Reed Farrel Coleman: Cuadrado perfecto (Walking the perfect square). (1) Crueldad.


Es una de las cosas sobre las que medito a menudo, y nunca llego a conclusiones que me consuelen ni me convenzan plenamente. La crueldad. Los actos crueles. Todos somos humanos, pero hay algunos que son capaces de planear y llevar a cabo movimientos llenos de crueldad que desembocan a menudo en la muerte del que padece la ira, la confusión, el deseo de venganza del que se libra de la crueldad que le ahoga. La crueldad, definitoria de un puñado de seres humanos, que nos deja sin esperanzas y pone un espejo ante nuestros ojos en el que vemos lo que ya nunca podremos olvidar y que, válgame Dios, hasta puede pegarse, transmitirse, como un virus. Dos casos en los que nada a sus anchas la crueldad se narran en las primeras páginas de esta novela que tiene como protagonista al detective privado Moe Prager, que nos lleva al año 1978 en una historia contada en primera persona, cuando ha causado baja en la policía por un accidente. Por una intuición, resolvió un caso y encontró a una niña desaparecida aún con vida, en un viejo depósito de agua, tras haber sufrido malos tratos durante dos días. Tenía siete años y la habían arrojado al depósito para que muriera, una vez que ya habían hecho con ella lo que habían querido después de raptarla. El padre de un muchacho desaparecido, pariente de un amigo de Moe, recurre a él para que encuentre a su chico, uno de esos cuya cara está en cientos de carteles por las calles de una ciudad (en este caso, Nueva York). Apenas da lo primeros pasos en la investigación, llega el otro acto de crueldad. Le telefonea su hermana y, llorando, le cuenta que su marido ha vuelto destrozado del trabajo. Es médico y ha atendido en urgencias a un bebé que han hallado tirado en la nieve. Todo indica que lo han arrojado desde un lugar alto. La policía encuentra al padre y lo lleva a urgencias. El marido de la hermana lo ve. Y recuerda que él ayudó a nacer al bebé poco tiempo atrás. No cabe duda: lo ha tirado por la ventana. Y ese padre sólo tiene una explicación: el bebé lloraba demasiado. Dice Moe entonces que "La crueldad es un recurso ilimitado." Triste constatación.


Recomiendo: Relato de Matías Candeira de Andrés, ganador del certamen "África Cuenta".