EntreRíos
Jaione Jaurrieta: Personajes y espacio en "Última noche en Granada "

Caracterización de los personajes
Espacio en la obra
En Cenes, en un lugar situado frente a la urbanización de Los Faroles, es donde transcurre el hecho más importante y sobre el que gira toda la historia. En un piso ocurrió todo, ahí Luis y su compañero, Pedro, entraron tras llamar a la puerta, les ofrecieron asiento y sin más dilación y sin temblarles el pulso apretaron el gatillo. Primero uno para matar al marroquí y luego el otro para hacer lo mismo con el español. En el piso de a lado se escondieron después tras haber ejecutado la acción, hasta que todo se calmara. Un piso vacío, sin muebles y con un frigorífico también vacío.
También hay espacios abiertos, aunque en mi opinión son de menor importancia. Uno de ellos es Cenes, un pequeño pueblo donde viven sus padres y Alfredo, su hermano.
Otro lugar que se menciona en el libro es el Parque Federico García Lorca, donde Luis va con su madre. En él se cobijan, pasean y se sientan en un banco. Durante esta excursión Luis pasa miedo, duda de si si por salir a la calle y exponerse de tal forma al público, les podría pasar algo a su madre y a él.
El barrio del Zadín también está presente en la obra, así como el Albaicín.
John Katzenbach: La sombra

Entrevista con Herminia Luque Ortiz

1.- ¿Qué es lo más importante de Bitácora de Poseidón?
Lo más importante es que es, que existe como novela. No es un mecanoscrito en un cajón ni un documento en el ordenador…Existe para los lectores, bien en formato en libro tradicional, bien como e-book. Como decía Umberto Eco, lo único que escribe uno para así mismo es la lista de la compra….Hasta el poema más íntimo del adolescente pide a gritos ser leído por el profesor de literatura.
2.- ¿Es una novela de iniciación?
3.- ¿Cómo es el humor que hay en tu novela?
4.- Eres profesora. Conoces bien el mundo del que hablas. ¿Cómo te distanciaste de tus propias experiencias para escribir la novela?
5.- ¿Te resultó muy difícil escribir sobre un personaje masculino en primera persona?
6- Maldonado es memorable. ¿Cómo construiste este personaje tan logrado?
7.- El uso del idioma que haces en la novela es muy destacable, muy elogiable. ¿Es muy importante o sólo algo secundario?
8.- ¿Cuáles son tus próximos proyectos de publicación?
9- ¿Qué estás escribiendo ahora?
10.-Eres también bloguera. ¿Qué tal tu experiencia en el mundo de los blogs?
Los blogs tiene una cualidad estupenda: la de poner en contacto a gente que tiene los mismos intereses. Por muy bicho raro que te sientas con tu biblioteca de tres mil volúmenes, siempre hay alguien que tiene otra de siete mil y cosas así. Es gratificante comprobar que hay gente que lee, que le gusta un libro que a ti también te ha gustado o le ve algo que a ti te ha pasado desapercibido.

Francisco Ortiz: Almería 66
Después de Última noche en Granada, Francisco Ortiz opta en este libro por la distancia corta y nos entrega un ramillete de relatos que abordan una sola temática: la violencia. La que se ejerce en la vida cotidiana, entre las personas más sencillas, en los barrios y en los salones de los pisos, junto a una ventana o entre amigos. Cada relato de este libro es una historia breve que podría dar lugar a una novela, porque el autor huye de la anécdota y del hallazgo superficial para centrarse en los personajes y en los que les ocurre con la misma pasión y profundidad con que se plantea las narraciones de largo aliento. Son historias de pocas páginas y de gran intensidad que se resuelven sin escamotearles sinceridad ni hondura. En ellas encontrará el lector miradas duras, miradas frías, actos crueles, actos vengativos de seres que son como ángeles en una tierra extraña, a la que no se acostumbran, en la que no han aprendido a desenvolverse libremente, en la que sufren, matan, aman, piden perdón esperando ser escuchados. Juan Herrezuelo: Pasadizos

Doris Lessing: La buena terrorista
Alice va a una casa abandonada en compañía de Jasper, a quien ama y nunca toca, para unirse a un grupo de personas que la ocupan en tanto el ayuntamiento decide si la derribarán para levantar un nuevo edificio en el solar. Todos los que habitan la casa pertenecen a un pequeño partido revolucionario que es, además, conscientemente minoritario. Alice se dedica en cuerpo y alma a la casa, que está llena de podredumbre y de mierda. La lava, la cuida, la recupera como a un enfermo, la pone al día, la vuelve digna y acogedora. Entre tanto, el grupo con el que comparte ideología se dedica a acudir a manifestaciones en las que se abuchea a la presidenta del gobierno, a enfrentarse con la policía, a protestar y a provocar incluso para que a sus miembros los metan los cárcel. Está contra el sistema, al que tachan de fascista.Blog recomendado: Perforaciones, de un escritor al que admiro: Francisco Afilado
Manuel Vázquez Montalbán : Cuarteto
He aquí una pequeña obra maestra, quizá la mejor novela de Vázquez Montalbán, lúcida, valiente, madura, poderosa y cargada de ideas bien resueltas, de creatividad dialogante, de cultura en la mejor acepción de la palabra. Es una obra pequeña, aunque nada más que en páginas, a la que me resisto a considerar corta : encierra tantos hallazgos y tanta sabiduría en sus páginas que resulta un ejemplo para muchas otras que ya querrían decir la mitad utilizando el doble y hasta el cuádruple de espacio. El mayor logro es el narrador, pegado a un cuarteto compuesto por dos parejas a las que se acerca por la afinidad cultural y por los deseos secretos de amar a uno o quizá a dos de sus integrantes. Este narrador bisexual, culto, irónico, distanciado y distanciador, es el mejor de toda la obra de Vázquez Montalbán por creíble y por bien trazado. Él despacha la historia a su manera, nos habla del cuarteto y de la investigación llevada a cabo por un inspector que cumple a rajatabla con su papel de funcionario previsible y apresurado en dar carpetazo rápido a los problemas con soluciones factibles. A través de los ojos de este narrador conocemos a Carlota, a Pepa, a Esteban Modolell y a Luis. Y también lo conocemos a él, que cuenta sentado ante un espejo, enfrentado a sí mismo, con voz en la que se destila pesar y culpa a partes iguales: el pesar de no ser y la culpa de no llegar a ser ya nunca el que se quiso ser. Comoquiera que estamos ante una novela con un crimen y una investigación de fondo, bien podemos decir que "Cuarteto" es una novela con tintes negros -nada extraño en quien creó al detective Carvalho-, y también una obra imprescindible de un gran autor, de un autor inolvidable al que añoramos.David Simon y The Wire
The Wire describe un mundo en el que el capital ha triunfado por completo, la mano de obra ha quedado marginada y los intereses monetarios han comprado suficientes infraestructuras políticas como para poder impedir su reforma. Es un mundo en el que las reglas y los valores del libre mercado y el beneficio maximizado se confunden y diluyen en el marco social, un mundo en el que las instituciones pesan cada día más, y los seres humanos, menos.Almería 66
Patricia Highsmith: Las dos caras de enero
¿Por qué hay personas que están muy unidas? ¿Qué las une? ¿Qué es el delito, como ata a unos desconocidos, a tres personas que quizá se odian pero que no se separarán ya nunca más? Patricia Highsmith da algunas respuestas en esta novela, respuestas que al final se vuelven preguntas, porque nunca podrán explicarse claramente algunas cosas, algunas relaciones. Un estafador, su mujer y un joven compatriota se encuentran en Grecia y sus vidas quedan unidas, encadenadas irremediablemente cuando el joven ayuda en un hotel al estafador a esconder el cadáver de un policía al que el primero ha matado de una manera no del todo accidental. A lo largo de esta espléndida novela, Patricia Highsmith profundiza en las relaciones que se establecen entre los personajes, que pasan por situaciones de desconfianza, celos, violencia, colaboración interesada, pero también por soprendentes momentos en que se ayudan unos a otros, incluso a burlar la acción de la policía que los busca con constancia y con serio empeño. El joven y la mujer del estafador, cuyo marido le lleva diecisiete años, tropiezan consigo mismos al inicio de una relación que no acaba de cuajar y que no ocultan debidamente. El joven cree ver en ella rasgos de una chica por la que se sintió muy atraído cuando era un adolescente y los recuerdos lo abruman, lo maniatan. En el estafador ve rasgos de su propio padre, un padre severo que ha muerto recientemente y con el que mantenía este joven una relación muy tirante, motivo por el que no ha asistido al entierro. Esas coincidencias le impiden apartarse de ellos, lo adentran en una relación peligrosa y delictiva. Patricia Highsmith, maestra de la caracterización psicológica y alérgica a toda moralina, va contando la historia desde el punto de vista del joven, Rydal, pero también desde el punto del vista del estafador, Chester, con lo que no tenemos un personaje preponderante y entendemos que lo que importa en esta novela es ver cómo se anudan y desanudan los intereses de los tres personajes, cómo se atraen y cómo se repelen y cómo, a la postre, quedan unidos por algo que algunos llamarían destino, otros casualidad, otros cabezonería, otros fatalidad. Sin el talento inmenso de Highsmith este libro no tendría sentido: son trescientas páginas en las que apenas asoman los personajes secundarios, en que se ve al trío protagonista comer, dormir, conversar, y no hay una acción continuada en forma de sorpresas inesperadas, giros efectistas, disparos a mansalva. Patricia Highsmith es una gran autora, una escritora con letras mayúsculas, una creadora imprescindible porque se aplica a contar lo suyo, lo que quiere, y no falsea ni plaga de trampas sus textos. No da engañifa. Las emociones nos llegan intactas, los pensamientos nos parecen creíbles y el trío protagonista se nos antoja real, sumamente real. Y, como digo, el libro responde a una serie de preguntas que en él mismo se formulan e invita a contestar otras, al acabar su lectura, que el lector se hará y sólo él podrá responder. Esto, tan poco común en la novela negra, habla del mérito inigualable de la autora y acerca otra más de sus novelas a ese reino de la literatura clásica en que da igual de dónde se ha partido pues el que consigue asiento ocupa un espacio en el que las etiquetas sólo resultan un resabio antiguo, una marca vana.Lectura: En el blog "En la Aurora", un poema: "Los ojos cerrados"
Lorenzo Silva: El lejano país de los estanques
Una extranjera alta, guapa, que imanta a hombres y a mujeres, se pasea por un pueblecito mallorquín disfrutando de la vida y de la compañía de los que la idolatran por su belleza y su sensualidad. Hasta que la matan y han de intervenir dos investigadores de la guardia civil llegados de Madrid que se mezclan con los veraneantes y, de incógnito, consiguen relacionarse con quienes pueden haber cometido el crimen. Ellos son Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro, los personajes más conocidos y celebrados de Lorenzo Silva.Texto recomendado: "Pan con mantequilla y música", en el blog de Elèna Casero
Otro texto: " El éxito" (blog En la Aurora)
Mario Vargas LLosa: Lituma en los Andes
Hay violencia y hay amor en este libro, una violencia cruda, extrema en ocasiones; y un amor puro, inocente, pero que nace también de un acto violento. Vargas Llosa cuenta la historia de dos guardias civiles en un lugar alejado de la civilización central, en unas sierras en las que los mitos, la magia, los miedos y las brujas aún tienen cabida. Investigan la desaparición de tres personas. Como en las mejores novelas negras, intuimos pronto que la investigación no acabará llevando a nadie ante la justicia, que el autor nos va a trasladar a espacios donde lo más hondo del hombre puede ser visto durante un rato, contemplado por los que también somos hombres y vamos a sentir horror, pero también triste reconocimiento: porque todos somos hombres y todos somos portadores de venganza, superstición y violencia en nuestros corazones.William Faulkner: Santuario
Hay libros que no se quedan atrás en el tiempo, a los que no se los lleva ninguna marea, que cuando los lees tienes la sensación de que acaban de publicarse. Son libros que nacieron con mucha sabiduría dentro, con un ingrediente que muy pocos tienen: la capacidad de dialogar con el lector. William Faulkner logró plenamente en "Santuario" levantar los puentes necesarios para que quien se acerque a este libro no se sienta solo, no se canse, no deje tampoco de interrogarse. En sus páginas no se encuentra la extrañeza permanente o parcial que en muchos clásicos hallamos y que nos paraliza, nos incomoda, nos aleja, nos expulsa. Faulkner cree ante todo en la historia que está contando -algo que dejan en segundo plano a veces algunos estudiosos y muchos críticos, empeñados en enmendarle la plana al autor- y busca dársela al lector de la manera más fiel y más creíble: por eso recurre a los diferentes puntos de vista, se vale de recursos técnicos que en su mano no son excesivos sino perfectamente instrumentales y diáfanos y no puede nadie decir que deja de de narrarse en ningún momento, que la historia se encalla. Faulkner quería, ante todo y sobre todo, contar una historia. Y la que cuenta en "Santuario" es de las que no se olvidan, porque tiene unos personajes poderosos y magistralmente mostrados, desde ese Popeye del que intuimos todas las ternuras rotas en su interior hasta esa Temple a la que él viola con una mazorca de maíz y que se entrega a otro hombre que Popeye le lleva con un ardor que la sorprende, la arrebata, la enferma. Pasando por Miss Reba, achacosa y amante de la cerveza, por el abogado Horace Benbow, que se alza sobre sus pasiones quebradas. Todos los personajes y la historia siguen vivos y siguen sacudiendo a los nuevos lectores como a los primeros desde el día en que se publicó la novela.Decía André Malraux que con esta novela irrumpía la tragedia griega en la novela policiaca. Cuánta razón tenía: los hechos bárbaros que se cuentan son el producto de una mente nada enferma, cavilosa, perpetradora de un mundo en el que quienes lo habitan sufren, padecen y se debaten contra el viento de los males que los azotan como a espantapájaros en una tormenta. Sólo les queda la posibilidad de mirar hacia el cielo y esperar que haya una luz, un claro arriba que anuncie que vuelven el sol y la calma. Entretanto, las pasiones los desbordan, los someten, los arrastran hacia lo peor y lo más verdadero de sí mismos: he ahí el aroma cierto de tragedia de "Santuario". Y no es por culpa de un narrador que no siente ni quiere a sus criaturas, aunque Faulkner declarase alguna vez que escribió la novela para ganar dinero y con demasiado horror en lo blanco y lo negro de sus páginas, porque en escenas como la del linchamiento o la de la vuelta a casa de Horace se percibe el amor por esas criaturas, por sus avatares, comprensión por su dolor y un hermanamiento que mueve a sentir una genuina, nada tramposa compasión. La historia no deglute a sus personajes, están a la misma altura: otra soberbia enseñanza de esta grandísima novela.
"Santuario" puede ser una novela negra. En ese caso, sería la mejor novela negra que se ha escrito. Estaría al lado de "El largo adiós", de Chandler, obra maestra absoluta del subgénero que no ofrece dudas sobre su catalogación. Pero superaría a la excelente novela de Chandler en el uso incomparable del lenguaje, en el distanciamiento con que Faulkner -que escribió cuentos policiacos en "Gambito de caballo" y quizá otra novela negra, "Intruso en el polvo"- aborda la trama mediante distintos puntos de vista, no sujetándose a un solo narrador y a una sola mirada sobre los hechos narrados, en el uso de un sentido del humor a ratos sardónico y ante todo, de la elipsis, fundamental para vertebrar una historia como ésta. En ocasiones he preguntado retóricamente en este blog dónde estaría la gran novela negra, a la altura de las mejores creaciones de Faulkner, quién la escribiría o la habría escrito: la respuesta está aquí, en el propio Faulkner, en "Santuario".
Entrevista con Antonio Muñoz Molina
Esta entrevista surge a raíz de la relectura de "Beltenebros", cuya reseña tenéis en la anterior entrada de este blog. Conocí a Antonio Muñoz Molina en Almería, hace muchos años, y puedo afirmar que sigue siendo la misma persona buena y generosa que era entonces. Más sabio ahora, igual de atento y cumplidor con los amigos. Quienes habéis leído mi novela "Última noche en Granada" sabéis que tengo con este gran autor andaluz muchas deudas que solo se pagan con admiración y con aprecio. No hace demasiado, Muñoz Molina publicó otra novela memorable, "La noche de los tiempos", pero yo he pretendido volver al primer Muñoz Molina, al que nos deleitaba con relatos negros o seminegros, escritos con una prosa fascinante e hipnótica, sin parangón en nuestras letras últimas, no siempre bien entendidos, pese a que se ha escrito muchísimo sobre ellos. Aquí tenéis al escritor y al hombre cercano y sincero, sin pose y siempre humilde que reconoce influencias y reparte halagos como pocos escritores acostumbran a hacer cuando de hablar de compañeros de profesión se trata.1.- ¿Cómo surge Beltenebros?
Como me pasa tantas veces, empecé en tercera persona, y al cabo de unas ochenta páginas tuve que volver al principio, porque no salía. Se me ocurrió la primera persona, y la frase con que empieza ahora la novela, que quizás es demasiado llamativa, no sé. Después resultó que se parecía al comienzo de una novela de Nicholas Blake, titulada en español "La bestia debe morir". Hice una tentativa de intercalar capítulos en tercera desde el punto de vista de otros personajes: la chica, la madre enloquecida, el perseguido, etc. No me salió, y creo que eso fue una desventaja.
3.- ¿De qué temas querías hablar con la novela?
Yo no tengo en la cabeza temas demasiado amplios o abstractos cuando me pongo a escribir. Mi imaginación es muy concreta, y no creo que las ideas generales sirvan para mucho en las novelas. Una cosa que me importaba contar era la paradoja de la lucha comunista en España, la mezcla de heroísmo indudable de quienes participaban en ella y de su oscurantismo ideológico, al menos en aquella generación que venía de la guerra. ¿Qué sabe de España alguien que ha vivido en Moscú desde 1939? También me intrigaba la psicología del traidor, del que actúa en la sombra contra aquellos que en otro tiempo fueron sus camaradas. El comisario Conesa, que había pasado de la policía republicana a la franquista, era un personaje turbio que me llamaba mucho la atención. Y luego estaba el deseo sexual masculino como mixtificación de una mujer a la que nunca llega a verse tal como es, tan sólo como una proyección algo fantástica, como en "Vértigo", película a la que creo que hay alguna referencia en la novela.
4.- ¿Qué mirada tienes, como autor, sobre tu propia novela a los veinte años de su publicación?
Ninguna. No he vuelto a mirarla. La veo a través de lo que me cuentan lectores que se acercan a ella. Y me gusta mucho, claro, que siga teniéndolos, y algunos entusiastas. Durante años me pareció que había perdido la oportunidad de escribir una novela verdaderamente buena, sólida y documentada sobre la lucha clandestina, el ambiente interno del P.C., etc, pero claro, en ese momento me faltaba madurez, y por otra parte ese no era mi propósito. Tuve mucho cuidado en que palabras como "Partido" "Comunismo" , "Franco", etc, no aparecieran. Quería construir una trama a la vez geométrica y nebulosa, como de aquellas novelas de espías de Le Carré antes de que se pusiera literario y barroco, "El espejo de los espías", por ejemplo, o "El espía que volvió del frío".
5.- ¿Te planteas volver a escribir una novela con temática policial o negra?
Siempre he pensado que alguna vez se me ocurrirá una trama perfecta, liviana, fantasmagórica, a la manera de Chesterton, o de algunos cuentos de Borges, con las dosis adecuadas de realidad y de irrealidad, etc.
6.- ¿Cuáles son tus novelas negras preferidas?
"El largo adiós" de Chandler, sin duda; "La llave de cristal", de Hammett; cualquiera de Maigret, y las cuatro o cinco de Durremmatt. P.D. James es como una Agatha Christie con orquesta y coros, pero me gusta la atmósfera de algunas de sus novelas, y la trama completa de una, "A Certain Justice". Si se pueden añadir antiguas, "La piedra lunar," de Wilkie Collins, que escuchaba de niño adaptada en serial de la radio. Las de Ripley, desde luego. Y las del comisario Brunetti, de Donna Leon, que están muy bien escritas y tramadas, y llenas de agudas observaciones sobre la corrupción italiana. Una novela japonesa que me recomendó Justo Navarro hace muchos años, "La llave maestra", no recuerdo a su autor, una mujer. Scott Turow crea tramas magníficas... Muchas de Ruth Rendell, con esa sordidez inglesa. A estos escandinavos innumerables de ahora no los he leído, aunque me dicen que hay varios muy buenos. Ah, casi se me olvidaba uno de mis preferidos absolutos, William Irish, alucinante siempre, nihilista, con todo el drama de la Gran Depresión. Menos mal que me he acordado. Y James M. Cain, claro.
7.- ¿Crees que hay novelas negras que pueden compararse a novelas de Faulkner o de Onetti?
Raymond Chandler desesperaba de que eso fuera posible. Las normas del género imponen limitaciones muy fuertes, pero no me parece imposible. ¿No es "Santuario" una gran novela negra?
8.- Sé que a ti también te gustaban las novelas de Ross Macdonald hace años, ¿o me equivoco?
Sí que me gustaba, mucho, aunque era demasiado deudor de Chandler, y una vez que encontró un esquema narrativo perfecto lo repitió novela tras novela: el cadáver sin identificar que conecta el presente y el pasado; el muerto que vuelve. Eso lo copié yo en parte en "Beatus Ille".
9.- ¿Qué novelas que no son negras pero tienen ingredientes del subgénero te han llamado la atención?
Tantas... Ciertos ingredientes de lo negro, por llamarlo así, son muy útiles en la literatura, o más ampliamente en cualquier relato, literario o visual. El esquema básico es tan poderoso, tan simbólico en sí mismo, el misterio de la muerte, la búsqueda de lo desconocido, la revelación que lo trastorna todo. Mira lo que hizo Umberto Eco en "El nombre de la rosa", o lo que hace Piglia.
10.- ¿Cuáles son tus películas preferidas de cine negro?
"Laura", "Perdición", las de Fritz Lang en América, "La noche se mueve," "El cartero siempre llama dos veces", "Body Heat", "Cara de Ángel", "Chinatown", "El cebo," de Ladislao Vajda, una obra maestra desconocida, "M"... "El Tercer Hombre"... La lista es muy larga. Creo que en el cine es donde el género ha alcanzado una maestría definitiva. ¡"Los Soprano"! Muchas francesas también. Las antiguas de Chabrol y Truffaut, y algunas extraordinariamente sólidas de ahora.
Foto: Álvaro García (El País)
Beltenebros, de Antonio Muñoz Molina
En "Beltenebros", el prodigioso narrador que es Antonio Muñoz Molina facilita palabras para ver algunas imágenes que sólo el cine nos ha servido con fidelidad y con pasión después de haber existido en la imaginación de algunos grandes creadores. Y son palabras de una riqueza y una variedad que resultan una auténtica fiesta del idioma, que en manos del gran escritor andaluz se saben queridas, respetadas, acariciadas, nunca manejadas: Muñoz Molina, en cada párrafo, en cada capítulo demuestra un amor por la palabra que pocas veces hemos visto antes en nuestro idioma. Contra quienes quieren creer que el autor de Beltenebros es un estilista se levantan de inmediato cientos de ejemplos en sus libros que aclaran que nunca se entrega a la floritura, al exceso verbal, a la prosa para el oído y el gusto más a flor de piel. La precisión, la envoltura perfecta, el acabado de las páginas es excelente porque Muñoz Molina es además preciso, muy preciso, y su escritura responde siempre a lo que le pide la historia, algo que no siempre los críticos, ciertos críticos y ciertos escritores, han querido ver: hay mucho más contenido en las novelas aparentemente de acción, policiales, de este merecido académico de lo que una lectura sencilla o apresurada, condescendiente puede percibir. Quizá falta aquí alguna hondura en los personajes -pero queda compensado con la equilibradísima armazón de la trama- y hay muchas imágenes emparentadas con otras que nos han llegado a través del cine, pero el lector atento y sin prejuicios encontrará asimismo una verdad profunda en los actos de esos mismos personajes, en sus movimientos delante y detrás de la escena, y donde otros ven homenaje y repetición es posible ver también una sutileza sin engaño, una matización verdadera y nada epidérmica, y una inserción permanente de detalles nada cinematográficos, como los olores, lo palpado y lo soñado, lo ausente y casi percibido que son pura literatura, alta literatura: quizá Muñoz Molina parte en algunos capítulos de escenas que nos recuerdan a otras del cine, pero la pureza de la narración, la sostenida hilazón y lo ejemplar del lenguaje que no recrea, sino que crea sensaciones nuevas, que permite la identificación y la empatía son el producto de una verdad y de un oficio desarrollado con un amor absolutamente noble y sin engaño. Jamás te acerca "Beltenebros" a espacios que prometen y no recompensan, jamás crea esta novela expectativas que no estén sostenidas con el texto y con una riqueza del lenguaje y de la percepción que cualquiera puede ver y compartir con una abierta y reposada lectura.