13 enero 2008

Georges Simenon: Maigret y el vagabundo



Quien no ha leído a Simenon, quien no conoce a Maigret no ha podido disfrutar de parte de la más destacada novela negra europea, quizá no sabe que este personaje es fundamental en el género, que sus historias crean adeptos confesos que no dudan en calificar al autor de maestro, de grande de la narrativa moderna. Simenon escribió mucho, pero creo que esta novela puede ser una de las mejores opciones para entrar en su mundo, pues es una buena muestra de su talento y originalidad.
Maigret es un comisario que fuma en pipa, que pasea con las manos enlazadas a la espalda, que interroga largamente a los detenidos, que se vale de una gran penetración psicológica para entrar en el mundo de las víctimas y de los culpables, que está casado y que ama París, ama a sus habitantes y lucha contra el delito sabiendo que no siempre puede dominarlo, vencerlo.
En "Maigret y el extraño vagabundo" -desacertado título de la edición española que yo tengo y que existe también en otra versión sin el adjetivo, demasiado clarificador, creo que publicado en Argentina y que traduce con exactitud el original- encontramos a un vagabundo al que golpean y tiran al Sena pero no muere. Maigret no tarda en saber quién es el culpable, se aplica en conseguir una confesión y fracasa. El vagabundo recobra el conocimiento, el habla, pero no quiere señalar al culpable, porque no cree en la justicia, porque no quiere juzgar. Es un vagabundo que ha dejado atrás una familia, una profesión -era médico-, y que no traiciona sus ideas ni siquiera cuando intentan matarle. Maigret, tras hablar con su mujer y su hija, se entera de los motivos que le llevaron a dejarlo todo y decide no juzgarle, no presionarle, no insistir, aunque eso conlleve que un criminal quede en libertad. La figura del vagabundo llena esta pequeña novela, se alza vívida e imborrable, hasta diría que de alguna manera contagia, pues con sus actos este vagabundo cuestiona ciertas cosas y reduce la importancia de muchas superficiales a la nada. Simenon es un autor de novela policíaca, ante todo, un escritor moral también y, si no estuviera feo apuntarlo, podríamos decir que en libros como éste es también un escritor político. Son poco más de cien páginas de prosa ajustada y realista, atenta al detalle costumbrista y económica en todo momento, centrada siempre en los matices precisos para hacer redonda la narración y la situación de cada pieza, como en un mecanismo perfecto, que agarra de la mano al lector y difícilmente lo suelta antes de que acabe la lectura.
Creo que se trata de una pequeña obra maestra y de un autor al que celebrar siempre, que además apostó por un tipo de novela breve, con muchos diálogos y momentos narrativos intensos y muy bien escritos y muy plásticos, que es muy válida hoy en día, cuando las prisas y los largos horarios laborales impiden concentrarse en obras más largas. Simenon ahorra palabras pero nunca verdad, intensidad ni análisis. Y personajes como el vagabundo cobran en sus manos nueva vida, son vistos con una profundidad admirable, la del escritor de raza y observador infatigable. Tiene uno la sensación de que la novela nunca morirá mientras existan escritores como éste, mientras se les lea o relea. Y nunca es tarde para empezar si aún no se ha entrado en el Mundo Maigret.

24 comentarios:

Rosa Silverio dijo...

No lo he leído, Francisco. Ya antes te había confesado que no leo mucha novela negra o casi nada, pero creo que en este año que empieza debería comprarme algunos de los títulos que has comentado y empezar a leerlos.

Te quería preguntar algo, ¿de dónde surge tu fascinación por la novela negra? No sé porqué ahora tengo la sensación de que antes te había hecho esa pregunta, pero no está de más.

Un gran saludo,

Ro

Clarice Baricco dijo...

No lo he leído. Prometo que lo buscaré. Ya me retaste.

Gracias por la recomendación.

Abrazos.

Francisco Machuca dijo...

El olvido de este extraordinario escritor es una de las grandes verguenzas de la cultura europea.Simenon es uno de mis escritores favoritos,todo un referente literario de una calidad insuperable.Escribía novelas en una semana y con resultados asombrosos.Las novelas de Maigret son mucho más que simples casos de misterio.Si las leemos atentamente tiene un toque costumbrista y cotidiano que las hace muy especiales.Creo que nadie a retratado la provincia como él,y Maigret,siempre intentando comprender al delincuente o al asesino.Claro,son gente corriente;sombrereros o relojeros.
Del resto de sus novelas,por ejemplo,La nieves estaba sucia o El tren,en fin,interminable y extraordinario.
Un fuerte abrazo.

mart dijo...
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mart dijo...

Hola Francisco.Después de las magníficas descripciones que,tanto tú como Francisco Machuca,habéis hecho,tener esta obra de Simenon en mis manos será solo una cuestión de tiempo.
No se si habrá algún matiz o aspecto reconocible que marque diferencias entre autores de novela negra norteamericanos (ojo,no me refiero a los anglosajones en general,sólo a los norteamericanos)y autores europeos respondiendo a la idiosincrasia de cada continente.Lo plantearé de otra forma,siendo un lector poco familiarizado con este género,¿es lo mismo empezar de la mano de un europeo que de un norteamericano?
Es una cuestión que me interesa.¿Curiosidad antropológica?Pues seguramente.Bueno amigo,espero no abusar de tu tiempo para responderme a esta pregunta.Si el análisis requiere cierta profundidad,podrías plantearlo,si te apetece por supuesto,en un futuro post.Un abrazo y discúlpame por abusar de tu amistad.

JOSE ROMERO dijo...

Como es costumbre cunado te leo, me apresuro al librero y encuentro solo 3 títulos de Simenon: El proscrito, La taberna del puerto y Por si algo me ocurriera. Mmmmm, debe de haber más. Pero el título que mencionas no lo conozco. Sus personajes son hombres solos, comunes y corrientes, en situaciones extremas o peculiares debido al destino o a las mujeres.Yo diría que es un clásico. A pesar de su producción exagerada. Y de sus mujeres conquistadas. (No cres que mart debe iniciarse con los clásicos americanos? perdón por entrometerme) un abrazo

Elena dijo...

Cada vez que leo una de tus reseñas me entran unas ganas irreprimibles de hacerme con el libro en cuestión. Es hora de hacerle un paréntesis a la novela negra, aún una gran desconocida para mí.

Un saludo

Blanca Vázquez dijo...

Breve pero intenso como tu dices. Me encanta Simenon. Le leo siempre que pillo uno de sus libritos y me daja un sabor de boca largo e intenso.
Es imprescindible en la biblioteca personal.

Júlia dijo...

Admito que nunca me acabó de convencer Simenon, y no sé por qué. Bueno, puede que porque hace muchos años parecía que se quería imponer, en ciertos ambientes 'intelectuales' en contra de Agatha Christie... Lo volveré a intentar. Supongo que le pasa lo que a tantos autores prolíficos, que si al principio no tuviste suerte en la elección del libro, te formaste una imagen distorsionada.

Noemí Pastor dijo...

Otra cosa buena de Simenon es que escribe en un francés clásico y diáfano, casi pedagógico. Se le entiende aun sin saber francés.

Júlia dijo...

Noemí, una de las cosas que se achaca a Simenon es su pobreza de vocabulario, hay quien se ha entretenido en contar las que utilitza y son un número muy limitado, eso explica esa facilidad. Y eso hace todavía más misteriosa su calidad literaria, que convierte el defecto en virtud.

Diego dijo...

Por fortuna la literatura sigue siendo un misterio. Chandler y Simenon creo que habilitan esta supertición mía. Si analizáramos a ambos con rigurosísimas pretenciones, si los midiéramos junto a un Proust o a un Joyce enseguida dudaríamos de nuestro juicio; porque sólo a leerlos uno puede entender a sus devotos. Yo soy uno de ellos y no he conocido a nadie que no halla agradecido la lectura de cualquiera de ellos. Intento trazar argumentaciones, urdir razones, desempolvar el entendimiento para comprender esta debilidad mía, pero nada... Como decía Whistler, el pintor: "The art is hapeness", el arte sucede. No se pierdan a Simenon. Francisco saludos y gracias por tu aliento.

Lulabim dijo...

Es mi primera vez en tu blog, pero no he podido resistirme.

¡Viva Simenon!
De Maigret guardo gran recuerdo de EL PERRO CANELO, y también guardo pena de las ediciones incompletas de todo Maigret. Espero que pueda tenerlas todas juntas en mi biblio prontito.
¡Viva Simenon! (¿lo he dicho ya?)

Francisco Ortiz dijo...

Clarice: Tus pesquisas tendrán su premio.

Francisco Ortiz dijo...

Francisco: Gracias por tus palabras, entusiastas y tan válidas. Un abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

José: Simenon es enorme en las novelas de Maigret, acaso algo menos en las que no tienen a su personaje-insignia dentro. Recomiendo la novela negra estadounidense, pero creo que no hay que menospreciar la europea, más realista, más veraz. Son complementarias, eso sí. Con magníficos logros ambas. En este momento me siento más cercano de la europea, pero nunca dejaré de recomendar a los maestros de allá.

Francisco Ortiz dijo...

Elena: Es hora de que le hinques el diente, sí.

Francisco Ortiz dijo...

Blanca: Muy de acuerdo.

Francisco Ortiz dijo...

Mart: No es lo mismo, no. Se trata de realidades diferentes y de lugares con una violencia diferente. Además, Simenon utiliza toda su agudeza psicológica para ahondar en la mente de los culpables, mientras que ne la novela negra estadounidense hay un mayor reflejo de la situación social del país, aunque a la par detecto mayor conformismo, como si supieran los autores de antemano que nada va a cambiar hagan lo que hagan. Un abrazo, amigo.

Francisco Ortiz dijo...

Júlia: Yo creo que Simenon (el de Maigret) pide un reposo y una cierta experiencia lectora y vital que acaso nos aleje de él cuando somos lectores jóvenes. Pero puedo estar muy equivocado, claro.

Francisco Ortiz dijo...

Noemí: Muy buen apunte.

Francisco Ortiz dijo...

Diego: Todo es subjetivo, amigo. Proust es magnífico, pero carece de concisión y sus emociones pueden sobrecargar el ánimo del lector. Nadie es perfecto.

Francisco Ortiz dijo...

Lulabim: Viva Simenon. Un saludo.

Francisco Ortiz dijo...

Júlia: Pobreza no diría yo, quizá limitación sabiamente escogida.