Lo que diferencia al gran escritor del que no lo es viene dado por su talento para expresar bien lo que pretende, para hacer creíble su mundo narrativo. Mercedes Castro deslumbra en algunos pasajes de su novela, su prosa y su creatividad desprenden aroma de gran escritor, pues sabe cómo acercarse a los escenarios que su mente ha ideado y cómo narrar desde ellos, cómo trasladar a la mente del lector emociones, ideas, sensaciones, conceptos. Y lo hace con riqueza verbal y con riqueza de procedimientos, sin escapar nunca a la verosimilitud pero abordando los instantes delicadamente dilatados con un manejo del idioma y de la frase que se alarga, como el hilo del pensamiento herido, de forma verdaderamente ejemplar. En la página 108 hallamos unos párrafos en que la primera persona se convierte en segunda y tercera a la vez sin dejar nunca de ser primera: Clara se ve a sí misma desde fuera comparándose con un amigo muerto y se ve pequeña, se ve liviana frente a la verdad de la sencilla felicidad del otro, del desasimiento consciente de lo superfluo, del encuentro con lo esencial. El tono elegíaco atrapa y engrandece la novela, la mueve a una zona de seguro reconocimiento y de bondades narrativas que no abundan en la literatura actual, tan medida por culpa de los depauperadores consejos editoriales, encaminados a contentar al grueso de los lectores no habituales y a eliminar la poesía en la prosa, la creatividad honda, la efusión y el amor libres por el propio trabajo, como si ahora escribir novelas hubiera de ser el resultado de unas clases bien aprendidas en bonitas escuelas de escritores, que, como toda escuela, ya sabe el informado que sólo sirven, de partida, para la homogeneización y la correción a la baja, la corrección castradora. Mercedes Castro deja que Clara se alivie, en breves párrafos, con tiradas líricas y genuinamente emocionales ante la muerte de alguien al que conoció, ante el reencuentro con quien le hizo daño en el pasado, y esto se lo debemos a una escritora que apunta a la totalidad, que no censura, que no corta para contentar, que da mucho y que no escatima. Una escritora de la raza de los escritores que jamás faltarán en el panorama literario, que jamás deben faltar.
Foto Mercedes Castro: Efe
Texto recomendado: Júlia Costa escribe sobre Francisco González Ledesma
Texto recomendado: Sobre la película Forajidos, en el blog de Francisco Machuca
Foto Mercedes Castro: Efe
Texto recomendado: Júlia Costa escribe sobre Francisco González Ledesma
Texto recomendado: Sobre la película Forajidos, en el blog de Francisco Machuca




2 comentarios:
Hace tiempo ya que hice ese artículo, a partir de una charla en mi barrio, donde nació el escritor, como se puede comprobar en las novelas, donde casi siempre aparece el Pueblo Seco, a la que muy amablemente se prestó a intervenir.
Actualmente, por fortuna, se están reeditando libros descatalogados de Ledesma y se le está reconociendo el valor narrativo. No soy capaz de hacer juicios literarios sobre él, me cae muy bien como persona y punto.
Mi libro preferido 'Los Napoleones' aún no lo han reeditado, por cierto.
Francisco,dijo una vez Susan Sontag que el arte no es convencer sino seducir,y es lo que consigues.Yo no me atrevería a llamar reseña a lo que tu escribes,es demasiado simple;para mí son artículos que seducen para dar entrada al gozo del arte literario.Es decir,doble emoción.
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada