Miguel Mena: "Días sin tregua " ( 7 ). Escritores que saben nombrar.

Admiro a los escritores que saben nombrar lo que uno ha visto y no ha acertado más que a definirlo íntimamente con una sensación. Escribe Mena: " Así hemos aterrizado en este sitio un tanto impersonal, un bar de bocadillos y platos combinados, donde el televisor domina todas las conversaciones, donde la clientela viene y va de las oficinas cercanas, donde se come, se paga y se desaparece sin que el menú deje un gusto especial, sin que la cuenta vacíe la cartera y sin que apetezca estar allí dentro más tiempo que el justo para reponer fuerzas." Unas cuantas líneas que han puesto palabras a lo que no era más que una sensación, varias ideas sueltas. Sin duda éste es uno de los grandes valores de la literatura: su poder para evocar, nombrar.

Miguel Mena: "Días sin tregua" ( 6 ). El ajuar del rehén.

Mena es un buen escritor. Entra en el género y narra desde dentro, pero no deja de lado sus ambiciones creativas. Hay un pasaje memorable, dedicado a las cosas que acompañan al secuestrado en su cubículo: el ajuar del rehén. Dice el narrador que esas cosas caben "En un saquito pequeño, del tamaño de una bolsa de basura." Y son: el cubo que sirve de letrina, el cubo de basura, la palangana, una pastilla de jabón Palmolive, un tubo de dentífrico Licor del Polo, un cepillo de dientes, un frasco de colonia Varón Dandy, una botella de plástico con agua del grifo, un par de revistas de pasatiempos, un bolígrafo, una baraja y un ajedrez. Mena lo cuenta de manera distanciada, pero en estas líneas la emoción está en las cosas enumeradas, no en el tono con que se narra. Lees, te imaginas allí dentro y te sientes ese rehén y se te hace un nudo en la garganta.

Miguel Mena: "Días sin tregua" ( 5 )

Me parece un acierto que el personaje principal, policía sin inclinaciones fascistas, pierda los nervios y coja por el cuello a un posible sospechoso y le apunte con su pistola para obligarle a decir verdades que acaso sólo están en la mente del propio policía: de esta manera revela que la violencia es connatural a ciertas profesiones, a ciertos individuos en ciertas situaciones y muestra al protagonista haciendo algo de lo que luego tiene lugar de arrepentirse.

Miguel Mena: "Días sin tregua " ( 4 )

La novela discurre por unos paisajes urbanos reconocibles, por un paisanaje humano también reconocible, cercano. Hay algo de costumbrismo en los momentos que pasa el policía con su mujer y la familia de ella, cuyo padre es militar. Un costumbrismo que me recuerda - también la voz narradora - un poco a ciertos pasajes de las novelas de Lorenzo Silva. Un costumbrismo que veo positivo y enriquecedor, ya que se trata de una novela negra de época y los pequeños detalles sirven para caracterizar y definir mejor a los personajes y la época retratada. Es un acierto estructural que aparezcan intercalados pasajes en que Mena se imagina qué hacían los secuestradores y el futbolista secuestrado en el espacio que compartieron durante los días que duró el secuestro. La prosa, con ocasionales repeticiones de palabras, también ayuda a dotar de una cadencia interesante el desarrollo de la trama.

Miguel Mena: "Días sin tregua" ( 3 )

La novela se presta a meditaciones que a veces pueden parecer un poco pasadas pero que sirven para reflejar algo más: " Es duro vivir en un país donde tanto abunda el ´si no estás conmigo, estás contra mí´. Es duro que por no ser facha te consideren amigo de los terroristas. Es duro que por perseguir a los terroristas te llamen facha". Sirven para reflejar nuestro presente más inmediato.

Miguel Mena: "Días sin tregua" ( 2 ). Secuestrados.

1981. Hace poco, Tejero intentó dar un golpe de estado. Han secuestrado a Quini, futbolista del Fútbol Club Barcelona. El caso le es asignado a Mainar, inspector casado con la secretaria de un general del Alto Estado Mayor. Mainar piensa en los secuestrados: " ... un secuestrado es un muerto en vida". Cuando alguien es secuestrado, algunos rezan para que vuelva, otros para que no lo maten, otros pierden pronto la esperanza y algunos, calladamente, ajustan cuentas íntimas con él, se imaginan que sufre, que no puede escapar, que lo maltratan, que muere cruelmente. El secuestrado está solo, siente temor y el tiempo que pasa le martiriza y le ahoga. El secuestrado sueña con su libertad y cuando pasa demasiado tiempo empieza a tener pesadillas y se imagina encerrado para siempre en un túnel, en un agujero oscuro del que no se puede salir.

Miguel Mena: " Días sin tregua". Inicio de una novela.

Las primeras líneas de una novela lo dicen todo del novelista, más que de la propia novela. Su capacidad para fabular, para meternos de lleno ya en la historia. Los letraheridos coleccionan inicios y frases sueltas. Que tomen nota, por favor. Así empieza esta novela: " Lo mejor de morir asesinado por la espalda es que no ves venir a la muerte ni contemplas la cara del asesino y eso siempre te deja un instante para soñar. Quiero creer en ello porque en este país del sobresalto y el tiro en la nuca debe de haber una bala reservada para mí, como cualquier policía, aunque yo tengo que protegerme de los terroristas y también de esos compañeros que en los últimos días se muestran inquietos y rabiosos, con ganas de ajustar cuentas contra todo lo que huela a libertad." Desde que leí la primera línea de Beltenebros, de Antonio Muñoz Molina ("Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca".), no había vuelto a leer un inicio de novela española tan destacable, tan memorable.

Novela negra inédita, que nadie quiere publicar.

Me imagino una novela negra, escrita por un autor español, en la que se critica razonadamente ciertos comportamientos policiales, ciertos comportamientos políticos, ciertos comportamientos con los inmigrantes, en que se aborda el tema de los malos tratos, llevada adelante con una prosa muy cuidada y más propia del género novela a secas, que interrumpe la intriga para intercalar un capítulo en el que hay un monólogo de otro personaje que no es el narrador, que ofrece otro capítulo en que la trama avanza a lomos de un monólogo interior hermano del fluir de conciencia, que retrata a personas y no estereotipos literarios, que no ofrece respuestas sino que plantea preguntas... y me imagino que ningún editor se atrevería a publicarla, a creer en ella, a defenderla, porque, amigos, ¿para qué defender la cultura, la literatura, la innovación, la crítica, la introspección? Si podemos seguir dando productos manufacturados que venderán mil ejemplares y nos harán sentirnos editores de nombre y hecho, ¿ por qué pensar que vivimos en el siglo XXI, que la novela negra no puede ser un bordado de retales, una manufactura, que un libro puede tener trascendencia? El sistema los cría y ellos se juntan, dice mi amigo Raimundo. Se juntan, crían y se perpetúan. Por eso no te publican la novela, amigo, por eso te la rechazan, por eso se cierne sobre ella el silencio y se queda en tu casa, dudas de tu valía y de haber sido valiente y no dedicarte a escribir un churrito más, por eso dudas si merece la pena seguir escribiendo para que te rechacen editoriales que están en manos de ejecutivos y no de amantes de la literatura. Es muy duro, amigo. Sólo te pido que no te vendas, que no te olvides, que no cambies. Acaso tu novela nunca se publique, acaso nunca llegues a ser un escritor, amigo Raimundo, pero te aseguro que vales más que todos ellos juntos, que tu novela es buena y deberían de pelearse por publicarla, por presentarla, por hablar de ella. Lo dijo John Kennedy Toole antes que yo, amigo, es la conjura de los necios.

Novela negra actual

Tristes aquellos autores que quieren vivir de escribir novela negra y escriben sólo copiando, sólo mimetizando a los clásicos estadounidenses y se olvidan de que estamos en el siglo XXI; de que hay una sociedad con otras caras y aún por explicar y narrar; de que hay unas técnicas que popularizaron James Joyce, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, y están para ser tenidas en cuenta; de que al lector hay que tratarle como a un adulto y no bajar la intensidad creativa a cambio de aumentar la intensidad narrativa; de que hay una historia de la literatura y una historia de la novela negra y de que nada se empieza sin conocer las bases, sin leer a los clásicos, sin empezar por copiarles para lograr más tarde tener un estilo propio. Tristes autores que crean para un mercado hipercapitalista y no para los lectores, para la posteridad, y no saben que les pasará lo mismo que a esos cantantes a los que crea y destruye la industria tras publicar sólo un disco, acaso dos.

Juan Madrid y la novela negra

Cuando empieza a haber de nuevo colecciones de novela negra en España, secciones, librerías, aficionados que reconocen serlo sin rubor, blogs, webs, cuando se le llama novela negra al producto porque así se le prestigia, cabe recordar que, en 1983, Juan Madrid se quejaba de que había otra cosa parecida, "Pero lo que hay no es un retrato crudo, verídico, real de la sociedad de nuestro tiempo, que es lo que yo pretendo hacer".

Sólo matan a su dueño ( They only kill their masters )

No es una gran película, ya que tiene ese aroma a telefilme que desprenden todas y cada una de sus imágenes. Hay una investigación por asesinato - el de una mujer embarazada a la que le ha mordido insistentemente su perro - y una resolución clásica, llevada a cabo por un policía muy inteligente. Si la reseño aquí es porque los actores secundarios se merecen un recuerdo: Hal Holbrook, Harry Guardino, June Allyson (fallecida hace unos días: una de las actrices a las que más quise cuando yo era un muchacho), Peter Lawford, Edmond O´Brien, Ann Rutherford. Protagonizan James Garner y Katharine Ross. Un ejercicio de nostalgia, diréis. Y con mucha razón: hay películas que uno las ve de la misma manera en que vuelve la vista atrás y se contempla en el recuerdo a sí mismo con menos años.

Walter Mosley: "Muerte escarlata " ( y 6 )

Una novela de gran calidad. Con una prosa que pocas veces encontraremos en la novela negra, medida, lírica a ratos, sin frases superficiales ni de relleno, pendiente de la historia y también del sentir de los personajes. Como autor inteligente, Mosley revela y, a la vez, deja sumergida una parte importante y muy interesante de la novela para que el lector participe, se involucre, quiera saber más. El personaje principal, el investigador Esasy Rawlins, es un personaje enteramente creíble y no está hecho de una pieza, sino que muestra contradicciones, como su comportamiento con las mujeres y su familia por un lado y otro comportamiento muy distinto en la calle, en los momentos de violencia. La trama nos lleva detrás de un asesino de mujeres negras y vamos sabiendo de él y de sus motivaciones sin observarlo nunca directamente, sino a través de los ojos y las palabras de quienes le conocieron y le amaron. Sabremos por qué mata y sabremos por qué no puede parar de matar. Pero no es ésta una novela centrada en la caza de un asesino. Hay muchos personajes secundarios que pueblan y dan vida a la historia, la llenan de veracidad. Veremos a una mujer que ama a un hombre pero no lo tiene para ella, veremos qué decide hacer. Veremos a un amigo de Easy aprovechando la ocasión - los disturbios raciales en Los Ángeles - para lucrarse en tiempos revueltos. Todo ello integrado en la trama sin que aparezcan flecos, sin que nos resulte algo así como sabores añadidos. Con el trasfondo de unos hecho históricos, Mosley nos presenta una novela en la que los de a pie son importantes, los que sufren son importantes, los que contamos uno a uno son importantes al lado de los que son contados de cien en cien. Tengo la sensación de estar antes una novela de una calidad mayor a la que suele atribuírsele, una novela memorable que quedará en la historia de la literatura, y me alegra que Mosley la haya llevado al terreno de lo negro, de lo policíaco. He leído a alguien que afirmaba que Mosley es el más grande autor de novela negra desde Ross Macdonald, el cuarto hombre de la gran lista. Ese alguien quizá no se equivocaba. Recomendad esta novela. A los que leen mucho y a los que leen poco. A los que leen novela negra y a los que no la leen. A cualquiera. No defraudará a nadie.

Walter Mosley: "Muerte escarlata " ( 5 )

Leed esta novela: enseña a mirar.

La huella de un recuerdo ( The locket )

No es una película del género negro sólo porque no hay una investigación al uso y porque está contada desde un punto de vista en el que no hay lugar para los policías sino para las relaciones personales, para los personajes vistos desde muy cerca, pero yo la adscribiría al género porque el proceso de búsqueda y conformación de los actos delictivos delatan la trama criminal. Hay una escena, con Robert Mitchum junto a una gran ventana muy iluminada, por la que se arrojará poco después, que ofrece una imagen portentosa e inolvidable. Hay una mujer mala que no sabe que es mala, que roba y mata. Hay un hombre enamorado que se suicida porque su conciencia lo empuja al vacío. Hay un psicoanalista enamorado y una fotografía en blanco y negro magistral. ¿Estará editada en dvd? Ni idea. Pero para esto se crearon los canales temáticos y es una razón para abonarse: yo la he visto en Cinemanía clásico. Lástima que TVE2 no dé películas de este tipo a las diez de la noche, cualquier día - o todos los días -, en una programación sin cortes. Eso sí sería un buen servicio público.

Walter Mosley: Muerte escarlata ( 4 ). La pobreza.

Hay temas que ya no se tratan sino de manera sensacionalista, para mostrarlos con morbo. Así se les quita interés, vigencia, así se los empequeñece y se los convierte en algo trivial. Mosley trata en su novela un tema fundamental aún en nuestro tiempo, aún en nuestras sociedades bienpensantes que esconden lo que no gusta y luego lo muestran con sucios y vivos colores y con un tremendismo que anula la fuerza de la denuncia e impide la concienciación. Mosley trata el tema de la pobreza desde dentro, sin provocarnos pena superficial ni asco superficial. " Sus ropas tendían al gris, no importaba de qué color habían sido originalmente, y tenían los hombros inclinados hacia delante por el casi metafórico peso de la pobreza". "Los guetos de Los Ángeles eran distintos de cualquier otro barrio negro que hubiera visto antes. Las avenidas y los bulevares eran amplios y estaban bien pavimentados. Incluso en las calles más pobres había casas con jardín y agua corriente para mantener verde el césped. Había palmeras casi en cada manzana, y una línea de coches privados corría junto a las aceras residenciales. Todas las casas tenían electricidad con la que ver y gas natural con el que cocinar. En todas las casas había televisores, radios, lavadoras y secadoras... La pobreza tomaba un nuevo cariz en Los Ángeles. Quien observara desde el exterior podría pensar que se trataba de una comunidad econónicamente pujante. Pero aquella gente seguía acorralada, excluida, mal representada en todo, desde el Congreso a las pantallas de cine, de los clubes campestres a las universidades". ¿Los pobres? ¿Sólo los pobres?

Syd Barret

No tiene nada que ver con la novela negra ni con el cine negro, pero como, al fin y al cabo, esto es un diario de lecturas, de los momentos dedicados a ver películas y también a oír música, no puedo pasar por alto que hoy se ha dado a conocer que uno de los fundadores de Pink Floyd ha muerto. Tenía sesenta años. Valga este pequeño espacio como recuerdo. La noticia entera podéis leerla en el diario El País (elpais.es).