El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella

Película de misterio y de amor, con pinceladas políticas y un final absolutamente inolvidable, "El secreto de sus ojos" no es una obra maestra pero tiene momentos de gran brillantez y otros emotivos que conquistan el ánimo de cualquier espectador y que lo llevan al mundo ficticio sin esfuerzo y a ratos hechizándolo. Campanella quería una película clásica en todos los aspectos, que no homenajeara a los inolvidables filmes estadounidenses de los cuarenta y los cincuenta sino que bebiera de ellos, gran diferencia pues no es lo mismo copiar y aliñar que seguir una corriente, y lo consigue, pues el guión está cortado milimétricamente, las interpretaciones sabiamente medidas y los movimientos de la cámara dosificados con la justeza que nos hace ver que hay detrás un buen director que no interfiere en la historia, que cabalga sobre su ego y lo muestra sólo cuando es imprescindible. Si no llega a obra maestra esta buena película argentina es por la utilización de elementos ya repetidos en exceso en el género, que la vuelven previsible en algunos momentos, y por el exceso de idealismo resultante de la relación amorosa, que si bien es perfectamente contrastable con historias reales no deja de ser algo pacato a estas alturas, con todo lo que ha llovido desde que los maestros del cine estadounidense nos hicieran llegar sus historias de amor y suspense. A Campanella le ha faltado juntar y amalgamar lo bello con lo frío o lo inquietante. De haberlo hecho, "El secreto de sus ojos", que encierra una soberbia meditación sobre la justicia y un conflicto moral y tiene, como "Adiós, pequeña, adiós", un final ante el que el espectador no puede permanecer impasible, ante el que tiene que tomar partido, sería esa obra que solo los cineastas elegidos consiguen alumbrar para el medio una vez cada década.


Texto recomendado: "Un poco de optimismo", en el blog de Francisco Machuca