Margaret Millar: Semejante a un ángel (1). Una hermana sin zapatillas


Quinn, un detective privado que lo ha perdido todo jugando en Reno, va a parar a un lugar algo perdido en el que hay una secta. Allí le acogen con cariño, como a toda alma descarriada, y tiene una interesante conversación con la Hermana Bendición, que al morir su marido quizá se trastornó, abandonó su mundo y buscó otro camino. La mujer tiene guardados 120 dólares y quiere que el detective busque a un hombre. No puede gastarse ese dinero en otra cosa, pues las reglas de la comunidad en que vive se lo impiden. Aunque añora tener unas zapatillas:

También yo estoy haciéndome vieja -dijo-. Hay días que son difíciles de afrontar. Mi alma está en paz, pero mi cuerpo se rebela. Desea ardientemente un poco de suavidad, de calor, de dulzura. Por las mañanas, cuando me levanto de la cama, mi espíritu siente un toque celestial, pero mis pies están tan fríos; y los picores de las piernas...Una vez vi en un catálogo de Sears la foto de un par de zapatillas. Me acuerdo a menudo de esas zapatillas, aunque no debería. Eran rosa y de pelo, suaves y cálidas. Eran las zapatillas más bonitas que he visto nunca. Pero, por supuesto, eran una debilidad de la carne... Con esas cosas hay que tener cuidado. Crecen y crecen como la mala hierba. Consigues unas cálidas zapatillas y pronto deseas otras cosas... Un baño caliente en una bañera de verdad, con dos toallas. ¿Lo ve?... Ya está. Pedí dos toallas, cuando con una es suficiente. Después de darme un baño caliente, desearía otro, y después uno a la semana, o incluso uno diario. Y si todos en la Torre hiciéramos lo mismo, estaríamos repantingados en el baño mientras el ganado se moriría de hambre y el jardín iría llenándose de maleza. No, señor Quinn, si me ofrecieran un baño caliente en este momento, tendría que rechazarlo.


Texto recomendado: ¿Somos el resultado de lo que aprendemos?, de Francisco Machuca