Cleaner, de Renny Harlin

Previsible, intensa y proclive a dejarlo todo atado y bien atado, sin un elemento sobrante, esta película tiene a su favor el haber contado con dos actores de categoría (Samuel L. Jackson y Ed Harris, éste último uno de los pocos que pueden presumir de no tener altibajos en su carrera y hacerlo siempre, como mínimo, bien), una puesta en escena cuidada y algunas ralentizaciones que no aportan poesía pero sí dejan espacio para meditar un poco y ver en perspectiva la historia. No es una gran película, pero está muy por encima de casi todas las que hoy en día llegan a los cines provenientes de los Estados Unidos y logra acercarse en algunas escenas (con Jackson y Harris recordando que eran compañeros, que pueden seguir siéndolo) al mejor cine negro clásico. Abusa de los tópicos de la ausente a la que se echa mucho de menos, de la bondad de las relaciones familiares, y también insiste en el tema de la corrupción policial sin llegar a descubrirnos nada nuevo, pero orilla con tacto los aspectos más trillados de tantas otras tramas que desembocan en clase B directamente. Y que haya palabra, diálogos, personajes y no tiros por doquier y una banda sonora matizada, variada, sin chanchán y ritmos frenéticos resulta todo un acierto. No es una obra maestra esta película, está más cerca del puro entretenimiento, pero sin excesos de cartón piedra, sin trampas idiotas y con un cierto swing en su desarrollo, no es rechazable y deja al espectador con más ganas de ver cine negro. Lo que no es poco.

Margaret Millar: Semejante a un ángel (2). Desfalcos


El caso se cruza con otro, en que una mujer ha desfalcado, aprovechándose de su puesto en el banco de una pequeña ciudad, una buena cantidad de dólares. Quinn ha hallado la pista la pista del hombre al que buscaba, pero ha llegado tarde: sólo queda un rastro de muerte tras él, pues se mató en un accidente de coche. El caso está cerrado y los detalles los conoce gracias al editor del periódico local. Éste le cuenta la historia de la desfalcadora. Aquí, la pericia de Margaret Millar es grande, pues utiliza a un personaje neutro para hacerle llegar al lector -también a Quinn- la información mediante unos entretenidos diálogos. Eso le evita tener que recurrir al flashback, que salir de la historia rompiéndola, alterando su ritmo. Ya sabemos que Millar era esposa de Ross Macdonald, y la coincidencia en el planteamiento de esta novela con las de Macdonald de la serie Archer es innegable, pero eso no resta valor al trabajo de ninguno de los dos, pues difieren en la mirada -Millar es más punzante, no permanece tan atenta al detalle lírico ni a la psicología de los personajes - y en el hilado de la trama. Resulta sorpendente, eso sí, que sea en esta novela donde hallemos más dureza, no en las de Macdonald, y podríamos decir que "Semejante a un ángel" es más negra, más seca, más cruda. Volvamos al inicio. A las palabras del editor sobre la desfalcadora:

Me interesó otro punto. Alberta Haywood parecía una persona incapaz de cometer un delito semejante. Averigüé que esa apariencia es lo que tenía en común con los demás. El desfalcador medio no tiene antecendentes de deshonestidad, no actúa como un criminal, no se considera uno de ellos. Muy a menudo la comunidad tampoco les considera como tales, normalmente porque devuelven parte del dinero a la gente a la que han defraudado. La ciudad de Chicote respaldó seriamente a Alberta Haywood. Les robó más de cien mil dólares, pero los Boy Scouts tienen nuevo mobiliario en el club y la sociedad de niños inválidos tiene una furgoneta nueva. Es una forma de pensar absurda, por supuesto, como recibir una puñalada por la espalda y contentarte después con un pirulí para aliviar el dolor.

He aquí un ejemplo más de la validez de la novela negra, de la validez de la novela en general. Gracias a ficciones como ésta podemos entender mejor al que comete un delito, al que lo ampara, al que lo perdona. Gracias a novelas como "Semejante a un ángel" conocemos mejor al ser humano, sus contradicciones y sus prejuicios, sus miedos: lo que lo define, en lo más profundo, como ser humano.


Lectura (muy) recomendada: El relato "Dulce María", en el blog de Raúl Ariza.

Antonio Pomet: Devoradores


Este libro se abre con el relato titulado "El apartamento", en el que hay un hombre y una mujer que tienen un secreto y un acto pendiente de resolverse. Pomet es un autor nacido en 1973. En Granada. Este es su segundo libro de relatos, que ganó un premio -es lo de menos- y viene avalado por Luis Mateo Díez, que le ha dedicado palabras elogiosas. No son vanas: Pomet tiene un estilo, historias que contar y una mirada propia, sagaz e inconformista. Este relato está mantenido por un pulso firme y una narración limpia, muy bien llevada, con apuntes muy notables -la historia ocurre dentro y fuera del apartamento, pero éste es la clave, y Pomet lo ve como a un ser vivo, nos acerca a ese espacio con inteligencia y con una dosis bien administrada de extrañamiento y mitificación-, y es una magnífica entrada a un libro que promete y que parece ser el de un autor cuajado y con mucho que decir.
El segundo relato, "La duración", confirma lo apuntado más arriba. También hay un hecho criminal: alguien comete un asesinato. Pomet narra develando, como si apartara capas de cebolla, entregando pedazo a pedazo la historia y su significado. Hay una evidente intención de sorprender al lector, pero no lo hace recurriendo a trucos ni a elementos sorpresa que a la postre resultarán ingenuos, sino acompañando al personaje principal de una manera tan cercana que es como si el narrador fuera una cámara pegada a su costado. No es ajeno Pomet a la influencia cinematográfica, pero el ritmo de la narración, los símbolos y los pensamientos insertos en ella alejan radicalmente al relato de la superficialidad y la contemplación a flor de piel: Pomet es un escritor que opera mediante asociaciones, que crea a sus personajes con una acertada profundidad que se ve reflejada en el mundo exterior y lo que eligen los personajes para contemplar, para que sus obsesiones y sus miedos y sus ideas tomen cuerpo. En suma, este relato es superior al primero y confirma la capacidad para las atmósferas del autor granadino y su destreza para contar con palabras precisa y envolventes.
Fallido me parece el tercer relato, "Alguien mucho más libre", en el que un hombre tiene un accidente y casi a la vez es abandonado por su esposa, que ha encontrado una prueba de su infidelidad. Pomet intenta equilibrar la narración exterior con la interior y no equilibra un relato que no cumple las promesas mostradas en la primera escena y ronda la irrealidad hasta caer al otro lado del espejo pero alejando al lector, que no se inmiscuye y se distancia con el exceso de narración sobre la intimidad del personaje y con una escena en casa de unos vecinos que resulta abrupta e innecesaria. Aquí el juego de Pomet con el misterio se acerca a la frontera de lo soñado y se despeña porque se juzga demasiado, se ven los hilos que llevan al personaje de aquí para allá, como una marioneta, sin dejarle vida propia.
El cuarto relato, " Ladies & gentlemen", nos traslada a los Estados Unidos y a la caída de las torres gemelas de Nueva York. Pomet maneja con exactitud y gran habilidad los hechos y la ficción mediante las experiencias de varios personajes que lo vivieron en primera fila. Aquí, la huella de Raymond Carver es evidente: incluso en la propia narración hay un cierto cambio de tono que lleva a cabo Pomet con acierto y con sutileza. Todo el relato está compuesto de acciones, lo que mejor se le da a Pomet, relevantes, significativas, que definen a los personajes y los dotan de vida e interés. No hay, como en el anterior relato, un manejo de los personajes que los hace parecer marionetas al servicio de una idea. Y no hay extrañamiento ninguno tampoco, ni importa si Pomet ha estado alguna vez en los Estados Unidos ni si se acercó a las Torres Gemelas. Su relato es genuino gracias a los personajes creíbles, a las escenas sin tremendismo ni vacua esperanza o desesperanza sentidas de manera vicaria. Es un ejemplo de que la buena literatura sólo necesita que haya detrás un escritor que sepa escribir y que sea honesto con lo que cuenta. Pomet firma un relato de gran calidad, uno de los mejores del libro, paradigmático, hondo y flexible, con cuatro o cinco momentos de una altura sorprendente y meritoria que le empujan a un lugar al que pocos escritores de relatos con sólo dos libros publicados -quizá ni con tres ni con diez- han podido ni siquiera acercarse, pues su realismo vigorizante y su radicalidad imaginativa son facetas que se encuentran en los escritores de raza, en los escritores con talento y -lo que a veces es más importante- con cosas nuevas que decir.
El sexto relato, "Una fecha exacta de verano", nos sumerge en el mundo de una residencia de ancianos narrándonos los días que pasa un hombre que ha ido a parar allí pero que considera que su vida sigue aún abierta. No es un relato conseguido porque Pomet ha confundido la ambición con la acumulación y ha tratado de encajar demasiados elementos en una historia que habría funcionado mejor con una línea más clara, centrándose más en lo que apunta en las líneas finales. Es también un relato en el que se explica demasiado, en el que el narrador insiste en explicarnos demasiadas cosas y en movernos excesivamente en la dirección que quiere marcarnos, algo que deja sin vida a los personajes, como ya he comentado más arriba que ocurre también en "Alguien mucho más libre". Así, puede llegar a cansar su lectura y aparta al lector del interés que las peripecias e ideas del personaje principal sin duda tienen.
El quinto relato (deliberadamente lo traigo aquí, al final), "Devoradores de Saturno", es uno de los que más me han emocionado de cuantos he leído en los últimos años, desde la primera a la última línea. Es uno de esos relatos dignos de aparecer en antologías, de los que definen la trayectoria y el impulso de un autor nuevo que crece de manera imparable. Pocas veces lee uno con el ánimo tan concentrado, tan pendiente de cada detalle, cada voz, cada gesto. Es un relato que se acerca a la perfección, ni más ni menos. Cuenta el viaje de un hombre, su mujer y sus dos hijos al entierro del padre de él, que abandonó a la madre y que se ha suicidado. Cómo nos muestra Pomet a la madre, a la hermana del hombre (que es el narrador también: un gran acierto que sea él quien vaya diciendo la historia, quien la desgrane con una voz en la que laten una honda verdad y una inconfundible sensación de estupefacción y pérdida, y un avance en el buen hacer de Pomet, que integra sin que se choquen los mundos interior y exterior con soltura y pericia técnica mediante un tono intimista y cercano que no por conocido resulta fácil ni creíble ni compartible, escollos que solventa con alta nota nuestro autor), a la propia mujer y a los hijos en pinceladas definitorias y vitalizantes me parece magistral, tanto por la sensibilidad como por los momentos de extrañamiento, de cercanía dolorosa, callada e interrogatoria, como por los huecos, los silencios, lo que no se dice y se va percibiendo igual que el rumor de un río que avanza hacia nosotros inexorable. En este relato realista, lleno de sabias ausencias y dolor que se disfraza con otros nombres, Antonio Pomet ha dejado lo mejor de sí mismo como escritor en este libro y una pieza ineludible (qué gran escena es aquélla en que le pide a la mujer, en la casa paterna, que le muestre los pechos: qué concisión, qué escrupulosidad narrativa, qué bien muestra las sensaciones encontradas) para todo aquel que quiera saber de qué habla, cómo habla y en qué terrenos se mueve uno de los más pujantes autores de relatos de nuestro país.



Texto recomendado: La esposa del gálata, en el blog de Isabel Barceló

Texto recomendado: Reseña de Care Santos del libro "Anónimos", de Miguel Sanfeliu

Microrrelato en Andalucía, edición de Pedro M. Domene






Acaba de editarse un volumen especial de la revista del Grupo Batarro dedicado al microrrelato en Andalucía en el que se incluye a autores como Manuel Talens, Fernando de Villena, Felipe Benítez Reyes, Hipólito G. Navarro, Fernando Iwasaki, Vicente Luis Mora, Javier Puche, Cristina García Morales, Ángel Olgoso, Guillermo Busutil, Antonia Moreno Cañete, Miguel Ángel Muñoz. El editor, Pedro M. Domene, crítico de literatura y novelista, ha tenido a bien incluir cinco relatos del que suscribe, cuyos títulos son: "Amarte aunque no te tenga", "El Pepu", "El niño", "Tres amigos" y "Yo te perdono".



Nota: Para conseguir un ejemplar: Librería Prometeo y Proteo (Málaga) o el Grupo Batarro [ Apartado de correos, 172. 04600 Huércal Overa (Almería) y correo electrónico: pmd@cajamar.es ].

Graham Greene: El agente confidencial

No es Graham Greene un escritor menor. Tiene obras que hunden un pie, o quizá los dos, en el género, pero eso no reduce su importancia. Porque Graham Greene escribió novela negra para ganar dinero mientras acababa de redactar otras novelas -en este caso, se peleaba entretanto nada menos que con "El poder y la gloria"-, pero su acercamiento al género no es deshonesto, no es el del visitante interesado ni ocasional que lo hace para salir literariamente del paso o captar más lectores con añagazas. En "El agente confidencial" hay talento, hay mucho talento. Greene cuenta la historia de un agente al servicio de la República Española -nunca se dice en el libro, pero el autor desveló que se había inspirado en nuestra guerra civil; aunque más correcto sería decir que la guerra civil española le empujó a escribir este libro, a tomar partido por los de izquierdas, por los pobres, como en la propia novela se indica- que viaja a Inglaterra para conseguir carbón y se choca con un agente faccioso que pretende lo mismo para los suyos, los rebeldes, los franquistas. El agente confidencial de la República es un profesor, un estudioso, no un hombre de acción, y eso marca el devenir de la historia: se verá con un revólver en las manos sólo cuando ya ha visto perdida su misión, cuando han matado a una niña que le defendía, cuando la venganza le lleva a superar más limitaciones, más miedos, más dudas. En esos momentos se encuentra solo, sin ayuda de su gobierno ni de sus país ni de nadie, excepto una mujer que cree en él. No es un héroe, no es un valiente, no es un soldado: sólo es un hombre. La maestría de Greene para mostrarnos sus pasos a lo largo de esta aventura en el alero es tal que incluso los recursos fáciles, folletinescos, no deslucen los logros, no reducen su importancia: era consciente Greene de que tenía que andar por caminos trillados en ciertos pasajes que son en verdad lugares comunes pero acaso indispensables para que el resultado final sea plausible (aunque no esperéis aquí cantos entrecortados, emociones rutilantes y evanescentes, perplejidades recortadas con tijeras y modeladas con añagaza, sino un largo aliento en escenas y capítulos largamente meditados, de extensión nada corta y aún menos servidos en ritmos cinematográficos o de vídeoclip, como ocurre en el best seller actual, tan depauperado ya de partida). Son salidas que no sorprenden y que utiliza para situarnos, para darnos meditaciones y servirnos interrogantes que son lo mejor del libro: el amor inesperado y sin futuro pero aceptado en plenitud; la fe en unos ideales, en unas gentes que son como uno; la ironía para no verse nunca ante los propios ojos demasiado grande, importante, sean cuales sean los logros personales; la soledad del que ha de actuar en un país extraño. La guerra late en el oído y en el pecho del agente confidencial siempre, que no olvida a su mujer muerta. La tristeza y la derrota lo acompañan en todo momento. Pero nos enseña a seguir aunque todo parezca imposible, aunque nos ahogue un pasado poco grato, a seguir porque quienes importan son siempre los que pusieron en nosotros su confianza. El agente confidencial y Graham Greene nos legan un mensaje de esperanza, nos animan a apostar por la verdad pese a todo, aunque aparentemente esta encerrado en un frasco pequeño.

Rafael Conte


Inevitablemente, se va una época. Y con ella algunos escritores, algunos creadores, algún crítico que ya no estará mañana y sin el que nos quedamos huérfanos, faltos de su voz que nos guiaba certeramente, con enorme oficio pero también con enorme pasión. Rafael Conte era el crítico de literatura al que siempre preferí, del que más he aprendido, al que más le debo. Y le debo como escribidor de comentarios en este blog y como escribidor de relatos, de novelas, porque con Conte aprendí parte de lo que mejor sé, de lo poco que sé sobre la novela. Aprendí con él a hablar con entusiasmo de los buenos ratos al lado de una ventana y con buena luz, el volumen entre las manos con devoción en algunos casos, con alegría siempre. Aprendí a acercarme a la novela teniendo en cuenta una estructura, una manera de mirar el mundo, de plasmar lo pensado, lo organizado mentalmente. Me gustaba su estilo enjundioso, admiraba la maestría para el colofón final de sus críticas, me asombraba siempre con su capacidad para ver en conjunto la obra de un autor y situar su última creación en el lugar exacto. Nunca era cruel, nunca buscaba enemigos ni se crecía señalando lo peor de un libro. Amaba la literatura e invitaba a amarla con sus textos. Por eso lo considero uno de mis maestros.


Foto de Rafael Conte: Pedro Carrero

Delitos y faltas, de Woody Allen


Cuántas cosas quedan sin resolver en esta grandísima película, cuántas quedan abiertas, pese al final en que parece que todo ha acabado. Qué gran diferencia entre este tipo de cine y el actual, mayormente orientado a no alterar, no inquietar, no hacer dudar. Creo que es una de esas obras que sólo una vez en la vida le salen tan redondas a un creador, tan completas, tan perfectas. Woody Allen aúna comedia y drama, crimen y ansias de vivir en esta película en la que hay algunos de los mejores flashbacks que yo he visto, que no alteran la trama, que no son redundantes ni obedecen a ningún efecto estético ni egótico. Los personajes están vistos de una manera profunda, se mueven y viven en el guión y ante nuestros ojos atónitos, nos obligan a tomar partido, a reírnos con las gracias y a deplorar una muerte (in)evitable. No sé si en la actualidad podría hacerse un cine en el que se hable de moral, de Dios, de la existencia sin temor y sin prejuicios, sin complejos y sin pontificar. No sé en verdad quién podría hacerlo. Esta película magistral, afortunadamente, nos dejó la posibilidad de verla de nuevo y apreciar nuevos detalles, de interrogarnos otra vez a nosotros mismos, unos cuantos años más tarde, y llegar a interesantes conclusiones si no hemos perdido la capacidad salvadora de la autocrítica. La película es la misma, pero nosotros ya no lo somos. Qué gran arte éste que es un espejo móvil en el camino del espectador.

Domingo Villar: Ojos de agua


Resulta curioso que en un país como el nuestro, con pocos escritores de novela negra, de repente empiece a surgir un buen número de ellos y a tener buenas ventas algunas de sus obras. Curioso, positivo y negativo. En la novela que nos ocupa creo que podemos basar algunos de los argumentos que podríamos aplicar a otros autores que cada vez son más conocidos y respetados por las editoriales. "Ojos de agua" es un libro en el que uno encuentra paisajes cercanos, nombres conocidos y personajes imbricados en nuestra realidad. Es la parte positiva. Locales, calles, ciudades, policías con nombres que oímos a menudo, que conocemos bien. El problema radica en que en lugar de aprovechar esa cercanía y contarnos una historia que podría ocurrir aquí, Domingo Villar -es el caso que nos ocupa- se deja llevar por la vertiente menos atractiva de la novela negra, la que acaso ya está superada, la que proviene de Agatha Christie y hace primar la investigación, la sorpresa, el descubrimiento del nombre del asesino por encima de todo, el simple entretenimiento casi atemporal. Y es una pena. Villar escribe con una claridad y una concisión que tienen mucho mérito, pues su prosa es muy adecuada para el tipo de narración que tiene entre manos -con breves y atinadísimos detalles de inusual profundidad y descripciones de paisajes que no sobran y que juzgo talentosos- y su mirada es limpia, hábil para situar a los personajes en los ambientes y las escenas sin trampa ni cartón, como si lo viéramos en una pantalla. Pero aquí empieza el problema: Villar no cree demasiado en la novela, no se despega de los recursos cinematográficos, se atiene en exceso al guión y a la trama previamente elaborada y al final uno tiene la sensación de que no se ha atrevido a ir más allá y nos ha servido un plato de gusto antiguo, con algo de recocido y demasiado elaborado, falto de la libertad que a un buen intérprete de jazz nunca le falta (en esta novela se habla a menudo de comidas, también de jazz, no en vano el asesinado es músico). Y late detrás acaso esa presión -y contra ella va este texto, no contra el trabajo de Domingo Villar, que es digno observado desde cualquier punto de vista, y además un primer paso en el que se percibe una promesa de mejores melodías y mejores interpretaciones en el piano del teclado de su ordenador - editorial que le corta las alas al que quiere escribir y publicar, al que no quiere quedarse con sus novelas en un cajón olvidado de su casa y tiene que adaptarse a lo que pide el gusto general en la actualidad, ese que queda sancionado siempre por el juicio final de un editor y no por la recepción de los lectores, que no siempre se ve ni puede definirse en un plazo de término inmediato. Ah, amigos, el resultado pronto, a cortísimo plazo es lo que impera. "Ojos de agua" es un buen producto, es una novela correcta, que suma en el panorama de la novela negra española, pero que se queda a medio camino porque no ha superado precisamente el nivel de corrección, el estadio de ser considerada apta para la publicación, para la reedición, para el éxito fugaz. Y estoy convencido de que Domingo Villar tiene talento para dar un paso adelante, para eludir el territorio de la corrección y darnos obras más personales, más auténticas, con un pie en el género y otro fuera de él si es preciso. Acaso ya en su segunda novela, que acaba de ser publicada, lo haya dado. Ojalá que así sea. Seré el primero en celebrarlo.

Donna Leon: Líbranos del bien (y 3). Crítica


Donna Leon es una escritora moral. En esta novela hay un planteamiento moral de la vida y de las relaciones humanas. Pero no se trata de una moral caduca, hecha de conceptos que tienen dos caras; no se trata de esa moral que vulgarmente llamamos moralina. Todo lo contrario: Donna Leon arremete en "Líbranos del bien" contra los que usan la cultura para refugiarse del mundo y sus cambios y se amparan en una moral impositiva, intransigente y destructiva, que otorga a sus poseedores una visión de túnel, de salvadores, de elegidos, olvidando que nadie es más que nadie, que todos los conceptos humanos tienen sentido en comunidad, en la plaza del diálogo permanente.
"Líbranos del bien" es una novela negra sin un solo asesinato, sin investigación que desemboque en la captura de un malo evidente y repudiable. Donna Leon pone mucha distancia entre su obra y la mayor parte de la novela negra actual, embriagada de sabores fuertes y con personajes de una sola dimensión. No en vano considera que el mayor escritor de novela negra es Ross Macdonald. Ha aprendido bien muchas de las mejores enseñanzas del maestro y puede decirse que en algunos libros de Leon hay algo del espíritu creativo de las últimas novela de Macdonald, algo de sus inquietudes, de su concienciación social. A Leon le preocupa la sociedad, la ceguera de los que tiene poder, sus excesos, sus ideas, cómo llegan a actuar sin traicionarse a sí mismos. Esta novela es un buen ejemplo: en ella un hombre tiene el poder de hacer el bien y hace el mal disfrazándolo de bien, adaptándolo a su visión de la vida para creer que hace el bien. Es un análisis dotado de un ropaje narrativo cuidado y con ritmo, tanto en la prosa como en la construcción de la historia. Pocas veces Leon escribe con descuido; sabe modular el interés del lector con meditaciones y escenas que siempre son un paso adelante, evita las repeticiones farragosas en que caen a menudo otros autores que se acercan al género negro y cierra con brillantez una historia que queda al servicio del lector que busca algo más que un pasatiempos, que necesita inmiscuirse, que quiere saber más sobre ciertos asuntos y recurre a la novela porque se siente cansado e indefenso ante la maraña informativa de los medios de comunicación, condenados al presente evanescente y disoluto diríase ya que por toda la eternidad.
El comisario Brunetti protagoniza esta aventura literaria. Leon no abusa de su presencia y sabiamente le dota de una compañía que lo equilibra y lo engrandece gracias a sus actos y a sus silencios: Paola, su izquierdista e inteligente y sensible esposa; el inspector Vianello, colaborador imprescindible, policía más realista y con los pies más en la tierra que Brunetti; la ciudad de Venecia, que parece abrirse tras un telón y se muestra orgullosa, bella y mítica, hermosamente cercana.
"Líbranos del bien" es una novela negra y social, social y negra, madura, hija de una autora que va tras los pasos de maestros como Ross Macdonald. Es una novela que, sin desfallecer, ya corre a ocupar un sitio al lado de logros mayores, imborrables, como "El hombre enterrado".

Donna Leon: Líbranos del bien

Unos carabinieri irrumpen de noche en el hogar de una pareja con un niño pequeño y se llevan a éste por la fuerza, después de golpear al padre, que ha acudido a defender a su hijo con todo el valor y el ímpetu exigibles. Se trata de un eslabón en una cadena de acciones contra familias que tienen a hijos conseguidos de manera ilegal. El comisario Brunetti deplora la acción al enterarse y condena la decisión de arrancar a los niños de sus padres para entregárselos a los orfanatos. En sus meditaciones, arriesgadas, valientes, poco propias de un policía de alto o mediano rango, llega a preguntarse qué es lo justo y lo injusto, qué es y no es ético, y tras una mirada en derredor concluye que su superior, el vicequestore Patta, no es un mal tipo, pues está convencido de que, pese a su "indolencia y vanidad", como no es un corrupto, como no tiene tratos ocultos con la mafia, el juicio humano que puede hacérsele no tendrá un mal resultado. E inmediatamente después, sorprendido por el cariz que toman sus propios pensamientos, se reprocha a sí mismo su condescendencia y se hace estas interesantes preguntas:

¿Es que hemos llegado a un punto en el que la ausencia de vicio es ya la virtud? ¿Nos hemos vuelto todos locos?

Miguel Sanfeliu: Anónimos


"Solo" : Es un relato en el que se percibe de inmediato que estamos dentro de una obsesión propia del mundo de nuestro autor, al que conocemos por historias anteriores leídas en su interesantísimo blog. Los planos de la realidad y de la fantasía, de la vigilia y del sueño se confunden, se anudan y se vuelven inextricables pese al asombro del protagonista, que no sabe bien dónde está ni quién es. A Sanfeliu siempre le ha preocupado saber qué es la realidad, cuánto hay en ella de verdad y de ficción. Este relato tiene mucho que ver con "La orilla oscura", de José María Merino, una de las mejores novelas españolas de los últimos años. Y la realización de Sanfeliu -que seguramente no está influenciado por la lectura del mencionado libro pero comparte la inquietud -no es ligera, mimética ni simple. No se trata de un juego. Como en "Niebla", de Unamuno, hay desesperación en el personaje creado, hay dolor y hay también furia. El personaje de "Solo" clama, y eso lo distingue de muchos otros -hundidos en las pequeñas miserias de los géneros, en que asistimos en ocasiones a la aceptación de lo anormal como si tal cosa, como la cosa más común- y lo diferencia y lo hace más creíble. En la última frase late un miedo unamuniano, un deseo y un quiero creer -no creo, sino quiero creer -valioso y que redondea muy bien el relato.

"Anónimos": Lo considero un relato de humor, negro, cruel, con un fondo crítico muy claro que evidencia la necedad de una sociedad en la que primen la emoción, el misterio, el éxito al precio que sea. Un hombre normal recibe unos anónimos en los que se le advierte de que pronto le van a matar. Como en algunas películas de Hitchcock -más exacto sería decir en los guiones de algunas de sus películas, pero quede así la cosa-, la primera parte de esta historia discurre por el camino de la locura de un hombre solo, acosado por enemigos invisibles pero absolutamente reales. Está muy bien narradas su extrañeza y su indefensión. Como es de esperar, todo cambia cuando los acosadores anónimos dejan de ser fantasmas y se vuelven muy, muy reales. Late en todo el relato, vibrante y puro, un eco que nos remite a Kafka y ciertas situaciones absurdas que acaban por hacerse dolorosamente ciertas. Sanfeliu añade un elemento de humor que alivia al relato de recorrer un camino realista por el que sin duda habría llegado a despeñarse.

"El campeón de Arequipa": Un homenaje al ajedrez y a los ajedrecistas maravillosamente contado en una primera persona que a ratos se funde con la multitud de observadores de un club de ajedrez sin que haya efectos secundarios, disolviéndose brillantemente en un plural anónimo y admirativo, y logra en la alternancia un juego que acrecienta el interés y dota de un halo de grandeza a lo narrado absolutamente admirable. Es hiperbólico cuanto se dice aquí, y se eleva a categoría de arte, de gran desafío final, el estar parado y pensando ante un tablero lleno de cuadrados blancos y negros que a veces es la representación de la vida misma. He visto detrás de la historia del gran jugador aficionado a Vargas Llosa, al gran Vargas Llosa de los mejores momentos, el que fascina con palabras y es capaz de deleitarnos metiéndonos un rato en un mundo que acaso nunca había despertado antes ninguna pasión en nosotros. Era difícil encajar los datos de los grandes jugadores y de las grandes partidas, pero merced a esa primera persona narradora y mudable el reto se solventa con eficacia y sin tener que recurrir a nada que quede ante nuestros ojos con apariencia de artificio. "El campeón de Arequipa" es quizá el mejor relato del libro, el más redondo y maduro, el mejor ejemplo del buen hacer de este escritor que no es primerizo más que en la aparición de su este libro.

"Renacer": Me gusta este relato breve que no da engañifa, que no es un chascarrillo -algo que otros escritores reconocidos o supuestamente talentudos no ven o no quieren ver y sacan a la luz en sus libros sin ejercer antes una sana autocrítica, sin escuchar acaso consejos cercanos que evitan el error tozudo y ensimismado-, que tiene el tamaño justo porque es una idea, una imagen, una viñeta, entendido esto de la mejor manera. Cuando se ha hablado mucho y escrito mucho sobre un tema, me parece muy honrado aportar un granito de arena de manera modesta, sencilla, con una contribución lozana y feliz como en este "Renacer" con el que Sanfeliu cierra su breve y exquisito libro de relatos.

Estos cuatro relatos y unas ilustraciones inteligentes y directas, cargadas de sentido, del propio autor conforman este volumen absolutamente recomendable inserto en la colección Vagamundos de la editorial granadina Traspiés. Hay detrás un autor plenamente cuajado, vigoroso, dueño de un mundo propio -rareza que en este universo de los libros y del arte se ha convertido, o casi, en especie protegida-, que narra con gran solvencia sustentándose en un estilo claro, armónico y preciso, muy literario; un autor llamado a convertirse en uno de los referentes de nuestra literatura a poco que le acompañe la suerte y tenga el tiempo de cara para darnos más libros como éste y aun mejores que éste. Que nadie se deje engañar porque el libro haya aparecido en una editorial que no está en Madrid y no tiene en su nómina a algunos de los supuestos mejores autores de relatos del momento. Y que nadie se olvide de que algunos de los escritores más celebrados de la actualidad empezaron publicando en editoriales sin grandes presupuestos publicitarios. Miguel Sanfeliu y "Anónimos" nada tienen que envidiarle a nadie. Y han llegado para quedarse.

Margaret Millar: Semejante a un ángel (1). Una hermana sin zapatillas


Quinn, un detective privado que lo ha perdido todo jugando en Reno, va a parar a un lugar algo perdido en el que hay una secta. Allí le acogen con cariño, como a toda alma descarriada, y tiene una interesante conversación con la Hermana Bendición, que al morir su marido quizá se trastornó, abandonó su mundo y buscó otro camino. La mujer tiene guardados 120 dólares y quiere que el detective busque a un hombre. No puede gastarse ese dinero en otra cosa, pues las reglas de la comunidad en que vive se lo impiden. Aunque añora tener unas zapatillas:

También yo estoy haciéndome vieja -dijo-. Hay días que son difíciles de afrontar. Mi alma está en paz, pero mi cuerpo se rebela. Desea ardientemente un poco de suavidad, de calor, de dulzura. Por las mañanas, cuando me levanto de la cama, mi espíritu siente un toque celestial, pero mis pies están tan fríos; y los picores de las piernas...Una vez vi en un catálogo de Sears la foto de un par de zapatillas. Me acuerdo a menudo de esas zapatillas, aunque no debería. Eran rosa y de pelo, suaves y cálidas. Eran las zapatillas más bonitas que he visto nunca. Pero, por supuesto, eran una debilidad de la carne... Con esas cosas hay que tener cuidado. Crecen y crecen como la mala hierba. Consigues unas cálidas zapatillas y pronto deseas otras cosas... Un baño caliente en una bañera de verdad, con dos toallas. ¿Lo ve?... Ya está. Pedí dos toallas, cuando con una es suficiente. Después de darme un baño caliente, desearía otro, y después uno a la semana, o incluso uno diario. Y si todos en la Torre hiciéramos lo mismo, estaríamos repantingados en el baño mientras el ganado se moriría de hambre y el jardín iría llenándose de maleza. No, señor Quinn, si me ofrecieran un baño caliente en este momento, tendría que rechazarlo.


Texto recomendado: ¿Somos el resultado de lo que aprendemos?, de Francisco Machuca

V Congreso de Novela y Cine Negro

Han comenzado los preparativos del V Congreso de Novela y Cine Negro. Con el título de “Realidad y ficción criminal”, el evento se ocupará este año de analizar las relaciones del género negro con el contexto social e histórico en el que surge. Las sesiones se desarrollarán entre el 5 y el 8 de mayo -de martes a jueves- en la Filmoteca de Castilla y León (C/ Gonzala Santana).

La tramitación para matricularse ha de realizarse a través de la página web de Cursos de la Universidad de Salamanca. Los alumnos de la USAL que participen en el Congreso obtendrán 3 créditos de libre elección.
El programa será presentado públicamente dentro de algunas semanas. Por ahora, ya han confirmado sus asistencia los directores de cine Agustín Díaz-Yanes y Mariano Barroso; los escritores Fernando Savater, Suso de Toro, Eugenio Fuentes, Domingo Villar, Nacho Faerna -guionista también de series policiacas como El comisario- y Alejando M. Gallo -quien combina su actividad literaria con la labor de jefe de Policía de Gijón-; los profesores Javier Rodríguez Pequeño, Agustín Reyes Torres y Kama Gutier -autora de "Ciudad final", una novela que mezcla peripecia autobiográfica con procedimientos de investigación para aportar luz sobre los crímenes de Ciudad Juárez; el director de la Filmoteca de Castilla y León, Juan Antonio Pérez Millán; y la banda de jazz liderada por Manuel López Boy, que realizará en el congreso un espectáculo que combinará música, cine y novela negra.
Además, durante las sesiones del congreso se presentarán "Geografías en negro. Escenarios del género criminal" (Montesinos, 2009) -el libro que recoge las aportaciones de los asistentes al congreso de 2008, que versó sobre las relaciones entre la ciudad y el género negro- y "La lista negra. Nuevos culpables del policial español" (Salto de Pagina) -compilación inédita de cuentos policiacos editada y prologada por Àlex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero, directores del Congreso-.

Miguel Sanfeliu: Anónimos


Miguel Sanfeliu es uno de esos autores que tenían que llegar. Porque lo esperábamos. Aquí está su primer libro. Cinco relatos y unas ilustraciones hechas por él mismo, reveladoras y muy adecuadas para acompañar a los textos. Es la mejor noticia literaria del año.

Julián Ibáñez: El baile ha terminado


Es uno de los autores de la segunda línea de la novela negra española, de los que no salen en los medios apenas, de los que no se citan apenas, de los que no se destacan apenas. Pero es un trabajador infatigable, un digno creador que no se sale de sus dominios y convence por su oficio y su honradez, algo que lo engrandece, lo aúpa a veces a la primera línea, donde se encuentra con este libro de Roca Editorial que ha resultado ganador del Premio Internacional de Novela Negra L´H Confidencial 2009. Quién sabe si al final Ibáñez será de los que se mantendrán en la primera línea indefinidamente. Este libro es una buena pista.



Salvador Vázquez de Parga


Escribió el primer libro dedicado a los autores de novela negra en nuestro país. Él la llamaba novela criminal. Con mucho acierto. Me resultaba apasionante ir de un autor a otro, de un título a otro, ver cómo se trazaba una senda, un camino invisible pero también firme que me empujaba a leer otro libro, otro, otro más. Nunca se les agradece lo suficiente a estos hombres que dedican mucho tiempo a apuntar títulos, a crear un orden de lectura, a rastrear unas constantes, a arriesgar valoraciones sobre una obra completa. Nunca olvidaré a Salvador Vázquez de Parga, siempre lo consideraré uno de los nuestros. Ha muerto a los 74 años. Siempre le estaré agradecido por dejarnos libros útiles e imperecederos.