Raúl Guerra Garrido: Lectura insólita de "El Capital" (y 5)


En tiempos en que la posmodernidad, lo ligero (light), lo tradicional predomina, es bueno volver la vista y recuperar obras que nos llevaron adelante, que ayudaron a formar lectores inconformistas y opiniones arriesgadas. El best seller manda en nuestro país, lo apoyan las grandes editoriales que antes luchaban por colocar en las listas de más vendidos a autores de verdadera importancia literaria, a escritores imprescindibles. Ahora la apuesta se centra en los que pueden vender mucho y, como vender y ganar está muy bien visto, se buscan coartadas culturales, se contrata a voceros para la loa y se enmaraña y se confunde y, de alguna manera, se manipula y se miente. Es el estado de las cosas. Como defensor de la novela negra - no toda, no cualquiera, claro está-, de la literatura pobre, estoy en el centro de la denuncia y de la fácil crítica, la socorrida descalificación. Pero uno es como es, escribe porque quiere y lee por el mismo motivo y, sin subvenciones ni más intereses que hablar de lo que creo que merece la pena, sigo con mis apuestas y reivindicaciones.
Algún crítico calificó equivocada, precipitadamente a Raúl Guerra Garrido de autor de best sellers de calidad. Qué tontería. El best seller nace con coordenadas prefijadas, con puntos y comas prepuestos, con una maquinita al lado que dicta y elabora y fija el número de páginas, el tema, el fondo y el trasfondo, la intención y la determinación. Guerra Garrido es un escritor independiente, atrevido, que se lanza sin paracaídas. Como trata temas de la actualidad, le caen gordas y de punta a veces. Pero traigo aquí una de sus novelas porque creo que tiene gran calidad y está llena de aciertos literarios y valentía personal. Otros seguirán hablando de vidas interiores y tardarán cuarenta páginas en hacer subir a un personaje una escalera, como decía mi admirado Vázquez Montalbán: allá ellos. Guerra Garrido habla de la realidad y la aborda con materiales adecuados para contarla -el monólogo interior, la prosa de larga tirada y con pausas mediante comas que plasman a la perfección otra manera de traer el aliento del que habla y del que piensa, la multiplicidad de voces-, materiales que no son los del autor de best sellers, ese tipo que maniobra con unos recursos limitados a propósito.
"Lectura insólita de ´El Capital´" ganó en el año 1976 el Premio Nadal. Poco aficionado soy a sacar a relucir los premios, pero en este caso data y además nos recuerda que éste era un premio eminentemente literario-qué tiempos aquellos-. Narra una historia que se puede resumir en pocas líneas: el secuestro de un industrial que se ha hecho a sí mismo y que tiene a sus obreros en huelga. A partir de ahí, Guerra Garrido monta un artefacto perfecto y diferenciado en dos partes igual de interesantes: una, con la narración en tercera persona y en la primera del monólogo interior del industrial secuestrado; la otra, con las múltiples voces que se atreven a hablar ante la grabadora de un desconocido que investiga por su cuenta. No se encalla en ningún momento la historia, no se dan datos de más ni se juega a la etnología gratuita, sino que, por el contrario, la gran capacidad creativa -y recreativa - de Guerra Garrido nos brinda la posibilidad de disfrutar de una trama perfectamente novelesca y, a la vez, de un ensayo, un juego de espejos, una inmersión en el espíritu empresarial español, en el del vasco, en el del explotado y en el del explotador, en el del atemorizado y en el del atemorizador, en el del vencido y en el del vencedor. Porque la gran lección de la novela es que, pese a que adivinamos que Guerra Garrido está del lado de los vencidos, la voz del industrial -su voz más íntima, sus pensamientos, sus miedos y deseos - es la que prevalece sobre el resto, la que se mueve entera y libre, evitando así la creación de un objeto y de un panfleto, algo que en la novela en general y sobre todo en la novela política y la novela negra no suele abundar, signo de que se hacen las cosas con prisas y opaco talante la mayor parte de las veces. Como Chandler, Guerra Garrido le cede la palabra a aquel con quien no comulga, a aquel a quien critica, y sin maniqueísmos idiotas vemos y comprendemos mejor.
Menuda novela, amigos. Con los titulares en que se habla de terroristas menudeando en cualquier periódico, con los conflictos aún sin resolverse, con muertos y dolor e incomprensión y violencia aún sin pararse, leer este libro es una pequeña obligación y un disfrute para todo aquel que quiere saber más, profundizar, escapar de la brevedad de la información periodística y del ruido insensato que ensordece y no ayuda a meditar y solucionar.


Lectura: "Desgracia", de J. M. Coetzee

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