ortiz opta en este libro por la distancia corta y nos entrega un ramillete de relatos que abordan una sola temática: la violencia. La que se ejerce en la vida cotidiana, entre las personas más sencillas, en los barrios y en los salones de los pisos, junto a una ventana o entre amigos. Cada relato de este libro es una historia breve que podría dar lugar a una novela, porque el autor huye de la anécdota y del hallazgo superficial para centrarse en los personajes y en los que les ocurre con la misma pasión y profundidad con que se plantea las narraciones de largo aliento. Son historias de pocas páginas y de gran intensidad que se resuelven sin escamotearles sinceridad ni hondura. En ellas encontrará el lector miradas duras, miradas frías, actos crueles, actos vengativos de seres que son como ángeles en una tierra extraña, a la que no se acostumbran, en la que no han aprendido a desenvolverse libremente, en la que sufren, matan, aman, piden perdón esperando ser escuchados.

Juan Herrezuelo: Pasadizos


Pasadizos es un conjunto de nueve relatos en los que predomina la voluntad de jugar con el lector a través, fundamentalmente, del extrañamiento. En cuatro de ellos se describe la meticulosa planificación de un desatino, en uno alcohol y metaliteratura se dan de la mano, en otro una faena taurina es desarrollada literariamente mediante procedimientos próximos al realismo mágico, tres giran alrededor de un crimen, uno atraviesa horrorizado un campo de batalla oculto en un tablero de ajedrez y dos, el primero y el último, se desvelan como extremos de un laberinto circular.

Doris Lessing: La buena terrorista

Alice va a una casa abandonada en compañía de Jasper, a quien ama y nunca toca, para unirse a un grupo de personas que la ocupan en tanto el ayuntamiento decide si la derribarán para levantar un nuevo edificio en el solar. Todos los que habitan la casa pertenecen a un pequeño partido revolucionario que es, además, conscientemente minoritario. Alice se dedica en cuerpo y alma a la casa, que está llena de podredumbre y de mierda. La lava, la cuida, la recupera como a un enfermo, la pone al día, la vuelve digna y acogedora. Entre tanto, el grupo con el que comparte ideología se dedica a acudir a manifestaciones en las que se abuchea a la presidenta del gobierno, a enfrentarse con la policía, a protestar y a provocar incluso para que a sus miembros los metan los cárcel. Está contra el sistema, al que tachan de fascista.
Doris Lessing narra desde un realismo atento al pequeño detalle, inteligentemente trufado de agudas reflexiones que se hacen los personajes o que quedan entre líneas para que las recojan los ojos avezados. Nos va contando la vida de Alice en medio de mentes entregadas a la revolución, dispuestas a matar y morir. Conocemos bien a Jasper, homosexual que duerme en el mismo cuarto que Alice, que es su pareja y su hermano a la vez, unido a ella por un vínculo poderosísimo de particular amor y relajada posesión. Conocemos a Bert, que es un cabecilla del grupo. A Roberta y a Faye, lesbianas que se aman con una fuerza absoluta, dependiente siempre la segunda de la primera, debido a los trastornos mentales que padece. Conocemos a Jim, un negro al que admiten a medias en la casa, aunque él fue el primero en entrar en ella, ya que no pertenece al movimiento revolucionario.
El gran problema al que se enfrenta Alice es el dinero. Para limpiar la casa, para sanarla, lo necesita. Doris Lessing introduce a dos personajes fundamentales para saber más de la buena terrorista: sus padres, a los que Alice ama y detesta, a los que roba y a los que desprecia pero a los que siempre acude. En algunas de las mejores escenas de la novela se enfrenta Alice con el pasado de sus padres, con el presente distanciador que la aturde y la obligará a sufrir. Lessing nos lleva a las raíces de Alice, nos habla de los años sesenta y setenta, de la gente de izquierdas de entonces, de los que pudieron y no quisieron quizá cambiar el estado de las cosas.
La novela avanza inexorablemente hacia un acto terrorista. Sabemos que Alice, sensible, llorona, es una revolucionaria convencida. Sabemos que el pequeño grupo de idealistas, de deseosos de cambiar la situación social y política del país, va a dar un paso adelante. Cuando lo dan conocemos ya muy bien a todos los que forman ese grupo. Doris Lessing nos ha llevado dentro de sus cabezas y nos ha mostrado sus actos sin maniqueísmo, con una humanidad plena y juiciosa, dando una lección de cómo ha de entrarse en la vida y las mentes de quienes no son como nosotros, los que detestamos el terrorismo y a quienes lo ponen en práctica. Lessing expone y dirime, repasa los ideales y los conceptos, los miedos y los abusos, la capacidad de matar de algunos que no entienden de más maneras para hacerse oír.
"La buena terrorista" es una novela de gran categoría, necesaria y redonda, obra de una mente privilegiada que no se para ante sus limitaciones, sus filias y sus fobias y llega mediante la palabra a ese lugar en que todo está desnudo, puro, como acabado de nacer, en ese estado en que todo puede volver a verse con ojos limpios, con ojos despejados y despojados del sucio individualismo y el renqueante egoísmo paralizador que anulan toda verdad. Es una novela en la que hay un personaje memorable, un personaje imborrable, un personaje que refleja cabalmente muchas de las contradicciones, las pasiones y los desasosiegos del siglo XX.


Blog recomendado: Perforaciones, de un escritor al que admiro: Francisco Afilado

Manuel Vázquez Montalbán : Cuarteto

He aquí una pequeña obra maestra, quizá la mejor novela de Vázquez Montalbán, lúcida, valiente, madura, poderosa y cargada de ideas bien resueltas, de creatividad dialogante, de cultura en la mejor acepción de la palabra. Es una obra pequeña, aunque nada más que en páginas, a la que me resisto a considerar corta : encierra tantos hallazgos y tanta sabiduría en sus páginas que resulta un ejemplo para muchas otras que ya querrían decir la mitad utilizando el doble y hasta el cuádruple de espacio. El mayor logro es el narrador, pegado a un cuarteto compuesto por dos parejas a las que se acerca por la afinidad cultural y por los deseos secretos de amar a uno o quizá a dos de sus integrantes. Este narrador bisexual, culto, irónico, distanciado y distanciador, es el mejor de toda la obra de Vázquez Montalbán por creíble y por bien trazado. Él despacha la historia a su manera, nos habla del cuarteto y de la investigación llevada a cabo por un inspector que cumple a rajatabla con su papel de funcionario previsible y apresurado en dar carpetazo rápido a los problemas con soluciones factibles. A través de los ojos de este narrador conocemos a Carlota, a Pepa, a Esteban Modolell y a Luis. Y también lo conocemos a él, que cuenta sentado ante un espejo, enfrentado a sí mismo, con voz en la que se destila pesar y culpa a partes iguales: el pesar de no ser y la culpa de no llegar a ser ya nunca el que se quiso ser. Comoquiera que estamos ante una novela con un crimen y una investigación de fondo, bien podemos decir que "Cuarteto" es una novela con tintes negros -nada extraño en quien creó al detective Carvalho-, y también una obra imprescindible de un gran autor, de un autor inolvidable al que añoramos.

David Simon y The Wire

The Wire describe un mundo en el que el capital ha triunfado por completo, la mano de obra ha quedado marginada y los intereses monetarios han comprado suficientes infraestructuras políticas como para poder impedir su reforma. Es un mundo en el que las reglas y los valores del libre mercado y el beneficio maximizado se confunden y diluyen en el marco social, un mundo en el que las instituciones pesan cada día más, y los seres humanos, menos.

(David Simon, creador de The Wire, en el libro The Wire. 10 Dosis de la mejor serie de televisión )

Almería 66

Es el título del libro que el mes próximo (quizá en abril) será editado y que firma el que suscribe. Integrado por un ramillete de relatos cortos y con un tema unitario: la violencia. Próximamente traeré al blog la portada y el texto de la cubierta posterior. Lo escribí hace dos años y ha esperado turno mientras la novela andaba por ahí, como hijo primogénito, campando a sus anchas. El título lleva dentro de nuevo el nombre de una ciudad, algo que me parecía necesario para homenajear de paso a la otra ciudad en la que más tiempo he vivido y por la que más aprecio siento, después de Granada.

Patricia Highsmith: Las dos caras de enero

¿Por qué hay personas que están muy unidas? ¿Qué las une? ¿Qué es el delito, como ata a unos desconocidos, a tres personas que quizá se odian pero que no se separarán ya nunca más? Patricia Highsmith da algunas respuestas en esta novela, respuestas que al final se vuelven preguntas, porque nunca podrán explicarse claramente algunas cosas, algunas relaciones. Un estafador, su mujer y un joven compatriota se encuentran en Grecia y sus vidas quedan unidas, encadenadas irremediablemente cuando el joven ayuda en un hotel al estafador a esconder el cadáver de un policía al que el primero ha matado de una manera no del todo accidental. A lo largo de esta espléndida novela, Patricia Highsmith profundiza en las relaciones que se establecen entre los personajes, que pasan por situaciones de desconfianza, celos, violencia, colaboración interesada, pero también por soprendentes momentos en que se ayudan unos a otros, incluso a burlar la acción de la policía que los busca con constancia y con serio empeño. El joven y la mujer del estafador, cuyo marido le lleva diecisiete años, tropiezan consigo mismos al inicio de una relación que no acaba de cuajar y que no ocultan debidamente. El joven cree ver en ella rasgos de una chica por la que se sintió muy atraído cuando era un adolescente y los recuerdos lo abruman, lo maniatan. En el estafador ve rasgos de su propio padre, un padre severo que ha muerto recientemente y con el que mantenía este joven una relación muy tirante, motivo por el que no ha asistido al entierro. Esas coincidencias le impiden apartarse de ellos, lo adentran en una relación peligrosa y delictiva. Patricia Highsmith, maestra de la caracterización psicológica y alérgica a toda moralina, va contando la historia desde el punto de vista del joven, Rydal, pero también desde el punto del vista del estafador, Chester, con lo que no tenemos un personaje preponderante y entendemos que lo que importa en esta novela es ver cómo se anudan y desanudan los intereses de los tres personajes, cómo se atraen y cómo se repelen y cómo, a la postre, quedan unidos por algo que algunos llamarían destino, otros casualidad, otros cabezonería, otros fatalidad. Sin el talento inmenso de Highsmith este libro no tendría sentido: son trescientas páginas en las que apenas asoman los personajes secundarios, en que se ve al trío protagonista comer, dormir, conversar, y no hay una acción continuada en forma de sorpresas inesperadas, giros efectistas, disparos a mansalva. Patricia Highsmith es una gran autora, una escritora con letras mayúsculas, una creadora imprescindible porque se aplica a contar lo suyo, lo que quiere, y no falsea ni plaga de trampas sus textos. No da engañifa. Las emociones nos llegan intactas, los pensamientos nos parecen creíbles y el trío protagonista se nos antoja real, sumamente real. Y, como digo, el libro responde a una serie de preguntas que en él mismo se formulan e invita a contestar otras, al acabar su lectura, que el lector se hará y sólo él podrá responder. Esto, tan poco común en la novela negra, habla del mérito inigualable de la autora y acerca otra más de sus novelas a ese reino de la literatura clásica en que da igual de dónde se ha partido pues el que consigue asiento ocupa un espacio en el que las etiquetas sólo resultan un resabio antiguo, una marca vana.


Lectura: En el blog "En la Aurora", un poema: "Los ojos cerrados"

Lorenzo Silva: El lejano país de los estanques

Una extranjera alta, guapa, que imanta a hombres y a mujeres, se pasea por un pueblecito mallorquín disfrutando de la vida y de la compañía de los que la idolatran por su belleza y su sensualidad. Hasta que la matan y han de intervenir dos investigadores de la guardia civil llegados de Madrid que se mezclan con los veraneantes y, de incógnito, consiguen relacionarse con quienes pueden haber cometido el crimen. Ellos son Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, los personajes más conocidos y celebrados de Lorenzo Silva.
La novela, siguiendo el ejemplo máximo de Raymond Chandler, está contada en primera persona por Bevilacqua, sargento con firmes convicciones y honda sensibilidad, en esta primera obra del ciclo, muy claramente deudora de la visión del mundo de Philip Marlowe, el personaje de Chandler que es el narrador de la mejor novela negra jamás escrita: "El largo adiós". En Bevilacqua hay cultura y se percibe inteligencia, pero nunca son un lastre, sino una ventaja que sumar a su labor investigadora, esclarecedora de las maldades y bondades de los presuntos asesinos, de los presuntos culpables. Nunca alardea Bevilacqua de su cultura ni de su inteligencia, pero parece bien claro que en una sociedad como la nuestra, en que tanto peso tienen el ocio y el arte -no directamente, en las portadas de los periódicos, pero sí en todo lo que se percibe detrás y se vive detrás, sin mediación imperialista y monetaria acechante-, en que la repetición y la historia son condicionantes de gran importancia, esa cultura y esa inteligencia resultan fundamentales para no caminar por espacios de brutalidad y sinrazón investigadores, dando palos de ciego, basándolo todo en el más que superado instinto y la más que superada corazonada. El policía de nuestro siglo es un agente social y cultural si es honrado -bien lo sabemos desde Carvalho-, si le preocupa de verdad llegar al fondo de las cuestiones, de los hechos, si tiene un auténtico deseo de abrazar la verdad. Ahí está también el Brunetti de Donna Leon para corroborarlo.
"El lejano país de los estanques" es una muestra más del talento de Lorenzo Silva, nuestro mejor escritor de novela negra. Aun siendo la primera de la serie no se trata de una novela menor: la resolución del caso muestra que lo elaborado de la trama no es capricho, no es simple enredo policial, sino que, por el contrario, aclara las zonas de sombra de la investigación y pone finalmente de relieve la importancia de los personajes, las pulsiones que los acometen, las contradicciones, las dudas, las zozobras del alma humana. Lorenzo Silva es un escritor progresista y humanista, no importa que estos términos coticen a la baja en este mercado de productos prefabricados actual: sus novelas negras crean personajes convincentes, plantean cuestiones que van más allá de la última página del libro y mueven a una sincera compasión por las debilidades humanas, incluso las más fácilmente rechazables, que son el mismo fruto de las motivaciones que llevaron a escribir a los autores más realistas y más comprometidos del pasado. En Lorenzo Silva no cabe señalar esto con trazos gruesos, no queda remarcado por la voluntad machacona del autor -como dejó claro en "Nadie vale más que otro", colección de cuentos que ya desde su título deja constancia de una visión de las cosas y de nuestra sociedad muy evidente y plausible-, pues no es en la letra gorda donde quiere moverse este madrileño. La asesinada de esta novela vive después de muerta; en las palabras de quienes la trataron y se acercaron a ella sin penetrar su misterio sigue viva su imagen y la fascinación que despertaba. En los pequeños detalles vamos sabiendo más de ella, vamos componiendo su personalidad gracias a los comentarios sueltos -que no suelen ser positivos más allá de las loas a su físico despampanante-, y cuando acabamos la lectura nos encontramos con que, aunque parecía estar muerta, de repente está viva y entera para el lector, es un ser que se muestra y se oculta, que se da y esquiva, que no se despega de nuestro recuerdo porque no hemos acabado de saber quién es, qué pinta en este mundo nuestro en el que el sexo plural y el disfrute sin medida son cada vez más importantes, más irrechazables. Lorenzo Silva medita sobre eso, nos deja preguntas -como hacen los autores más capaces y que tienen más en cuenta al lector- en una novela memorable que crece con cada relectura que hacemos, como la presencia, el valor de cada persona que se merece un segundo vistazo, un rato para pensar tranquilamente y de manera nada censuradora en cómo es y en qué se diferencia de nosotros.


Texto recomendado: "Pan con mantequilla y música", en el blog de Elèna Casero

Otro texto: " El éxito" (blog En la Aurora)

Mario Vargas LLosa: Lituma en los Andes

Hay violencia y hay amor en este libro, una violencia cruda, extrema en ocasiones; y un amor puro, inocente, pero que nace también de un acto violento. Vargas Llosa cuenta la historia de dos guardias civiles en un lugar alejado de la civilización central, en unas sierras en las que los mitos, la magia, los miedos y las brujas aún tienen cabida. Investigan la desaparición de tres personas. Como en las mejores novelas negras, intuimos pronto que la investigación no acabará llevando a nadie ante la justicia, que el autor nos va a trasladar a espacios donde lo más hondo del hombre puede ser visto durante un rato, contemplado por los que también somos hombres y vamos a sentir horror, pero también triste reconocimiento: porque todos somos hombres y todos somos portadores de venganza, superstición y violencia en nuestros corazones.
Lituma y Carreño están condenados a convivir con el tiempo hostil de las sierras, con los trabajadores de una población en decadencia que no los aceptan y que preferirían que se marcharan. En un infierno real y palpable, unos y otros callan y ocultan y disimulan sus pesares y tiran adelante simplemente sobreviviendo. Cerca está Sendero Luminoso, organización que está contra el poder establecido, corrupto y una vez más olvidado del pobre, del necesitado, del humillado, del ofendido, y que (quizá de manera un poco supercial, como veíamos a los indios en ciertos westerns) aparece para matar, para dar lecciones que se sustentan tristemente en el uso de las armas y mediante ejecuciones, algunas muy crueles e injustas. Pero Vargas Llosa no hace de los revolucionarios armados unos títeres pues también cuenta las barbaridades de las fuerzas policiales, sus torturas (queman los pies de un muchacho que apenas habla, que no puede hacerse entender porque es deficiente mental sin dudarlo, cumpliendo con su "obligación" tan sólo), e iguala el salvajismo, sitúa a unos y a otros en el exceso y el amor por una violencia que no tiene justificación (los débiles siempre pagan, los que piensan diferente son enemigos para el bando que no los entiende ni quiere entenderlos). Lituma y Carreño, mientras esperan que los senderistas vengan a matarlos, contemplan y sueñan y recuerdan y se encomiendan a la suerte, al abrazo consolador del tiempo que no los mata aún.
Carreño recuerda su amor por una mujer a la que liberó del maltrato de un poderoso al que le servía de custodio en un ímpetu que por poco le cuesta la vida: oye a la mujer quejarse de golpes mientras el poderoso la usa como a una muñeca y acude, dispara contra el hombre y huye con la muchacha, que nunca muestra por él más que agradecimiento. Le cuenta Carreño a Lituma por las noches su aventura, como si encendiera la pantalla de un cine, seguramente exagerando, embelleciendo su rememoración. Es la vía de escape de dos policías que siguen adelante con su investigación y que eluden los alfilerazos de violencia por casualidad -uno de la naturaleza, con un alud tremebundo que arrasa la población y finiquita las tareas iniciadas y dispersa a los trabajadores - hasta que llegan al encuentro de lo que cada uno deseaba. Lituma conoce la verdad y reniega de lo sabido, de la resolución del caso, de la gente a la que ha conocido en ese destierro inolvidable. Las leyendas, el poder de los dioses ocultos no ha desaparecido, la violencia es un mal que viaja con el hombre allá donde va, un infierno ambulante que brota con oscura seguridad cuando se cumplen las condiciones y algunos se agrupan, deciden defenderse, crean o inventan un enemigo: Vargas Llosa nos dice con esta novela que aún no hemos salido de una edad de piedra mental que nos ata y nos corroe, nos impide ser verdaderamente seres humanos adultos y sensibles y compasivos. Con la intercalación inevitable -y excelsa, literariamente hablando- de la voz de una autodenonimada bruja, que capitanea las almas de los hombres sencillos y temerosos, que les ofrece consuelo mediante el alcohol, la procacidad y los bajos instintos, la novela alcanza unas cotas elevadas y una consistencia que falta en la mayor parte de las obras del subgénero, en las que el mal no se ve, no se explica, sólo es mostrado lejanamente, quizá porque no se acierta a darle voz ni encarnadura, con lo que los intentos de plasmación de algo serio quedan en simple juego o en abuso del lugar común la mayor parte de las veces. "Lituma en los Andes" asciende muchísimos peldaños y se convierte en una novela redonda, en una exploración conseguida y valiente que, más allá de ciertas lecturas interesada o desinteresadamente políticas y de ciertos puntos de discordia que no a todos pueden convencer, se sostiene con el aplomo de una de esas raras novelas que quien las escribe sabe que no desaparecerán por la puerta de atrás y que encajan muy bien en un conjunto que, como es el caso, ofrece logros incontestables y universales y sirven para apuntalarlo con sobriedad y autonomía creativa. Dicho sea de paso, es una novela negra de las más literarias, mejor escritas, mejor estructuradas y más recordables que he leído.