
Ahora, cuando se habla una vez más de la muerte de la novela, de renovaciones tendentes a presentarnos a autores con textos en los que prima la fragmentación, lo breve, lo inconexo incluso, ganas siente uno de decir que la novela no se muere, que los oráculos de lo nefasto deberían de volver a leer - o leerlo por primera vez - a Simenon.
No diré que esta novela sea una obra maestra, un libro para ponerlo en la mesilla de noche -¿alguien hace eso aún?-, para partirse la cara en una reyerta tertuliana defendiendo que es el mejor del mundo. Pero ¿por qué esos delirios de grandeza, esa necesidad de apelar siempre al todo, de querer siempre estar cerca de lo sublime?
"El caso Saint -Fiacre" cuenta la historia de una rica venida a menos, que refugia su miedo a la soledad y al envejecimiento en los brazos de jóvenes que no quieren sólo caricias, sino también su dinero. Maigret viaja a su infancia, al castillo en el que su padre era administrador, al pueblo de sus primeros años. La condesa de Saint-Fiacre muere y alí está nuestro admirado comisario. Que se encuentra con la decadencia, el engaño, la desilusión, el tormento. Que tiene que mirar de frente los daños producidos por el tiempo. Y que prefiere esconderse, refugiarse en su aspecto de hombre para no mostrar ante nadie al niño que fue, aún preso de ciertos momentos desvanecidos en el tiempo pero nunca en la memoria, que los acuna, los mima, los fortalece y los mantiene limpios y fuertes.
Con una prosa en la que nunca falta la caracterización certera y concluyente, la descripción de lugares de manera plástica y vivísima, atenta siempre a los detalles de luz y sombra -¿exagero si digo que esta novela está escrita por una mano que conocía a la perfección el expresionismo cinematográfico? ¿O lo anticipaba? ¿O convivían?-, Simenon narra una historia policiaca en la que lo más importante son los personajes -inolvidable el hijo de la condesa, ese crápula hijo de ricos, marcado por la muerte del padre, que es el verdadero protagonista de la novela-, y que nos atrapa porque los personajes, partiendo del tópico, se convierten en seres creíbles, traspasan las barreras del papel y de la creación literaria y se convierten en conocidos reales y prestos al diálogo, al descubrimiento, a la confesión.
Esto es la literatura, amigos. Esto es la novela, que siempre será superior al relato, al cuento, a las ficciones fragmentadas porque permite un mejor, más completo y más generoso desarrollo de los personajes, de esos seres que parecen no existir, que están dentro de los libros y que se ganan una existencia completa apenas acabamos de leer y de zambullirnos en las historias para las que fueron en primera instancia creados. Personajes como Maigret, como el conde de Sant-Fiacre. En una novela del Baroja de la literatura policiaca: Simenon. Que lo disfrutéis.
Lectura recomendada: Un memorable poema de Enrique Ortiz: "Vecina".
Lectura recomendada: Un memorable poema de Enrique Ortiz: "Vecina".



4 comentarios:
Simenon era un autor con total dominio del oficio, un narrador excepcional y me interesan sus novelas porque en ellas siempre indaga en la naturaleza humana: en su lado más oscuro, por cierto.
No creo que la novela muera nunca. Es insustituible. Y no creo que el hecho de que aparezcan nuevos caminos a la hora de narrar nieguen en modo alguno el valor de la novela en general. Los que así lo creen, estoy de acuerdo contigo en pensar que se equivocan.
Por otra parte, introduces una polémica afirmación cuando dices que es superior al relato. Y sería una discusión irresoluble, porque son cosas distintas, me parece a mí. Refiriéndonos a los personajes, recuerdo ahora algunos personajes inolvidables de relatos de Chéjov, Gógol o Melville, por ejemplo.
La grandeza de un texto está en hacer reflexionar a quien lo lee. Y no cabe duda que el tuyo me dejó pensando en muchas cosas.
Un abrazo.
Magnífico texto.La muerte de la novela se viene anunciando hace ya mucho tiempo por parte de sus propios asesinos,quizá porque les dá miedo sus enormes posibilidades.La novela es indestructible,como dice Miguel,tiene mucha vida y mucho que decir,es decir,lo que únicamente puede decir la novela.Proust descubrió el instante y la imposibilidad del pasado.James Joyce el inalcanzable presente.Kafka fue el primero en dar la alarma en el siglo XX sobre el mundo sin memoria.Los ejemplos son infinitos.Los grandes autores contemporáneos saben lo que deben recoger en la carrera de relevos que es la literatura.Y ésto es imparable,amigo.
Un fuerte abrazo Francisco.
Simenon. Nada mejor para desengrasar, para reconciliarte con ese saber hacer que parece tan natural y es tan difícil. Ya me toca una de Simenon, gracias por recordarlo.
Un saludote.
Hola, Francisco.
Excelente entrada. Gracias por la recomendación, siempre a tener en cuenta viniendo de tu parte.
Estos días estuve alejada por la feria pero da gusto volver a leerte. Siempre aprendo algo de ti.
Un abrazo, amigo.
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