
Leyendo el prólogo que escribió André Malraux para la novela "Diario de un cura rural", de Georges Bernanos, absolutamente sobresaliente, me da por pensar que nuestra actual literatura está invadida de caracteres y huérfana de auténticos personajes, de personajes inolvidables, de personajes que calen hondo en nuestras mentes hasta el punto de hacernos olvidar que son creaciones literarias para pasar a ese estadio maravilloso de seres con vida propia, no importa de qué carne o papel provengan - ni de qué pantalla-. Señalaba ayer en una entrevista en el diario Público el escritor argentino Ricardo Piglia que la novela no desaparecerá mientras existan personajes, mientras se creen personajes bien trazados y bien desarrollados. Lo comparto. Abundan los caracteres -sujetos a una pasión, una obsesión, una idea conductora -pero escasean los personajes, esos seres ficticios y absolutamente necesarios que se sumergen en acciones inesperadas, que exploran en el fondo de sus almas, que se sorprenden y nos sorprenden con sus excursiones a lugares de su personalidad -de su alma- de los que no vuelven igual que cuando partieron. Estamos rodeados de caracteres -en la novela negra, la mala novela negra, surgen como setas- que se mueven férreamente manejados por las manos de sus conformistas creadores y que hacen viajes inútiles de los que regresan como si no hubieran salido de sus propias casas - de sus propias almas-. Si echamos de menos a Dostoievski, a Balzac, a Flaubert, al Raymond Chandler de "El largo adiós" no es porque seamos unos nostálgicos irredentos, porque nos hayamos quedado anclados en un pasado glorioso y muerto. Los echamos de menos porque crearon personajes -esos tipos imprevisibles, osados, indagadores de la cuestión humana- , porque no se contentaron con legarnos simples caracteres. Los echamos de menos, los necesitamos porque la literatura con ellos nos acercó a la esencia, a lo que nunca dejaremos de necesitar: al otro, al semejante. Somos seres sociales por naturaleza, somos fragmentos ambulantes que siempre andamos buscando complementos y luces de los que no pueden proveernos nuestra razón y nuestras creencias. Somos seres incompletos. Necesitamos personajes, necesitamos al otro. Necesitamos el diálogo con unas constantes -tan ciertas como las vitales -que nos definen como seres humanos y que se expresan en ocasiones mediante la ficción de forma más concreta y útil que en la engañosa realidad. Gracias a la novela -las grandes novelas que nos despiertan- continuará existiendo el diálogo con esas constantes, con la esencia, con lo que definimos como humano.
Foto: Willy Ronis



3 comentarios:
Muy cierto, amigo. Crear grandes personajes no es nada fácil. Y en ellos reside la importancia de la gran literatura, en unos personajes que sean capaces de emocionarnos, capaces de aprender y de hacernos aprender con ellos.
Ya veo cómo has trabajado en el aspecto del blog. Ha quedado fantástico. Y la foto es una maravilla. Enhorabuena.
Un abrazo.
Me estais dando envidia, todos and�is de limpieza primaveral y estais dando un nuevo color a vuestros blog, este ha quedado muy chulo.
Tienes toda la raz�n Francisco, somos seres incompletos y necesitamos personajes, buena literatura y personas que nos informen de esa literatura, como t� haces.
Besillos.
Me ha fascinado lo que dices. He ahí la cuestión, el personaje. He ahí donde fallan tantos escritores. Y he ahí el problema de que echemos de menos a esos grandes que nombras. Falta la ambiguedad, hay que crear personajes con alma poliedrica, de eso que se están olvidando tantos. Y esa es una labor árdua, pero no imposible, requiere ver las cosas con más grises, muy esquinadas, porque la vida es así, y lo mejor es la fuerza que esos personajes adquieren, como si le pudiesen al autor.
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