John Updike: Terrorista (3). Prefiero ser auxiliar, no enfermera


Updike es uno de los mejores escritores de la actualidad, y además está en plena forma. "Terrorista" es una novela ejemplar en algunos aspectos, de los cuales creo que destacan especialmente dos: su transparencia y la perfecta imbricación que las ideas tienen en la trama. La transparencia, para los que además de leer también escriben, es tan clara y tan magistral que acaba por resultar engañosa, ya que parece algo fácil, pero es justamente todo lo contrario. Como ya escribí, Updike parece hallarse en estado de gracia y nada sobra ni falta en la narración, que jamás cansa ni deja con sabor a poco. Se sigue la historia y a los personajes, sus motivaciones y sus secretos, sin esfuerzo alguno, como si nos hubieran otorgado algún poder que nos permitiera captar con profundidad y a la vez sin un detenimiento excesivo cuanto hay ante nuestros ojos lectores. Cuando el profesor visita a la madre y hablan sobre Ahmad, sin que éste los oiga, Updike no se apresura pero tampoco despacha la escena en cuatro o cinco páginas, y sin embargo no sentimos que haya una inflación textual, no se recurre a las descripciones para el relleno ni a las frases de puro contacto que devienen pura vaciedad. Y entronca esto con la perfecta imbricación de las ideas a que me referí más arriba. La madre es pintora aficionada, se gana la vida trabajando en un hospital, como auxiliar de enfermería -y aquí viene la idea, la crítica, la profundidad de Updike que no deja pasar nada sin aprovecharlo-,porque "no quise ser enfermera: demasiada química y también demasiado ajetreo administrativo; acaban siendo tan pretenciosas como los médicos. Las auxiliares hacen lo que antes solían hacer las enfermeras. Me gusta la parte práctica: tratar con las personas precisamente ahí, al nivel de sus necesidades. Poner cuñas."