Walter Mosley: " Muerte escarlata " ( 3 )

Me fascinan los escritores de frase larga, elaborada, con ritmo y con una voz propia. Pero más aún me fascinan los escritores de frase corta, exacta, descriptiva pese a la economía de palabras. Admiro, por tanto, a Ross Macdonald por encima de cualquier otro escritor de novela negra. Y leyendo a Mosley he hallado varios momentos en que creo que se percibe la influencia de Macdonald. Como ejemplo: "Nos dimos la mano y les pasé unos cigarrillos. Fumamos y hablamos de las calles. Mentí. Ellos mintieron. Todos reímos. Y poco a poco me acostumbré al calor y a la luz eléctrica, al olor y a la desesperanza". Están en un albergue donde se refugian los pobres, hay mal olor y hay tristeza y hay un manifiesto abandono de la alegría. ¿Se puede decir más con menos? Esta forma de escribir es tan exacta que a veces resulta casi hipnótica.

Walter Mosley: "Muerte escarlata" ( 2 )

Mosley aporta realismo a la novela negra. Es importante el peso del pasado, de lo que en años anteriores les ocurrió a los personajes, pero más lo es la manera de estar dentro de la novela, del mundo de esta novela. La literatura estadounidense tiene una ventaja en este sentido: con mucha naturalidad, los personajes comen, duermen, pasean, suben y bajan de los coches, porque aquellos escritores tienen una visión de las cosas muy pegada a lo que ven, hacen y sienten. En ciertas literaturas se tiende más a la abstracción y se rechaza el naturalismo y el realismo como si fueran elementos de una categoría inferior. Esto puede llevar a que las novelas sean de gran calidad literaria pero estén lejos de crear personajes creíbles y, lo que es peor, memorables. Mosley dota a su personaje, Easy Rawlins, de unos rasgos que lo hacen creíble y vivo, y además crea unos personajes secundarios que también tienen vida propia, algo difícil de lograr en una o dos páginas. Así, la historia no es simplemente un relato detectivesco, sino un viaje por una época - ese año 1965, en que los negros se rebelaron y hubo disturbios y protestas y muertos - y también por su paisaje humano.

Walter Mosley: " Muerte escarlata"

Los Ángeles, 1965. Un negro no puede caminar por los barrios de los blancos, no puede estar cerca de ellos, no puede ni mirarlos a la cara. Para los policías, un negro es un delincuente o un delincuente en potencia, alguien a quien llaman "chico". Hay disturbios, 33 muertos. Y el muerto que hace el número 34 es una negra a la que quizá haya matado un blanco. La policía lo calla y le encarga el caso a un detective privado sin licencia, Easy Rawlins, que tiene dos hijos adoptivos, un mejicano al que le ha permitido dejar los estudios para que trabaje y se dedique a la pesca, una niña de 9 años de "raza negra americana: es decir, negro mezclado con algo más". Cuando Rawlins ve a la muerta dice que "Lo que me llamó la atención fue el hilillo de sangre roja que partía de algún lugar de su labio, pasaba por sus dientes y bajaba goteando por su mejilla. Era como si al morir sus labios hubieran susurrado secretos de color bermellón", los que ahora se encargará él de descubrir.

Semana Negra

Hace dos días que empezó, en Gijón, como siempre, la Semana Negra que comanda Paco Ignacio Taibo II, creador del detective Belascoarán. La guerra civil española y la ciencia ficción tienen cosas que decir también este año. Es la cita obligada a la que peregrinan los entusiastas, que son muchísimos. ¿No podéis ir? Bueno. A la derecha tenéis un enlace.

Michael Connelly: "El vuelo del ángel" ( y 5 )

Ésta es una verdadera novela negra: habla de la corrupción, de los excesos, de los secretos, de las verdades oficiales, de los policías y de los delincuentes, también de algunos policías que son policías y, a la vez, delincuentes. Connelly es un seguidor de los clásicos del género, ha creado un personaje memorable y no ha incurrido en el defecto de tantos otros autores de la actualidad, que ofrecen mucha forma y poco, poquísimo fondo. Connelly es un autor que parte de premisas, de ideas - de una ideología, incluso, por decirlo claramente - y que articula su narración de manera que lo que pretende decir quede claro y bien expuesto, sin tapujos y sin indefiniciones. No hay aquí tópicos que cansen ni giros artificiosos que capten la mirada durante un rato para luego saturarla y dejarla cansada, aburrida. Es de admirar que Connelly tenga las ideas claras, sepa lo que quiere contar y no dé rodeos, no abuse de los hallazgos ni de las caracterizaciones. Al final, sentimos que la soledad de su policía, de ese Harry Bosch desengañado y dolido, también puede ser la nuestra, aunque no seamos policías y sí sólo lectores.

Revista Axxón

Hecha en Argentina, trata un género que algunos lectores alternan con el nuestro: la ciencia ficción. Colaboradores con calidad, selección interesante y prestigio conseguido a lo largo de los años. Visitadla. Sólo tenéis que clicar en el enlace de la derecha.

Michael Connelly: El vuelo del ángel ( 4 )

"Mientras atravesaba Laurel Canyon no dejó de pensar en el hombre que había visto en el vestidor y en los desesperados intentos de éste por ocultar sus rostro para que no descubrieran su identidad. Después de tantos años de trabajar en homicidios, a Bosch ya no le sorprendían los horrores que unas personas perpetraban contra otras. Pero los horrores que algunos se reservaban para sí mismos, eso era otra historia".
Lo cual me lleva a pensar en los suicidas, en los que aman el dolor - masoquistas, como el personaje al que está dedicado el párrafo de arriba -, en los que aman lo negro. Esa estética y ese deseo de vivir en lo oscuro, lo dañino, es muy propia también de nuestra deshumanizada época, en que los valores humanos no cotizan sino a la baja. La peor enfermedad que acecha al hombre, y que seguramente lo horrorizará en el presente siglo, es la depresión. Cosificados, reducidos a números, los hombres sufren y cuando no vuelven su ira contra el prójimo, la vuelven contra sí mismos. Esa horrible ira, destructiva y terrible del que se mata y quiere dejar un mensaje claro que advierte de que le hemos tratado mal, irreparablemente mal.

Michael Connelly: El vuelo del ángel ( 3 )

"- La gente cambia.
- Es cierto- asintió Bosch-. Pero no en el fondo".
Comparto esa opinión de Bosch. Cambiamos a lo largo de nuestras vidas, pero en el fondo seguimos siendo los mismos. Nos afectan los asuntos exteriores, los sinsabores y las alegrías con que nos topamos, pero no cambiamos sustancialmente. Falta de voluntad, incapacidad, no sé, pero creo que incluso los que nunca amaron a Dios y de repente se convierten y lo aman albergan dudas en su interior por siempre. Y viceversa. Cuando un policía investiga a un sospechoso creo que se deja llevar por esta lógica y a veces puede confundirse, pero si da con las claves interiores, llega al centro de la personalidad de alguien, las derivaciones y vericuetos serán sólo accidentes en el camino.

Michael Connelly: El vuelo del ángel ( 2 )

Cada uno tenemos nuestra droga. Le dice su esposa a Harry Bosch que así es: " ¿Recuerdas lo que sientes cuando empiezas la investigación de un nuevo caso? ¿Recuerdas ese cosquilleo que te produce la caza? Pues yo ya no lo siento." Ella ha sido agente del FBI, pero ahora se dedica a jugar a las cartas. " Pues yo ya no lo siento. La sensación más parecida es la que me produce el recoger esas cinco cartas de la mesa y ver lo que tengo. Es díficil de explicar y más aún de comprender, pero me hace sentir viva de nuevo. Todos estamos enganchados a alguna droga, Harry. Yo quisiera estar enganchada a la tuya, pero no es así." La droga del trabajo, del juego, del amor, incluso alguno diría que de la vida. La droga de vivir fuerte, apostando fuerte, sólo cerca de las sensaciones fuertes.

Michael Connelly: "El vuelo del ángel"

Descrita en la contraportada como "novela policíaca existencialista", tiene un ritmo ágil, una prosa sin alardes, funcional, y hay en ella muchas frases hechas, algo que en principio detesto. Sin embargo, Connelly utiliza un tono muy adecuado para hacer más creíble lo que cuenta, para no encharcarlo de gravedad con frases largas y palabras selectas. Es como si le hablara al lector tuteándolo y desde cerca, sin altanería ni engolamiento, con la voz confiada de un amigo que cuenta una historia una tarde en que estamos tirados en el sofá, bebiéndonos un licor frío. Así creo que quiere Connelly que nos llegue la historia que nos narra.

Robert B. Parker: Ceremonia ( y 4 )

Quizá notéis a veces un tono melancólico en mis escritos. Es posible. Dedico muchas entradas a novelas de un tiempo algo pasado. Pero no las releo. Las leo ahora. A pesar de conocer bien el género, no lo he leído todo, menos mal. "Ceremonia" es una de esas novelas que me llenan de alegría y de melancolía también. Editada en 1988. No creo que se editen hoy en día novelas como ésta. Si miráis catálogos de editoriales que publican novela negra veréis que publican los típicos best sellers, triunfadores en los Estados Unidos pero con poco o ningún calado en nuestra sociedad española. Apuestan por el caballo ganador... extranjero, estereotipado. Y no conectan con el público lector de aquí. No tienen a ningún Robert B. Parker, a ningún Roger L. Simon, ni siquiera a un Connelly, a ningún nuevo autor español . La melancolía me puede cuando pienso en lo que tantas editoriales dejan sin editar. ¿Cuándo se publicó la última novela de Spenser en nuestro país? Pues bien: "Ceremonia", una novela memorable, la editó Alianza y espero que la reedite. Trata el tema de la prostitución con una libertad, una profundidad y una madurez de la que no pueden hacer gala casi ninguna novela negra actual. El espíritu libre, contestatario, original y humano de escritores como Parker escasea tanto - dentro y fuera del género - que recuperar su obra debería de ser una tarea inaplazable. Parker no da gato por liebre, como ocurre con tantos autores que viven del género. Parker vive en el género, sabe de qué escribe y para quién escribe, ofrece algunas respuestas y muchas preguntas. Creo que en España el autor que se le parece más es Andreu Martín, atrevido, inconformista, crítico, prolífico sin repetir modelos y sin escribir con el piloto automático puesto. "Ceremonia" tiene 196 páginas y en ella se habla de la prostitución juvenil, la adolescencia, la perversidad, el abuso, el cinismo, la amistad, el amor, el desamor, las relaciones paterno-filiales, el sistema educativo, la corrupción, las creencias y el descreimiento. ¿Quién da más? Claro que me embarga la melancolía: Parker es un escritor de otro tiempo - aunque acaba de publicar otra novela con Spenser dentro, en su país - y con uan vocación y unos intereses de otro tiempo, con una mentalidad creativa de otro tiempo. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, algunos escritores del pasado sí lo fueron y lo siguen siendo.

La Balacera

Cada mañana enciendo el ordenador y voy a Mis Favoritos. La Balacera es parada obligada. No pocas veces me entero de que se ha publicado tal libro, de que en una entrevista se habla de un autor o una novela. Apunto en un papelito el título y salgo corriendo a la librería. Es como el periódico de los novelistas que escriben sobre nuestro género preferido. Es como un periódico, idela para el lector que quiere estar bien informado. ¿Qué dirán hoy? No te vayas lejos. Mira a la derecha. Pincha en el enlace. Feliz lectura.

La gangsterera

No existe mejor revista para saber de qué va el mundo de la novela negra, qué novedades se presentan, qué libros merecen la pena. Entrevistan a autores como Julián Ibáñez o Andreu Martín, tienen artículos de imprimir y guardar, un "fondo" muy interesante si buscas saber algo sobre un autor o una obra en concreto. No tienes que ir muy lejos: pincha en el enlace que hay a la derecha y disfruta.

Robert B. Parker: Ceremonia ( 3 ). La prostitución.

La chica no quiere dejar la prostitución y Spenser debate con Susan qué hacer con ella, cómo ayudarla. Se le ocurre que, en vez de ejercer de la manera en que lo hace, con un chulo de baja estofa y recibiendo a diez o veinte clientes por noche, podría irse a una casa de categoría, con una madame, y seguir haciendo el trabajo que quiere pero recibiendo a un cliente por noche, no a tantos y tan poco selectos. No es una broma. No es una barbaridad, le aclara Spenser a Susan. Ella, psicóloga, se horroriza ante la idea y decide buscar ayuda de otro tipo, propone soluciones institucionales. Pero según va sopesando la idea bárbara de Spenser, y teniendo en cuenta que la chica no va a volver con sus padres y que no acepta el ambiente que reina en su pueblo - " La vida en Smithfield no resulta fácil salvo que uno sea prácticamente indistinguible de los demás habitantes" - y que quiere seguir ganándose la vida con su cuerpo, se da cuenta de que una cosa es lo que pensamos a priori y otra lo que la realidad nos tira a la cara. Spenser quiere ayudarla, dice, y no juzgarla. Y busca la salida que estima menos mala y la que tenga en cuenta el parecer - equivocado o no- de la chica. Decisiones adultas.

Robert B. Parker: Ceremonia ( 2 ). Prostitutas.

Conocemos algunas razones que llevan a determinadas mujeres a convertirse en prostitutas. Pero conocemos pocas razones que hacen que una mujer no abandone la prostitución y decida seguir en ella voluntariamente. En una conversación entre Spenser y Susan, piensan en voz alta y se dicen lo que se les ocurre tratando de entender por qué una chica de dieciséis años no quiere dejar de ser prostituta. Dice ella que a la chica lo que hace le vale para sentirse algo, aunque sólo sea una cosa. Por supuesto, se trata de un proceso deshumanizador. Y añade: " Pero quizá esa deshumanización es una especie de sedante para alguien que se odia a sí misma. Es una forma de desensibilizarse y, al mismo tiempo, todas las experiencias de una le dicen que el resto del mundo también es bastante siniestro." Lo cual la lleva a creer que no es tan mala, apunta Spenser. " De manera que a lo mejor una está mejor así", concluye Susan, que es psicóloga. Y yo, lector, cierro el libro por unos minutos, paseo, me digo que quizá tengan razón, quizá nunca me había planteado que a una chiquilla que se prostituye pudiera pasarle esto y no quisiera abandonar tan sórdido mundo porque sus sentimientos, miedos y anhelos recorren el camino del que hablan Susan y Spenser . Y sigo pensando durante un rato.

Robert B. Parker: Ceremonia

Abogo por las novelas breves. Ya se sabe que, si breve, dos veces bueno. Pero no porque no me guste leer novelas largas, sino porque creo que una novela de 500 páginas debe de tener una justificación muy buena. Creo que Mankell se excede y que a sus novelas les sobran páginas. Le ocurre a él y a otros muchos autores. La novela de Parker que os comento - y que desgraciadamente no encontraréis si no recurrís a Iberlibro, por ejemplo - es ejemplar en extensión, caracterización y exposición del tema. El primer capítulo empieza con una discusión en una casa: un matrimonio, Spenser - el detective privado - y su amada psicóloga Susan. El dueño de la casa, que se hizo rico vendiendo seguros, dice que le da igual que su hija se pierda por ahí, porque es una puta. La mujer trata de convencerlo para que contrate a Spenser y Susan explica por qué la chica anda sin timón por las calles de la ciudad. 5 páginas, amigos, y ya conocemos el caso, el talante de los personajes, el problema y cómo va a intentar Spenser solucionarlo. Los personajes han hablado y se han definido expresando sus opiniones, en cuatro frases, el narrador los ha descrito físicamente dedicándoles un párrafo a cada uno - incluso a Susan, en el capítulo siguiente-. Un prodigio. Esto es ir al grano, no servir muchísimos entrantes y luego dar poca comida. Cuando se tiene una historia por contar, se cuenta y se la adorna con lo que la historia exige, pero sin excesos que pretendan engordar el libro - ¿para venderlo más caro? - y el estilo del autor - ¿algunos creerán que son mejores escritores porque son capaces de publicar ladrillos llenos de letras? -. Una buena escena precisa de una mano con talento que la sirva con tiento y mostrando lo que quiere mostrar sin recargarlo, sin lucirse, sin decirnos a cada paso Qué listo soy, cómo domino esto. Algunas de las mejores novelas son breves - "El túnel", "La metamorfosis", "El corazón de las tinieblas" - y detrás de esa manera de hacer yo encuentro no parquedad sino claridad de ideas, decisión, ímpetu, necesidad de comunicar.