Leonardo Padura dice siempre que él no escribe novela policial, sino que utiliza algunos elementos de la novela policial para contar historias que le importan -y que pueden importarle a más gente-. Tiene toda la razón. "Pasado perfecto" no es una novela policial -o negra - al uso. No hay disparos en las esquinas ni persecuciones desenfrenadas ni trampas que el lector debe ir desentrañando para obtener una recompensa final que después se desvanecerá con el tiempo. Y a la par pierde toda la razón al afirmar que no escribe novela policial si tenemos memoria y situamos este "Pasado perfecto" en el lugar que le corresponde en la historia de la novela negra, donde entró con fuerza y para quedarse el año en que se publicó: 2000. Porque "Pasado perfecto" es una obra que no habría nacido sin "El largo adiós", de Raymond Chandler, y sin "La soledad del manager"y "Los mares del Sur", de Vázquez Montalbán. No afirmo esto como menoscabo, sino, por el contrario, para hacer ver de qué padres tan importantes dimana la novela, en qué corriente de la novela negra está encuadrada. Y puedo afirmar también que los logros de esta buena novela la hacen estar al lado de las predecesoras sin rubor y con alegría, ya que "Pasado perfecto" es una gran novela -negra y no negra, no negra y también negra-, una de las mejores escritas que yo he leído dentro del género y una de las más recomendables, de las más renovadoras de los últimos años. Partiendo de la tradición -"El largo adiós"- y de la necesidad de hacer crónica del tiempo vivido -"La soledad del manager", "Los mares del Sur"-, Padura crea una novela que es enteramente suya, de su época y de su visión de la vida en una Cuba a la que ama y a la que quiere por encima de todos los errores, de todos los personajes egoístas y todos los personajes interesados que vuelven su mirada hacia ese rincón del Caribe. Padura no copia, no se rinde al homenaje posmoderno y vacuo, sino que asume y y tiene en cuenta lo anterior y valioso para -como los mejores compositores- acercarnos unas páginas nuevas, vigorosas, necesarias y trufadas de una sinceridad imbatible.La nostalgia campa a sus anchas por cada escena, los recuerdos sirven para hablar de la revolución cubana y para verla según lo que iba a ser y lo que ha sido -o le han dejado ser-. Padura, como Hammett, como Chandler, como Vázquez Montalbán, entona un discurso crítico, ve la realidad con ojos nada complacientes, se empeña en señalar los defectos de la sociedad en la que vive, pero no se queda ahí: nos acerca sus apuestas, sus miedos, sus deseos mediante una ficción que adivinamos escuálida -palabra muy querida por Conde- en ocasiones, permeable, sólo ficción porque con la ficción parece que entendemos mejor, que empatizamos mejor. Padura, en "Pasado perfecto", con una historia en la que nada sobra, gracias a la implicación de todos los personajes en la realidad contada, al inteligente uso del pasado y del presente que se complementan y son uno y son dos imposibles de unir a la vez, ha escrito una de las novelas que marcarán el futuro del género, que no malgastan fuerzas en la anécdota policial, que usan valiosos materiales de la realidad que en otro tipo de novelas no le llegan al lector de manera tan real y sincera, tan útil y tan capaz de mover a la actuación, viejo deseo de los viejos novelistas mayores que siempre se acercaron a la cuartilla en blanco para dejar constancia de que habían vivido y merecía la pena seguir viviendo.









