Pocas veces encontramos literatura policial con acertados toques de humor. Un relato de este libro, "Las piernas del sobre", me hace reír. Juega con los tópicos de la intriga y del desvelamiento final, se burla de los escritores que esperan recibir el Gran Premio y, en apenas tres páginas, nos cuenta una historia a la antigua manera, una de esas historias que se pueden contar en voz alta a cualquier oyente. El libro, de la Editorial Difácil, está cuidadosamente acabado y tiene una portada que llama la atención por su colorido y su atrevimiento. Me alegra que haya pequeñas editoriales - ésta es de Valladolid - que cubren con su labor huecos que nunca les preocupan a las grandes editoriales, siempre interesadas en el rendimiento y en los números y que se olvidan del generoso acto de apostar por escritores que empiezan o no son muy conocidos. Espero entrar pronto en la lectura de otro libro de Difácil, "La sombra de una sombra", de Ángel Vallecillo, que pertenece al género policíaco. Este autor ha sido distinguido por su novela "Colapsos" con el Premio Miguel Delibes de Narrativa 2006. Espero que las librerías también sean generosas y les dediquen un espacio interesante a estos editores que acaso aman más la literatura y seguro que arriesgan más que los grandes sellos, con ventas mínimas siempre aseguradas. De pequeñas editoriales han llegado muchas veces obras maestras, amigos.
Henning Mankell: El retorno del profesor de baile ( y 6)
Hay un párrafo revelador, valiente. Una neonazi "... también había sido muy crítica con sus ideas políticas, que le parecían obsoletas. Ella, en cambio, pertenecía a una nueva generación que adaptaba los ideales de supremacía absoluta del más fuerte y la visión sobre los superhombres y los infrahombres a la realidad en la que se desenvolvía. Les habló sobre el poder desnudo e ilimitado y acerca del derecho de la minoría más fuerte a dominar a los débiles y a los pobres, a los que se refería con términos despreciativos, como inútiles, infrahombres, masas pobres, chusma, basura... Describía un mundo en el que era evidente la aniquilación de las personas de los países pobres. Condenaba así a todo el continente africano, con excepción de los contados países en los que imperaba el brazo férreo de un dictador. África era un continente al que había que dejar desangrarse, que no debía recibir el menor apoyo, sino quedar aislado hasta su extinción. " Y son personas convencidas de que sus ideas son las correctas y la sociedad en la que vivimos, a través de sus telediarios y sus cuentas de resultados, vienen a darles la razón. Eso es lo terrible. La herencia del nazismo, del fascismo, aquí y ahora. En eso estoy absolutamente de acuerdo contigo, Mankell, y creo que este párrafo de tu novela es una verdad como un puño, que no vemos, hundidos en el magma de la novedad y la sobrecarga de información, en la indefensión y la indolencia.
Instinto básico 2
Hay películas que uno quiere ver porque desea comparar o simplemente recordar. Que digan de esta película que es inferior a la primera se ha vuelto ya un lugar común: nunca fueron buenas segundas partes. Pero el atractivo está en Sharon Stone, en comprobar que tiene 48 años y es capaz de imantar nuestra mirada. Lo consigue. Se han esforzado el guionista, el director, los productores, los maquilladores, los que iluminan, los que hacen las ropas, los que les dan de comer en los descansos... Es una película servida como un plato especial: bien aderezado para los que ya probaron un plato parecido. Y no hay que dejarse engañar: Sharon Stone nunca fue una diva, una mujer de rompe y rasga como otras con mejores labios, más pecho, mejor silueta y mirada menos fría y más sugerente. No diré otros nombres. Ponedlos vosotros. La película es también fría, artificiosa, tan poco conmovedora como la primera, tan poco creíble como aquélla. Quizá ha empeorado en un aspecto: mira a la taquilla más desesperadamente, con mayor inquietud, con el miedo al fracaso, y se mueve por lo seguro, lo trillado, lo ya visto-pero-ahora-con-la-madura-e-irresistible-Sharon-Stone. ¿Os sorprende? Es una película no de cine negro ni policíaco, sino del subgénero para-mitómanos. Si la veis con esos ojos, os pasaréis un rato fenomenal. Los otros ojos, los que esperan a la Stone en posturas y desnudos, sé que los tendréis preparados, digan-lo-que-digan-y-da-igual-quien-lo-diga. PD: No acabé de verla. Así es la vida.
Henning Mankell: El retorno del profesor de baile ( 5). Nazis, neonazis.
La novela aborda el tema de los nazis. No profundiza ni expone ideas que nos sorprendan, sino que utiliza a unos personajes nazis y los mete de lleno en una trama sugerente para una novela de aventuras y también para una novela negra. Me sorprende ante todo que, por boca de los policías, se tache a los nazis de locos, se quiera llegar a esa conclusión al término de la novela. No creo que los nazis sean unos locos. Los locos están en los manicomios. Negar la inteligencia de aquellos que piensan distinto y que, además cometen barbaridades, sólo es reducir al absurdo lo que debería de ser una ampliación, no una reducción. Esta novela podría valer para saber por qué los nazis piensan como piensan, por qué llegan a desear la muerte de quienes consideran inferiores, y habría resultado muy interesante mostrarlos como a hombres normales, como a personas que son dos personas, ciudadanos corrientes y maquinadores ocultos, con doble personalidad, u oculta personalidad, como los psicópatas. El nazi puedes ser tú o yo, amigo, no seamos tan reduccionistas: no tienen rabo, seis dedos en las manos ni aúllan por las noches como lobos. No son imbéciles ni están ocultos, no son unos tarados, sino unos tipos que creen firmemente en unas ideas y desean ante todo llevarlas a cabo, se fanatizan y dejan que la idea principal domine sus vidas, mueva sus vidas, alimente sus vidas. Han llegado a la conclusión de que ellos y unos pocos más merecen vivir y el resto morir, porque no son los elegidos y no son como ellos: unas ideas que comparten con más gente de la que pensamos en esta sociedad de ególatras seres que se aíslan del dolor y desprecian al semejante si es pobre y su piel es oscura. No, amigos, no: el nazismo no está en el infierno, sino aquí, presente, vivo, entre nosotros, en ciertos partidos políticos que repiten las mismas mentiras cientos de veces, machaconamente, intentando convertirlas en verdades; en el desprecio de las instituciones que no reconocen la igualdad de los ciudadanos, de todos los ciudadanos; en el desprecio al inmigrante pobre que, según piensan con su mente de una sola idea, viene a quitarnos el pan y la paz; en tantos pequeños detalles que convierten nuestra sociedad en un cacería. Esa es la fuerza de las ideas nazis, las que han pervivido, las que no sabemos que llevamos colgadas del hombro y no nos sacudimos. En esta novela hay un grupo de nazis que tienen su sociedad secreta y matan para protegerla: ¿ a qué os suena eso, a qué otros grupos y en qué otros países?
Henning Mankell: El retorno del profesor de baile (4)
Mankell es un buen escritor, pero domina mal las escenas de acción. Es, en ellas, típico y comete el error de los autores que no han crecido con el género, aunque lo practiquen: antes de matar a otro, el malo habla, lo aclara todo, dice que les va a disparar, telegrafía sus próximos actos, los radia, y los buenos escapan en el último momento, por casualidad, pero de esa manera en que sabes que dificílmente les pasará nada, les podía pasar nada. Me sorprende que tales errores se encuentren en esta novela, tan avanzada su serie policíaca, y pienso que quizá lo ha traicionado imaginarse estas escenas ya filmadas, que es como si les facilitase la labor a los guionistas. Le sobran también diálogos a la novela y, sobre todo, esas conversaciones entre policías que dilucidan qué están haciendo bien y qué mal, qué pista seguir, a que sospechosos abordar, porque ya está todo eso contado en otras partes de la novela, en la acción o en los fragmentos dedicados al asesino, cuando seguimos sus pasos y sabemos que ha ido por este o por aquel otro camino y ha dejado esta o aquella pista falsa ( qué manía de traducir falsa pista, dicho sea de paso). Asimismo, la resolución final es ingenua, las explicaciones conseguidas utilizando las pantallas de ordenador que se dejan encendidas es un poco sonrojante y la caracterización de los malos bastante débil, prototítica. Sí, es una novela de calidad pero con un final claramente fallido, más propio de un escritor que empieza que de un veterano.
Henning Mankell: El retorno del profesor de baile ( 3 ) : La traducción
He tardado en decidirme, porque criticar ciertas cosas me cuesta y hasta me duele, pero al llegar a la página 318 de este libro no he podido aguantarlo más. La traducción encalla la lectura y degrada esta novela valiente y de buena calidad. Los descuidos en la puntuación - o el estilo de la traductora, no sé bien a quién achacárselo -, si eres de los que lees con atención y no al trote, acaban por detenerte en seco. Valgan estos ejemplos: "Después, el helicóptero levantó el vuelo ": sobra la coma (pág. 317). Cinco líneas después: " Después, emprendieron la búsqueda". Sobra la coma. En la página siguiente, la 318, pero sólo cinco líneas más tarde: ""después, la proximidad de la noche hizo el resto". Sobra la coma, sobra tanto después. En el siguiente párrafo y en el inicio del que le sigue cuento tres "al principio", dos seguidos de coma y uno seguido del verbo, de una manera que parece aleatoria. "Entonces la llamaría. Hasta entonces se quedaría allí..." (pág. 330 ). Son ejemplos que, insisto, me entristece tener que transcribir aquí pero que no me cabe duda alguna de que convierten este buen producto en otro de inferior calidad, colocan esta novela a la triste altura a la que muchos críticos quieren ver siempre a nuestro amado género. Lo siento: no podía callármelo.
El asesino del calendario
Protagonizada por Kevin Klein, Susan Sarandon, Mary Elizabeth Mastrantonio, Harvey Keitel, Danny Aiello y Rod Steiger. No es como para quejarse del elenco, ¿verdad? No es una película de cine negro, pero nos sirve para ver cómo ha evolucionado el género de asesinos en serie. En esta película hay uno y hay varios polícías: uno que parece un aficionado, un profesional y uno al que le preocupa más su imagen que cualquier otra cosa, pues es el jefe y ocupa el puesto designado a dedo. Éste es la voz de su amo, el alcalde de la ciudad. Qué sana crítica encuentra uno en estas películas y qué buen humor saben ponerle, como en un guiso, al guión. El malo mata siguiendo unas pautas que se rigen por el calendario y por la música. El bueno es listo, muy listo, pero resuelve el caso sin contar con ayuda oficial, pues es uno de esos listos que están al borde del sistema - no fuera, eh, no nos engañemos - y sólo puede contar con la ayuda de sus amigos, también descontentos con las versiones oficiales. No estoy muy seguro de que la conclusión - mataba porque era un Don Nadie - me convenza mucho, ya que es raro oír esas palabras en boca de un antisistema como el policía encarnado por Kevin Kline - o simplemente en las afueras del sistema-. No es una gran obra, no es memorable, pero sí curiosa: anticipa la figura de ciertos detectives y de ciertos asesinos que aparecen en otras películas y series con desigual fortuna, con desigual humor, porque buen humor, la verdad, hay poco, amigos.
Henning Mankell: "El retorno del profesor de baile" ( 2 )
¿Puede un asesino perdonar a su víctima, a la que ha matado por odio, una vez que ya ha consumado el asesinato? ¿Puede ponerle una vela, alzar un vaso y brindar por ella? Quizá no es tan descabellado pensar que sí. Durante años arrastras contigo tu dolor y tu rabia, buscas a quien las engendró en ti. Y una vez que lo matas, la rabia fluye y el odio fluye, como de una herida abierta, como la sangre, fluyen. Salen de ti y tú te dices que no eres malo, que no eres violento, que el odio te convirtió en otro y, una vez que le has dado salida, vuelves a ser una persona normal, un hombre sin odio y que no lleva dentro de sí un deseo de violencia. Mankell nos hace pensar en estas cuestiones mostrándonos los pensamientos de sus personajes y creando de paso la que - hasta el momento- creo que es su mejor novela, la más completa, la que ofrece una atmósfera más conseguida y, sobre todo, la que logra que nos interesemos más y de manera más profunda por los personajes, la clave de toda novela.
"Crímenes contados. Antología del relato negro español". Fernando Martínez Laínez.
La selección de autores y el prólogo le ha correspondido a Fernando Martínez Laínez. Ha apostado por algunos autores jóvenes pero, ante todo, ha basado el libro en los pesos pesados de la literatura negra española, con mucho acierto. El prólogo es ejemplar: en algo más de diez páginas, Martínez Laínez nos cuenta qué es la novela negra española, de dónde viene y acompañada de quién. Como sólo un implicado inteligente y con capacidad de síntesis puede hacer, logra resumir las motivaciones, las derivaciones y las evoluciones que, desde los años ochenta del pasado siglo, han acontecido dentro de nuestro querido género. Enumera a los investigadores que han marcado el paso de estos años, nos habla de la desconfianza del escribidor español a la hora de elegir como personaje protagonista a un policía, de la violencia y las lacras que oculta nuestra sociedad y posibilitan la creación de novelas memorables. Afirma que "El detective ha pasado a ser un antihéore que choca con las barreras impuestas por el sistema", o que "El egocentrismo radical, signo de los tiempos, refleja una época turbia, confusa, hecha con materiales de derribo, en la que se impone el cinismo, y la indecisión alterna con la sensación de estar de vuelta de todo antes de haber emprendido realmente nada". El libro está editado por Menoscuarto. Os lo recomiendo vivamente.
Henning Mankell: "El retorno del profesor de baile". Sueños íntimos, que no se han cumplido.
Es un maestro Mankell en situar al lector. Una introducción, un personaje que es asesinado, un pasado, posibles motivos. Con su estilo frío, sin caídas en sentimentalismos de ningún tipo, nos acerca a los personajes de manera un tanto distanciada pero los vemos con nitidez y se nos vuelven próximos, creíbles. En esta novela entra en el interior de los personajes y nos muestra sus miedos, sus recelos, y nos lo comunica con su manera objetiva y sin excesos. Sé que este tono es propio de la novela negra pero quiero dejar constancia de que en esta novela Mankell da un paso más, entra un poco más en la mente - qué mal suena esto: en las emociones, en la vida íntima, llamadlo como queráis - de sus criaturas y nos engancha un poco más, pues al dar detalles como el de la afición del policía al fútbol y, a sus treinta y siete años, de sus sueños aún vivos - aunque sea sólo en la imaginación - de ser futbolista profesional en un equipo italiano, nos ayuda a identificarnos con él, a soñar también nosotros, a mirar nuestros propios y secretos sueños durante un instante en que una sonrisa se fija a nuestra cara. Podemos ser unos ingenuos, no haber crecido del todo para ser completamente adultos, pero qué más da. Pensadlo. ¿Cuál es vuestro sueño secreto, ése que os acompaña desde niños y al que aún no habéis renunciado, pese a ser imposible? Yo, lo confieso, aún sueño algunos noches, como el policía de Mankell, con partidos en los que nunca participaré.
Inspector Tibbs contra la Organización
Ver una película como ésta es un ejercicio nostálgico: su estética ý su música, Sidney Poitier como policía, una organización dedicada a la droga y unos perjudicados por el sistema que no confían en la policía y luchan por su cuenta contra la Organización. La película tiene como mayor interés su realismo, su final desencantado y la crítica dura contra las organizaciones no delictivas, las que han de velar por los ciudadados y se alían contra éstos en favor de los delincuentes de altos vuelos. Hay escenas de acción que no están mal llevadas y alguna persecución destacable, pocos excesos y unas interpretaciones correctas o más que correctas. Uno de los secundarios es Raul Julia y otro es Daniel J. Travanti, el Furillo de "Canción triste de Hill Street". La comparas con la media de lo actual y sale ganando. Y en su intento de denuncia no ha caducado, ni mucho menos: todo se tapa, se mata al débil, sigue la función con otros peones. Ah, y Tibbs tiene diálogos con sus hijo sobre el sexo, le acompaña a una conferencia y luego se entera de que al hijo le interesan poco las conferencias y más las fotos de mujeres en las revistas. Merece la pena porque aunque algunos la consideren pasada y superada, yo creo que aún puede recordarnos obviedades que la vida cotidiana nos hace olvidar, el marasmo de una sociedad - la actual - en la que lo lógico y lo evidente quedan sepultados detrás y debajo de tantos anuncios y tantas imágenes e historias pensadas para el consumo inmediato y que nacen con la fecha de caducidad adjunta.
"El amigo americano", de Wim Wenders
La película tiene imágenes fijas - que duran uno o dos segundos - inolvidables, no en vano Wim Wenders es también fotógrafo. Hay unos colores rojos que imantan la mirada y dotan de un contraste algunas imágenes con fondos azules verdaderamente impactantes. Pero lo mejor de esta película, basada en una novela de Patricia Highsmith, es la toma de decisiones morales del personaje principal y sus implicaciones. Conocedor de que va a morir pronto, no duda en matar para ganar dinero y dejárselo a su mujer y su hijo. Primero en unas escaleras del metro y más tarde en un tren, el hombre normal muta en asesino sin que el peso de la culpa lo destruya. Y cuanto más mata, menos le cuesta, acaso porque el hombre que está cerca de su propia muerte deja de temerle a todo, a la vida y a la muerte también, a los hombres y a lo que estos representan, aunque sean poderosos y puedan dañarle. La interpretación de Bruno Ganz es sencillamente prodigiosa: encarna a ese hombre normal, anónimo sin ningún gesto de más, sin estropear su actuación con tics ni excesos de ninguna clase, como si no actuara. Por otro lado, Ripley, el catalizador de la historia, es un personaje más complejo aún, capaz de gestos cómicos tras matar, apesadumbrado por llevar demasiado lejos una venganza, cómplice de su víctima, a la que ayuda cuando está en el tren y tiene que matar para ganar más dinero. En definitiva, una película de muchas estrellas, que no ha perdido nada, sino que ha ganado con el paso del tiempo: lo silencios, esos momentos en que no se habla y la acción lenta y parsimoniosa lo dice y lo demuestra, suponen una lección de cómo filmar y hacer buen cine.
"El hombre del tren", de Patrice Leconte
Hay películas que se convierten en clasicos instantáneamente. Ésta es una de ellas. Y aunque parezca que no tiene que ver con el cine negro, vamos a desmentirlo de inmediato: es la historia de un burgués solitario, dueño de una casa grande y decadente, y de un ladrón de bancos. Se encuentran y el primero accede a dejarle que viva en su casa unos días. Son dos personajes en situaciones delicadas: uno va a atracar un banco y el otro tiene que pasar por el quirófano porque tiene problemas de corazón. En los días que faltan para que llegue el sábado, cuando cada uno tendrá que afrontar separadamente su suerte, se establece entre ellos una relación de amistad y de sincera y sana envidia: les habría gustado ser el otro, al burgués convertirse en un hombre de acción y al atracador en un burgués. Son acaso las dos caras de una misma moneda: el entendimiento entre ellos lo confirma, la comunicación profunda que llegan a tener lo atestigua. Todo transcurre despacio: el atracador le enseña a disparar y el burgués el regala unas zapatillas de estar en casa, contemplan las estrellas desde el mirador, el atracador le insta a ser sincero y decir lo que de verdad siente, y da ejemplo delante de la mujer a la que el burgués ama. Hasta aquí no hay acción, no hay tiroteos, pero si tan sólo cambiáramos el final y lo situáramos al principio, no nos asaltaría ninguna duda, pensaríamos que estamos ante un flashback y veríamos la película con la mente puesta en desentrañar claves sobre por qué se producen las situaciones violentas, la soledad, el abandono, la frustración, los roles sociales, la incomunicación, temas que podrían ser los que tratara una novela negra, una película de cine negro. "El hombre del tren" es un clásico instantáneo porque cuando acabas de verla deseas volver al principio y porque la atmósfera de la película te acompaña como una presencia sólida al salir del cine o al apagar el televisor. La interpretación de Jean Rochefort como el burgués desencantado y la de Johnny Hallyday como el atracador me parecen sencillamente magistrales, así como las escenas en que el burgués está en el hospital y en que el atracador realiza el robo en el banco. No os la perdáis.
Ross Macdonald y John Connolly

Me entristece que no se reediten los libros de Ross Macdonald, a quien considero el mejor escritor de novela negra. Afortunadamente, su influencia sigue viva. En "El País" de hoy - suplemento Babelia - aparece una crítica dedicada a la novela "El camino blanco", de John Connolly, firmada por Rodrigo Fresán, que asegura que Connolly " propone un intenso drama racial y lanza guiños cómplices a los policiales con ´gente poderosa ´de Ross Macdonald". El libro está editado por Tusquets. Habrá que leerlo.
"Tiempos difíciles", de Sara Paretsky ( 4 )
La buena novela negra es hija de su tiempo, habla del tiempo en que se ha escrito y sirve de memoria y, a veces, de denuncia. Paretsky, sabedora de esto, les da la importancia necesaria a los ordenadores, los e-mails, internet, las cámaras de vigilancia, las grabaciones, los aparatos de los detectives - una cámara insertada en un reloj de pulsera -, y lo hace de una manera en que nada chirría, nadie puede decir que abusa o se regodea en sus conocimientos. Como buena novela negra, ésta nos habla del abuso de las grandes empresas y los grandes empresarios cuya principal meta es obligar a desaparecer a las competidoras, empezando por las más pequeñas, un ejemplo más del capitalismo salvaje en que estamos inmersos. Como los detectives clásicos, Warshawski se enfrenta a los poderosos pero no está sola, sino que otros disconformes la ayudan sin pensar sus vidas también corren peligro. Me llama la atención que una de esas ayudas la reciba de un sacerdote, que también está dispuesto a luchar contra los poderosos despiadados. Sabemos que la Iglesia está dividida en dos bandos: los que siguen con pureza el mensaje de Cristo y los que siguen el mensaje alterado y confuso de las altas esferas. El sacerdote confía en su intuición y ayuda a la detective y su papel se convierte en destacado y revelador. También el hijo - despreciado y maltratado psicológicamente por su padre - del poderoso se alinea junto a Warshawski. Y yo me pregunto: ¿son estas las fuerzas morales que quedan en esta sociedad, las fuerzas de resistencia? Los descontentos, los humillados, los ofendidos, los que están al lado de los pobres y de los débiles, como el sacerdote, los apartados de cualquier posibilidad de triunfo, las víctimas. Si es así, qué poco hemos progresado, porque creo que si releyéramos a Dostoievski nos asustaría comprobar que estamos en el mismo sitio, varados en las mismas injusticias y las mismas desigualdades, con algunos poderosos que se exhiben sin rubor, ciegos y sordos a las reivindicaciones de los excluidos; una gran masa que ve cómo su existencia es monótona y gris y sólo tiene el escape y las alegrías de la compra en el supermercado y el triunfo de su equipo de fútbol el domingo; y una clase última y vilipendiada que se encarga de las tareas más duras, peor pagadas, y que no tiene opción ninguna de ascender en la escala social. Ay, amigos, por eso detesto la literatura evasiva, escapista, y a esos autores cuya única obsesión es conseguir que de sus manos salga una obra maestra.
"Tiempos difíciles", de Sara Paretsky ( 3 )
Esta es verdaderamente una novela negra. Hay capítulos que cuesta leer: los de la cárcel, cuando Warshawski experimenta en su propia piel los abusos cometidos por los carceleros, que incluyen golpes, violaciones y otas variedades de tortura. El lector desea acabar de leer esa parte y que nuestra detective salga de la cárcel, escape de ese lugar ignominioso, porque, aunque la novela esta contada desde un punto de vista realista y nada morboso ni excesivo, encajar las salvajadas que acontecen en ese sitio degradante no es nada fácil ( Cómo será estar dentro y sentirlas en ti, me pregunto yo mientras leo). El deseo de denunciar esos abusos, esos excesos de poder llevan a Paretsky a dedicarle un buen número de páginas que están escritas con un pulso admirable y un afán de sinceridad y valentía que no se quedan atrás. Dicen que Warshawski es la detective heredera de los clásicos y no soy yo quién para llevarles la contraria a los que tal cosa afirman. Esta historia da que pensar y sirve para reflexionar sobre los abusos de las grandes empresas y nos vuelve a recordar que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Y nos hace inolvidable a esta pequeña y quijotesca estadounidense que no se deja vencer aunque los molinos son cada vez más grandes - ¿ o son gigantes ? - y nos ofrece un ejemplo en el que creer y seguir, le devuelve vigor y vigencia a una época de ideas flojas, mentes vencidas y comprometidos descomprometidos con su ejemplo de luchadora que no se detiene ante nada y que descubre que no está sola, que otros están con ella y la ayudan a continuar. Su ejemplo es éste: haz lo que tengas que tengas que hacer, lucha contra los gigantes y no pienses en vencer o morir: piensa sólo en seguir luchando.
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