Lawrence Block: Un baile en el matadero


Es una pena que novelas como ésta tarden tanto en ser publicadas en España. Ganó el premio Edgar y la protagoniza el detective sin licencia Matt Scudder, a quien dio vida en el cine Jeff Bridges ("Ocho millones de maneras de morir", una interesante película). Scudder se ocupa de un caso de asesinato cobrándole al hermano de la víctima, una mujer a la que acaso asesinó su propio marido, pero también investiga por su cuenta de dónde ha salido una cinta de vhs en la que hay una película snuff: un muchacho atado al que una mujer le hace el amor mientras un hombre le arranca los pezones, para empezar, y al que matan más tarde ante el ojo atento de una cámara. El tema es de los que estuvieron de moda hace algunos años, sobre todo a raíz de "Asesinato en 8 mm", con Nicolas Cage al frente. Me parece muy destacable la transparencia de este texto, cómo Block utiliza pocas escenas y de una forma muy certera, sin alardes de ningún tipo pero dando a la vez lecciones sobre cómo ha de ser una buena novela negra: personajes bien perfilados y creíbles, situaciones vistas en primera persona con una mirada clara y abundantes diálogos, muy logrados, como uno en que la amiga de Scudder, prostituta, le dice que acaso podría dejar de serlo si se casaran para, una vez hecha la proposición, arrepentirse de inmediato y decir que están bien como están. La lectura es fácil y la historia es sencilla, realista, sin giros llamativos y falsos, sin violencia a raudales, y se capta al lector con materiales dignos y nobles: los humanos y sus problemas.

Los sobornados (The big heat), de Fritz Lang


El gran cine, el gran arte siempre es generador de mitos, de admiradores que continúan, copian y hasta plagian. "Los sobornados" es una de las grandes películas de la historia del cine, muy imitada e inspiradora de tantas imágenes y personajes que vinieron detrás que necesitaríamos mucho tiempo y espacio para recopilar datos y citar títulos. La muerte de la mujer del policía, la rubia mala que saca su lado bueno a la luz, el gángster con buena imagen que maneja todos los hilos, los policías corruptos, los policías satisfechos de poder seguir actuando como verdaderos policías, el hombre solo que lucha contra todo lo que se ponga por delante para demostrar que la verdad sólo tiene una vía por la que transitar y una cara que ofrecer son elementos que hemos visto en infinidad de películas pero en ninguna con la intensidad, la economía de medios, la calidad con que los vemos en esta película maestra y generadora. Cuando el policía ha de salir de la casa en que vivió con su esposa -qué mirada de ese gran actor que fue Glenn Ford, perfecto en su papel -, cuando la mala muestra por primera vez su cara quemada, cuando el policía honrado ocupa de nuevo su escritorio tras volver al trabajo son momentos inolvidables, llenos de un dramatismo y una creatividad hipnóticos. "Estar sentada aquí pensando resulta muy duro para quien nunca ha pensado en nada", dice la mala, una frase antológica, llena de significado y de ese toque de magia y mixtificación que recorre todos los fotogramas de esta incomparable, inmarchitable creación que, partiendo de una novela de William P. McGivern, es una magnífica demostración de cómo se puede hacer arte con mayúsculas con una historia policíaca, negra, en la que hay un lugar para el amor, la violencia -medida, exacta-, la crítica, la reflexión y la apuesta por unos valores que nunca consiguen asentarse y permanecer intocados en nuestras sociedades manchadas por la corrupción y la avaricia. "Los sobornados" gana con el tiempo, es cada vez mejor y más necesaria. Sin investigación con sorpresas y continuos descubrimientos de cadáveres, sin exageraciones ni hipérboles idiotas, muy cerca de un cierto realismo crítico hammettiano, la considero una de las diez o veinte mejores películas de entre todas las que he visto.

P.D. James: " No apto para mujeres" (y 11). Crítica

Sigo creyendo en la utilidad de las novelas. Aunque las historias de ficción nos llegan a través de los más variados medios, aunque el cine parece haberle ganado espacio a la literatura, no dejo de sentir que la mayor verdad sigue brotando de los libros: más pura, más libre, completa. En una novela hay lugar para la meditación, el descubrimiento, para una introspección necesaria. Las novelas negras nos hablan de los seres que están al borde del precipicio humano, nos describen a la perfección sus pasiones y se centran en los momentos que pueden cambiar una vida para siempre. También nos sirven para comprender a los que no son como nosotros. Y lo que hay en nosotros de irracional. Pero las mejores novelas negras rompen los límites, tiran al lector de cabeza al precipicio, lo maltratan moralmente. P.D. James sabe que la novela ha de diferenciarse del cine, contar una historia pero a la vez profundizar en ella y en sus personajes, algo en lo que hasta ahora ningún arte ha superado a la novela. No hay en "No apto para mujeres" ningún personaje prescindible, presentado con descuido o a la ligera, porque la autora inglesa es ante todo una humanista que respeta a todos y cada uno de los seres a los que trata y conoce. Ésa es su primera lección, su primera verdad. La segunda es que el lector es un ser adulto, al que no cabe engañarlo ni manipularlo con una trama compleja y hueca ni con giros sorprendentes y zafios. Quien se acerca a un novela espera algo que sólo una novela puede darle, y James se lo da. Una detective privada que acaba de heredar una agencia y una pistola es contratada para investigar qué llevó al suicidio al hijo de un eminente científico. Sola, sin más experiencia que los consejos legados por su mentor y jefe, un ex policía, recurre a las entrevistas con los amigos del suicida y a moverse detrás de cada detalle que abra una vía por la que llegar a conclusiones. El caso se complica cuando intentan matarla tirándola a un pozo. Hay un asesino que está inquieto porque ronda la detective y decide quitarla de en medio. Es un tópico, pero a la vez es el reflejo de lo que piensa el criminal impune. La táctica no obedece sólo a la inteligencia humana: algunos animales hacen ruido en un lado para que salten su víctimas por el otro, donde las esperan los compañeros cazadores. La detective, Cordelia Gray, agita la superficie dormida de los hechos y entonces los ocultos salen y actúan antes de volver a la oscuridad. Cordelia resiste y las verdades salen como conejos de su madriguera. El éxito, las relaciones entre padres e hijos, la melancolía, el amor oculto y el amor imposible, la huella sangrienta del dinero aflora y todo cobra sentido: matamos para reafirmarnos. P. D. James nos dice, por boca de Cordelia:" ¿De qué sirve hacer el mundo más hermoso si las personas que viven en él no pueden amarse las unas a los otras?" He aquí la conclusión. Y yo les digo, amigos, que esta novela es, junto a "Sangre inocente", quizá la mejor de su autora, y sin duda una de las mejores que he leído jamás, dentro y fuera del género, porque no hay nada en ella que resulte excesivo, utilitario, gratuito, y porque late detrás de cada página un instinto de defensa de la validez del ser humano absolutamente conmovedor y genuino. Se publicó en 1972 y todas sus verdades permanecen altas y hermosas como las flores de un jarrón en un cuarto lleno de luz.

Recomiendo: la lectura de la ejemplar crítica que Ricardo Senabre firma hoy en El Cultural a propósito de la novela "La soledad del ángel de la guarda", de Raúl Guerra Garrido.

P. D. James: "No apto para mujeres" (10). La crueldad inadvertida.

El territorio de la novela negra tardó en ser transitado con asiduidad por las mujeres escritoras y hoy cabe pensar que son ellas las seguidoras más. P.D. James fue una de las escritoras que abrió el camino a la creación de detectives privadas con esta novela que os comento. Pocas y pocos han podido igualar el talento, la mesura, la inteligencia de la dama inglesa, que muy bien podría no haber escrito jamás una novela negra y, contando historias sin detectives ni policías, alzarse hasta el lugar reservado a los considerados maestros del arte de la ficción. P. D. James no eligió ese camino y no se equivocó, porque puede presumir ahora de haber alumbrado varias novelas que están en lo más alto. "Sangre inocente" no tiene nada que envidiarle a ninguna otra novela de autor alguno. Y "No apto para mujeres" es, sin duda, una de sus obras mayores. Quizá al tratarse de una novela criminal hay momentos en que leemos y no nos sorprendemos demasiado, porque esperamos que aparezca lo trágico, lo cruel en sus páginas. Pero hay fragmentos que se quedan en la memoria porque aunque aparecen en esta novela criminal están contados de una manera tan brillante y plástica que no quedan lastrados gracias a la inserción en los momentos adecuados de la historia. Un ejemplo: " Mientras se inclinaba hacia adelante para remover el café, Cordelia vio un pequeño escarabajo que corría desesperadamente a lo largo de uno de los pequeño troncos. Cogió una ramita de la chimenea y se la presentó para ayudarle a escapar. Pero eso confundió aún más al escarabajo, que dio la vuelta, presa del pánico, y retrocedió corriendo hacia la llama y fue a caer dentro de una grieta de la madera. Cordelia se preguntó si el animalito llegó a darse brevemente cuenta de su terrible fin. Encender un fuego con una cerilla era un acto trivial capaz de causar tal agonía, tal terror." Porque, amigos, la genialidad de James estriba en el punto de vista, en presentarnos esa tragedia vista por Cordelia, la joven investigadora de tan sólo 22 años.

P. D. James: "No apto para mujeres" (9). Sin complicaciones.

Prefiero este tipo de novelas a las que están llenas de complicaciones -en la trama y para el lector-, las novelas en que para llegar al culpable hay que dar muchas vueltas, pasar por multitud de preguntas -como si se tratara de una encuesta- y personajes y que embarullan, enmarañan y entontecen para luego, al final, quedarse con uno como en una tómbola, algo que ocurre tanto en las novelas de los epígonos de Agatha Christie como en los de los maestros estadounidenses. Cordelia se queda en la cabaña en la que apareció muerto el suicida y va a ver a algunos de sus amigos, regresa a la cabaña por las noches, deja durante el día una pistola en el exterior, disimulada entre las ramas de un sauco, que duerme junto a ella, cerca, por si la necesita. Hay dos ambientes: el exterior y la cabaña. Donde murió el muchacho y todo lo demás: los sitios que visitó, en los que estudió, amó, se desengañó. Una noche alguien espera a Cordelia, la enrolla con una manta y la tira a un pozo. Es una necesaria escena de violencia que le sirve a ella para saber definitivamente que el muchacho no se suicidó, que hay un asesino suelto. Pero P.D. James no inserta violencia gratuita, no acumula escenas de acción, sino que brinda algunas para recordarnos que estamos leyendo una novela criminal. A diferencia de tantos otros que se valen de la novela negra para embadurnarla de adrenalina y nervios, la autora inglesa la utiliza para hablar de las personas. Y hay emoción, hay aventura - elemento imprescindible para el lector - en la investigación, por supuesto, pero en una medida sabia y que aleja lo escrito de lo fácil y superficial.

P. D. James: "No apto para mujeres" (8). Descanse en paz

Cordelia habla con los amigos del suicida, va a una fiesta que organizan ellos para adentrarse aún más en sus ambientes y luego sigue una pista que la lleva hasta una viuda que está en el cementerio, limpiando de malas hierbas la tumba de su esposo. En la inscripción de la lápida aparece escrito el nombre del muerto, la fecha de defunción y también esa frase común en las lápidas de difuntos que abrazaron la fe católica. Y P. D. James introduce una meditación muy interesante: "Descanse en paz, el epitafio más corriente entre una generación para la cual el descanso debía de parecer el último lujo, la suprema bendición." Esto lo apunta la voz narradora de tercera persona, pero sabemos que atendiendo a la mirada de Cordelia, a su juventud, a su manera de ver las cosas una generación posterior y en tránsito hacia otras costumbres y otro tipo de epitafios. En nuestra sociedad, tan llena de contradicciones, con muertos en los telediarios que aparecen desmembrados, ensangrentados, con todo lujo de detalles, y en cambio trata asépticamente la muerte cotidiana, en la que mandan y dirigen las personas de la generación de Cordelia, las frases de despedida acaso sean parecidas pero está claro que las vidas de los que han de morir son en muchos aspectos muy diferentes, más aceleradas, menos intensas, y el fin último acaso no sea ya lograr el mismo descanso eterno, porque asociamos las pausas con la muerte y vivimos - nos hacen vivir - a ritmo de videoclip. Acaso el epitafio sea el mismo, pero las vidas han transcurrido sin duda a otro ritmo.

P. D. James: "No apto para mujeres". (7) Recuerdos como vívidos cuadros

Pero en la novela negra tiene que haber lugar para el esparcimiento, la alegría, las celebraciones. La novela negra es una manera de mirar el mundo, de percibirlo, de nombrarlo, de contarlo. Pero no es una mirada negra lo que define a las novelas de este género. La novela negra es contestataria, rebelde, es la novela de los que no se tragan las injusticias como pastillas, de los que sienten dolor ante las desigualdades, de los que creen que aún se puede hacer algo. Y no está llena de seres entristecidos, oscuros, resentidos, amargados. Se puede denunciar con una media sonrisa, se pueden señalar las causas de los desastres humanos y sociales sin escupir grisura. Hay en las mejores novelas negras un difícil equilibrio de desdicha y felicidad. "Posteriormente, Cordelia recordaba la excursión por el río como una serie de breves pero vívidos cuadros, momentos en los que la vista y el sentimiento se fundían y el tiempo parecía detenerse momentáneamente, mientras la imagen, iluminada por el sol, quedaba impresa en su mente. La luz del sol brillando sobre el río y dorando el vello que cubría el pecho y los brazos de Davie; Sophie levantando el brazo para secarse el sudor de la frente, mientras descansaba un momento después de utilizar la vara con que, apoyándola en el fondo del río, hacía avanzar la batea; hierbas de un verde negruzco arrastradas por la vara desde las misteriosas profundidades, que se retorcían sinuosamente por debajo de la superficie del agua; un ánade que movía su blanca cola antes de desaparecer en las agitadas aguas verdes."

P. D. James: "No apto para mujeres". (6) Dos caras.

La cabaña donde vivió sus últimos días el muchacho ejerce una irresistible atracción en Cordelia. A cambio de habitarla, trabajó haciendo labores de jardinero, aunque su padre es un hombre rico. Cordelia ve allí cosas que conectan con su propio mundo interior. "Se alejó de la cabaña con una sensación parecida al pesar, como si abandonara su hogar. Era, pensaba, un lugar curioso, de atmósfera pesada y que mostraba dos caras diferentes al mundo, como facetas de una personalidad humana. El norte, con su ventanas barradas por las plantas espinosas, la mala hierba que crecía junto a la cabaña, con su siniestro seto de alheña, era un ominoso escenario de horror y tragedia. En cambio, la parte trasera, donde él había vivido y trabajado, despejando y cavando el huerto y atando las escasas flores, donde había escardado el sendero y abierto al sol las ventanas, era un lugar apacible como un santuario."

P. D. James: "No apto para mujeres" (5). Niño autista.

No es P. D. James una autora considerada grande, porque nunca se se enaltece al que entretiene su vida y sus creaciones con la literatura de masas. No se puede aceptar cuando se escriben muchas novelas. Parece que lo indicado es parir un libro cada cuatro o cinco años: el período de gestación de los genios. Vale. No diré que la saga de Dalgliesh esté trufada de obras para enmarcar, pero eso no ha de impedir que nos centremos en algunas que pueden merecer un lugar en el altillo de nuestra biblioteca y abandonen así los bajos fondos. Admiro en esta novela la capacidad de la escritora inglesa para sugerir temas. Nunca me han gustado las novelas solipsistas, las que son una variación sobre un mismo y único tema. Prefiero las novelas abiertas, porosas, con las ventanas abiertas, sujetas a un patrón narrativo pero con oídos para el momento en que se están escribiendo, que recogen las inquietudes de su época. Porque hay cosas que nos preocupan y lo harán siempre. James habla de la juventud de los años setenta del pasado siglo, capta sus inquietudes y, con mucho acierto, nos las traslada con más de un punto de vista expuesto, con verdadera mentalidad abierta y dada al debate. El tema es el autismo. Una chica que conoció y de alguna manera quiso al suicida le habla a Cordelia:

-...Estaba Gary Webber, por ejemplo. Quisiera hablarte de él. Explica muchas cosas con respecto a Mark [el suicida]. Se trata de un niño autista, uno de esos autistas incontrolables, violentos. Mark lo conoció a él y a sus padres y a sus otros dos hijos en Jesus Green, hará un año. Los niños estaban allí jugando en los columpios. Mark le habló a Gary y el niño le respondió. Los niños siempre lo hacen. Se comprometió a visitar a la familia y a vigilar a Gary una noche por semana para que los Webber pudieran ir al cine. Durante sus dos últimas vacaciones se quedó en la casa cuidando él solo a Gary mientras la familia en pleno se iba de vacaciones. Los Webber no podían soportar la idea de mandar al niño al hospital. Ya lo habían intentado una vez y no resultó. Pero se sentían perfectamente felices dejándolo con Mark. Yo solía ir algunas tardes a verlos. Mark sentaba al niño en su regazo y lo balanceaba hacia atrás y hacia adelante durante horas enteras. Era la única manera de poder calmarlo. No estábamos de acuerdo con respecto a Gary. Yo pensaba que estaría mejor muerto y así se lo dije. Todavía pienso que sería mejor que se muriese, mejor para sus padres, mejor para el resto de la familia, mejor para él. Mark no estaba de acuerdo. Recuerdo que yo le decía: "Bueno, si crees que es razonable que los niños sufran para que tú puedas disfrutar de la emoción de aliviarles..." Después de eso, la conversación se volvió aburridamente metafísica. Mark dijo: " Ni tú ni yo estaríamos dispuestos a matar a Gary. Él existe. Su familia existe. Ellos necesitan una ayuda que nosotros podemos darles. No importa lo que sintamos. Las acciones son importantes, los sentimientos no."

Cree uno estar leyendo a Graham Greene...

P. D. James: "No apto para mujeres" ( 4). Investigación apta para una mujer

Investigando el caso del muchacho que se ha suicidado, Cordelia Gray va profundizando en la vida del suicida y en la suya propia. Uno de los aciertos de novelas como la presente es esa introspección que confronta, que objetiva. P. D. James es una escritora de talento que sabe crear personajes y situaciones absolutamente creíbles y que, como dice Justo Navarro, enseña a mirar. No va sola Cordelia por el mundo, sino que la acompañamos. Y, como la narración es en tercera persona, se deslizan sus pensamientos entre la acción y sus idas y venidas alrededor de la cabaña en que vivía el que fuera estudiante de Cambridge y por el mismo Cambridge, hablando e interrogando a sus amigos de la universidad. Cordelia se identifica cada vez más con el muerto, le hace preguntas - algo que me recuerda a lo que Carvalho hacía en "Los mares del Sur" - y llega un momento en que cree que puede estar excediéndose. "Se había identificado con él, con su soledad, su autosuficiencia, su alienación con respecto a su padre, su infancia solitaria. Había llegado -presunción ésta la más peligrosa de todas- a considerarse su vengadora." Porque cree Cordelia que no se suicidó, que lo han asesinado, pero también - qué magistral juego de perspectivas, como en una clásica película de Orson Welles- porque se venga a sí de su propio pasado de niña huérfana que ha corrido por multitud de hogares y brazos de padres y madres que sólo lo fueron temporalmente. Cordelia no lo sabe, pero está ajustando cuentas con su pasado y quiere ajustarlas contra los que le hicieron daño al joven muerto. Y ya no es un trabajo: en esta ocupación arriesga su propia estabilidad mental, su propia vida.

P. D. James: "No apto para mujeres" (3). Cáncer

El socio de Cordelia Gray, detective privada, se ha suicidado, incapaz de afrontar las penalidades derivadas de padecer cáncer. En el bar al que solían acudir, la camarera le pregunta por qué la policía ha estado esa mañana en la agencia y ella le dice - lo oyen los clientes - que Bernie se ha cortado las venas. Añade que tenía cáncer y no ha podido enfrentarse al tratamiento. "Vio que pensaban que eso era diferente. Los integrantes del pequeño grupo que rodeaba a Mavis [la camarera] se miraron unos a otros, después apartaron sus miradas rápidamente y bebieron de su vasos. Cortarse las venas era algo que también lo hacían otras personas, pero el pequeño siniestro cangrejo introdujo el temor en la mente de todas aquellas personas. Incluso parecía que Mavis estuviera viendo a la terrible enfermedad acechando entre sus botellas."

Miguel Ángel Muñoz: La novela negra


Que la novela más mencionada en el género negro por los lectores de este blog haya sido "El sueño eterno" dice mucho, a mi parecer, del modo en que entendemos un estilo literario que no acaba de desprenderse, ¡a estas alturas de la novela, cuando el asesino está a punto ya de ser descubierto!, de las desdeñosas acusaciones de género literariamente menor -es decir, destinado a una mayoría- que, si por un lado están afortunadamente superadas, por otro parece que revolotean en el lado escondido de la conciencia de sus muchos defensores. Este blog es una demostración apasionada de que la novela negra es rica y plural y que admite muchas miradas distintas y casi contrapuestas.
Aún así, sigo pensando que se elige "El sueño eterno" de Chandler, en detrimento de sus novelas más literarias, "Adiós, muñeca", "La dama del lago" y, por encima de ellas, "El largo adiós", porque, reconozcámoslo, el modo en que leemos la novela negra está influido por el modo en que hemos visto el cine negro. Preferimos en muchos casos "El sueño eterno" porque vemos tras ella a Bogart o Hawks, un modo de destilar cinismo, una precisa técnica con la que el detective martillea sobre los sospechosos hasta hacerlos caer, unos diálogos perfectos, pero también perfectamente imposibles e inverosímiles, una estructura tan confusa y enrevesada que ya es lugar común que en la película haya un muerto, creo que un chófer, al que todavía no se le ha encontrado mano ejecutora -a pesar de que Faulkner intervino en el guión, aunque quizás no estaba claro porque Faulkner intervino en el guión-. Pero más allá de todo ello flota la potencia del mito, el peso indeleble de la fascinación por las mujeres fatales y los odios escondidos y letales. Durante mucho tiempo hemos leído novela negra viendo en ella cine negro. Chandler, a ese respecto, creó nuestra visión actual, romántica y literaria, del detective, y escribió, en cierto modo, el manual de qué debe incluir una buena novela negra. Ejemplo de esta fusión indeleble entre el recuerdo de las películas negras y su plasmación literaria es este blog, que se dedica con rigor literario a la novela negra, pero que no pudo evitar titularse novela negra y cine negro, aunque se ocupe poco de la vertiente cinematográfica.
La novela negra todavía debe desprenderse, para sus lectores, del aura mitómana con la que el cine la impregnó y crear artefactos exclusivamente literarios. Así, sorprende que autores puramente negros pero que no casan tan directamente con ese planteamiento cinematográfico -Sciascia (sí muy adaptado al cine en Italia), Dürrenmatt, o incluso Ross Macdonald, uno de los autores, tanto dentro como fuera del género, a los que más aprecia Francisco Ortiz- apenas sean tenidos en cuenta por los votantes. Novelistas más políticos, si se quiere, o sociales, pero no tan fascinantes ni con la presencia, en el caso de los primeros, en sus novelas de bellas mujeres fatales. Y por eso es una alegría que "2666", de Bolaño, haya recibido tantos votos. De alguna manera este hecho reconoce al fin que la novela negra quiere adentrarse en el espíritu de la novela contemporánea, sin complejos ni etiquetas. Porque "2666" es una perfecta crónica del mal contemporáneo, y utiliza para describirlo muchos de los códigos de la novela negra, pero no todos, y no tiene por qué hacerlo, del mismo modo que un buen cocinero no tiene que utilizar todos los utensilios de cocina que están a su alcance para preparar una exquisitez deliciosa. Ese es el camino que la novela negra debería transitar, y que de hecho el cine negro ya ha recorrido. Durante mucho tiempo se dijo que el cine negro acababa formalmente en el año 60 con la película "Código del hampa", de Don Siegel. Radicalismos críticos que siempre se vienen abajo. Los mismos que negaron la supervivencia del cine negro ahora hablan del neonoir y demás zarandajas. El cine negro adaptó sus claves a una mirada contemporánea. Una película como "Memento" es posmoderna, quizás, pero negra, muy negra, con total seguridad. La novela está empezando a recorrer ese camino, y cuando lo haga se ganará a muchos lectores que detestan las etiquetas formales.
Por último, felicito a mi amigo Paco por su blog, que nos enseña a mirar la literatura negra -la literatura en general, quise decir- con otros ojos. Su propia mirada pausada y detallista sobre las novelas que comenta es un regalo que aceptamos con alborozo. Felicidades por este primer año cumplido, y felicidades por los que vendrán.

(Texto solicitado a Miguel Ángel Muñoz como comentario a la reciente encuesta realizada en este blog y para celebrar el primer año de publicación de textos)

P. D. James: "No apto para mujeres" (2). Se ha suicidado

Prefiero a los autores que, como Vázquez Montalbán o Walter Mosley, escriben novelas divididas no en capítulos sino en secuencias, de dos o tres páginas como máximo, algo que seguramente está emparentado con mi pasión cinéfila. Pero no desdeño leer a escritores que no le teman a lo extenso y describan pormenorizadamente, siempre y cuando lo hagan con el talento de P. D. James. Porque aquí no sobra nada y los aciertos son tantos que casi abruman:
"Bernie había muerto. Estaba con el cuerpo doblado encima de la mesa, como en un estado de extrema extenuación. Su mano diestra estaba medio cerrada y una navaja abierta se había deslizado encima de la mesa, dejando un fino rastro de sangre como la huella de un caracol, y se había detenido en precario equilibrio en el borde de la mesa. Su muñeca izquierda, marcada con dos cortes paralelos, aparecía hacia arriba, dentro de la palangana esmaltada que Cordelia utilizaba para lavar. Bernie la había llenado de agua, pero ahora aparecía colmada de un líquido rosado pálido que despedía un olor morbosamente dulzón, a través del cual los dedos, doblados como en actitud de súplica y con aspecto blanco y delicado como los de un niño, brillaban tan lisos como la cera. La mezcla de sangre y agua se había derramado por la mesa y el suelo, empapando la llamativa alfombra rectangular que Bernie había comprado recientemente con la esperanza de impresionar a sus visitas con su status social y de la que Cordelia pensaba que no hacía más que dirigir la atención hacia lo viejo y raído del resto del despacho. Uno de los cortes era de tanteo y superficial, pero el otro había penetrado hasta el hueso y los bordes separados de la herida, secos de sangre, se abrían claramente, como una ilustración en un libro de texto de anatomía. Cordelia recordó que Bernie había hablado una vez de que había encontrado a un hombre que intentó suicidarse, cuando él estaba haciendo la ronda, en la época en que era policía. Se trataba de un anciano, acurrucado a la puerta de un almacén, que se había cortado la muñeca con una botella rota, pero que luego había vuelto de mala gana a la vida porque un gran coágulo de sangre había obstruido las venas cortadas...Bernie... Sus labios estaban fruncidos y entreabiertos como los de un niño dormido, confiado y vulnerable."

Ross Macdonald: La forma en que algunos mueren (y 4). Crítica


Cuando busquemos obras maestras del género negro creo que tendremos muchas razones para afirmar que "La forma en que algunos mueren" es una de ellas. En esta novela, Ross Macdonald nos presenta un cuadro de violencia, ambición asesina y sentimientos rotos que subyuga y emociona a partes iguales, gracias a una escritura llena de aciertos visuales, llena de sensaciones de color y de sonido, de ecos que retumban en el pecho y en la cabeza del lector. Macdonald siempre tuvo presente la tragedia griega para plantear sus tramas, para crear personajes, y no en vano pronto fueron estudiadas sus novelas en la universidad: hay tanta, tan buena literatura en las páginas de este libro que cuesta pensar en un escritor de novela negra como el artífice. Pero es innegable que tenemos a un detective privado -el lírico, humano Lew Archer, capaz de darle a una madre un billete de mil dólares para que contrate a un abogado importante que defienda a su hija pese a que no cabe ninguna duda de que se trata de una asesina-, a traficantes de drogas -con una escena en que se habla de sus efectos en una muchacha que resulta estremecedora y de gran valor, ya que fue escrita en 1951-, a asesinos, matones y enamorados que para conseguir su objetivo amoroso no dudaría en asesinar y eliminar pruebas. Y que asistiremos a interrogatorios -a la manera de Archer: como si preguntase la voz de la conciencia-, veremos escenas en que hay disparos, pistolas y revólveres, pero no se dejen engañar, porque de lo que se habla en estos treinta y cinco capítulos es de la codicia, de personas que ven su cara oscura y la aceptan sin dudar, de la indefensión de nuestra alma ante lo que resulta fácil en principio y más tarde puede acabar siendo absolutamente dañino. Temas presentes en Dostoievski, en Fitzgerald, en Hemingway. Y no cito a estos autores para prestigiar a Macdonald, sino para ponerlo al lado de esos incontestables maestros. Porque, con Hammett, seguro que son piezas fundamentales en el origen de esta gran novela. Y me atrevo a decir que Macdonald no desentona, no se queda atrás, y con un fuerte instinto de piedad retrata a una joven prostituta y drogadicta y a una asesina como el gran maestro ruso pudo hacerlo, deja a dos creíbles y vivos personajes ante nuestros ojos para que contemplemos sus faltas y sus carencias y sepamos más de ellos y de nosotros mismos, seres todos al fin y al cabo tremendamente imperfectos y necesitados de una mirada de alivio, de comprensión que les dé sentido a tantas cosas, a tantos errores, a tanto dolor.


(Como excepción, esta vez he empezado por el final, por la crítica del libro, e interrumpiendo el comentario de otro. Disculpadme. La culpa es de Ross Macdonald.)

P.D. James: "No apto para mujeres". Un personaje censurable.


Esta escritora milita en el bando de los conservadores ingleses. Es algo que, a priori, la descalifica de alguna manera y obliga a mirar sus novelas negras de reojo. No podemos esperar de ella la crítica incisiva, la denuncia, la confrontación de ideas importantes. Pero nuestra autora, como Balzac, parece ser una cosa en su vida pública y otra muy diferente en su vida dedicada a la escritura, afortunadamente. Así, en una nota previa, presenta de esta manera su novela: "Un autor de novelas policíacas, en virtud de este arte tan poco agradable, tiene la obligación de crear por lo menos un personaje de características censurables en cada uno de sus libros y tal vez sea inevitable que de vez en cuando sus malas acciones sanguinarias salpiquen las moradas de los justos." Así pues, no habrá un ataque contra el todo, pero sí algunos escorzos dignos de ser tenidos en cuenta.

La mejor novela negra

Acabado el plazo para esperar vuestras propuestas, leo todos los comentarios y llego a rápidas conclusiones: el más apreciado -y supongo que el más leído-es Raymond Chandler, con "El sueño eterno" como bandera, y le sigue Vázquez Montalbán, con "Los mares del Sur". Son los autores más recordados y eso me parece muy bien: un clásico estadounidense y un clásico español, éste señalando además algo muy interesante: la novela negra sí ha calado en España, sí hay autores a los que leemos con la misma atención y gozo que a los clásicos venidos de fuera. La diversidad también me parece destacable: muchos autores mencionados, recordados, lo que prueba que el género está vivo, tiene escritores para todos los gustos, para todo paladar, por exigente que pueda ser cualquiera. Que aparezcan el Bolaño de "2666" o Modiano o Borges indica que los cultivadores no están en el gueto, que el placer de escribir y leer historias con detectives y delincuentes nos embarga a muchos. Os agradezco mucho todos los comentarios -ninguno vale más que otro, que diría nuestro amigo Lorenzo Silva- y os emplazo a leer los textos que en los próximos días el par de amigos mencionados en la anterior entrada han escrito pensando en los autores de esta encuesta y también en los lectores del género, en vosotros.