El buen cine negro nos emplaza siempre para que tomemos decisiones morales, para que comparemos las nuestras con las ajenas, para que caminemos por un territorio moral del que no puede escaparse ni hacer como que no existe. "Adiós, pequeña, adiós" es una gran película porque pone al espectador ante sí mismo, frente a los otros y en espacios por los que pueden transitar, ya sea personal o mentalmente, los que están sentados en sus butacas. Y lo es también porque cuenta con una gran interpretación de Casey Affleck, las brillantes y habituales de los veteranos Ed Harris y Morgan Freeman, y un guión y una historia que no pueden dejar indiferente a ningún espectador. Y con una realización sin duda sobresaliente.
Una niña desaparece. Trabaja la policía para encontrarla y además la familia contrata a dos detectives privados que conocen bien el barrio y a los que lo habitan, que no son mero fondo, sino parte fundamental de la trama, pues esta película habla de un lugar concreto y de unas gentes concretas, de una clase social muy determinada. No están de más los detectives privados, no están pasados de moda. Bien creados y bien interpretados -Casey Affleck compone al detective privado más creíble que he visto en los últimos años-, siguen representando al ciudadano mitad oficial y mitad particular que sólo tiene que rendirse cuentas a sí mismo - a su conciencia - y pueden llegar en los casos -en la búsqueda de la verdad última y decisiva- hasta el final. Y con estos detectives privados van cayendo las mentiras, va apareciendo la triste realidad que es una bofetada social y moral en la cara del espectador.
La estructura me parece sencillamente perfecta: una primera parte dedicada a la acción, a la investigación, al cierre en falso del caso. Hasta aquí llegan, aquí se quedan las intenciones de la mayor parte de los guionistas actuales. Pero la segunda parte es la que hace grande a esta película, la que la vuelve inolvidable porque, mientras caen los velos, el director y los actores nos entregan pedazos de verdad que están en la pantalla y que salen de ella, que nos tocan y nos conmueven. Con un ritmo que no acepta la alteración y rehúye el espasmo, a la manera clásica, sin golpes de efecto idiotas, avanzamos hacia la resolución del caso y tras los momentos álgidos de la historia, que a ningún personaje deja como al principio - gran acierto que subraya la intención plenamente moral de la película, entendido esto en ningún caso como moralina, sino todo lo contrario, ya que la capacidad crítica no escasea ni se nos hurta: moral, crítica y profunda, certeramente humano es este filme que no se nos olvidará fácilmente -, desmbocamos en una conclusión que admite muchas opiniones, muchos comentarios encontrados, y de eso se trata: de no pontificar, de no endilgar ningún panfleto, sino de ponernos ante los problemas de padres e hijos de nuestro mundo actual, ante la consecución de las lealtades y el enfrentamiento de las decepciones y de los desencuentros. Y es una película de cine negro, amigos, y está basada en una novela negra de Dennis Lehane -"Desapareció una noche", editada por RBA-. Nuestro género, tan vivo.




12 comentarios:
Vi la película anoche y comparto tu comentario. No he leído la novela de Lehane pero me llamó la atención cómo la historia pareciera tener varios finales y en cada sucesión van quedando al descubierto los motivos de los distintos personajes. La trama va desenmascarando a cada uno de los involucrados y al final te das cuenta que cada persona, por más incidental que parezca, cumple un rol importante en la historia. No obstante, ese artilugio no es lo que hace a la historia tan interesante. Lo mejor de la película, a mi parecer, es lo bien trabajados que están los personajes y cómo a través de ellos el director presenta el dilema moral al que aludes. En definitiva, al igual que tú, creo que es muy recomendable para los aficionados al género negro.
Habrá que tener en cuenta la recomendación... Buenos días, Francisco.
Yo en cambio he leido la novela y no he visto la película. La novela es espléndida, impactante, brutal y conmovedora. Una gran obra. Me alegro que la película esté a la altura, según dices, porque esta obra de Lehane me ha parecido una de las grandes obras del reciente género negro.
Parece ser un autor que está siendo bendecido por las adaptaciones cinematográficas, porque Mystic River de Clint Eastwood es la obra maestra de este milenio.
Si no tiene golpes de efecto idiotas, ya tiene cierto mérito.
Fantástica reseña. Es la película que pensaba ir a ver. El domingo, al final, se nos torcieron los planes, pero será la próxima que vea en el cine, y más después de leer tu opinión.
Un abrazo.
Sigo tu reseña Francisco.
Un abrazo.
Bueno, tan puntualmente reseñada, y mejor aún cómo abrís el comentario en referencia al dilema moral, muy cierto. Observación aguda y nada menor sobre la dicotomía en la elección que nos plantea todo buen libro. El abrazo y la amistad, felicitaciones!
Si ud lo dice amigo, vamos a verla.
Martín
Suena interesante. Estaré al pendiente en cuanto llegue por acá.
Abrazo.
Graciela
Has redecorado! me gusta.
Esta película ha tenido muy buena acogida por la crítica. Merece la pena pasar por ella, después de lo que cuentas. La verdad que resulta difícil conseguir rematar el cine negro sin efectos especiales. Y ahí está su mérito, como bien afirmas. A tener en cuenta, desde luego.
Gonzalo B: Las decisiones morales nos hacen seres humanos, nos hacen estar y sentirnos vivos, están siempre presentes, aunque no las veamos, ¿no crees?
Júlia: Es una gran película, con mucho por ver...y discutir.
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