Jean - Claude Izzo: "Total Khéops" ( 5 )

Una buena novela precisa de una historia subyugante, que conforma la parte principal de la trama, y también de fragmentos que la habiten y la llenen de pequeñas vidas, de hitos en el camino que se pueden leer y releer siempre, sueltos, independientes. " Siguiendo mis consejos, se había apuntado a una sala de boxeo, en Saint-Louis. La llevaba Georges Mavros, un viejo amigo mío. Fue una joven promesa después de ganar algunos combates. Depués tuvo que decidir entre la mujer a la que amaba y el boxeo. Se casó. Se hizo camionero. Cuando se enteró de que su mujer se acostaba con todo el mundo en cuanto se iba de viaje, vendió lo que tenía y abrió la sala". Conciso, certero, una breve y cabal descripción de la vida de una persona. Habrá más hechos, derivaciones, momentos, días y noches, pero el hilo principal se sintetiza acertadamente en 8 líneas.

Jean - Claude Izzo: "Total Khéops" ( 4 )

Con qué facilidad, con qué ritmo, con qué destreza nos habla en un solo capítulo de Montale, de sus amigos, de su infancia y su adolescencia, de su juventud, de cómo se hizo policía. Con un tono nostálgico pero en absoluto sensiblero ni demostrativo de nada, hace un repaso de los acontecimientos más destacados de la vida de Montale y nos vuelve cómplices, con muchas referencias musicales y algunas literarias nos sitúa, con un lenguaje sin excesos pero cuidado al máximo para que cada frase diga exactamente lo que tiene que decir, Izzo nos regala páginas de una maestría incontestable, páginas que le dejan a uno doblemente boquiabierto, como lector y también como autor (más bien secreto) de novela negra. Muchas veces se habla de que un gran escritor tendría que haber visitado la novela negra y escrito grandes obras con un pie en el género y otro fuera, sin menospreciar el material que tiene entre manos, sin ahogarlo con demasiada literatura. Los dos primeros capítulos de esta novela, que retratan muy bien además un tiempo y un lugar y a una gente, son para enmarcar.

La tradición de la narración oral en "Matar al padre", de Francisco Ortiz

Este texto pertenece a Ninoska, autora de un blog necesario y adictivo.


En sus inicios, todas las civilizaciones tenían como parte primordial de sus culturas la existencia de narradores orales, quienes se encargaban de difundir al pueblo ideas, costumbres, creencias religiosas, utilizando historias. Al surgir la escritura esta función se fue moldeando porque los amanuenses y escribas recogían esas historias y las escribían, pero se necesitaba un escritor diestro y con amplio dominio del lenguaje y de la técnica de contar para que estas historias pudiesen ser transcritas acertadamente y para que poseyeran toda la gama de gestos, inflexiones de la voz, énfasis, diálogos y el efecto cautivador que un narrador oral utilizaba en el relato. El reto no era fácil, como tampoco hoy lo es.En nuestro mundo civilizado se ha perdido la influencia de los narradores orales y la narración escrita ha copado ese papel por completo junto con la television, el cine, la ópera y el teatro.Rememoro esto a propósito del presente relato, que hace honor a la tradición oral. Ignoramos si es parte de un proyecto mayor o simplemente está concebido como un proyecto acabado y solo. Ambas posibilidades me parecen aceptables. Pero tomémoslo como un relato acabado. De inmediato varias cosas me llaman la atención al leer este monólogo, las cuales constituyen características generales de la narracion oral y pueden ser aplicables a cualquier escritor de historias.
a) En "Matar al Padre", el narrador desaparece del escenario. Los narradores orales necesitaban impactar en las emociones de los espectadores en base a habilidades personales. De ahí que "los rasgos, las voces, el comportamiento y los gestos de cada personaje son representados tan vívidamente que el lector tiene la sensación de estar dentro del cuento junto a los personajes mientras el narrador desaparece del escenario." (1) La idea es permitir que la historia surja natural del dialogo o monólogo, al suprimirse descripciones y detalles ajenos al personaje.
b) Se convierte una historia poco sofisticada en algo vívido e impactante. La conocida treta de Hitchcock, mencionada en otro lugar por Francisco Ortiz: "escogía novelas malas para hacer grandes películas porque sabía que era muy difícil convertir una buena novela en una buena película". Puede que el magnífico cineasta tuviera en cuenta la creencia de los narradores chinos, quienes "siempre han sostenido que un buen narrador puede convertir una historia mala en algo grandioso y que, por el contrario, un artista inexperto puede matar una buena historia."(1)
c) Por el género del relato, se seleccionan las técnicas necesarias que realcen lo contado. En Asia existen dos géneros principales de narradores orales: el "Rakugo", de historias cortas y humorísticas, y el "Kodan", de relatos extensos y de carácter histórico. Cada narrador usaba técnicas diferentes para hacer impactante su relato, música, dramas cortos, ilustraciones. Se sabía que la historia debía impactar al lector, si no dejaba de ser relevante (2). Este relato se encuadra en la narración "Rakugo" por la naturaleza de lo que se cuenta: historia corta y personal, con intercalo de frases sarcásticas y el uso de referentes tragicómicos de principio a fin. El que no se hayan intercalado observaciones de narrador omnisciente en el desarrollo del monólogo, y tampoco se haya creído necesario identificar con quién conversa el asesino ni el contexto que rodea a dicha confesión, se justifica porque resalta el realismo histriónico de la historia. Cuando alguien nos asalta de repente para contarnos un tropel de vivencias o situaciones que le apremian, le dejamos que continúe hasta el final, a fin de poder seguir bien el hilo y no distraerle en el relato secuencial de los hechos. Todo ello ayuda a impactar al lector y tenerlo como aliado hasta su término. Al leer una historia debemos ser "animados no sólo por la humanidad del relato, no sólo por la imaginación vertida, sino también por el ya destacado pulso narrativo, que muchas veces es lo que nos hace seguir adelante. Esta es una cualidad normalmente despreciada por la crítica, y aun por el público esnobizado por la crítica. Y, sin embargo, es la vida de toda narración, más que las ideas vertidas o que la imaginación empleada." (3)
Bibliografía:
1. Claudio Ledesma "INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN ORAL. Referentes Teóricos: orígenes, etapas y manifestaciones".
2. "Cómo contar cuentos" - Daniel Matto. "Apuntes para un taller de Narración Oral" - Luiz Carlos Neves e Isabel De Los Ríos.
3. Nuño Vallés Pérez. HISTORIAS EXTRAORDINARIAS. Cuanto cuento.

Relato 1: "Matar al padre", de Francisco Ortiz



Para Zuriñe Vázquez


Se puede matar al padre sin pena, se lo digo yo. Puedes matarlo y quedarte tan pancho, se lo digo yo. Hasta te quedas con la sensación agradable de haber cumplido con una obligación de la que otros se escaquean. Créame que es así. Estaba harto, cansado, se lo advertí dos veces y, a la tercera, ¿no dicen que va la vencida?, pues yo lo vencí. Lo dejé hablar, chillar, aporrear la puerta, ponerse bravo, muy bravo, crecido, muy crecido, y le di tiempo a que supiera que mis amenazas no iban en vano. Me da igual que usted me dé o no la razón. Estamos en la cárcel y no me duele ni me apena. Somos compañeros de celda y se lo cuento porque hay que matar el rato. A mí me da igual que me miren de lado o que piensen lo que quieran. En el fondo todos me dan la razón. Suena fuerte lo de matar al padre, y seguro que más a usted porque tiene dos niños, dos me dijo, ¿no? Si yo no quiero que nadie se ponga en mi lugar. Que no, hombre, que no. Todo lo contrario: hice lo que hice porque era la manera de poner sobre aviso a unos cuantos padres cabrones. Yo se lo avisé. Una más. La próxima te rajo. Quiso salirse con la suya y volvió. Le solté quince o veinte puñaladas, de eso no me acuerdo exactamente. No las conté, por supuesto. Mientras seguía retorciéndose pensaba que aún no se moriría y tuve que clavarle el cuchillo más veces. Sufrió poco, porque no era la cuestión que sufriera. Precisamente lo maté para ahorrar sufrimientos. Yo se lo había advertido, él volvió, lo acuchillé y me senté a su lado, en el suelo, en plena calle, a esperar que viniera la policía. ¿Que qué se me pasó por la cabeza? No tuve ganas de vomitar ni pensé en nada. Miento. Sí, en mi madre. Y también en un chaval que una vez me puso una navaja en el cuello a la salida de una discoteca para robarme. No me acuerdo de la cara, pero sí de la navaja. Sentado en el suelo, pensé en esa navaja y en lo traicionera, lo particular que es la memoria, que olvida lo que le interesa sin consultarnos: decide que esto lo borra, pues hala, a su bola. El policía que me ayudó a levantarme se pensaba que yo había visto cómo mataban a mi padre y le estaba llorando, pero cuando un vecino le dijo que tuviera cuidado, ja, ja, pegó un respingo y hasta sacó la pistola. ¿Qué has hecho, muchacho? Matar a mi padre. ¿Qué estás diciendo? Le pareció una locura, claro. Pero no es una locura cargarse a un cabrón que molesta a tu madre cada vez que le viene en gana, que se pasa por el forro de los cojones la orden de alejamiento del juez. Sí, un padre maltratador. Pero maltratador sólo de la madre. A los hijos nunca nos puso una mano encima. Todo lo pagaba con mi madre. Así que no había otra elección. Se lo avisé, que no volviera, ni una más, pero hizo lo que le salió del alma, como siempre. Sólo lo estuve pensando un rato, la verdad. Una tarde, en el hospital, en urgencias. Mientras le daban unos puntos a mi madre pensé que había que encontrar una solución y que, conociendo a mi padre, no lo iba a parar ni un juez ni un policía ni un terremoto. Hasta que matara a mi madre, eso fijo. Pensé que era una partida y que una ficha tenía que perderse. Mi madre, mi padre, yo. Como mi madre no ha sabido nunca defenderse, ella era la más débil, y mi padre lo tenía claro, por eso no había quien razonara con él. ¿Mi madre se defendería? No. Alguien tenía que defenderla. ¿Mis hermanos? Mucho rollo legal y confiar en policías y jueces. Pues bueno: mejor que cayera mi padre que no mi madre, ésa fue mi conclusión. ¿Yo? Me da igual. Ya le digo: mi madre o mi padre. Yo elegí a mi madre, lo demás no me importa.

Jean -Claude Izzo: "Total Khéops" ( 3 )

Pero ¿quién es el policía Fabio Montale? "Sin ningún miramiento, cada año tachaba de mi libreta al amigo que decía alguna frase racista. Despreciaba a aquellos que ya sólo soñaban con un coche nuevo y vacaciones en el Club Mediterráneo. Olvidaba a todos los que jugaban a la lotería. Me gustaban la pesca y el silencio. Caminar por las colinas. Beber cassis fresco. Lagavulin, u Oban, por la noche, tarde. Hablaba poco. Tenía opinión sobre todo. La vida, la muerte. El Bien, el Mal. Estaba loco por el cine. Me apasionaba la música. No leía ya las novelas de mis coetáneos. Y, por encima de todo, me repugnaban los tibios, los blandos." Su mundo interior. "Asumí mis funciones con la cabeza llena de ilusiones. Con ganas de explicar, de convencer. De dar respuestas, a ser posible buenas. De ayudar. Ese día empecé a patinar, según la expresión de mis compañeros de trabajo. Cada vez menos poli. Cada vez más educador de calle. O asistente social. O algo así... Me convertí en un poli de la periferia que veía pasar de largo todas las investigaciones... Me estaba convirtiendo en un policía peligroso. Para nada uno de esos que serían capaces de disparar por la espalda para salvar el pellejo de un compañero. " Su trabajo. Montale, un personaje, todo un personaje.

Jean Claude Izzo: "Total Khéops" ( 2 ) : Wim Mertens

Permitidme imaginar durante un rato. Página 31. Montale se agacha y le cierra los ojos a su amigo muerto. "Me miraba fijamente con sus ojos muertos y una sonrisa en los labios. Le cerré los párpados. La sonrisa sobrevivió. Sobreviviría. " Montale se levanta y se aleja, pensando en el pasado. Suena "Often a bird", de Win Mertens, con él al piano, en la interpretación recogida en el disco "Partes extra partes". La música sube, como suben las emociones en el pecho de Montale, le embargan, le ahogan, le transportan como si el recuerdo tuviera manos y fuerza y voluntad. Una música repetitiva, obsesiva, como obsesivos son los recuerdos de Montale. Una posible banda sonora.

Jean-Claude Izzo: " Total Khéops"

Con una prosa directa y a la vez lírica, llena de vida, se presenta esta novela que ofrece en su primer capítulo frases memorables y una venganza, la que lleva a cabo alguien que venga a su amigo muerto. " ... el tiempo los había dejado atrás. El futuro estaba detrás de ellos. Delante no había más que recuerdos". Es la primera novela de una trilogía dedicada al policía Fabio Montale, que reside en Marsella. Izzo, desgraciadamente muerto de manera prematura hace seis años, era militante comunista y fue periodista durante muchos años, hijo de un camarero italiano y de una costurera española. El libro lo edita Akal Literaria.

El hombre del Klan

Escrita por Samuel Fuller y M. Kaufman, dirigida por Terence Young e interpretada por Lee Marvin y Richard Burton. No es una película de cine negro, pero la traigo aquí porque su desarrollo y, sobre todo, su final merecen destacarse, ya que se ha evitado el maniqueísmo fácil y con total libertad se deja vivo a un personaje que en cualquier otra película moriría, más aún en estos tiempos llenos de conservadurismo. El retrato moral de una localidad en la que domina el Ku-Klux-Klan es demoledor y da para hablar mucho: el sheriff defiende a los del Klan y luego a los negros pero manipula a las víctimas, los periodistas buscan carnaza, el único negro que se defiende se convierte en un asesino que mata a distancia con un fusil con mira telescópica. La verdad no es tan fácilmente moldeable como queremos y aunque caben pocas dudas acerca de que la novela negra es de izquierdas no hay que olvidar que con buenas intenciones no se hacen buenas obras y que el retrato de un mundo contradictorio y complejo necesita propuestas que no sólo pongan a un lado a los buenos y al otro a los malos.

Fiódor Dostoievski: " Crimen y castigo"

Afirman algunos escritores de novela negra que - como trata el asunto criminal -, un antecedente claro es esta obra de Dostoievski, pues hay un asesino y un asesinato y la trama gira alrededor de esos dos componentes. Lo cierto es que les vendría bien a los autores, en su etapa de formación, leer "Crimen y castigo", porque sus descripciones y su profundidad psicológica son un aprendizaje fundamental. En tiempos en que la novela ha olvidado la descripción, una de sus bases fundamentales, vamos a recuperar una de este maestro que es, sencillamente, ejemplar: "La llegada de los dos hombres le pasó desapercibida: al parecer no veía ni oía nada, presa de una especie de enajenación. El aire del cuarto era sofocante, pero ella no había abierto la ventana. De la escalera llegaba un olor hediondo, sin embargo la puerta que daba al descansillo no estaba cerrada. Por la otra puerta, la de acceso al resto de la casa, se introducía un nube de humo de tabaco que la hacía toser, mas tampoco cerraba aquella puerta. La niña más pequeña, de unos seis años, dormía medio sentada en el suelo, acurrucada y con la cabeza apoyada en el sofá. El chico, que tendría un año más, lloraba tembloroso en un rincón. Lo más probable era que acabaran de golpearle. La mayor, una niña de unos nueve años, alta y finita, que llevaba por toda vestimenta una camisa tazada y rota y, sobre los hombros desnudos, una vieja capita de paño que debían de haberle hecho al menos dos años antes ya que ahora no le llegaba ni a las rodillas, estaba en el rincón, junto a su hermano pequeño, rodeándole el cuello con un brazo seco como un sarmiento. Seguramente trataba de calmarlo diciéndole algo al oído y procurando que dejara de llorar, al mismo tiempo que sus inmensos ojos negros - más grandes aún en su carita demacrada y asustada - observaban con temor a la madre. " Es un cuadro, ni más ni menos, un cuadro pintado con palabras y con una fuerza que se instala en la memoria de manera fácil y permanente.

Michael Robotham: " Sin rastro " ( y 8 ). Capitalismo puro.

La novela negra sirve para meditar sobre nuestro mundo, nuestra actualidad. Robotham nos presenta a un malo rico, hablador, que no tiene reparos en vanagloriarse y descubrir algunos de sus secretos. Es el mafioso típico, inteligente, despiado y cruel. " - Precioso botecito. - Es un yate a motor. - Un juguete caro. - Al contrario, es mi oficina. Hice que lo construyeran, según un diseño norteamericano, en unos astilleros del Mar Negro, cerca de Odesa. Como puede ver, tomo lo mejor de culturas diferentes: diseño norteamericano, ingeniería alemana, artesanía italiana, teca brasileña y trabajadores eslavos. La gente suele criticar a las naciones de Europa del Este y decir que no aplican bien el capitalismo.Pero la verdad es que utilizan la forma más pura de capitalismo. Si yo hubiera querido que construyeran esta nave en Inglaterra, habría tenido que pagar adelantos, compensaciones para los obreros, seguros nacionales, tarifas por el diseño y sobornos para que los sindicatos estuvieran felices. Cuando uno construye un edificio es igual. Cualquiera puede detener las obras en el momento en que le plazca. En Rusia, en Letonia o en Georgia nada de eso importa si uno tiene suficiente dinero. Eso es lo que yo llamo capitalismo puro. "

Michael Robotham: "Sin rastro" ( 7 )

La primera persona en la novela negra parece fundamental. Ayuda a crear la perspectiva y su tono confesional aproxima al lector a lo narrado, le inmiscuye y le hace sentir. Robotham la utiliza con inteligencia: " No sé por qué la gente sigue ofreciéndose para ayudarme. Deberían de apartarse de mí a kilómetros. Ali dice que yo inspiro lealtad, pero me parece que estoy aceptando favores que no voy a poder pagar nunca. No soy un ser humano perfecto. Soy cínico y pesimista, y a veces me siento como si estuviera atrapado en esta vida por un accidente de nacimiento. Mas en momentos como éste, un acto aleatorio de bondad o el contacto con otro ser humano me hace creer que puedo ser diferente, mejor, que puedo redimirme."

Michael Robotham: " Sin rastro " ( 6 )

En España los escritores fueron reacios durante años, ya muerto Franco, a darle el protagonismo de una novela negra a un policía. Razones no les faltaban. Ahora se crean personajes que llevan placa y a veces se cuestiona poco su papel, ya que se les eleva a la categoría de héroes, sin más. Los autores más críticos con el papel de la policía, de ciertos policías, son precisamente los dos que llevan la etiqueta de "verdaderos novelistas de novela negra" adjunta a sus publicaciones: Juan Madrid y Andreu Martín. Por algo será. También Robotham nos deja una opinión a tener en cuenta: " La pobreza, la ignorancia y la desigualdad crean delincuentes, y yo los encierro para que la sociedad decente no tenga que olerlos o tenerles miedo". Palabras de un policía. O, mejor dicho, a las alturas de la novela en que lo afirma, de un ex policía. Sus motivos tendrá.

Este blog, en ELPAIS.ES


Ayer, de repente, un mensaje y luego una conversación telefónica. El País.es, para la sección de Un blog cada día. Y hoy aparece. Este blog, hoy, en El País.es. Sólo he podido quedarme estupefacto. (Me resulta tan inesperado. Espero que sea mínimamente merecido.) Quiero dar las gracias a los que me animan a seguir escribiendo a diario. Primero, a quien me animó a crearlo: Miguel Ángel Muñoz. Después, a los amigos que este mundo nuevo me ha dado: Enrique Ortiz, Diego Zúñiga, Kafkaprocesado, Clarice Baricco, Alvy Singer, Solodelibros, Rosa Silverio, Beren, Isabel Romana, Biosofía, José Antonio Galloso, Zuriñe Vázquez, Portnoy, Alicia Lidell, todos ellos en los enlaces que veis aquí al lado, cada uno con su nombre, real o imaginado, que para eso existe la literatura. Todos vosotros ( y Javier Torres y Miguel Mena, Inma Lucena, y más) y a los que no menciono pero leéis este blog, estabais hoy conmigo en ese pedacito de elpais.es, así que muchas gracias por acompañarme y nos vemos en los blogs.

Una novela negra tan importante como una novela de Faulkner

Me gusta encontrar libros de autores que han escrito novela negra de manera ocasional, grandes y reconocidos escritores a los que alaban todos los críticos y reconocen los premios bien remunerados y que ayudan a consolidar una carrera. Pero me gusta, ante todo, encontrar a autores que no tienen complejos, dignos sucesores de Chandler, Hammett o Macdonald, a los que se estudia en las universidades estadounidenses, a los que se les pone en los mismos estantes que a Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, no a su altura, pero sí en el mismo estante. Si hablas con un acérrimo defensor de la ciencia ficción, de los relatos de terror, de los ambientados en el mar, te dirá que le da igual que existan esos tres escritores, te dirá que el aburrimiento no produce buena literatura, que la aventura no está reñida con el gran arte. Y tendrás que darle la razón cuando mencione a Poe, a Stevenson. Espero que la novela negra tenga cada vez más autores que apuesten por la prosa de calidad, por las historias bien estructuradas, por la creación de personajes profundos, con aristas. Llegará el día en que no tendrá que agachar nadie la mirada cuando diga que tras la novela con la que obtuvo el Premio Nacional aborda ahora la escritura de una novela negra. Llegará el día en que sin rubor el jurado dirá que el Premio Nacional lo ganó una novela negra, no que "utiliza" el género negro o "se vale de él". En las historias de piratas puede haber gran literatura. La hay. En las novelas en las que hay crímenes también puede haberla, la hay. Sólo se necesitan ojo, oídos y sensibilidad, enterrar prejuicios y amar de verdad la lectura.

Michael Robotham: " Sin rastro " ( 5 )

También el policía que protagoniza esta novela actúa por su cuenta, sin respaldo policial, guiado por su instinto y por su deseo de conocer la verdad. ¿Es que la verdad no le preocupa al poder, es que la justicia sólo puede provenir del hombre esforzado y solo? Cuando el poder establecido crea o acepta una verdad no se entretiene en cuestionarla después, no se interroga a sí mismo jamás. El poder necesita avanzar, como un tiburón, y no puede pararse porque teme que se le acumulen las dudas, que la gente empiece a cuestionarse las cosas y pueda ver que hay otras vías. Como otros policías de la televisión, del cine o de la literatura, Vincent Ruiz quiere llegar al fondo de la cuestión, está obesionado con que una niña dada por muerta aún vive y dispuesto, como Marlowe, como Archer, a bajar al inframundo para encontrarse con la cara oscura y pérfida del dolor y del daño y de la mentira y de la ocultación porque cree que su vida está parada ante un semáforo en rojo y no continuará mientras no encuentre a la niña, no sepa qué le ha ocurrido realmente. Supongo que cuando el semáforo se ponga en rojo echará a andar y volverá a encontrarle sentido a su otra vida, la rutinaria, la apagada, la horizontal, la de todos los demás.

Pepe Carvalho

Reviso los capítulos de esta serie de televisión del año 1986, protagonizada por Eusebio Poncela y dirigida por Adolfo Aristarain, con alegría contenida y con una mirada nueva, pues la primera vez que la vi me decepcionó. Creo que ha ganado con el tiempo, contra lo que se pudiera pensar a priori, y se debe a que media una distancia ennoblecedora que me separa de aquel tiempo en que estábamos deseando que programaran la serie para ver en la pantalla lo que siempre nos imaginábamos en el cuarto oscuro de nuestra mente. Poncela era un digno Carvalho, la dirección era buena y los argumentos respondían a la inquietudes de Vázquez Montalbán. Hay cosas que nos molestaron y que seguirán molestándonos siempre, pero os invito a ver la serie de nuevo, con nuevos ojos, sin ansiedad, montalbanianos: seguro que os parecerá mejor que la primera vez.