
Malas temporadas, de Manuel Martín Cuenca

Javier Puche en "Microrrelato en Andalucía"

RBA SERIE NEGRA

Ricardo Bosque: Suicidio a crédito

Lorenzo Silva: Nadie vale más que otro

Entre los méritos de Silva hay dos que se ven en el primer relato de este libro, "Un asunto rutinario", que son su crítica medida y eficaz a una sociedad que ha perdido sus mejores valores y el tratamiento de temas casi cotidianos, que podrían aparecer mañana en cualquier periódico, y que afectan a gente normal. En esta historia, un hombre de El Ejido, pueblo de Almería, es asesinado en Madrid cuando compraba droga. A qué se dedicaba el muerto -al negocio de los coches de segunda mano-, cómo lo engañaron, quiénes lo mataron no forma parte de una estrategia para entretener únicamente al lector, sino que Silva se vale de elementos de nuestra más cercana realidad para poner a ese lector ante un espejo que, mediante la literatura, le hará meditar y acaso recapacitar sobre ciertos asuntos muy útiles y muy próximos apenas situemos un pie en la calle: el dinero fácil, las drogas, los negocios fracasados, la delincuencia que viene de fuera. Es Lorenzo Silva un escritor realista, con todo lo que eso conlleva, y sus méritos son muchos y sobrados para decir que es un gran escritor, uno de esos que son hijos de su época y la miran con los ojos abiertos.
Segundo relato: "Un asunto familiar".
Los lectores habituales de Lorenzo Silva sabemos que el sargento Bevilacqua es un personaje especial, mimado por su autor y creado a conciencia, tanto que parece existir de verdad, como nos pasaba leyendo las aventuras de Plinio, el guardia surgido de la imaginación de Francisco García Pavón, tan absolutamente creíble. En el relato "Un asunto familiar" veo a Bevilacqua muy cercano a Plinio, a una filosofía vital que les emparenta y los convierte en inolvidables, ya que no hay en ellos la insulsez ni la violencia de otros que se han dedicado al mismo oficio investigador -aquí y en cualquier otro país- llevando su ego siempre por delante. Son observadores y también comprensivos, son humanos. "Por eso tenemos que cazar a este cabrón. Siempre habrá otros, y ya sabes lo que nos encontraremos cuando lo tengamos en la jaula, a un pobre tipo que nos dará todavía más lástima que asco." Porque de eso se trata también en la profesión de investigador: ver lo horrible sin cegarse, ver lo abominable sin perder el raciocinio. Con el trabajo que realiza, Bevilacqua se siente confiado y más o menos seguro, porque tiene que descubrir a los culpables y ponerlos a buen recaudo y sabe que efectúa una labor de limpieza interesante, inevitable, que no nos deja del todo sin esperanzas. Y en este caso, con una niña violada y tres familiares como sospechosos, la pesadumbre con que se mueve es superior, la tristeza más honda e intuye que la resolución del caso será abrumadora. El mal está hecho y hay que hurgar, hay que encontrar a quien dejó que su caballo interior se desbocara. Mira la foto de la niña muerta y piensa que ésa es "la cara que tenía antes de que la muerte se la vaciara de luz." Y ahora ha de encontrar al asesino, que se ha quedado también sin luz interior, tanto si es consciente de ello como si no. "Un asunto familiar" está escrito para ser leído y releído y gana cada vez que nos paramos a leerlo y a pensar.
Tercer relato: "Un asunto conyugal".
No malgasta palabras ni fuerzas en tonterías Lorenzo Silva. Esto, que parece de poca importancia, en el reino de la novela negra tiene más de lo que parece. Porque mientras otros malgastan el ingenio y la fuerza en novelas con mucho ruido y pocas nueces, Lorenzo Silva afina y deja relatos tras de sí con plausible sencillez y ajustada inteligencia -la que pocos poseen en su justa medida, pues el escritor no ha de ser ni demasiado listo ni demasiado tonto, y hallar el punto justo es realmente difícil-, sin tiros al aire ni en cuerpos que no se lo merecen. Este relato es buena prueba de lo que afirmo, y además un paso más en la labor encomiable de un escritor progresista a todas luces que no se conforma con lo ya sabido y visto, que introduce en sus textos elementos para pensar y que los lanza a la sociedad para que todos los interesados piensen y escapen de la rutina a que nos abocan las noticias de los telediarios y periódicos de grupos de comunicación a que estamos tan acostumbrados pero a las que no escapamos porque tampoco nunca nos lo hemos propuesto. El tema del relato, los malos tratos, la muerte de un mujer seguramente a manos de su marido, no es un ejercicio de estilo ni de vanidad literaria en manos de Lorenzo Silva, sino un perfecto caso para mostrar otras cosas, otra mirada, otras intenciones, otro camino a lo trillado y dado por sabido con gesto de desdén casi siempre. Es un relato sencillo, transparente. Y además una de esas historias que dentro de cien años hablarán más y mejor de nuestra época que ningún documento, ninguna película y ningún ensayo. Para esto queremos la literatura, ¿verdad?
Cuarto relato: "Un asunto vecinal".
Aborda de nuevo Silva con inteligencia y riesgo en este relato un asunto que a todos nos incumbe: la inmigración. Aparece muerto un inmigrante ecuatoriano en un pueblo de Murcia y en la búsqueda del asesino nos presenta nuestro autor a una comunidad en la que un importante tanto por ciento de sus habitantes son personas venidas de otros países. Las relaciones entre ellos están muy bien esbozadas en tan pocas páginas, así como las de los inmigrantes con los autóctonos. Silva apuesta una vez más, crea desde su visión de hombre comprometido con nuestra realidad social, desde un punto de vista genuinamente progresista, con tacto y con riesgo, como decía más arriba, pues no se conforma con los lugares comunes e incluso en la última página del relato da un paso más y nos deja servida una honda, porosa meditación a la que nos convoca a todos los lectores que buscamos algo más que pasatiempos en los libros.
Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet

Asesinato justo, de Jon Avnet

Margaret Millar: Semejante a un ángel (y 5). Crítica

Texto recomendado: Sagarra rellegit, en el magnífico blog de Júlia Costa
Margaret Millar: Semejante a un ángel (4). Esperando en la cárcel
Margaret Millar observa y describe, con rápidos y certeros brochazos, los detalles más importantes de una escena, lo característico, lo decisivo. Me gusta su estilo austero, que siempre funciona siguiendo a la trama, que nunca la lastra ni la enlentece vanamente. Como muestra de esta concepción de la literatura en la que prima ante todo el ritmo, detengámonos a ver cómo describe a los visitantes de una cárcel, a los que aguardan para entrevistarse con los presos:Texto recomendado: Mi nombre es Sheb Wooley, en el blog de Alma
Margaret Millar: Semejante a un ángel (3). ¿Dónde están todos los muertos?

-Sí.
-Y a Pedro ¿podré golpearle con la fusta si no me hace caso?
-Sí -la voz del Maestro era un susurro exhausto-. Todo lo que quieras.
-Podré pegarte también a ti, Harry.
-Está bien.
Lectura recomendada: relato "Estampa napolitana", en el blog de Mayte Llera
Lorenzo Silva: El alquimista impaciente (introducción y guía de lectura de Germán Gullón)
Que un crítico y escritor de la talla de Germán Gullón escriba la introducción y se encargue de la guía de lectura de una novela negra escrita por un autor español en la colección Austral Narrativa es, sencillamente, para celebrarlo. Tenemos así la novela negra en el salón, en la mesa de estudio, entre los que más saben de literatura, entre quienes la estudian con detenimiento. Es para celebrarlo.Gran Torino, de Clint Eastwood

Cleaner, de Renny Harlin
Previsible, intensa y proclive a dejarlo todo atado y bien atado, sin un elemento sobrante, esta película tiene a su favor el haber contado con dos actores de categoría (Samuel L. Jackson y Ed Harris, éste último uno de los pocos que pueden presumir de no tener altibajos en su carrera y hacerlo siempre, como mínimo, bien), una puesta en escena cuidada y algunas ralentizaciones que no aportan poesía pero sí dejan espacio para meditar un poco y ver en perspectiva la historia. No es una gran película, pero está muy por encima de casi todas las que hoy en día llegan a los cines provenientes de los Estados Unidos y logra acercarse en algunas escenas (con Jackson y Harris recordando que eran compañeros, que pueden seguir siéndolo) al mejor cine negro clásico. Abusa de los tópicos de la ausente a la que se echa mucho de menos, de la bondad de las relaciones familiares, y también insiste en el tema de la corrupción policial sin llegar a descubrirnos nada nuevo, pero orilla con tacto los aspectos más trillados de tantas otras tramas que desembocan en clase B directamente. Y que haya palabra, diálogos, personajes y no tiros por doquier y una banda sonora matizada, variada, sin chanchán y ritmos frenéticos resulta todo un acierto. No es una obra maestra esta película, está más cerca del puro entretenimiento, pero sin excesos de cartón piedra, sin trampas idiotas y con un cierto swing en su desarrollo, no es rechazable y deja al espectador con más ganas de ver cine negro. Lo que no es poco.Margaret Millar: Semejante a un ángel (2). Desfalcos

El caso se cruza con otro, en que una mujer ha desfalcado, aprovechándose de su puesto en el banco de una pequeña ciudad, una buena cantidad de dólares. Quinn ha hallado la pista la pista del hombre al que buscaba, pero ha llegado tarde: sólo queda un rastro de muerte tras él, pues se mató en un accidente de coche. El caso está cerrado y los detalles los conoce gracias al editor del periódico local. Éste le cuenta la historia de la desfalcadora. Aquí, la pericia de Margaret Millar es grande, pues utiliza a un personaje neutro para hacerle llegar al lector -también a Quinn- la información mediante unos entretenidos diálogos. Eso le evita tener que recurrir al flashback, que salir de la historia rompiéndola, alterando su ritmo. Ya sabemos que Millar era esposa de Ross Macdonald, y la coincidencia en el planteamiento de esta novela con las de Macdonald de la serie Archer es innegable, pero eso no resta valor al trabajo de ninguno de los dos, pues difieren en la mirada -Millar es más punzante, no permanece tan atenta al detalle lírico ni a la psicología de los personajes - y en el hilado de la trama. Resulta sorpendente, eso sí, que sea en esta novela donde hallemos más dureza, no en las de Macdonald, y podríamos decir que "Semejante a un ángel" es más negra, más seca, más cruda. Volvamos al inicio. A las palabras del editor sobre la desfalcadora:
Me interesó otro punto. Alberta Haywood parecía una persona incapaz de cometer un delito semejante. Averigüé que esa apariencia es lo que tenía en común con los demás. El desfalcador medio no tiene antecendentes de deshonestidad, no actúa como un criminal, no se considera uno de ellos. Muy a menudo la comunidad tampoco les considera como tales, normalmente porque devuelven parte del dinero a la gente a la que han defraudado. La ciudad de Chicote respaldó seriamente a Alberta Haywood. Les robó más de cien mil dólares, pero los Boy Scouts tienen nuevo mobiliario en el club y la sociedad de niños inválidos tiene una furgoneta nueva. Es una forma de pensar absurda, por supuesto, como recibir una puñalada por la espalda y contentarte después con un pirulí para aliviar el dolor.
He aquí un ejemplo más de la validez de la novela negra, de la validez de la novela en general. Gracias a ficciones como ésta podemos entender mejor al que comete un delito, al que lo ampara, al que lo perdona. Gracias a novelas como "Semejante a un ángel" conocemos mejor al ser humano, sus contradicciones y sus prejuicios, sus miedos: lo que lo define, en lo más profundo, como ser humano.
Lectura (muy) recomendada: El relato "Dulce María", en el blog de Raúl Ariza.
Antonio Pomet: Devoradores

El segundo relato, "La duración", confirma lo apuntado más arriba. También hay un hecho criminal: alguien comete un asesinato. Pomet narra develando, como si apartara capas de cebolla, entregando pedazo a pedazo la historia y su significado. Hay una evidente intención de sorprender al lector, pero no lo hace recurriendo a trucos ni a elementos sorpresa que a la postre resultarán ingenuos, sino acompañando al personaje principal de una manera tan cercana que es como si el narrador fuera una cámara pegada a su costado. No es ajeno Pomet a la influencia cinematográfica, pero el ritmo de la narración, los símbolos y los pensamientos insertos en ella alejan radicalmente al relato de la superficialidad y la contemplación a flor de piel: Pomet es un escritor que opera mediante asociaciones, que crea a sus personajes con una acertada profundidad que se ve reflejada en el mundo exterior y lo que eligen los personajes para contemplar, para que sus obsesiones y sus miedos y sus ideas tomen cuerpo. En suma, este relato es superior al primero y confirma la capacidad para las atmósferas del autor granadino y su destreza para contar con palabras precisa y envolventes.
Fallido me parece el tercer relato, "Alguien mucho más libre", en el que un hombre tiene un accidente y casi a la vez es abandonado por su esposa, que ha encontrado una prueba de su infidelidad. Pomet intenta equilibrar la narración exterior con la interior y no equilibra un relato que no cumple las promesas mostradas en la primera escena y ronda la irrealidad hasta caer al otro lado del espejo pero alejando al lector, que no se inmiscuye y se distancia con el exceso de narración sobre la intimidad del personaje y con una escena en casa de unos vecinos que resulta abrupta e innecesaria. Aquí el juego de Pomet con el misterio se acerca a la frontera de lo soñado y se despeña porque se juzga demasiado, se ven los hilos que llevan al personaje de aquí para allá, como una marioneta, sin dejarle vida propia.
El cuarto relato, " Ladies & gentlemen", nos traslada a los Estados Unidos y a la caída de las torres gemelas de Nueva York. Pomet maneja con exactitud y gran habilidad los hechos y la ficción mediante las experiencias de varios personajes que lo vivieron en primera fila. Aquí, la huella de Raymond Carver es evidente: incluso en la propia narración hay un cierto cambio de tono que lleva a cabo Pomet con acierto y con sutileza. Todo el relato está compuesto de acciones, lo que mejor se le da a Pomet, relevantes, significativas, que definen a los personajes y los dotan de vida e interés. No hay, como en el anterior relato, un manejo de los personajes que los hace parecer marionetas al servicio de una idea. Y no hay extrañamiento ninguno tampoco, ni importa si Pomet ha estado alguna vez en los Estados Unidos ni si se acercó a las Torres Gemelas. Su relato es genuino gracias a los personajes creíbles, a las escenas sin tremendismo ni vacua esperanza o desesperanza sentidas de manera vicaria. Es un ejemplo de que la buena literatura sólo necesita que haya detrás un escritor que sepa escribir y que sea honesto con lo que cuenta. Pomet firma un relato de gran calidad, uno de los mejores del libro, paradigmático, hondo y flexible, con cuatro o cinco momentos de una altura sorprendente y meritoria que le empujan a un lugar al que pocos escritores de relatos con sólo dos libros publicados -quizá ni con tres ni con diez- han podido ni siquiera acercarse, pues su realismo vigorizante y su radicalidad imaginativa son facetas que se encuentran en los escritores de raza, en los escritores con talento y -lo que a veces es más importante- con cosas nuevas que decir.
El sexto relato, "Una fecha exacta de verano", nos sumerge en el mundo de una residencia de ancianos narrándonos los días que pasa un hombre que ha ido a parar allí pero que considera que su vida sigue aún abierta. No es un relato conseguido porque Pomet ha confundido la ambición con la acumulación y ha tratado de encajar demasiados elementos en una historia que habría funcionado mejor con una línea más clara, centrándose más en lo que apunta en las líneas finales. Es también un relato en el que se explica demasiado, en el que el narrador insiste en explicarnos demasiadas cosas y en movernos excesivamente en la dirección que quiere marcarnos, algo que deja sin vida a los personajes, como ya he comentado más arriba que ocurre también en "Alguien mucho más libre". Así, puede llegar a cansar su lectura y aparta al lector del interés que las peripecias e ideas del personaje principal sin duda tienen.
El quinto relato (deliberadamente lo traigo aquí, al final), "Devoradores de Saturno", es uno de los que más me han emocionado de cuantos he leído en los últimos años, desde la primera a la última línea. Es uno de esos relatos dignos de aparecer en antologías, de los que definen la trayectoria y el impulso de un autor nuevo que crece de manera imparable. Pocas veces lee uno con el ánimo tan concentrado, tan pendiente de cada detalle, cada voz, cada gesto. Es un relato que se acerca a la perfección, ni más ni menos. Cuenta el viaje de un hombre, su mujer y sus dos hijos al entierro del padre de él, que abandonó a la madre y que se ha suicidado. Cómo nos muestra Pomet a la madre, a la hermana del hombre (que es el narrador también: un gran acierto que sea él quien vaya diciendo la historia, quien la desgrane con una voz en la que laten una honda verdad y una inconfundible sensación de estupefacción y pérdida, y un avance en el buen hacer de Pomet, que integra sin que se choquen los mundos interior y exterior con soltura y pericia técnica mediante un tono intimista y cercano que no por conocido resulta fácil ni creíble ni compartible, escollos que solventa con alta nota nuestro autor), a la propia mujer y a los hijos en pinceladas definitorias y vitalizantes me parece magistral, tanto por la sensibilidad como por los momentos de extrañamiento, de cercanía dolorosa, callada e interrogatoria, como por los huecos, los silencios, lo que no se dice y se va percibiendo igual que el rumor de un río que avanza hacia nosotros inexorable. En este relato realista, lleno de sabias ausencias y dolor que se disfraza con otros nombres, Antonio Pomet ha dejado lo mejor de sí mismo como escritor en este libro y una pieza ineludible (qué gran escena es aquélla en que le pide a la mujer, en la casa paterna, que le muestre los pechos: qué concisión, qué escrupulosidad narrativa, qué bien muestra las sensaciones encontradas) para todo aquel que quiera saber de qué habla, cómo habla y en qué terrenos se mueve uno de los más pujantes autores de relatos de nuestro país.
Texto recomendado: La esposa del gálata, en el blog de Isabel Barceló
Texto recomendado: Reseña de Care Santos del libro "Anónimos", de Miguel Sanfeliu
Microrrelato en Andalucía, edición de Pedro M. Domene

Nota: Para conseguir un ejemplar: Librería Prometeo y Proteo (Málaga) o el Grupo Batarro [ Apartado de correos, 172. 04600 Huércal Overa (Almería) y correo electrónico: pmd@cajamar.es ].