Presentación en Granada

Presentamos la novela en Granada. El Museo Casa de los Tiros es, de verdad, un marco incomparable.





En esta foto aparecen Joaquín Casanova, el editor; el escritor y crítico José Abad, que presentó la novela; el que suscribe; y José Ortiz, que habló del autor y de sus primeros pasos en el mundo de la literatura.










Inma Lucena, coordinadora del acto.















Isabel, que leyó un fragmento de la novela.


















Paqui, que leyó otro fragmento.






Agradezco a todos los que tuvieron a bien asistir a la presentación su presencia, a los empleados del Museo su amabilidad. Quedo en deuda con los que me arroparon en la mesa y con las lecturas del libro y me hicieron sentir su calor humano: es la mejor manera de estar en actos culturales y de andar por la vida. Gracias a todos.

Presentación de "Última noche en Granada"






Llega la hora de presentar el libro. Hemos elegido Granada para el primer acto. Acompañado de José Abad, autor de una gran novela -"El abrazo de las sombras", de la que pronto os hablaré-; de Joaquín Casanova, el editor; de José Ortiz, orientador del EOE; y de Inma Lucena, que oficiará de presentadora, estaré ante los lectores -y con ellos- en la sala Cuadra Dorada del Museo Casa de los Tiros, a las 19 horas. Os esperamos.

Tercera crítica

Ricardo Bosque, escritor y editor del blog La Balacera, donde mejor podemos informarnos acerca de las novedades de novela negra, ha escrito en el blog que lleva su nombre la tercera valoración de "Última noche en Granada":

Empieza bien el año, desde luego.

Porque además de comenzarlo sin resaca -y que esto no sirva de precedente- lo hago leyendo esta estupenda novela con la que Francisco Ortiz debuta en el difícil mundo literario. Y lo hace con un trabajo que auna lo íntimo y lo criminal, algo muy complicado de lograr pues el género negro parece que exige un lenguaje descarnado y exento de cualquier concesión a la lírica y, sin embargo, Última noche en Granada consigue hacer visibles, en primera persona y en un tono ciertamente intimista, las sensaciones de un asesino -¿qué es si no un policía que mata excediéndose en sus funciones y lo hace, además, sin asomo alguno de arrepentimiento?- tras cometer un crimen, por muy inevitable que éste sea.

Una novela corta e intensa, para disfrutar en cada una de sus líneas siguiendo las vivencias de un ex policía, Luis Castillo, y su pareja, Beatriz, tan o más protagonista que el personaje que desnuda sus miedos en poco más de 100 páginas que transcurren como un suspiro.

Una magnífica candidata al Silverio Cañada a la mejor primera novela de 2009 si quienes eligen las aspirantes al premio tienen ojos para títulos que no procedan de las editoriales que siempre ocupan los espacios privilegiados en los escaparates de cualquier librería.

Última noche en Granada

Francisco Ortiz

Mira Editores

Postdata: acompáñese la lectura de la novela con la audición de un disco como Kind of Blue (Miles Davis), un gin tonic bien cargado -ideal para desengrasar las cenas y comidas de final y principio de año- y un cigarro puro de la envergadura que cada uno tenga por costumbre (si es el caso) y el placer se acercará a lo sublime.

Segunda crítica

En el blog de Elèna Casero, escritora, autora de "Tribulaciones de un sicario", el segundo comentario que recibe "Última noche en Granada":

Luis Castillo es un ex policía. Tras dejar el cuerpo se dedica a vigilante de obras.
Su vida transcurre entre la vigilancia nocturna, el descanso tras el trabajo y su vida con Beatriz. Una vida a salto de mata ya que ella está casada con Pablo. Su relación se basa en mensajes de móvil y las visitas que ella le hace a su piso. Una relación amorosa difícil pero que a Luis parece redimirle de todos los malos momentos de su presente y de su pasado.
Todo parece discurrir con la normalidad habitual hasta que un día los fantasmas dormidos vuelven a aparecer.
Y recuerda lo sucedido aquellos días, Pedro y él, las pistolas, los cargadores, la mirada acuosa de Pedro, su mano fría, que Eladio lo tenía todo planeado y que él sólo tenía que hacer su parte: un tiro de frente y a la cabeza. Los días posteriores a aquel suceso no hubo arrepentimiento, ni intranquilidad. Como Pedro repetía: Lo hemos hecho, a la mierda esos hijosputas. Hecho está.”


Sólo su madre, con su inteligencia natural, con una ternura que se transmite en unas pocas líneas, parece darse cuenta de que algo le ocurre a Luis, algo grave que transita por su cerebro sin darle salida. “Ese es el vacío, Luis, me decía con su silenciosa presencia, el vacío es algo que se ha cerrado dentro de ti, se ha quedado seco, escúpelo, escúpelo, escúpelo.”

La vida da una vuelta de tuerca cuando Beatriz, víctima de los celos y los malos tratos de Pablo, huye de su casa y se refugia en la suya, en él. Donde solo el amor es capaz de mitigar los hematomas del cuerpo y del alma, páginas descritas por Francisco con gran ternura, con el lenguaje adecuado para que cada uno se coloque en el lugar de Beatriz y en el de Luis.
Francisco consigue en esas páginas que sintamos el mismo asco y la misma rabia que puede sentir Beatriz ante el hombre que la ha maltratado, ante los recuerdos que Pablo le provoca y que debe contar en voz alta para que vayan desapareciendo.
Los acontecimientos se van sucediendo con rapidez y se siente el vértigo y la tensión de la emboscada que le han preparado a Luis. Las horas que transcurren casi frente a frente agresor y agredido. Hueles el humo del tabaco del matón que va por él, escuchas sus pisadas en el suelo descarnado y la muerte acechando entre las paredes del edificio vacío, como si jugaran al escondite, como Luis hacía con su hermano cuando eran pequeños.
Es el momento, a pesar de la tensión, de las consideraciones, de las reflexiones.

“¿A quién le he hecho yo bien? ¿A mi familia? ¿A Beatriz? ¿A mis semejantes?

Y todas las preguntas que subyacen en su interior, mezcladas con los recuerdos. ¿Es posible, a pesar de haber matado a un hombre, sin saber por qué, seguir siendo una buena persona? ¿Es posible la inocencia?
El desenlace de la novela nos dará la respuesta a tantas preguntas.
Una novela que se lee con rapidez porque necesitas seguir adelante, porque te mantiene en vilo, incluso deteniéndote en los pasajes más narrativos referidos a las relaciones entre Beatriz y Luis. Quieres saber más de él, de Luis, que vive acorralado por sus recuerdos desde el momento en que Julián Casamayor aparece de nuevo en su vida. ¿Por qué? ¿Qué sucedió? Y te vas dejando llevar por la escritura de Francisco hasta el momento del desenlace.
Como se dice en la contraportada, una novela no sólo entretenida, también tiene un trasfondo muy humano, alejado de la vacuidad.
Esperemos la siguiente novela de Francisco Ortiz.

Primera reseña, primera ficha


En el blog de Herminia Luque, de creciente importancia, la primera valoración de "Última noche en Granada":


Una atmósfera densa e irrespirable: ése es el tapiz de palabras que ha creado el autor para bordar a su personaje, para sumergirlo en algo más denso que el agua, más viscoso que el odio. Luis, un ex-policía, ha matado a un hombre. Pero no hay culpa, no hay dolor; sólo un asco metafísico al modo de Camus.
El personaje de la madre enternece: a los setenta, después de un cáncer de pecho comprende ella (o sus hijos) que no ha disfrutado, que no sabe lo que es un paseo, un tiempo exento de obligaciones familiares, unas tapas generosas, unas horas porque sí, unas horas para sí.
Una novela que excede las convenciones del género negro para crear un relato creíble, con un paisaje cotidiano (Zaidín, Cenes, La Chana: nombres familiares para los del terruño) pero vertido en el molde de lo universal, fundido con la peripecia del no-héroe, evitando así el marchamo costumbrista o la anécdota facilona.
Una novela excelente de verdad. La novela que todos deberían leer estos días de vacaciones.


En Negra y Criminal, librería de referencia, la ficha de la novela .

38, número 7


Se llama .38, el calibre más negro que se conoce, el utilizado en sus armas por Marlowe y Lew Archer. Es una revista que crece y va a más, con notables colaboradores y textos de mucha calidad. La edita Ricardo Bosque, responsable también del blog que más visito: La Balacera.

Pasaos a ver, a leer. Además, es gratis.

"Última noche en Granada": Texto de contraportada



¿Puedes haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho? ¿Puedes seguir pensando después que no eres una mala persona? Luis Castillo, el protagonista y narrador de esta novela, tiene que hallar la respuesta a esas dos preguntas. Afortunadamente, no está solo: cuenta con Beatriz, una mujer que le quiere y le ayudará a dar los pasos más adecuados. Con ecos de novela negra y una escritura medida, lírica y muy narrativa, Última noche en Granada les gustará por igual a los que buscan una historia entretenida y a los que se acercan a un libro para ir más allá de lo contado, de lo aparente.





Texto recomendado: en el blog de Raúl Ariza, uno de los mejores dedicados a la creación literaria, un relato estupendo: "Extracto de unas diligencias"

Rafael Chirbes: Los viejos amigos


Desde un espacio en el que reinan la desdicha, el cansancio, la frustración, el deseo de desmemoria y de reconquistar la memoria está escrito este libro por sus personajes que hablan en primera persona y recuerdan que un día fueron amigos y quisieron la revolución y cambiar el mundo. No lo lograron. Ahora tienen dinero, pueden comprar por un rato a mujeres que darán satisfacción a sus cuerpos, se codean con gente importante, edifican, planean, cambian la cara de lugares en los que injertan edificios, sueños corruptos, deseos volátiles. Son los viejos amigos.
Rafael Chirbes es uno de los grandes, de los más grandes escritores españoles, uno de los que sólo se deben a sí mismos, de los que sólo responden de sus aciertos y errores ante sí mismos. Por eso está preparado para hacer un recuento de los años del tardofranquismo y los viejos sueños irrealizados que devienen en cansancio y memoria rota. Lúcido, implacable, el autor valenciano nos acerca a las vidas de varios personajes que lucharon por cambiar el mundo y no consiguieron ni tan siquiera cambiarse a sí mismos. Ahora que se reúnen para una cena, ahora que al fin es cada uno dueño de su cara y de su presencia, acompañarlos por su interior, compartir sus pensamientos y sus secretos resultará una tarea utilísima para saber qué ha pasado en nuestro país en los últimos años, cómo se corrompen los sueños, cómo se acomodan los vencidos y los vencedores, cómo se echa de menos a quien no está y cómo se sigue amando sin decirlo a quien está al lado y nunca se enterará ya.
"Los viejos amigos" es una novela dura, necesaria, sincera. Escuchando las voces que la habitan uno podrá entender mejor cómo se queman etapas, cómo se levantan mentiras, cómo se pacta con uno mismo para seguir viviendo cuando se ha visto que se es un imbécil, un inútil, un cobarde, un fracasado, un triunfador con coartadas morales delgadas como un trozo de papel. Carlos vende pisos y es un escritor frustrado. Guzmán es dueño de una productora y tiene un hijo que acaba de editar un disco. Pedrito Vidal cambió la revolución social por la edificación y la promoción inmobiliaria. Demetrio Rull es un pintor que nunca fue famoso y además es guarda nocturno. Jorge es un enfermo de sida que muere lentamente. Pau murió por culpa de las drogas y era hijo de Carlos. Personajes sacados de la realidad, que son pura realidad gracias a la técnica de Chirbes, a su acierto al darles a cada uno su voz, al dejarlos hablar y saber oírlos. Las voces no tienen filtros, no esconden ni hurtan, no divagan. Juntas ofrecen una perspectiva, un mejor conjunto que ayuda a entender por qué un día fueron a una y ahora cada una es simplemente una.
Chirbes no malgasta rencor, ironía, malhumor en esta novela. No ajusta cuentas con nadie, a no ser consigo mismo, con su mundo, con lo que ha visto. No es "Los viejos amigos" una novela de moralista, de escritor huraño; por el contrario, es la novela de quien se siente muy vivo en el mundo, de quien sigue palpando el mundo, de quien ama el mundo. En algunas páginas el lector casi llegará a emocionarse cuando las voces íntimas hablan de pérdidas sin solución, de momentos que pudieron ser otros, de miedos y de deseos inagotados. Gracias a esto, "Los viejos amigos" es una novela optimista, que saca del fondo lo peor y lo limpia, que bucea para poder respirar luego mejores y más limpios aires. Dentro de esta novela generacional, plural, sin moralina hay seres que dibujan su tiempo y se dibujan a sí mismos como lo haríamos todos si nos olvidáramos de los espejos y creyéramos firmemente, irrenunciablemente, en el valor de las palabras por encima de todo lo demás.

Ross Macdonald: Costa Bárbara

Entre el odio y el vacío se mueven muchos personajes de las novelas de Ross Macdonald. Anhelan cosas que cuestan vidas y tapan con mentiras ciertos agujeros de su pasado. El detective privado Lew Archer aparece en un momento previo a la eclosión de la violencia y las muertes, es el testigo de la quema final, del incendio abrupto y total en que arden los mentirosos y los asesinos. En esta novela, además comprende que es utilizado, que es un peón más en las tramas de los culpables, una ficha que se mueve en un tablero que otro ha puesto sobre la mesa y manipula a su antojo. Cuando está finalmente ante el asesino ve a un hombre que sufre, que padece dolor, pero también a un hombre que se concede a sí mismo la potestad de matar, de hacer concluir una vida que no había llamado a la muerte, que no la deseaba, que creía hallarse lejos de ella.
"Costa Bárbara" es otra de las tragedias griegas adaptadas al mundo de la novela negra por el gran escritor estadounidense Ross Macdonald. Está escrita en un estilo lírico, con trazos finos y deslumbrantes, con metáforas acertadísimas, con un uso de la comparación propio del gusto y buen hacer del poeta. Cada frase está cuidada al máximo, cada imagen está traída para vivificar la página y el conjunto armónico de la obra, y mientras uno se deja embargar por tanto buen gusto literario no puede dejar de preguntarse cómo es posible que les pase desapercibida una prosa tan sugerente a autores que están fuera del mundo de la novela negra, a exquisitos degustadores de la forma y la belleza de las palabras, cómo puede haber tanto necio que niega el pan y la sal a quien usa un género y partiendo de él es capaz de crear tanto arte. Pocas veces podrá el profano o el detractor encontrarse con una novela negra que trascienda todas las limitaciones previas, todos los muros, que vuele con tanto poderío y tanta fuerza hacia el espacio de las obras inolvidables. Ross Macdonald y su tragedia griega, sus hombres atormentados e indecisos entre el amor y la corrupción, sus mujeres doloridas y vulnerables, sus agentes violentos y prestos a ser ajusticiados son pura y hermosa literatura.
Recuperar los libros de un escritor que narraba mediante la voz de un detective privado parece una entrega a un ejercicio baladí, depauperado, evasivo. Pero si somos capaces de ver más allá de la convención de partida, de los tipos y las tramas criminales, veremos que Macdonald es un autor preocupado por lo que carcome al hombre que es vencido y mata para seguir, por lo que arrastra a la mujer que ha de ser imagen y pureza y medida vanidad y objeto de idolatría en un siglo cruel para ella. El detective Archer es la voz del escritor, los ojos del lector, las manos del lector que se inmiscuye, que entra en la historia para vivirla más de cerca. En Macdonald, el detective es un figura de compromiso, un individuo que se moja y se mancha porque cree en los seres humanos, en lo que les ocurre, que padece porque les ve padecer. Es una fgura realista, aunque pueda parecer lo contrario, es un espejo y es una mano que sale del espejo, que toca a quien se mira en él, a quien en él busca apreciación o castigo.
"Costa Bárbara" es una investigación sobre el dolor, la frustración, el miedo, el amor y el delito. Es una novela madura, que está llena de imperecederas palabras.


Nota: Hoy hace 94 años que, en un pueblo de California, nació Ross Macdonald

"Última noche en Granada": para los lectores


Una novela no existe, de alguna manera, hasta que uno no la ve en una librería, fuera de casa, libre e independiente, viviendo su propia vida. Hoy he visto mi novela "Última noche en Granada" en el escaparate de la "Librería Atlántida", en Granada, y he pensado que ha empezado a vivir, que ya no me pertenece sino parcialmente, que es mía pero también de todo lector que se acerque a ella y la lea.

La novela negra es la tragedia griega de hoy






Frase afortunada de José Jiménez Lozano, idea que alguna vez he defendido aquí, sobre todo a propósito de algunas novelas de Ross Macdonald.

Aquí está el enlace con la entrevista en que lo afirma.








Foto: Joan Colom

Leonardo Padura: Pasado perfecto

Leonardo Padura dice siempre que él no escribe novela policial, sino que utiliza algunos elementos de la novela policial para contar historias que le importan -y que pueden importarle a más gente-. Tiene toda la razón. "Pasado perfecto" no es una novela policial -o negra - al uso. No hay disparos en las esquinas ni persecuciones desenfrenadas ni trampas que el lector debe ir desentrañando para obtener una recompensa final que después se desvanecerá con el tiempo. Y a la par pierde toda la razón al afirmar que no escribe novela policial si tenemos memoria y situamos este "Pasado perfecto" en el lugar que le corresponde en la historia de la novela negra, donde entró con fuerza y para quedarse el año en que se publicó: 2000. Porque "Pasado perfecto" es una obra que no habría nacido sin "El largo adiós", de Raymond Chandler, y sin "La soledad del manager"y "Los mares del Sur", de Vázquez Montalbán. No afirmo esto como menoscabo, sino, por el contrario, para hacer ver de qué padres tan importantes dimana la novela, en qué corriente de la novela negra está encuadrada. Y puedo afirmar también que los logros de esta buena novela la hacen estar al lado de las predecesoras sin rubor y con alegría, ya que "Pasado perfecto" es una gran novela -negra y no negra, no negra y también negra-, una de las mejores escritas que yo he leído dentro del género y una de las más recomendables, de las más renovadoras de los últimos años. Partiendo de la tradición -"El largo adiós"- y de la necesidad de hacer crónica del tiempo vivido -"La soledad del manager", "Los mares del Sur"-, Padura crea una novela que es enteramente suya, de su época y de su visión de la vida en una Cuba a la que ama y a la que quiere por encima de todos los errores, de todos los personajes egoístas y todos los personajes interesados que vuelven su mirada hacia ese rincón del Caribe. Padura no copia, no se rinde al homenaje posmoderno y vacuo, sino que asume y y tiene en cuenta lo anterior y valioso para -como los mejores compositores- acercarnos unas páginas nuevas, vigorosas, necesarias y trufadas de una sinceridad imbatible.
"Pasado perfecto", por supuesto- por eso puede ser considerada una novela negra-, lleva dentro un hecho criminal: en este caso, la desaparición de un importante cubano que es director de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industrias y la posterior investigación policial, que como pronto imaginamos culminará con el descubrimiento de un cadáver. Padura introduce el primer sesgo de inmediato: el desaparecido es un antiguo compañero de estudios del policía encargado del caso y algunos de los más destacados personajes de la novela son amigos o conocidos comunes, incluyendo a la mujer del desaparecido, a la que siempre ha amado Conde, el policía. Así, pasado y presente cobran la misma importancia y sabiamente Padura narra en tercera persona lo que ocurre ahora y en una primera repleta de buena literatura y de honda comprensión del monólogo y de los mejores aciertos de la literatura hispanoamericana de las últimas décadas (sobre todo Vargas Llosa y Cortázar) los recuerdos que los hechos actuales le traen a la mente a Conde. Hay páginas absolutamente sobresalientes entre los monólogos de Conde, que son pura y maravillosa literatura, negra y no negra, pues tanto para el lector que busca una historia entretenida como para el lector que busca literatura de calidad son absolutamente válidos. E insisto mucho en estos aspectos porque creo que con la serie dedicada a Mario Conde -seis novelas- el narrador y ensayista Leonardo Padura siempre ha tenido en mente la máxima exigencia, la máxima verosimilitud, y ha puesto todo cuanto sabía -que es mucho- en cada párrafo de cada libro. Y si "Pasado perfecto" es una magnífica novela negra, no es menos cierto que se trata también de una magnífica novela a secas, de literatura con todas la mayúsculas que queramos ponerle.
La nostalgia campa a sus anchas por cada escena, los recuerdos sirven para hablar de la revolución cubana y para verla según lo que iba a ser y lo que ha sido -o le han dejado ser-. Padura, como Hammett, como Chandler, como Vázquez Montalbán, entona un discurso crítico, ve la realidad con ojos nada complacientes, se empeña en señalar los defectos de la sociedad en la que vive, pero no se queda ahí: nos acerca sus apuestas, sus miedos, sus deseos mediante una ficción que adivinamos escuálida -palabra muy querida por Conde- en ocasiones, permeable, sólo ficción porque con la ficción parece que entendemos mejor, que empatizamos mejor. Padura, en "Pasado perfecto", con una historia en la que nada sobra, gracias a la implicación de todos los personajes en la realidad contada, al inteligente uso del pasado y del presente que se complementan y son uno y son dos imposibles de unir a la vez, ha escrito una de las novelas que marcarán el futuro del género, que no malgastan fuerzas en la anécdota policial, que usan valiosos materiales de la realidad que en otro tipo de novelas no le llegan al lector de manera tan real y sincera, tan útil y tan capaz de mover a la actuación, viejo deseo de los viejos novelistas mayores que siempre se acercaron a la cuartilla en blanco para dejar constancia de que habían vivido y merecía la pena seguir viviendo.


Cierra el blog "El síndrome Chéjov"


El abajo firmante lamenta el cierre de "El síndrome Chéjov", blog creado por el escritor Miguel Ángel Muñoz. Y, sobre todo, que desaparezcan los textos del mismo, donde podían encontrarse muchas páginas dedicadas al mundo del relato y entrevistas con autores de relatos españoles de alta calidad. Formaban un gran libro de incuestionable valor al que se podía acceder gratuitamente para aprender y degustar a partes iguales.
En una época pasada fui amigo personal de Miguel Ángel Muñoz y aunque el tiempo no siempre juega a nuestro favor y hoy no puedo decir lo mismo, tampoco puedo callarme ante la pérdida de la buena literatura y las buenas lecturas y comentarios de libros que en su blog podían encontrarse. Quedan muchos blogs buenos e interesantes en la red, pero esta pérdida es triste y honda, sobre todo para los que aman el relato y para los que empiezan a amarlo, a aprender cómo se escribe un relato, pues se han quedado huérfanos con este cierre inesperado de un veterano y reconocido bloguero que además es un buen escritor.
Desconozco por completo las causas; tampoco me interesan, en verdad, si van más allá de lo puramente literario. Creo que los que alguna vez hemos leído con pasión entradas memorables de ese blog -pienso en mi amigo Miguel Sanfeliu, por ejemplo- y hemos celebrado que alguien atinase a definir tan bien cómo era el camino para los que vamos por esta senda de libros y lecturas compartidas sólo podemos sentir pena. Los escritores se deben a las palabras, a los lectores, a quienes les siguen. Por eso este adiós inesperado creo que deja a más de un lector de blogs cariacontecido, estupefacto, herido. Espero que la buena obra de Muñoz quede y el acceso a sus textos no desaparezca definitivamente. Después de todo, un escritor es y será, ante todo, lo que escribe, lo que ha dejado escrito.

Giorgio Scerbanenco: Los milaneses matan en sábado

Esta novela es una elegía. Es el canto de un padre que se queda sin su hija, lo único que tiene. Y no se trata de una hija cualquiera: alta, hermosísima, bien proporcionada, cariñosa, casi perfecta. No es perfecta porque es retrasada mental y tiene una debilidad por los hombres que obliga al padre a una atención permanente porque ella puede irse detrás de cualquier hombre que simplemente le sonría y esté dispuesto a acariciarla. No todos los hombres se paran a pensar que en realidad cometen un abuso, que si no hay una voluntad adulta y consciente detrás en verdad es un acto semejante a una violación. Pero no todos los hombres son hombres. Muchos no han dejado de ser bestias.
Scerbanenco logra una novela de gran sinceridad y categoría sin abandonar nunca el tono elegíaco, sin impostar la voz, sin recurrir a trucos que deslumbren al espectador vanamente. Construye la historia con un padre que es un milanés sincero y valiente, leal y firme, al que vemos transformarse ante nuestros ojos mediante un juego de escenas en que nunca se baraja mal y jamás se abandona el acierto caracterizador. Con un policía que sabe de la piedad y de la dureza, que en su pasado tiene un hecho que le ha marcado y le ha vuelto más humano y a la vez más inhumano, pues no se mata impunemente, no se olvida impunemente (fue acusado de practicar la eutanasia cuando, antes de ser policía, ejercía la medicina). Con unos malvados que salen directamente del peor catálogo de depravados y estúpidos, de insensibles y de egoístas, hijos de la literatura del gran Dostoievski, el padre de algunos de los mejores personajes y el mentor de algunos de los mejores escritores de la novela criminal.
Son unos malvados que se llevan a la muchacha para prostituirla, para pasearla por las casas en que se abusa y se calla porque se recibe a cambio dinero, que usan a una persona como no usarían a una bestia, que la exprimen hasta que queda hueca e inservible, que nunca se arrepienten, nunca sufren por ninguno de sus actos, ni siquiera cuando deciden deshacerse de una muchacha retrasada mental golpeándola con una piedra en la cabeza y tirándola luego a una hoguera, en el campo, aunque aún no está muerta, para que se descomponga, se vuelva humo y nada.
El canto es triste y cada vez se vuelve más triste. Ante la tristeza no puede permanecerse impávido, inmutable. El narrador salpica con un humor negro algunas escenas, combate con objetividad el cataclismo de sentimientos rotos y maldades invencibles que es esta novela negra y psicológica, en la que importa muchísimo por qué pasan las cosas, qué lleva a que pase, qué empuja a que pasen. Reconozco que "Los milaneses matan en sábado", en la primera lectura y en la relectura del verano de 2009, me gana y me abruma, no en vano es una de las novelas que prefiero, una de esas pocas que me llevaría en una maleta si tuviera que salir de mi casa para no volver. Se debe al tono elegíaco, claro, a la voz narradora, tan ajustada y precisa, tan inmiscuida y tan inteligentemente alejada a un tiempo. Y, sobre todo, a que me creo esa historia que se cuenta, me creo a los personajes, me creo el canto. Y porque la tristeza humana sólo en ocasiones excepcionales puede conmovernos y darnos fuerzas para seguir viviendo. Como me ocurre oyendo este canto, leyendo este libro inolvidable.

Edward Wright: La luna de Clea

Clásica novela que tiene un planteamiento muy interesante y que decae conforme avanza la historia, "La luna de Clea" posee algunas virtudes destacables: la creación de un personaje muy bien perfilado y una ambientación muy cuidada y lograda. El ex actor John Ray Horn ha visto cómo su carrera se iba al garete después de golpear al hijo del dueño de unos estudios de cine, lo que le ha llevado a la cárcel y al ostracismo dentro de la profesión. Se gana la vida cobrando deudas de juego para un indio que era su compañero en las películas del Oeste con las que antes fue conocido, aunque nunca considerado un buen intérprete. Envuelto en una trama de violencia y de niñas que han sido víctimas de abusos, Horn se da cuenta de que una cosa es el cine y ser un cowboy en la gran pantalla y otra la pura y dura realidad. Wright consigue hacer creíble a su personaje, pero no logra que nos resulte simpático, quizá porque hay frialdad en la narración y, a medida que se suceden las escenas, se presentan giros hacia lo más conocido del género -disparos en la oscuridad, peleas y palizas, ricos y mafiosos vistos sólo desde fuera -, que le restan valor a la novela y casi anulan el valor del arranque, en el que no hay tipismo ni sensación de ya visto y ya leído con anterioridad. "La luna de Clea" es una novela con grandes posibilidades que muestra a la perfección a qué problemas se enfrentan los actuales autores de novela negra, qué difícil es decir nada nuevo dentro del género y, aun así, que por fortuna queda mucho y bueno por contar.

Benjamin Black: El secreto de Christine


La novela negra necesita a autores como Benjamin Black, o sea, John Banville, pues es sabido que tras el seudónimo está el gran autor irlandés, uno de los mejores escritores de nuestro tiempo. Y necesita a autores como este porque Black /Banville es, ante todo, un gran escritor, algo de lo que adolece la novela negra. Cuando escribe estas historias que firma con seudónimo, Banville no se deja llevar por lo fácil ni busca el halago que reporta el best seller culto. Sólo cambia de nombre para cambiar de método, para dejar entrar en su cabeza otras ideas, otras tramas, pero cuando decide abordar la plasmación de lo pensado y lo ideado no rebaja el nivel, no se entretiene tan sólo, sino que se vuelca con toda la pasión y todo el bagaje que muchos años de oficio le proporcionan. Banville no se refugia en Black para escribir obras menores.
"El secreto de Christine" -"Christine Falls" en el original: qué poco me gusta que se rebauticen las novelas cuando se traducen, la verdad sea dicha- es una novela fascinante. Atrapa por sus palabras, por las imágenes que logran alzar y hacen sentir esas palabras y por la sabiduría de quien maneja esas palabras, que se convierten en un festín para los sentidos. Sabido es que hay lectores que sólo quieren usar uno o dos de sus sentidos cuando leen. Pero también sabemos que existen lectores que ponen en funcionamiento sus cinco sentidos cuando hallan un texto magnífico, incitador. Para estos últimos, este libro será siempre sólo un camino feliz de entrada, un camino sin salida, porque no es que vayan a perderse entre los párrafos y las líneas, sino que nunca querrán abandonar del todo esta historia y a los personajes que le dan sentido y la fortalecen de una manera elegantísima y casi genial. No teman por acabar el libro: hay una segunda novela con los mismos personajes, con otra trama y más fascinación dentro.
Muchas veces he reclamado en este blog la presencia de un autor de categoría innegable, un autor de la categoría de Faulkner que escribiera una novela negra tan importante como una novela de Faulkner. No sé si este libro es la respuesta a mi demanda, pero no me cabe ninguna duda de que el autor sí es éste: sólo alguien como John Banville puede dignificar, ennoblecer, elevar a la máxima altura a un género. En "El secreto de Christine" hay personajes, para empezar, caracterizados como es conveniente, no a vuelapluma; hay una trama que no tiene hilos sueltos ni excesos por los costados más sangrantes; hay un sentido detrás de cuanto se narra y una ilación fraguada para lectores adultos, a los que no se miente ni se manipula con técnicas fáciles, algo a lo que tan acostumbrados estamos a encontrar los que leemos y amamos la novela negra, sobre todo en estos tiempos de productos y subproductos que encima nos quieren hacer creer que son de lectura obligada.
Banville/Black nos lleva por las calles del Dublín de los años cincuenta con serenidad y nos hace abrir los ojos ante todo cuanto pone ante ellos con su estilo sabio y exacto, sin adornos ni florituras, atento al detalle y siempre al servicio del avance riguroso de la historia. Por supuesto, puedes paladear las frases, puedes releerlas y releer muchos párrafos, pero nada te obliga, porque detrás de tanto buen hacer creativo con las palabras hay muchísimo buen hacer creativo con la historia que se nos está contando. Y hay en ella un bebé que una enfermera se lleva a otro país, donde lo cuidarán unas monjas y lo entregarán a una familia humilde para que lo cuide durante un tiempo. Hay un patólogo viudo que amaba más a la hermana de su esposa que a su esposa misma. Hay un viejo juez que juzga con la mirada y con sus silencios. Hay un médico especializado en traer hijos al mundo que siempre parece estar de perfil, no se sabe si viniendo o yéndose. Hay un grupo de personas poderosas que hacen con algunos niños lo que les da la gana, al margen de la ley, creando con ellas una ley propia, unas leyes secretas de obligado cumplimiento. Hay un viaje al Boston del otro lado del Atlántico en el que esperan respuestas, dolor y miedo.
Por supuesto, esta novela no es perfecta. Hay muchos secretos que salen a la luz, alguno no de fácil aceptación inmediata, y un movimiento de la mirada del narrador pegado a algunos de los personajes que en algún momento parece innecesario o excesivamente preparado, como ocurre con el final del chófer de Josh Crawford. Quizá Black /Banville ha querido redondear demasiado su obra y unir demasiados detalles y eso la perjudica, por cuanto que la novela negra no tiene que responder siempre al esquema del "todo puesto para que tenga un sentido antes o después". Eso le resta frescura, libertad. Y también podemos acusar a Banville de acudir a retardos de los momentos decisivos algo folletinescos, de algún golpe de efecto que hereda de dramas del pasado que nacieron para ser lacrimógenos. De eso es culpable nuestro buen irlandés. Ahora bien, amigos, son pequeños defectos en una gran obra, en una construcción sólida y bien armada, creíble y que sin duda es un paso adelante en la historia de la novela negra, pues ya nunca nadie podrá olvidar a Black/Banville ni "El secreto de Christine", que quedará para recordarnos que la prosa más literaria, más matizada, surtidora de bellas imágenes y utilizadora de los mejores elementos de la poesía puede ser útil, memorable también cuando se habla de crímenes, de palizas, de secretos oscuros, de violencia y de investigaciones en el filo. El gran autor de novela negra, el gran estilista reclamado ha aparecido. Yo hoy me siento más feliz y, como lector, más completo.


Lectura recomendada: "Como el humo", un relato corto -o microrrelato - absolutamente ejemplar, de gran calidad literaria, en el blog de Raúl Ariza.